lunes, 16 de febrero de 2026

Crónica de un Martes Santo: Visita al paraje del Arroyo del Almendrillo, cuenca del río Guadaíra (3 de abril de 2016)

Cuando el día 3 de abril, martes Santo, un grupo de amigos acudimos a las sierras de Morón para conocer el arroyo del Almendrillo, uno de los arroyos que será objeto de estudio dentro del proyecto multidisciplinar sobre la cuenca alta del río Guadaíra, no pudimos quedar más que asombrados ante tanta belleza.

           Accedimos al lugar desde la carretera de Morón de la Frontera a Pruna. Habíamos recorrido unos diez kilómetros cuando nos desviamos por un carril, la vía pecuaria Cordel de Olvera Antigua; unos minutos más tarde, Pablo detuvo el vehículo junto al camino.


Bajamos del todoterreno en medio de una verde llanura cerealista, rodeada de pequeñas elevaciones cubiertas de dehesas de encinas y matorral. El arroyo Delgado, prácticamente deforestado, recorría el lugar buscando una salida entre los cerros circundantes, Los Yesos, La Romanilla, Reina Marín...

Iniciamos el sendero persiguiendo sus escasas y limpias aguas y fuimos penetrando en una hermosa vaguada, solo transitada por animales, donde la vegetación se hizo más densa. El camino discurría junto al arroyo, que ahora lucía majestuoso, donde no faltaba el quejigo, el aladierno, el espino majoleto, la madreselva...

Al poco, un nuevo curso de aguas se sumó al que traíamos, formando el arroyo de Las Mozas, y juntos continuaron su tranquilo discurrir hacia su hermano mayor, el Talavera.


Tras salvar un pequeño vado, donde descubrimos restos de presencia de la esquiva nutria, salimos de este bello rincón dando paso a unos trigales alomados y, reconociendo allá a lo lejos, en el sureste el Cerro de La Plata, nos vino a la memoria la grata jornada de senderismo del 24 de diciembre de 2005, cuando, tras el esfuerzo realizado hasta su cima, pudimos ver a nuestros pies unas praderas verdes moteadas de encinas, numerosos arroyos, pequeños quizás, pero embelleciendo el entorno y, mirando hacia el horizonte nuestras manos parecían alcanzar otras sierras más lejanas, Lijar, Grazalema, El Tablón...

En la tarde soleada de la joven primavera continuamos nuestro recorrido, entre animados comentarios, atravesando el arroyo de La Encarnación, hacia el del Almendrillo, donde una nueva sorpresa, no la última, nos depararía la jornada. Una alta alameda, aún sin cubrir, y a sus pies una exuberante pradera, donde alguna orquídea, poco decidida, despuntaba entre el herbazal y, en cada álamo, un nido de pájaro carpintero.

Tras un breve descanso decidimos retornar, no sin antes visitar otra joya de esta sierra, el arroyo del Lentisquillo. ¡Qué hermosas orquídeas pudimos admirar! ¡Hasta cinco especies distintas, algunas espectaculares!

Así llegamos a un pequeño bosquecillo de quejigos de ribera. Penetramos en él y tuvimos la sensación de haber pasado a otro tiempo, a otro lugar. ¿Serán así los bosques septentrionales? Una capa de hojarascas cubría el suelo, moteado de jacintos.

La tarde ya había envejecido cuando volvimos a cruzar el arroyo de la Encarnación. Lo fuimos acompañando un buen rato, mientras las sombras de tarde se apoderaban de los fresnos y quejigos de la ribera. Tras salvar un pequeño puerto, vimos a lo lejos el todoterreno que debía llevarnos nuevamente a Morón. La jornada estaba llegando a su fin.

La tarde había sido magnífica; en buena compañía habíamos disfrutado, en plena naturaleza, del río Guadaíra, pero comprendíamos que era muy difícil que otras personas llegaran a conocer algún día estos parajes. Nosotros habíamos tenido que salvar cuatro vallados metálicos y aun así, había sido necesario que Pablo consiguiera permiso para transitar por aquellos lugares. No podíamos olvidar las palabras de Pablo a cerca de los propietarios de las fincas serranas. Estos se consideran dueños de toda la sierra, de los caminos, vías pecuarias, riberas e incluso de los animales.

 Antonio Gavira Albarrán


sábado, 14 de febrero de 2026

Panorámica del Molino de Realaje y el Castillo de Alcalá de Guadaíra

 


La fotografía panorámica constituye un valioso documento histórico que nos permite asomarnos al paisaje y al patrimonio de Alcalá de Guadaíra de hace casi un siglo. La imagen, atribuida al prestigioso fotógrafo francés Pierre Verger, ofrece una extraordinaria vista de la ribera del río Guadaíra, con el Molino de Realaje en primer plano y el Castillo de Alcalá dominando el horizonte.

La amplitud del encuadre y la cuidada composición convierten esta fotografía en una fuente excepcional para conocer una de las zonas de Alcalá más emblemáticas durante el primer tercio del siglo XX.

Pierre Édouard Léopold Verger fue uno de los grandes fotógrafos viajeros del siglo XX. Nacido en París, decidió abandonar su cómoda vida burguesa a comienzos de los años treinta para recorrer el mundo como fotoperiodista independiente.

Durante más de quince años documentó culturas, paisajes y modos de vida en Europa, África, Asia y América, colaborando con algunas de las revistas más prestigiosas de su tiempo, como Paris-Soir, Life, Paris Match o el Daily Mirror, donde firmaba con el seudónimo “Mr. Lensman”.

En 1935, durante uno de sus viajes por España recaló en Sevilla, desde allí, probablemente desplazándose a Alcalá en el “Tren de los Panaderos”, realizó esta. Aquella etapa europea precedió a su transformación definitiva en Brasil, donde se estableció en Salvador de Bahía y se convirtió en uno de los mayores expertos mundiales en cultura afrobrasileña, antropología y religiones de origen africano.

Su legado supera las 63.000 fotografías, además de numerosos libros y estudios etnográficos. Hoy, su obra es conservada y difundida por la Fundación Pierre Verger, con sede en Salvador de Bahía.

La imagen capta un momento clave en la historia reciente de la ciudad, cuando aún pervivía un equilibrio armónico entre arquitectura, actividad agrícola, paisaje fluvial y patrimonio histórico.

Situado sobre un cerro estratégico junto al río, el Castillo de Alcalá constituye uno de los conjuntos fortificados más importantes del valle del Guadalquivir. Su configuración actual corresponde principalmente a la época almohade (siglo XII), con importantes reformas cristianas tras la conquista castellana en el siglo XIII.

El Molino de Realaje es uno de los más monumentales del histórico sistema molinar de Alcalá. Situado en la margen derecha del Guadaíra, destaca por su sólida torre medieval, su arquitectura hidráulica y su cuidada construcción interior.

A comienzos del siglo XX había dejado su función industrial y comenzó a ser utilizado como espacio de reunión por pintores paisajistas, atraídos por la belleza del entorno natural y la singularidad del edificio.

Más allá de su indudable belleza estética, esta fotografía posee un enorme valor histórico. Permite estudiar la evolución del paisaje, los sistemas tradicionales de aprovechamiento del agua, la relación entre ciudad y entorno natural, y el estado original de monumentos clave antes de sus transformaciones contemporáneas.

La mirada de Pierre Verger, caracterizada por su sensibilidad, precisión y respeto por los lugares retratados, convierte esta panorámica en un testimonio privilegiado de la Andalucía rural y monumental de los años treinta.

Esta imagen no solo documenta un momento del pasado: preserva la memoria visual de un territorio y su identidad cultural. Gracias a fotografías como esta, hoy podemos comprender mejor cómo era Alcalá de Guadaíra antes de los profundos cambios urbanísticos del siglo XX.

Una auténtica joya del patrimonio fotográfico e histórico andaluz.

 

sábado, 7 de febrero de 2026

Crítica a la Arqueología Andaluza en la Época de Bonsor (Finales del Siglo XIX - Inicios del XX)

 


La labor de George Bonsor, aunque excepcional en su contexto, se desarrolló dentro de un panorama arqueológico andaluz caracterizado por profundas limitaciones teóricas, metodológicas y éticas. Una crítica estructural a esta etapa revela varias problemáticas fundamentales:

1. Paradigma "Anticuaria" y Busca del Objeto Museable

La arqueología se entendía principalmente como una "caza de tesoros" (treasure hunting). El valor se medía por la belleza, completitud y potencial expositivo de las piezas (cerámica pintada, joyas, esculturas), ignorándose sistemáticamente los materiales "no nobles" (líticos, huesos, fragmentos cerámicos comunes) y los contextos de hábitat. Esto generó una visión sesgada y monumental de las culturas pasadas, centrada en la muerte (necrópolis) y el arte, y ciega a la economía, la vida cotidiana y la organización social.

2. Método Excavador Destructivo y Falta de Sistematicidad

Aunque Bonsor fue una excepción relativa, la norma era la excavación en trinchera o por pozos, sin control estratigráfico real. Se priorizaba llegar rápidamente a los "niveles interesantes" (enterramientos, cimientos), destruyendo sin registro las secuencias superiores. La documentación era anecdótica: escasos diarios, planos imprecisos y una casi nula descripción de los estratos. Esto hizo que innumerables yacimientos fueran irreversiblemente perdidos para la ciencia, aunque sus "tesoros" acabaran en museos.

3. Marco Teórico: Difusionismo y Prejuicios Coloniales

La interpretación dominante era difusionista y jerárquica. Cualquier avance cultural (urbanismo, escritura, cerámica a torno) se atribuía automáticamente a colonizadores fenicios o griegos, considerados "civilizadores". Las poblaciones autóctonas (tartesias, íberas) eran vistas como receptoras pasivas, negándoseles capacidad de innovación. Este enfoque reflejaba los prejuicios coloniales de la época y obstaculizó durante décadas el estudio de los procesos de aculturación, resistencia y desarrollo interno.

4. Ética Patrimonial: Expolio, Coleccionismo y Mercado

No existía una legislación protectora efectiva. El expolio era una práctica generalizada y socialmente aceptada, tanto por aficionados locales como por "viajeros románticos" y coleccionistas extranjeros. Se creó un floreciente mercado negro de antigüedades que alimentó museos europeos y norteamericanos, desvinculando los objetos de su contexto y significado. Incluso arqueólogos serios, como el propio Bonsor, participaban en este mercado para financiar sus trabajos, una contradicción ética inconcebible hoy.

5. Falta de Institucionalización y Cientificidad

La arqueología era una actividad de eruditos aficionados, anticuarios y aventureros, sin formación reglada ni vínculos universitarios sólidos. No había proyectos de investigación planificados a largo plazo, sino campañas puntuales dependientes del mecenazgo o el interés individual. La falta de una escuela arqueológica andaluza hacía que los avances fueran personales y no se transmitieran de forma sistemática.

6. Visión Fragmentada y Descontextualizada del Paisaje

No existía el concepto de "paisaje arqueológico". Los yacimientos se estudiaban como islas aisladas, sin comprender sus interrelaciones territoriales, económicas o culturales. Esto impidió entender a Los Alcores, por ejemplo, como un sistema complejo de poblados, necrópolis, canteras y vías de comunicación.

Conclusión: El Contexto de Bonsor

En este contexto, la figura de George Bonsor destaca como una notable excepción, pero no como una ruptura. Sus críticas deben dirigirse, por tanto, más al paradigma general de su tiempo que a su persona. Su mérito radica en haber aplicado, dentro de ese marco deficiente, un nivel de rigor, documentación gráfica y voluntad de conservación in situ (con el museo de Carmona) que lo sitúan muy por encima de la media de sus contemporáneos.

La crítica a la arqueología de su época subraya que, aunque se salvaron muchos objetos, se perdió irremediablemente una ingente cantidad de información contextual. Este es el gran drama científico del periodo: se coleccionaron piezas, pero se destruyeron yacimientos. La evolución posterior de la disciplina hacia la arqueología estratigráfica, procesual y contextual es, en gran medida, una reacción contra las limitaciones de este modelo "antiguario" que dominaba en la Andalucía de finales del siglo XIX.

 

lunes, 2 de febrero de 2026

NOTA DE PRENSA La Plataforma en Defensa de Los Alcores reclama a Cultura que active ya la declaración de Zona Patrimonial y exige transparencia sobre los informes técnicos que la avalan.

 


La Plataforma para la Defensa y Promoción de Los Alcores, que agrupa a una docena de asociaciones culturales y ecologistas de la comarca, ha dirigido un segundo escrito a la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía para reiterar la urgente activación del expediente que declare este singular territorio como Zona Patrimonial, gestionada bajo la innovadora figura de Parque Cultural, regulada la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía.

Este nuevo requerimiento se produce ante la falta de respuesta de la administración autonómica a la solicitud formal presentada en septiembre de 2025, a pesar de que existe un informe favorable de la propia Junta de Andalucía que data de 2008 (Ref. 08/1653), en el que se reconoce que Los Alcores "reúne claramente todos los requisitos" para esta declaración.

Los Alcores conforman un sistema patrimonial único en Andalucía, donde se integran dólmenes, yacimientos arqueológicos de primer orden (como Gandul), escarpe, Carmona, Monumento Natural Riberas del Guadaira, castillos, haciendas históricas, paisajes agrarios tradicionales y un singular valor ambiental. Sin embargo, este conjunto sufre amenazas constantes como el detectorismo furtivo, canteras, vertidos incontrolados, el uso ilegal de motocross o la presión de un modelo urbanístico desequilibrado.

La figura de Parque Cultural, prevista en la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, se presenta como la solución idónea. Permitiría crear un órgano de gestión coordinada entre administraciones y ciudadanía (Junta, Diputación, cuatro ayuntamientos y otros propietarios como el Ministerio de Defensa, asociaciones culturales y ambientales), impulsar la conservación, recuperar caminos y vías pecuarias, y fomentar un turismo cultural y natural responsable que revitalice la economía local.

La plataforma recuerda que la propuesta cuenta con un amplio respaldo institucional y social: fue aprobada por unanimidad por los plenos de Carmona, El Viso del Alcor, Mairena del Alcor y Alcalá de Guadaíra, así como por la Diputación Provincial de Sevilla.

Fecha: 1 de febrero de 2026

Para más información o gestión de entrevistas:

Plataforma en Defensa de Los Alcores

Correo: parqueculturallosalcores@gmail.com

Facebook:

https://www.facebook.com/people/Plataforma-en-Defensa-de-Los-

Alcores/61576719926660/

sábado, 31 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá de Guadaíra en 1932. Fotografía de José Ramón Mélida y Alinari.


La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra tomada en 1932 por José Ramón Mélida y Alinari representa mucho más que una simple imagen arquitectónica. Esta instantánea en blanco y negro, con su composición enmarcada por un arco que dirige la mirada hacia la fortaleza, captura un momento crucial en la historia del patrimonio alcalareño. Las figuras humanas visibles a pie de muralla, al menos diez, testimonian la vida cotidiana que transcurría junto al monumento en los albores de la Segunda República.

Mélida (1856-1933) representaba la culminación de la tradición erudita decimonónica española y su transición hacia la arqueología científica moderna. Como director del Museo Arqueológico Nacional (1916-1930) en los años previos a la República, había impulsado la profesionalización de la disciplina. Su fotografía del castillo formaba parte de un trabajo sistemático de documentación que publicaría ese mismo año en el Boletín de la Real Academia de la Historia. «Arqueólogo, historiador y novelista. Fue el séptimo de once hermanos, algunos de ellos con buenas dotes artísticas como Arturo arquitecto y escultor o Enrique, pintor, lo que le hizo estar en contacto con el arte desde muy pequeño.»[1]

A los 76 años, Mélida encarnaba la continuidad institucional en un momento de profunda transformación política. Su enfoque metodológico combinaba el rigor documental con una sensibilidad histórica que valoraba tanto el monumento como su contexto humano y paisajístico.

El Castillo de Alcalá, declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, llegaba a la República con protección legal, pero con los desafíos propios de un país en transformación. Andalucía, con su riqueza patrimonial, se convertía en laboratorio de las políticas culturales republicanas.

La Ley del Tesoro Artístico Nacional de 1933, promovida por el gobierno republicano, establecía por primera vez un sistema integral de protección del patrimonio. Esta legislación coincidía temporalmente con el trabajo de Mélida, reflejando un nuevo enfoque donde la documentación fotográfica sistemática se convertía en herramienta fundamental de conservación.

El año 1932 se situaba en el período reformista de la República, caracterizado por:

  1. -        Intensos debates sobre la reforma agraria, especialmente relevante en Andalucía
  2. -        Aprobación del Estatuto de Cataluña, que impulsaba debates autonómicos
  3. -        Tensiones entre modernización y tradición que afectaban a la percepción del patrimonio
  4. -        Desarrollo de políticas educativas y culturales que incluían la protección monumental

En este contexto, el castillo representaba no solo un vestigio histórico, sino un símbolo de identidad local en proceso de redefinición. La fotografía de Mélida capturaba el monumento en un momento de relativa estabilidad antes de los convulsos años que seguirían.

El Castillo de Alcalá de Guadaíra se alzaba como testimonio de siglos de historia andaluza:

  1. -        Orígenes islámicos: Construcción principalmente almohade (siglos XI-XII)
  2. -        Adaptación cristiana: Reformas tras la conquista en 1247
  3. -        Función estratégica: Control del camino entre Sevilla y Granada
  4. -        Sistema defensivo integrado: Formaba parte de un conjunto más amplio con murallas urbanas

Su valor patrimonial residía no solo en su arquitectura, sino en su integración con el paisaje del valle del Guadaíra y su relación con el desarrollo urbano de Alcalá.

La fotografía de 1932 representa un punto de equilibrio entre:

  1. Tradición erudita representada por Mélida
  2. Modernización técnica mediante la fotografía documental
  3. Contexto político de reforzamiento de la protección patrimonial
  4. Continuidad vital del monumento en la vida cotidiana

Tristemente, esta etapa de documentación y protección quedaría interrumpida por el golpe de estado y la Guerra Civil (1936-1939), durante la cual muchos monumentos andaluces sufrirían daños o abandono.

La imagen del Castillo de Alcalá nos llega así, como testimonio de un momento en que España intentaba conciliar modernidad y tradición, documentando su patrimonio para las generaciones futuras en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales.

Foto digital archivo Antonio Gavira Albarrán



[1] Biblioteca Nacional de España.


LA PLATAFORMA EN DEFENSA DE LOS ALCORES REFUERZA SU ACCIÓN PARA LOGRAR LA DECLARACIÓN DE ZONA PATRIMONIAL – PARQUE CULTURAL

 


Carmona / El Viso del Alcor / Mairena del Alcor / Alcalá de Guadaíra, enero de 2026

La Plataforma en Defensa de Los Alcores celebró el pasado 19 de enero su asamblea general, en la que realizó un balance positivo de las acciones desarrolladas en los últimos meses y aprobó un nuevo plan de trabajo para seguir avanzando en la defensa y puesta en valor del patrimonio histórico, cultural y natural de la comarca de Los Alcores.

Entre los principales logros destacados se encuentra la solicitud formal a la Junta de Andalucía para la activación del expediente que permitiría declarar Los Alcores como Zona Patrimonial, gestionada mediante la figura de un Parque Cultural, iniciativa que la Plataforma considera clave para garantizar la protección integral de este territorio. Aunque aún no se ha recibido respuesta oficial, la Plataforma continuará insistiendo ante las administraciones competentes.

Asimismo, se valoró muy positivamente la difusión mediática alcanzada en los últimos meses, entre la que destacan la emisión de un programa monográfico en Canal 12 TV sobre el patrimonio de Los Alcores, la organización de rutas interpretativas reivindicativas y la repercusión en prensa de varias notas informativas, como la relativa a la presencia de nutrias en el tramo urbano del río Guadaíra, ejemplo de la riqueza ambiental del entorno.

La asamblea también abordó la preocupación generada por los movimientos de tierras en la dehesa de Piedra Hincada, un espacio de alto valor ambiental y arqueológico donde se localizan yacimientos de época romana, entre ellos una importante cantera histórica. La Plataforma presentó escritos ante distintas administraciones y ha seguido de cerca el desarrollo de las actuaciones, que han contado con autorización administrativa, manteniendo una actitud vigilante y reivindicativa.

De cara al próximo trimestre, la Plataforma aprobó un plan de acción que incluye la organización de conferencias divulgativas, la producción de contenidos audiovisuales monográficos con especialistas en patrimonio y medio ambiente, el refuerzo de su presencia digital, nuevas gestiones institucionales ante la Junta de Andalucía, la Diputación de Sevilla y los ayuntamientos de la comarca, así como la organización de rutas de senderismo reivindicativas en defensa del futuro Parque Cultural de Los Alcores.

Desde la Plataforma se insiste en que Los Alcores constituyen un territorio único, donde confluyen valores arqueológicos, históricos, paisajísticos y ecológicos de primer orden, y se hace un llamamiento a la ciudadanía y a las instituciones para sumar esfuerzos en su protección y puesta en valor.

20 de enero de 2026

Plataforma en Defensa de Los Alcores

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domingo, 18 de enero de 2026

Molino de San Juan

 

Esta fotografía, producida por el sello editorial CLICHÉ COTÁN, representa una vista del Molino de San Juan y constituye un ejemplo significativo de la producción masiva de postales ilustradas de comienzos del siglo XX. La imagen muestra el edificio en un estado previo a las restauraciones acometidas a lo largo del siglo XX, permitiendo apreciar con claridad la solidez de su arquitectura y su integración natural en el paisaje. El molino se alza junto al propio cauce del río, rodeado de vegetación de ribera, bajo un cielo despejado que refuerza la sensación de serenidad y permanencia. Podemos observar el arranque del canal que construyó la familia de La Portilla para encauzar el agua del río hasta la fábrica de harinas.

La postal posee un notable valor documental y patrimonial, ya que:

  1. Documenta un estado pretérito del monumento: fija la apariencia del Molino de San Juan en las primeras décadas del siglo XX, mostrando su silueta erosionada por el paso del tiempo, pero aún imponente, antes de las intervenciones de restauración.
  2. Forma parte de la memoria visual colectiva: gracias a la amplia difusión de las postales de CLICHÉ COTÁN, imágenes como esta se consolidaron como referentes visuales de Alcalá de Guadaíra, contribuyendo de manera decisiva a la construcción de su identidad paisajística y patrimonial.
  3. Constituye un testimonio de una práctica editorial histórica: ejemplifica el papel fundamental de la fotografía como medio de difusión del patrimonio monumental y paisajístico en una época anterior a la fotografía digital, al turismo de masas y a los actuales sistemas de comunicación visual.

El característico tono azulado o sepia de la copia —dependiente de la técnica de reproducción empleada— añade una dimensión evocadora que intensifica la sensación de nostalgia y distancia temporal, subrayando su condición de ventana abierta a un pasado ya desaparecido.

CLICHÉ COTÁN fue uno de los principales editores de postales del ámbito andaluz, especialmente activo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Su producción se caracterizó por una cuidada selección de vistas urbanas, monumentales y paisajísticas, así como por una notable capacidad de distribución, lo que permitió que sus imágenes circularan ampliamente tanto a nivel local como nacional. Gracias a esta labor editorial, hoy se conservan valiosos testimonios gráficos de edificios, entornos y escenas cotidianas que, en muchos casos, han sufrido profundas transformaciones o han desaparecido.

Así, esta imagen no es únicamente una representación del Molino de San Juan, sino un fragmento esencial de la memoria visual e histórica de Alcalá de Guadaíra, y un ejemplo destacado del papel que la fotografía y la postal ilustrada desempeñaron en la conservación simbólica del patrimonio. Archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.

jueves, 8 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: II

 

La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra captada por Ramón Almela a comienzos del siglo XX es un ejemplo elocuente de su manera de entender la fotografía como documento histórico. Lejos de la postal pintoresca o del encuadre efectista, Almela opta por una visión directa, sobria y estructural, en la que la arquitectura se impone al paisaje sin desligarse de él.

La imagen muestra una vista lateral y elevada del Castillo de Alcalá de Guadaíra, recortado con fuerza sobre el cielo. La fortaleza se despliega horizontalmente a lo largo de la cresta del cerro, con sus torres macizas, lienzos de muralla almenados y volúmenes prismáticos claramente definidos. La ausencia de edificaciones modernas refuerza la lectura monumental del conjunto.

En primer plano se extiende la ladera natural del cerro, cubierta de vegetación baja y terreno irregular, sin caminos ni intervenciones visibles, lo que subraya el carácter aislado y defensivo del castillo. La composición es sobria y equilibrada: el paisaje ocupa casi dos tercios de la imagen y conduce la mirada hacia la arquitectura, que se presenta desnuda, sólida y atemporal. Podemos distinguir tres personas.

La fotografía está realizada en blanco y negro, con una gama tonal rica y contrastada, lo que permite apreciar la textura de los muros, las huellas del paso del tiempo y la integración del monumento en el entorno. No hay figuras humanas ni elementos anecdóticos: el protagonismo absoluto es del castillo y su emplazamiento.

Nacido en Sevilla en 1870 y fallecido en 1925, Ramón Almela fue heredero de una saga fotográfica iniciada por su padre, Francisco Almela, y desde 1891 dirigió el estudio familiar bajo la firma «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía urbana y monumental, se convirtió en uno de los grandes cronistas visuales de Sevilla y su provincia en el tránsito del siglo XIX al XX.

En esta imagen del castillo, Almela demuestra su dominio del punto de vista: elige una posición baja y lateral que permite leer el conjunto defensivo como una secuencia de volúmenes, resaltando su función militar y su adaptación a la topografía. La ausencia de elementos contemporáneos convierte la fotografía en un documento casi arqueológico, donde el castillo aparece como símbolo intemporal del poder y la historia de Alcalá.

Trabajando con técnicas como el gelatinobromuro y característicos virados cálidos o neutros, Almela consiguió imágenes de gran nitidez y riqueza tonal. Muchas de ellas fueron difundidas como tarjetas postales, contribuyendo a fijar una memoria colectiva del patrimonio andaluz antes de las grandes transformaciones urbanas del siglo XX.

Hoy, esta fotografía no solo permite apreciar el estado del castillo antes de intervenciones posteriores, sino que confirma el valor del legado de Ramón Almela como archivo visual esencial para comprender la relación entre paisaje, arquitectura y ciudad en la Andalucía histórica. Su obra, silenciosa y precisa, sigue dialogando con el presente desde la solidez de la piedra y la claridad de la mirada.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.


martes, 30 de diciembre de 2025

La Plataforma en Defensa de Los Alcores denuncia movimientos de tierras en la dehesa de Piedra Hincada, un espacio de alto valor ambiental y arqueológico

 


Nota de Prensa 

La Plataforma en Defensa de Los Alcores expresa su profunda preocupación ante la actividad de maquinaria pesada que se está desarrollando en la dehesa de Piedra Hincada, en el término municipal de Alcalá de Guadaíra. Dicha actuación ha sido justificada por la Delegación Territorial de Turismo, Cultura y Deporte de Sevilla (Junta de Andalucía) como una supuesta actividad arqueológica preventiva autorizada, una explicación que consideramos insuficiente y carente de la transparencia necesaria.

Piedra Hincada se localiza en un ámbito catalogado como Suelo de Interés Ambiental por el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de Alcalá de Guadaíra, lo que exige un grado máximo de cautela en cualquier intervención. Este enclave forma parte del sistema patrimonial y paisajístico de Los Alcores y presenta valores contrastados tanto desde el punto de vista natural como cultural.

En el área se documenta la existencia de yacimientos arqueológicos, entre ellos el Arq. 103 (La Cerea), correspondiente a una extensa cantera histórica de roca calcárea, atribuida por la bibliografía especializada a época romana. El yacimiento se caracteriza por grandes frentes de extracción con cortes escuadrados, huellas de cuñas y acumulaciones de restos del trabajo de cantera, elementos que evidencian una explotación sistemática y de notable entidad. Sus características técnicas y su disposición coinciden con otras canteras romanas documentadas en el entorno norte de Los Alcores.

A estos valores patrimoniales se suma un ecosistema de dehesa mediterránea bien conservado, con un encinar disperso acompañado de palmas y retamas, una destacada diversidad de avifauna y la presencia de especies vegetales de especial interés para la conservación, como Silene mariana, Anchusa calcárea, Armeria hispalensis, Euphorbia baetica, Loeflingia baetica y Narcissus cavanillessii (= Narcissus humilis).

Desde la Plataforma consideramos que cualquier intervención que implique movimientos de tierras mediante maquinaria pesada supone un riesgo evidente e irreversible para la integridad de este espacio, tanto en lo que respecta a sus valores ambientales como a su patrimonio arqueológico. Por ello, rechazamos firmemente cualquier intento de recalificación o de introducción de usos incompatibles con su adecuada protección.

Reclamamos una respuesta clara, pública e inmediata por parte del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra y de las Consejerías competentes de la Junta de Andalucía a los escritos registrados el pasado 1 de diciembre por la Sociedad Ecologista Alwadi-ira, que a día de hoy siguen sin recibir contestación. Asimismo, exigimos que se garantice la paralización cautelar de las actuaciones y que se adopten medidas efectivas para la preservación integral de la dehesa de Piedra Hincada, un espacio único cuyo valor ambiental, histórico y cultural resulta incuestionable.

Alcalá de Guadaíra, 30 de diciembre de 2025

Plataforma en Defensa de Los Alcores

Correo electrónico: parqueculturallosalcores@gmail.com

Facebook: https://www.facebook.com/people/Plataforma-en-Defensa-de-Los-Alcores/61576719926660/

lunes, 29 de diciembre de 2025

La mirada de Almela: fotografía, patrimonio y memoria histórica en los inicios del siglo XX I

 


A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la fotografía se consolidó como una herramienta fundamental para la documentación del patrimonio histórico y urbano en España. En Andalucía, y especialmente en Sevilla y su entorno, destacaron diversos fotógrafos que supieron captar la transformación de ciudades y monumentos en un momento clave de transición hacia la modernidad. Entre ellos sobresale la saga de los fotógrafos Almela, cuya obra constituye hoy un valioso testimonio visual del paisaje monumental andaluz¹. La existencia de colecciones fotográficas históricas conservadas en ámbitos educativos, como la del IES Conde Diego Porcelos sobre el Castillo de Alcalá de Guadaíra, refuerza la importancia de este legado visual².

La firma fotográfica Almela estuvo vinculada principalmente a Francisco Almela (1842-1896) y a su hijo Ramón Almela (1870-ca. 1925), activos en Sevilla desde las últimas décadas del siglo XIX³. Tras la muerte del padre, Ramón continuó el negocio familiar, primero bajo la denominación Almela, Fco. e Hijo y posteriormente con firma propia, consolidándose como uno de los principales fotógrafos documentales del ámbito sevillano.

Su producción se centró en vistas monumentales, arquitectura histórica, escenas urbanas y acontecimientos populares, empleando procedimientos técnicos habituales en la época como la albúmina y el gelatino-bromuro, formatos muy utilizados en álbumes y series destinadas a la difusión cultural y turística.

La obra de los Almela se inscribe en una tradición de fotografía documental patrimonial, cuya finalidad trascendía el valor estético para convertirse en un medio de registro histórico. Estas imágenes documentan el estado de monumentos y espacios urbanos antes de importantes transformaciones, convirtiéndose en fuentes primarias para la investigación histórica, arquitectónica y urbanística.

La circulación de estas fotografías en álbumes, postales y colecciones institucionales favoreció la creación de una imagen visual compartida del patrimonio andaluz, especialmente de ciudades como Sevilla y su entorno metropolitano.

El Castillo de Alcalá de Guadaíra, uno de los conjuntos fortificados más relevantes del sur peninsular, fue objeto de interés por parte de fotógrafos documentales desde finales del siglo XIX. En este contexto se sitúa la colección fotográfica conservada en el IES Conde Diego Porcelos, integrada por imágenes históricas del castillo y su paisaje inmediato.

Aunque la autoría de estas imágenes no siempre aparece explícitamente documentada, la cronología, el enfoque descriptivo y el lenguaje visual coinciden con la producción de fotógrafos activos en Andalucía en torno a 1900, como Ramón Almela7. Este tipo de fondos educativos desempeñó un papel clave en la difusión del conocimiento histórico y patrimonial durante el primer tercio del siglo XX.

Parte de la producción fotográfica de los Almela se conserva actualmente en fondos públicos, como la Fototeca Municipal de Sevilla, lo que confirma su relevancia dentro de la historia de la fotografía española8. La preservación y catalogación de estas imágenes ha permitido reconocer su valor como documentos históricos y como fuentes para el estudio del patrimonio cultural andaluz.

La relación entre la obra de Almela y colecciones educativas como la del IES Conde Diego Porcelos pone de relieve la necesidad de revisar sistemáticamente los archivos fotográficos escolares, donde se conservan materiales de gran interés histórico aún insuficientemente estudiados.

La figura de Ramón Almela, heredero y continuador del estudio familiar, representa un ejemplo destacado del fotógrafo documental de principios del siglo XX, comprometido con la captación del patrimonio y la memoria visual de su tiempo. Su legado, conservado en archivos públicos y colecciones históricas, constituye hoy una fuente imprescindible para el conocimiento del pasado urbano y monumental de Andalucía.

La colección del Castillo de Alcalá de Guadaíra conservada en el IES Conde Diego Porcelos se inscribe en esta tradición documental y pone de manifiesto el valor de la fotografía histórica como instrumento de conocimiento, educación y conservación del patrimonio. El estudio y contextualización de estas imágenes permiten recuperar no solo una mirada fotográfica, sino una forma de entender y preservar la historia.

Francisco José Gavira Albarrán

Notas

  1. Véase Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Fondos fotográficos históricos, Sevilla, ICAS.
  2. Proyecto Castillo en Red, Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra.
  3. ICAS, Almela. Fotografías de Sevilla, Sevilla, Fototeca Municipal.
  4. ABC de Sevilla, “Los Almela, fotógrafos que popularizaron la imagen de Sevilla”, 2020.
  5. Sougez, Marie-Loup, Historia de la fotografía, Madrid, Cátedra, 2007.
  6. Tagg, John, El peso de la representación, Barcelona, Gustavo Gili, 2005.
  7. Comparación estilística con fondos de la Fototeca Municipal de Sevilla.
  8. ICAS, Catálogo de la Fototeca Municipal de Sevilla.