domingo, 30 de marzo de 2025

VI. Los negocios del VI marqués de Gandul.

 


 

El marqués asumió la dirección de la villa en un periodo marcado por su decadencia. En 1840, debido a la escasa población, se suprimió de facto la jurisdicción del término de Gandul, que quedó incorporado a Alcalá de Guadaíra. Recordemos que la abolición oficial del régimen señorial tuvo lugar en 1837. Como se ha señalado, Gandul era, en esencia, un cortijo bajo el control absoluto del marqués. Una de sus primeras acciones fue apropiarse de la dehesa de propios de la villa. A pesar de los esfuerzos del Cabildo alcalareño por recuperarla, incluso mediante apelaciones al rey, no lo lograron[1]. El desenlace de este pleito refleja la influencia política y social que el marqués ejercía en Sevilla, ante todo tipo de estamentos, incluido el judicial. 

Su actividad empresarial fue notable. El 25 de mayo de 1846, se constituyó la «Sociedad Ecuestre Sevillana de Emulación», dedicada a la cría caballar, de la cual encabezó la directiva[2]. Con el objetivo de promover la mejora de la raza equina, clave para la aristocracia y el ejército. Al año siguiente, en 1847, actuó como jurado en un concurso ganadero celebrado en la plaza de toros de Sevilla, organizado por el Ayuntamiento, donde se mostraron ganados vacuno, caballar y lanar [3]. A finales de 1850, presidió la junta de acreedores censualistas del caudal de propios de la villa de Osuna. [4] 

En 1854, participó en la creación de la Junta de Mayores Contribuyentes y Propietarios del término de Alcalá de Guadaíra, cuyo objetivo era gestionar el paso del ferrocarril Cádiz-Sevilla por la localidad. Se formó una comisión integrada por el marqués, Félix del Castillo, la Casa Portilla Hermanos y Manuel Masa Rosillo, quienes viajaron a Cádiz para negociar con el concesionario del proyecto, Sánchez Mendoza, ofreciendo una subvención para garantizar la variante[5]. Ese mismo año, fue jurado en la Exposición Agrícola, Industrial y de Bellas Artes de Sevilla (15-25 de abril), función que repitió en 1858 en una nueva edición del evento[6]. 

Para entonces, ya era reconocido como uno de los principales criadores de caballos de la provincia de Sevilla[7], aunque había abandonado la ganadería brava. Un artículo del Boletín de Loterías y de Toros (1859) analizó el declive de las ganaderías andaluzas, entre ellas, la del marqués, atribuyéndolo a la pérdida de tierras de propios y comunales de los pueblos: 

«con solo un módico canon anual satisfacían sus vecinos ganaderos, sostenían las piaras llamadas de consejo, valían en renta las dehesas y cerrados de dominio particular insignificantes sumas , porque aquellos no tenían necesidad de ocuparlas con sus ganados, y sí solo las poseían los tenedores de gran número de cabezas, que de tiempo inmemorial las disfrutaban; pero desde el momento en que se roturaron los terrenos del común y se repartieron para pan sembrar á los braceros licenciados del ejército, faltó, como era consiguiente , la mancomunidad de pastos, y obligó á aquellos que tenían recursos y contaban con suficiente número de ganados á solicitar con gran empeño los terrenos eriazados de dominio libre. Visto por sus poseedores las instancias y ofertas de grandes sumas, pusieron en juego las subastas en sus contratos, resultando, como era de esperar, que la dehesa ó cerrado que hace treinta y cinco años ganaba en arrendamiento ocho ó diez mil reales, en la actualidad vale la friolera de treinta ó cuarenta mil.» 

«Como es consiguiente, los cerrados deben estar cercados de gavia y vallas: estas costaban antiguamente el módico precio de cuatro ó cinco reales una, y en la actualidad, debido al extraordinario valor que ha tomado la madera de pino, cuesta cada valla de diez y ocho á veinte reales, por cuyas razones han disminuido considerablemente las ganaderías vacunas con destino a la crianza de toros, y es la causa principal de la carestía de ellos.» 

«Varios son los motivos que asisten á la mala calidad do los toros que se lidian hoy, comparados con los que so lidiaban en la época que llevo citada.». 

«El primero es el valor fabuloso á que se vende un toro, cansa porque, en lugar de destinar á la labor la mitad del número de becerros que se tientan, se, destina un corto número, á veces los que entera -monta son mansos, porque sabido es que un novillo domado vale cincuenta y cinco ó sesenta duros, y un toro se realiza en cuatro mil reales.». 

«El segundo consiste en que ese gran valor le da impulso al ganadero para que venda sus toros antes de cumplir la edad competente para su buena lidia, y como dista poco tiempo desde el en que se tentaron hasta la época en que se corren, en el momento de probar el hierro recuerdan lo que les hicieron en aquella y se huyen del castigo.». 

«Y el tercero lo motivan la pérdida de las buenas castas y de los terrenos selectos por su buena yerba para la cría de toros, que hoy están roturados y destinados á la labor, corroborando este aserto el adjunto catálogo de las antiguas ganaderías andaluzas, comparadas con las que hoy existen.[8] 

El texto también señalaba el encarecimiento de los materiales para cercados y la disminución de la calidad de los toros, debido a su venta prematura y la pérdida de tierras aptas para cría. 

Finalmente, en 1863, la prensa publicó un anuncio sobre el arrendamiento de un molino de aceite en Arahal y un cercado de olivar de 76 aranzadas, gestionado por el marqués en su residencia sevillana de la calle Murillo, 18. La oferta se repitió durante varios días, evidenciando su continua actividad en la administración de propiedades rurales[9]. 

Este periodo refleja la transición del marqués de Gandul de un modelo señorial a uno empresarial, adaptándose a los cambios económicos y legales de la época mientras consolidaba su influencia en la región. 

La entrevista amorosa. 

Del castillo de Gandul,

con marlota y albornoz,

sale el arrogante Abdalla

en un fogoso trotón.

 

Se dirige al de la Mota,

donde lo espera su amor:

la bellísima Algasania,

joven de gracia y candor.

 

Ya atravesó el río Corbones

con su alazán nadador;

ya se mira en el castillo,

a los pies de un torreón.

 

Saluda a Algasania bella,

embargado en ilusión,

diciéndole con voz clara,

expresiva y de pasión:

 

"Tengo huerta de naranjos,

anchas vegas de labor,

de higuerales cuerdas mil,

de olivas, larga porción.

 

Blancos rebaños sin cuento,

yeguadas de gran valor,

muchos graneros henchidos

de rubio trigo precoz.

 

Tengo lechos de marfil,

más bellos que el mismo sol;

termas de alabastro fino,

labradas con gran primor.

 

Tengo sofaes de oro,

sobre alfombras de Sidón,

ricos brocados soberbios,

con brillantes del Mongol.

 

Tengo grandes territorios

que mi padre conquistó

con los filos de su alfanje

en los campos del honor.

 

¡Algasania de mi vida!

¿Quién más dichoso que yo?

Ni el arrogante Boabdil,

ni el intrépido Almanzor.

 

Todo es tuyo, linda mora,

y también mi corazón,

que nació para quererte,

que para amarte nació."

 

Esto dijo el rey Abdalla,

y alegre a Gandul volvió

cuando asomaba entre flores

de la aurora el claro albor.[10] 

En 1870, Gandul seguía figurando dentro de los límites fiscales de Sevilla[11], aunque su importancia política y económica había menguado notablemente. Sin embargo, en un intento por recuperar parte de su antiguo esplendor, el marqués retomó la actividad ganadera de reses bravas. 

El 7 de octubre de 1877, seis toros de su hierro se lidiaron en la plaza de Sevilla, pero la función no tuvo el éxito esperado. Esta corrida se enmarcaba dentro la romería del Santo Cristo de Torrijo, que aprovecharía el nuevo arzobispo para organizar una «procesión a la catedral con toda la pompa y majestad que su elevado cargo exige; a cuyo acto el Excmo. Ayuntamiento, gobernador de la provincia y demás autoridades concurrieron.». Los aficionados más veteranos aún recordaban la mala calidad de sus reses en el pasado, y la plaza quedó medio vacía[12]. La crónica del diría lo siguiente de la corrida: 

«La corrida celebrada el domingo último en Sevilla valió poco por lo que respecta al ganado, del señor marqués de Gandul, estando Jaqueta poco trabajador, y saliendo del paso de cualquier modo. Fernando Gómez Gallito, que tomó la alternativa, demostró gran deseo y bregó sin descanso, pasando bien de muleta y aprovechando para herir. Dio un gran cambio á cuerpo limpio que le valió muchísimas palmas. Los banderilleros, sin hacer nada notable, sobresaliendo Cuatrodedos y de los picadores, ninguno castigó, llegando los toros á la muerte casi sin sangre en el morrillo[13] 

En 1884 continúa con el negocio de los toros, dado que la prensa recoge que un toro del marqués de Gandul es el responsable de la cogida de D. Antonio Miura en su cortijo del Cuarto, en Tablada.[14] 

Unos días más tarde de su fallecimiento, la tarde del 12 de mayo, D. Antonio Miura tuvo la desgracia de ser cogido por un toro que le había vendido el marqués de Gandul. El accidente se produjo en el cortijo de Cuarto, sito en Tablada, Sevilla. 

A pesar de las malas críticas, el marqués persistió en el negocio taurino. En 1884, la prensa recogió un suceso trágico: un toro de su ganadería corneó a D. Antonio Miura en el cortijo del Cuarto (Tablada), demostrando una vez más la imprevisibilidad y peligrosidad de sus reses. Al parecer: 

«…no podía ser amarrado por los hombres a quienes esto se les había encargado. Miura, tratando de ayudarles, desmontó del caballo, y al ir a coger al toro por la cola, éste le embistió y le cogió repetidas veces. A consecuencia de los golpes, Miura perdió el conocimiento, y en grave estado se le condujo a la venta de Guadaíra, donde se le sangró; pasado algún tiempo, se le llevó a su casa de Sevilla…»[15]; 

Otra versión nos dice que: 

«…Miura se apeó del caballo que montaba con el objeto de derribar un toro de la ganadería del señor marqués de Gandul, que se encontraba sujeto por una cuerda y que se trataba de conducir al matadero: pero en el momento de cogerle la cola el Sr. Miura, el toro rompió la cuerda y volviéndose con la velocidad del rayo, lo volteó por tres veces consecutivas, ocasionándole terribles golpes en la cabeza, que le privaron del conocimiento. Según un telegrama de última hora, el Sr. Miura se encuentra fuera de peligro[16] 

Este periodo refleja el declive definitivo de la ganadería de Gandul, que, pese a los esfuerzos por revitalizarla, nunca logró recuperar el prestigio perdido. Su historia quedó como un eco lejano de un pasado más glorioso, en el que el marquesado había sido sinónimo de poder y riqueza. 

El VI marqués de Gandul ejemplifica la adaptación de la aristocracia terrateniente al liberalismo económico. Aunque perdió privilegios señoriales, supo mantener su estatus mediante la gestión empresarial de sus propiedades, la participación en proyectos modernizadores y el aprovechamiento de las oportunidades que ofrecían las desamortizaciones. Su legado no fue el de un gran magnate, sino el de un noble pragmático que supo navegar los cambios de su tiempo.

Francisco José Gavira Albarrán. 



[1]Navarro Domínguez, José Manuel: Estructura económica de la villa de Gandul en el siglo XVIII, V Jornadas de Historia de Alcalá de Guadaíra, Alcalá de Guadaíra, 1994 y La desaparición de la villa de Gandul y la privatización de su dehesa, II Congreso de Historia y Cultura de Alcalá de Guadaíra, Fundación Nuestra Señora del Águila, Alcalá de Guadaíra, 2020.

[2]El Neutral (Madrid) 1-6-1846, p.3.

[3]El Tiempo (Madrid) 24-4-1847. p.3.

[4]La Paz (Sevilla) 31-12-185 0. p.3, La Paz (Sevilla) 1-1-1851. p.4., La Paz (Sevilla) 2-1-1851. p.4.

[5]La Paz (Sevilla) 19-3-1854, p.3.

[6]La Andalucía 14-04-1858), p.5

[7]El Estado (Madrid) 15-4-1859, p.2., La España (Madrid) 17-4-1859, n.º 3.890, p.4, La Esperanza (Madrid) 23-4-1859, p.3, La Unión (Madrid) 26-4-1859, p.2.

[8]   Boletín de loterías y de toros (Madrid) 8-11-1859, n.º 454, p.2.

[9]La Andalucía, 27 -02-1863, pg.4.

[10]La Andalucía, 05-01-1864) p.2

[11]La Iberia (Madrid) 29-10-1870, p.3

[12]Boletín de loterías y de toros (Madrid). 8-4-1878, n.º 1.415, pp.1 y 2. La noticia de la corrida del 7 de octubre de 1877 se publica en el número de marzo de 1978.

[13] Boletín de loterías y de toros (Madrid). 15-10-1877, n.º 1.390, p.4

[14] El Día (Madrid). 14-5-1884, p.2.

[15]El Día (Madrid. 1881). 14-5-1884, p.2, El Liberal (Madrid). 15-5-1884, p.2.

[16] La Correspondencia de España. 15-5-1884, n.º 9.550, p. 2.

domingo, 23 de marzo de 2025

V La vida religiosa del VI marqués de Gandul.

 

Museo del Prado. Emilio Sánchez Perrier. Iglesia de San Juan Evangelista de Gandul,

 1880 - 1885. Lápiz compuesto sobre papel avitelado, 152 x 92 mm 

La dimensión espiritual del VI marqués de Gandul se reflejó en su activa participación en obras piadosas y contribuciones a instituciones eclesiásticas. Entre sus compromisos documentados destacan al menos dos censos religiosos, contratos de rentas donadas a cambio de oraciones y el derecho a sepultura en sagrado, una práctica común ligada a las donaciones pro anima,[1]. Uno de ellos, valorado en 35 reales y 10 maravedís, fue establecido a favor del Monasterio de La Cartuja, mientras que otro, por 117 reales y 22 maravedís, benefició al Monasterio de San Jerónimo de Buena Vista en Sevilla[2]. 

Su filantropía trascendió estos acuerdos perpetuos. En 1854, respondiendo a una solicitud del alcalde de Sevilla, realizó una limosna de 100 reales para la procesión del Santo Entierro[3]. Ese mismo año, sumó otros 100 reales a la restauración de la Catedral hispalense, iniciativa que fue ampliamente difundida en la prensa local[4]. La lista de suscriptores, publicada en junio en diversos periódicos, incluía su nombre con dicha aportación, evidenciando su compromiso público con el patrimonio religioso. 

Su vinculación con las altas esferas eclesiásticas se reforzó al aceptar una invitación del cardenal Judas José Romo, arzobispo de Sevilla, para asistir a la inauguración de la Obra de la Infancia en 1854. Esta institución, «...fundada en 1843 por el Excmo. Sr. Obispo de Nancy, erigida canónicamente en Roma por decreto del Excmo. Sr. Cardenal Patrizi de 20 de enero de 1853, admitida en España por Real cédula de 21 de diciembre de 1832 y recomendada eficazmente por S. M. la Reina nuestra Señora y el Nuncio de Su Santidad en estos Reynos.»[5]. 

Hacia 1859, su labor caritativa adquirió un alcance transcontinental: según La Andalucía del 4 de junio, donó 320 reales vellón a las misiones en África, sumándose así a los esfuerzos evangelizadores promovidos por la Iglesia[6]. 

Estos gestos, desde los censos monásticos hasta las limosnas puntuales, no solo ilustran su fervor religioso, sino también su papel como mecenas en una sociedad donde la fe y el poder estaban profundamente entrelazados. En 1882 formará parte de la Junta de Sevilla.


[1]Patrimonio y rentas de la iglesia en Andalucía. José Rodríguez Molina. Universidad de Granada. p.114.

[2]Diario oficial de avisos de Madrid, 17-2-1850, p.1.,

[3]La Paz (Sevilla) 4-6-1854, p,3,

[4]La Paz (Sevilla) 4-6-1854, p,3.

[5]La Paz (Sevilla) 13-11-1853, p,1

[6]La Andalucía, 04-06-1859, p.1

Francisco José Gavira Albarrán

miércoles, 12 de marzo de 2025

IV El VI marqués de Gandul: un pilar del absolutismo y el carlismo en Sevilla.

 

Subida a Gandul viniendo desde Osuna, por Richard Ford (1830) 

Desde su juventud, el VI marqués de Gandul, al igual que su familia, se alineó con el absolutismo encarnado por Fernando VII. Este vínculo se remontaba a la relación de su padre con el monarca, quien fue acogido en dos ocasiones en la residencia veraniega de Alcalá de Guadaíra, ubicada en La Cañá, número 16. Aunque su residencia habitual estaba en Sevilla, este antecedente familiar lo situó como una figura clave del movimiento absolutista en la vida política y social de la ciudad. 

Ascenso político y estrategias electorales (1844-1851): La Década Moderada. 

En 1844, el marqués participó en la formación de la candidatura Monárquico Constitucional para el Senado, aunque no fue elegio[1]. Este revés no menguó su determinación. El 21 de agosto de 1850, los electores monárquicos reunidos en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla[2] lo nombraron presidente de un comité encargado de decidir sobre la participación en las elecciones municipales y otros procesos electorales que se vislumbraban en el horizonte, como por ejemplo las elecciones a Cortes[3]. En abril de 1851, el comité celebró varias reuniones, destacando una el día 28, presidida en su ausencia por Lorenzo García Pego, vicepresidente y decano del colegio de abogados[4]. Con más de quinientos asistentes, tantos que algunos permanecieron en la calle, se acordó respaldar a los candidatos designados el año anterior y delegar en el «comité central» la selección de representantes para los distritos sevillanos. Esta reunión estuvo precedida de otra presidida por el propio marqués, también con el tema electoral como punto fundamental del orden del día.[5] Los “monárquicos puros”, como se denominan, se presentarán únicamente en Valencia, encabezados por el marqués de Cáceres, y en Sevilla con el marqués de Gandul.[6] El marqués fue designado candidato por el primer distrito, pero los resultados de la primera vuelta electoral fueron desfavorables para los monárquicos. [7]   

Primer distrito, 1.ª sección, votos

D. Manuel Cortina, 43

D. Luis Alcón, 44

Marqués de Gandul, 4

 

Primer distrito, 2.ª sección, votos

D. Manuel Cortina, 64

D. Luis Alcón, 52

Marqués de Gandul, 17

 

Segundo distrito, única sección, votos

D. Miguel Ruiz Martínez, 82

D. Cornelio Cipriano Sánchez, 84

D. Antonio Valderrama, 4

 

Tercer distrito, 1.ª sección, votos

D. Manuel Moreno López, 100

D. Pedro Luis Huidobro, 24

D. José María Ibarra, 22

D. Francisco María Abaurrea,10

Tercer distrito, 2.ª sección, votos

D. Manuel Moreno López, 37

D. Pedro Luis Huidobro, 49

D. José María Ibarra, 9

D. Francisco María Abaurrea, 15

Ante el fracaso, el comité publicó una carta el 12 de mayo de 1851, firmada por el marqués, instando a la abstención en la segunda vuelta:

«Los monárquicos que han votado las candidaturas de nuestro partido, han desempeñado una obligación sagrada: Vd., que es uno de ellos, tiene la gloria de haber contribuido digna y valerosamente a su engrandecimiento. 

Pero no basta esto; nuestra presencia en las urnas ha inutilizado la primera elección: nuestra completa retirada, ya que no tenemos ningún candidato propio que pueda competir con los otros, debe dejar la segunda a las solas fuerzas de los interesados. 

En nombre, pues, del honor, de la moralidad y de las altas consideraciones de organización, está Vd. obligado a no votar en la segunda elección, y a ser tan monárquico, tan honrado y tan decidido, resistiendo las sugestiones de los demás partidos para no darles su apoyo ahora, como lo ha sido antes para sostener a sus hombres, y así lo espera el comité. 

Sevilla, 12 de mayo de 1851. – El marqués de Gandul, presidente. (Siguen las demás firmas).»

«En Sevilla se creía en el triunfo de los señores Cortina, Ruiz Martínez y Moreno López».[8]

Consolidación en la política local (1853-1857): El Bienio Progresista y la resistencia tradicionalista. 

Dos años después de los hechos mencionados, el 13 de octubre de 1853, tuvo lugar una asamblea decisiva en la residencia de José María Benjumea, con el objetivo de conformar la candidatura para las elecciones bienales al Ayuntamiento de Sevilla. Para el cuarto distrito, se designó a figuras destacadas como el conde de Montelirio, Agustín Pruna, Sebastián Prieto y el marqués de Gandul. Posteriormente, el 30 del mismo mes, se hizo pública una lista de dieciocho nombres propuestos como ideales para ocupar los cargos municipales, encabezada por el mismo marqués de Gandul. Paralelamente, la prensa afín al realismo difundió un manifiesto en el que se especificaban las cualidades morales, perfil público y conducta exigida a los futuros representantes: 

«...deben ser hombres de gran posición; de suficiente arraigo, de prestigio entre todas las clases de la población: deben ser hombres de pocos negocios, para que puedan trabajar en el procomunal, y jamás de aquellos que tienen que abandonar un arte o profesión con menoscabo de sus intereses, para asistir al ayuntamiento. Deben ser elegidos entre aquellos que no buscarán destinos municipales para sí, ni para sus parientes dentro del décimo grado; que no pedirán mejoras para las calles en donde viven; que, desechando ridículas teorías económicas, harán lo posible por evitar el monopolio de los artículos de primera necesidad; de los que procuren llevar a cabo las muchas economías que pueden hacerse en los gastos municipales...» [9] 

En enero de 1857, el Partido Monárquico nombrará una nueva junta directiva a la que se le encarga la reorganización de los realistas en la provincia de Sevilla, con miras a participar en las elecciones municipales.  Dicha junta, nuevamente presidida por el marqués de Gandul[10], enfrentó un obstáculo inicial: al haberse formado fuera del plazo legal, sus miembros intentaron negociar con el gobernador civil un acuerdo que legitimara su situación. Ante esta gestión, el gobernador accedió a reunirse con el marqués y le ofreció ocupar cuatro de las ocho plazas reservadas para la reelección en el nuevo Ayuntamiento. Sin embargo, la propuesta conciliadora fue rechazada de forma categórica por los monárquicos, quienes la tildaron de limosna indigna. 

El desencuentro escaló rápidamente. Los realistas acusaron al gobernador de obstruir la creación de una junta general y denunciaron en la prensa irregularidades en el proceso electoral, señalando como principales adversarios a los falsos realistas, término con el que aludían a sectores moderados acusados de traicionar los principios doctrinarios y denunciarán las ilegalidades cometidas en el proceso electoral. [11]. Pese a las tensiones, continuaron fortaleciendo su estructura en Sevilla y su provincia[12], donde encontraron apoyo clave en municipios gobernados por alcaldes corregidores, [13] figura tradicional cuestionada públicamente por el propio gobernador en medios influyentes: 

«Estos señores viven tranquilamente reclinados sobre el presupuesto municipal, preparando las elecciones como Dios les da a entender. El de Écija se ha empeñado en que los curas párrocos son empleados del gobierno, puesto que cobran sueldo del estado, y como tales deben votar lo que el gobierno diga. El alcalde-corregidor de Marchena se ha instalado en dos tiempos: primero fue nombrado alcalde constitucional, y después alcalde-corregidor.[14] 

Compromiso carlista y represión (1870-1875): La Tercera Guerra Carlista y la clandestinidad. 

El 20 de enero de 1870 será nombrado presidente de la junta directiva del bando carlista en Sevilla, con la misión de preparar las candidaturas a las próximas elecciones. La noticia la recoge ampliamente la prensa. El Oriente califica la asamblea de «admirable espectáculo que ofrecen los hombres de ideas católicas y monárquicas, que velan por los intereses de la gran comunión católico-monárquica de aquella provincia en cuanto se refiere a las elecciones de diputados a Cortes, diputados provinciales e individuos del ayuntamiento». A la reunión asistieron más de quinientas personas. De un ambiente de euforia saldrá un manifiesto instando a la reorganización y a la constitución de juntas en los diferentes municipios de la provincia, a la par que se daban directrices a los partidarios.[15] Como nota de humor, el periódico El Universal, citado en La Época, dirá que «solo un gandul puede ponerse al frente de una junta carlista».[16] El apellido continuará siendo utilizado por los adversarios para mofarse del marqués. Por contra, sus partidarios lo defendieron siempre a capa y espada.[17] La Junta carlista estará formada por: 

Señor marqués de Gandul, presidente.

Sr. D. Francisco Pagés del Corro, vicepresidente.

Sr. D. José Ignacio Borrás y Corro.

Señor marqués de Esquivel.

Sr. D. Antonio Quintanilla Torres.

Sr. D. Manuel Gómez de Barreda y Varona.

Sr. D. Ignacio de Rodrigo Zaldarriaga.

Sr. Conde de Mejorada.

Sr. D. Miguel de Neira y de la Puente.

Sr. D. Luis Carlos Tirado.

Sr. D. Eduardo García Pérez.

Sr. D. Ventura Camacho.

Sr. D. Joaquín Álvarez.

Sr. D. Bonifacio García Pego e Inzunsa, secretario.

Sr. D. Evaristo Hue y Gutiérrez, secretario. 

Los medios afines resaltarán que los carlistas no solo cuentan con guerrilleros; también integran sus filas escritores, hombres públicos, oradores y grandes títulos, entre ellos el marqués de Gandul.[18] 

El 11 de junio de 1870, con motivo de la celebración de la fiesta de Santa Margarita, se publicará en La Esperanza, periódico monárquico y carlista, una carta de la Junta de Sevilla, y de los distritos de ella dependientes, firmada por el marqués de Gandul, felicitando a la “reina” y renovando la adhesión a Carlos VII, al tiempo que «se suspira por la llegada del día en que, por el derecho que le corresponde, ocupe el trono».[19] El 30 de junio se publicará otra nota donde se felicita el natalicio del Príncipe de Asturias D. Jaime y «ruega a Dios por que se cumplan las esperanzas que abrigan muchos españoles por la salvación de la patria».[20] 

En 1871, Carlos VII, profundamente afectado por las divisiones y enfrentamientos entre sus partidarios, nombrará a varios comisionados para que trasladasen sus instrucciones a las capitales. Entre los nombres de reconocido prestigio designados se encuentran los marqueses de Esquivel, en Cádiz, Valdeflores, en Córdoba, Tous, en Granada, Peraleja, en Madrid, y el Gandul en Sevilla.[21] En febrero de 1872, la Junta provincial católico-monárquica de Sevilla, por sí y en nombre de las de distrito y locales dependientes de la misma, presidida por el marqués de Gandul, se adhiere al mensaje que la central dirigió al Duque de Madrid protestando su sumisión al principio de autoridad.[22] En enero de 1873, el periódico La Esperanza será el primero en dar la noticia de la detención de la Junta Municipal católica-monárquica de Sevilla, en suspenso desde abril, como todas las que llevan este nombre en España, desde que estalló el movimiento carlista de abril del año anterior. La prensa monárquica dirá: 

«Conociendo como conocemos a las personas, nos permitimos dudar de que fuera cierto lo que ha llegado a nuestros oídos; pero hoy ya es cosa averiguada que los señores marqueses de Gandul y de Esquivel, Pagés del Corso, Gómez de la Barreda, Camacho, Pineda, Goyeneta, García Pego, todos amigos nuestros, y algunos de ellos muy queridos, vocales de la que fue Junta provincial de Sevilla, estuvieron por lo menos detenidos en el gobierno civil. El Constitucional, periódico de aquella ciudad y nada carlista, por cierto, promete ocuparse del asunto. Mientras tanto, séanos al menos permitido lamentarnos de la facilidad con que en los tiempos actuales, a pesar del respeto a los derechos individuales, se detiene a las personas honradas y pacíficas, las más veces a consecuencia de una falsa delación, produciendo la consiguiente alarma en las familias».[23] 

En enero de 1873, por orden de los jueces de los diferentes distritos de Sevilla, se registraron las casas de los marqueses de Gandul y de Esquivel y de los Sres. Pagés del Corro, Camacho, Pineda, Gómez de la Berreda y García Pego, con el objetivo de localizar pruebas de su implicación en la conspiración carlista. También fue registrada la casa de Joaquín de Goyeneta, que fue conducido al gobierno civil como sospechoso de complicidad. Entre la documentación incautada apareció un documento firmado por D. Carlos y evidencias de que preparaban la organización de partidas, al frente de las cuales se pondría un general carlista, para crear el ejército del Sur.[24] En septiembre tuvieron lugar nuevos registros, incautándose algunas armas. En la casa palacio del marqués de Gandul fueron «recogidas varias escopetas y otras armas.»[25]. El marqués sería detenido junto a Ventura Camacho «sin haber encontrado absolutamente nada que los comprometiera lo más mínimo», se publicaría en el diario La Esperanza: 

«Únicamente se hallaron en casa del Sr. de Camacho seis Corazones de Jesús hechos por la hija de dicho señor con objeto de darlos a los pobres. Este ha sido el pretexto que se ha tomado para hacer dichas prisiones, que han llenado de indignación a todas las personas sensatas, sin distinción de partido, pues da la casualidad de que son dos respetables señores, muy queridos y relacionados con la buena sociedad sevillana; porque si bien el Sr. de Camacho pertenece a una distinguida familia de Extremadura, hace más de veinte años que está establecido en esta ciudad, muy apreciado por todos. Los han tenido incomunicados hasta el miércoles, que les permitieron los que vieran sus familias y numerosos amigos, que en esta ocasión les han dado una prueba de verdadero cariño, pues no han estado un momento solos. Ayer domingo salieron para sus respectivos destierros: el marqués para Cádiz, y Camacho para Antequera. Ellos deseaban ir al mismo punto por la antigua y estrecha amistad que los une; pero el gobernador no lo ha permitido por más empeño que para ello hubo. A todo esto, se han ido sin que les tomen declaración, porque no tenía sobre qué recaer».[26] 

En 1873 se publican los nombres de la junta directiva de la Liga Nacional de Sevilla. Está integrada por personas de todos los partidos y respaldada por buena parte de la prensa: La Revista Hispano-Ultramarina, El Porvenir, El Oriente, La Legitimidad, La Revolución Española y Las Constituciones. Sus directores también forman parte de la junta directiva. La preside Joaquín Goyeneta. El marqués es uno de sus vocales.[27] 

En julio de 1874 son detenidos: «D. Antonio Quintanilla y Torrez, D. Miguel Neira, D. Nicolás Pineda, D. Nicolás M. Maestre, D. N. Moreno Saldarriaga, el marqués de Gandul, D. Rafael Guajardo, D. Antonio Morales Contreras, un presbítero apellidado Lobo y otros dos sujetos poco conocidos. Parece que también se halla detenido, aunque en su casa por estar enfermo, el marqués de la Reunión, y que fue preso por un error inconcebible un catedrático de derecho, que es notorio no figuraba en las filas carlistas y que nunca se ha mezclado en política».[28] 

Los detenidos, entre los que figuraban varios sacerdotes, fueron conducidos a la fábrica de tabacos, habilitada como cárcel.[29] El gobernador de Sevilla, a primeros de 1875, levantaría el destierro del marqués de Gandul y de Nicolás Maestre.[30] No obstante, en marzo de ese año, la prensa publicará que se le ha retenido una carta por falta de franqueo, hecho que pudiera tener que ver con un seguimiento a sus movimientos políticos.[31] 

Compromiso político hasta sus últimos días. 

En 1882, el marqués aún formará parte de la Junta Católica Monárquica  de Sevilla, de la que es propuesto como presidente honorario el Arzobispo, y estaban designados presidentes el Obispo auxiliar y Juan María Maestre; como vicepresidentes Antonio Rodríguez Montero, Canónigo Magistral, y Digo Benjumea, labrador y propietario; como vocales Miguel Torres Daza, Canónigo; Manuel Torices y Pedrosa, Cura de San Miguel; José María Camacho y Torres, Cura de San Lorenzo; marques de Gandul; marques de Santa Cruz de Inguanzo; marques del Castillo: marqués de Casa Ulloa; Segundo del Camino, comerciante; Exequiel Pérez, comerciante; Francisco Javier Barroso, abogado, y Francisco Pacheco y Núñez de Prado, propietario; como tesorero, Félix de Olazabal, comerciante, y como secretario, Juan Romero, abogado, Manuel de Burgos y Adolfo Balbotín».[32]

 

Francisco José Gavira Albarrán

[1] El Católico (Madrid) 10-9-1844, p.8.

[2] La Real Sociedad Económica de Amigos del País nace con el fin de fomentar el comercio, la industria, las artes y los oficios en Sevilla y su provincia. http://censoarchivos.mcu.es/CensoGuia/fondoDetail.htm?id=441770

[3] La Paz (Sevilla) 23-8-1850, p.1; La Paz (Sevilla) 24-8-1850, p.1; La Paz (Sevilla) 25-8-1850, p.1; La Época (Madrid) 27-8-1850, n.º 456, p.2

[4] La Paz (Sevilla) 29-4-1851. p.4.

[5]La Paz (Sevilla) 20-4-1851. p.1.

[6] El Católico (Madrid) 10-5-1851, p.8, que se hace eco de La Paz (Sevilla) del 7 del mismo mes, Diario constitucional de Palma 15-5-1851, p.3.

[7] Diario Constitucional de Palma, 24-5-1851, p.2. El Católico (Madrid) 14-5-1851, p.7. El Heraldo (Madrid) 15-5-1851 p.2.

[8] El Genio de la libertad 28-5-1851, p.2.

[9]La Época (Madrid) 29-10-1853, n.º 1.423, p.3. La Paz (Sevilla) 30-10-1853, p.3.

[10]La Esperanza (Madrid) 23-1-1857, p.3.

[11]La Esperanza (Madrid) 4-2-1857, p.2.

[12]La Época (Madrid) 10-2-1857, n.º 2.423, p.3.; La España (Madrid) 11-2-1857, n.º 2.398, p.3. La campaña organizativa se realiza con el «comité al frente, compuesto de los señores marques de Gandul, presidente; doctores D. Lorenzo García Pego y D. Juan María Rodríguez, vicepresidentes; marqueses del Moscoso y de Villapanés, D. José Borrax, D. Francisco Abaurrea, D. Juan Medina y Torres, D. Juan Suárez Urbina y D. José González, vocales, y el Dr. D. José Álvaro, secretario. Ha nombrado sus juntas parroquiales; se entiende con los pueblos de la provincia con igual objeto de que se vayan organizando, como ya lo hacen en Marchena, Osuna, Écija y otros puntos, y entrará en la lucha electoral próxima de diputados a Cortes».

[13]Luis Morell Ocaña, La figura del alcalde en el derecho local español. 1982. Universidad de Extremadura. Alcaldes corregidores. La instancia local de gobierno tenía tanto funciones administrativas como potestad judicial, a modo de los jueces de 1.ª instancia e instrucción.

[14]El Estado (Madrid) 22-9-1858, p.2; El Parlamento (Madrid) 24-9-1858, p.2.

[15]El Imparcial (Madrid) 24-1-1870, p.1; El Pensamiento español (Madrid) 24-1-1870, p.3; La Esperanza (Madrid) 25-1-1870, p.1; La Época (Madrid) 26-1-1870, n.º 6.834, p.3; Crónica de Cataluña 28-1-1870, p.2.

[16]La Época (Madrid) 28-1-1870, n.º 6.836, p.2.

[17]El Fraile (Madrid) 4-2-1870, n.º 19, p.7; La Época (Madrid) 22-3-1870, n.º 6.884, p.3; La Regeneración (Madrid) 22-3-1870, p.3.

[18] La Correspondencia de España. 19-3-1870, n.º 4.500, p.3, La Esperanza (Madrid) 17-3-1870, p.1.

[19] La Esperanza (Madrid), 11-6-1870, p.1

[20] La Esperanza (Madrid) 30-6-1870; El Pensamiento español (Madrid) 30-6-1870, p.1; La Regeneración (Madrid) 30-6-1870, p.1.

[21] La Época (Madrid) 14-10-1871, n.º 7.428, que la recoge de El Debate; La Esperanza (Madrid) 14-10-1871, p.2; El Imparcial (Madrid) 14-10-1871, p.4; La Convicción (Barcelona) 16-10-1871, p.3.

[22] La Esperanza (Madrid), 3-2-1872, p.1; El Pensamiento español (Madrid). 3-2-1872, p.1; El Presidente, El marqués de Gandul. —El Vicepresidente, Francisco Pagés del Corro. —El marqués de Esquivel. —José Ignacio Borras. —Ventura Camacho. —Ignacio de Roavigo. —Antonio Quintanilla. — Eduardo García Pérez. —Manuel Gómez de Barreda. —Ignacio Verdejo. —Miguel de Neira. —Joaquín Álvarez. —Juan Grimarest. —Bonifacio G. Pego, Secretario—Benito González Ortiz, Secretario. Publíquese de orden de la Junta Central. — El Vicepresidente., Cándido Nocedal. —Secretario, Vicente de la Hoz y de Liniers.

[23] La Esperanza (Madrid) 1844 14-1-1873, p.2.

[24]El Imparcial (Madrid). 14-1-1873, p.1, que hace referencia a los periódicos: Andalucía, Oriente y Revolución Española, periódico del que se dice que le quitaba importancia a los hechos.

[25]La Discusión (Madrid) 1856 27-9-1873, n.º 1.553, p.2.

[26] La Esperanza (Madrid) 4-10-1873, p.1.

[27]La Época (Madrid) 17-1-1873, n.º 7.415, p.3.

[28]La Correspondencia de España, 31-7-1874, n.º 6.086, p.2.

[29]La Discusión (Madrid) 28-9-1873, n.º 1.554, p.2.

[30] El Imparcial (Madrid) 10-1-1875, p.2.

[31] La Correspondencia de España. 21-3-1875, n.º 6.319, p.8.

[32]El Siglo futuro. 6-3-1882, n.º 1.889, p.2.