martes, 13 de abril de 2021

Por la cañada de Benagila y los caminos de Guadalperal a la dehesa de Gallegos

 

Hacienda de Mateo Pablo 

La ruta tiene nueve kilómetros, es circular y no presenta ninguna dificultad. Se puede realizar en tres horas incluyendo las paradas para sacar fotos y disfrutar de los parajes agrícolas y naturales.

Desde Alcalá tomaremos la antigua A-376, dirección Utrera. A dos kilómetros y medio se encuentra la hacienda de Mateo Pablo [i]. El coche hay que dejarlo en un descansadero situado frente a la hacienda. Desde allí parten, en direcciones opuestas, el cordel del Rayo, la cañada de Matalageme y la cañada de Benagila.

Hacienda de Mateo Pablo

Hay que aprovechar este tiempo de finales de invierno y comienzo de la primavera, con temperaturas más agradables, para recorrer un itinerario con paisajes únicos. 

El primer tramo discurre en dirección noreste por la cañada de Benagila [ii]. A nuestra espalda, dejaremos la hacienda; a la derecha, la gañanía, distante de nosotros unos 150 metros; y a nuestra izquierda, un padrón compuesto por tuyas, acacias, chumberas, lentiscos, acebuches y cipreses, que dejan entrever un añejo naranjal.

Gañanía de la hacienda de Mateo Pablo.

A poco de comenzar veremos un pozo distante unos 40 metros de la vía pecuaria. Luego, un núcleo vegetal compuesto por higueras, acebuches y palmas, coronando un talud, vestigio de una antigua calera, casi imperceptible entre el follaje, que fue utilizada para satisfacer las necesidades de óxido de calcio de la hacienda, la cal. Desde esta atalaya, sembrada de restos cerámicos que pudieran pertenecer a una villa romana, la vega aparece ante nosotros cubierta con un manto verde de trigales. Donde no es así, diferentes tonos de ocres esperan las sementeras del garbanzo y el girasol. Y distinguiremos, en la cornisa de Los Alcores, el color albero de la hacienda de Zafra y el cortijo de Maestre.

Vistas desde el talud de la antigua cantera.

También nos impactará un imponente palomar cilíndrico, de estilo barroco, jalonado con una veleta, del que se dice fue construido para satisfacer a la realeza en sus visitas y estancias a la hacienda de Mateo Pablo, centradas en la cacería. Sea como fuere, lo cierto es que aún tenemos la oportunidad de contemplar algo insólito, que debería ser catalogado y protegido. [iii]

Palomar.

Continuando nuestra marcha, flanqueados por olmos, llegaremos a un humedal plagado de acebuches, lentiscos, eucaliptos y una abundante tipología de herbáceas, donde antaño estuvo la conocida como huerta de Benagila. Este oasis de vida vegetal, refugio de numerosas aves, tiene una extensión aproximada de cuatro hectáreas y, dadas las incursiones del arado en su perímetro, no parece que tenga garantizada su permanencia. [iv]

Anchura en uno de los tramos de la cañada de Benagila.

Estamos transitando por una antigua dehesa que perteneció al Consejo de Alcalá, conocida con el nombre de Guadalperal y que se extendía a ambos lados del arroyo de Guadairilla. En este tramo, la anchura de la cañada de Benagila se ha visto reducida a su mínima expresión, dos o tres metros, cuando deberían ser 90 varas castellanas, 75,22 metros [v]. De paso, también, han fulminado cualquier tipo de vegetación arbórea y arbustiva.

Trigales en Guadalperal.

Cuando alcancemos el camino de Cuesta Carretilla, lo cogeremos a la derecha, abandonando la vía pecuaria. El arroyo de Guadairilla lo vamos a tener a nuestra izquierda durante 1,7 km., hasta un punto donde es posible aproximarnos a su cauce.

En la ribera predominan los eucaliptos, aunque también es significativa la presencia de olmos, álamos, acebuches, lentiscos, zarzas, rosales silvestres, espinos majuelos… Entre los árboles y arbustos es posible ver zarzaparrilla, aristoloquia, rubia peregrina, amor del hortelano, candilitos, arum, acelga silvestre, nueza negra, brionia… y un manto de nidos de gorrión moruno desprendidos por el viento desde lo alto de los eucaliptos.

Bosque de galería en el arroyo de Guadairilla.

Después de adentrarnos unos minutos en la tupida arboleda del arroyo, desandaremos unos 200 metros, hasta situarnos en la entrada de un camino particular, perpendicular al de Carretilla, cuya entrada es custodiada por un longevo piruétano o peral silvestrePyrus bourgaeana.

Inicio del camino particular perpendicular al de Cuesta Carretilla.

Un viejo piruétano en Cuesta Carretilla.

Con el permiso oportuno, tomaremos este camino. Vamos en dirección sureste, con tierra calma a ambos lados y una atarjea a la derecha, vestigio de pretéritos regadíos. Ocasionalmente, contaremos con la presencia de alguna acacia. A estas hazas se las conocen con el sugerente nombre de El Pozancón.

Así, sin darnos cuenta, iremos tomando altura hasta llegar a un naranjal, perimetralmente abrazado por una hilera de cipreses. Aquí merece la pena hacer un alto en el camino para disfrutar, una vez más, de las vistas de Guadalperal, ya con una luz renovada y un ángulo diferente. Un cielo azul surcado por el vuelo de alguna rapaz.

Vista desde el naranjal. Trigales y el Guadairilla, al fondo.

En este punto giraremos a la izquierda para ir bordeando los naranjos hasta adentrarnos en la dehesa de Gallegos[vi]

Dehesa de Gallegos.

La dehesa de Gallegos cuenta con un importante núcleo de encinas bien conservadas y rebosantes de salud. Al pie de cada una de ellas han prosperado lentiscos y acebuches, mostrando una estampa poco común en nuestro término municipal. En un extremo, algunos ejemplares de pino piñonero, dignos de ser incluidos en el catálogo de árboles singulares, constituyen el soporte ideal para el tic-tac del picapinos, el único ruido que altera la paz entre olores a jara y menta poleo, en un espacio verdaderamente hermoso. Cuenta con una antigua vivienda, custodiada por un par de almendros y una higuera, una cochinera aneja y un pozo con una trágica leyenda, únicos vestigios de otra época mucho más rural.

Jara en la dehesa de Gallegos.
Pozo en la dehesa de Gallegos.

Regresaremos junto a los cipreses, para continuar por el camino que traíamos, hasta salir de la finca. Los naranjos permanecerán a nuestra izquierda, luego unos olivos y, a nuestra derecha, tierra calma. Dejaremos la gañanía, la hacienda de Mateo Pablo, una antigua venta, quedarán atrás la cañada de Benagila, los caminos de Guadalperal, el Guadairilla y nos emplazaremos para regresar, sin duda, en otro momento. Saramago dejó dicho que “un viaje no es más que el inicio de otro”.

Mapa de la ruta.

[i] La hacienda debe su nombre a su primer dueño, Mateo Pablo Díaz de Lavadero, marqués de Torre Nueva, título que le fue concedido por Felipe V, del que fue ministro de Hacienda, entre otros muchos cargos. Se casa con Manuela Petronila Urtusáustegui y Fernández Hidalgo, de una familia natural del valle vizcaíno de Gordejuela. “El origen de la hacienda se remonta a comienzos del siglo XVIII, en concreto a 1722, cuando debió iniciarse la construcción de su caserío, que se concluiría hacia 1733. Tiene 500 hectáreas. Estando la Corte en Sevilla, por complacencia, venían SS.MM. a esta hacienda a cazar y solazarse (Lampérez)”. En: Cortijos, haciendas y lagares de la provincia de Sevilla, p.368.

“Tradicionalmente ha sido una explotación mixta, con una importante presencia del olivar, tierra calma, huerta y ganado, e incluso una pequeña extensión de pastizales y monte”.

https://ws147.juntadeandalucia.es/obraspublicasyvivienda/publicaciones/01%20ARQUITECTURA%20Y%20VIVIENDA/cortijos_haciendas_y_lagares_en_andalucia/cortijos_haciendas_sevilla/l_electronico/l1/files/assets/basic-html/page374.html

[ii] La vía pecuaria Cañada de Benagila discurre entre la antigua carretera Madrid – Cádiz (A-376) hasta el Descansadero de Trujillo. https://juntadeandalucia.es/boja/2002/127/71

[iii] Dentro del artículo 445 del PGOU: “Relación y fichas de edificios y elementos con Protección Estructural.”

[iv] También debería protegerse en el PGOU.

[vi] En 1918 contaba con una extensión de 7 kilómetros cuadrados, prolongándose hasta el lugar conocido como Bujadillo.

Monte en 1918.

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