En
el verano de 1887, la corporación municipal de Alcalá de Guadaíra, presidida
por el alcalde D. Domingo Díaz y Ramos, abordó el deterioro de una
infraestructura hidráulica conocida como «Fuente del Piojo»[1].
La documentación municipal la describe como prácticamente destruida,
circunstancia que motivó la propuesta de acometer una reforma destinada a
mejorar tanto su utilidad pública como el aspecto del entorno.
La
iniciativa partió del alcalde, quien informó al pleno de que la Fuente del
Piojo «se encuentra destruida» y propuso reformarla para «darle mejor aspecto a
aquel sitio» y permitir que «el público pueda servirse de ella con algún
provecho»[2].
La
principal objeción fue planteada por el concejal Sr. Gutiérrez Cabello, quien
preguntó si existía una partida presupuestaria destinada a la obra. Ante la
respuesta negativa del secretario municipal, manifestó su desacuerdo con la
ejecución de los trabajos[3].
Más
que una oposición a la reparación, la discrepancia respondía a la falta de
cobertura presupuestaria previa, lo que pone de manifiesto la importancia del
control financiero en la administración local de finales del siglo XIX.
«El
Señor Gutiérrez Cabello volvió a insistir en la cuestión del presupuesto,
diciendo que debe regirse el Ayuntamiento por el anterior cuando el corriente
no se haya aprobado, y que para ello se fundaba en la Ley de Contabilidad del
año 1870 que determina lo que este caso se ha de hacer y que para ello
encargaba al Señor Domínguez, de la mayoría, para que se informe de ello y lo
participe después a la Corporación en la sesión venidera. El Señor Suárez
abundó en la misma idea que el Señor Cabelloy estuvo conforme con que con que
se hiciera la obra necesaria en la fuente del Piojo pero que el gasto deberá
hacerse por el presupuesto anterior mientras no se apruebe el que el que haya
de regir el corriente.»
Para
resolver la controversia, el Ayuntamiento acordó encomendar el asunto a la
Comisión de Ornato, encargándole inspeccionar el estado de la fuente, calcular
el coste de las obras y presentar un informe al pleno[4].
La
corporación acordó que los gastos se atendieran con cargo al presupuesto
anterior mientras no se aprobara el correspondiente al ejercicio vigente[5].
La
cuestión volvió a tratarse en la sesión del 26 de septiembre de 1887. La
Comisión de Obras Públicas presentó las cuentas de diversas actuaciones
ejecutadas, entre ellas las reparaciones de la Fuente del Piojo, cuyo importe
ascendía a 90 pesetas[6].
Tras
examinar la documentación, el pleno aprobó por unanimidad la partida y acordó
su pago con cargo al capítulo de «Imprevistos», concluyendo así el
procedimiento administrativo.
Las
actas capitulares de agosto y septiembre de 1887 permiten reconstruir un
proceso completo de gestión municipal en la Alcalá de Guadaíra de finales del
siglo XIX. A través de la reparación de una fuente pública pueden observarse
los mecanismos de deliberación política, evaluación técnica, asignación
presupuestaria y control del gasto propios de la administración local de la
Restauración.
Esta
fuente abastecía la atarjea del molino de La Tapada, que, lamentablemente, fue
destruida en parte sin justificación alguna. Para quienes deseen profundizar en
el conocimiento de la fuente del Piojo, recomiendo consultar el excelente
trabajo publicado por A. Ventas en el portal Conoce tus fuentes,
disponible en el siguiente enlace:
https://www.conocetusfuentes.com/ficha_detalle.php?id_fuente=13223
Francisco
J. Gavira Albarrán.

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