La labor de George Bonsor, aunque
excepcional en su contexto, se desarrolló dentro de un panorama arqueológico
andaluz caracterizado por profundas limitaciones teóricas, metodológicas y
éticas. Una crítica estructural a esta etapa revela varias problemáticas
fundamentales:
1. Paradigma
"Anticuaria" y Busca del Objeto Museable
La arqueología se entendía
principalmente como una "caza de tesoros" (treasure
hunting). El valor se medía por la belleza, completitud y potencial
expositivo de las piezas (cerámica pintada, joyas, esculturas), ignorándose
sistemáticamente los materiales "no nobles" (líticos,
huesos, fragmentos cerámicos comunes) y los contextos de hábitat. Esto
generó una visión sesgada y monumental de las culturas pasadas, centrada en la
muerte (necrópolis) y el arte, y ciega a la economía, la vida cotidiana y la
organización social.
2. Método Excavador Destructivo y
Falta de Sistematicidad
Aunque Bonsor fue una excepción
relativa, la norma era la excavación en trinchera o por pozos, sin control
estratigráfico real. Se priorizaba llegar rápidamente a los "niveles
interesantes" (enterramientos, cimientos), destruyendo sin registro las
secuencias superiores. La documentación era anecdótica: escasos diarios,
planos imprecisos y una casi nula descripción de los estratos. Esto hizo que
innumerables yacimientos fueran irreversiblemente perdidos para la
ciencia, aunque sus "tesoros" acabaran en museos.
3. Marco Teórico: Difusionismo y
Prejuicios Coloniales
La interpretación dominante
era difusionista y jerárquica. Cualquier avance cultural (urbanismo,
escritura, cerámica a torno) se atribuía automáticamente a
colonizadores fenicios o griegos, considerados "civilizadores".
Las poblaciones autóctonas (tartesias, íberas) eran vistas como receptoras
pasivas, negándoseles capacidad de innovación. Este enfoque reflejaba los
prejuicios coloniales de la época y obstaculizó durante décadas el estudio de
los procesos de aculturación, resistencia y desarrollo interno.
4. Ética Patrimonial: Expolio,
Coleccionismo y Mercado
No existía una legislación
protectora efectiva. El expolio era una práctica generalizada y
socialmente aceptada, tanto por aficionados locales como por "viajeros
románticos" y coleccionistas extranjeros. Se creó un floreciente
mercado negro de antigüedades que alimentó museos europeos y
norteamericanos, desvinculando los objetos de su contexto y significado.
Incluso arqueólogos serios, como el propio Bonsor, participaban en este mercado
para financiar sus trabajos, una contradicción ética inconcebible hoy.
5. Falta de Institucionalización
y Cientificidad
La arqueología era una actividad
de eruditos aficionados, anticuarios y aventureros, sin formación reglada
ni vínculos universitarios sólidos. No había proyectos de investigación
planificados a largo plazo, sino campañas puntuales dependientes del mecenazgo
o el interés individual. La falta de una escuela arqueológica
andaluza hacía que los avances fueran personales y no se transmitieran de
forma sistemática.
6. Visión Fragmentada y
Descontextualizada del Paisaje
No existía el concepto
de "paisaje arqueológico". Los yacimientos se estudiaban
como islas aisladas, sin comprender sus interrelaciones territoriales,
económicas o culturales. Esto impidió entender a Los Alcores, por ejemplo, como
un sistema complejo de poblados, necrópolis, canteras y vías de comunicación.
Conclusión: El Contexto de Bonsor
En este contexto, la figura
de George Bonsor destaca como una notable excepción, pero no como una
ruptura. Sus críticas deben dirigirse, por tanto, más al paradigma general
de su tiempo que a su persona. Su mérito radica en haber aplicado, dentro
de ese marco deficiente, un nivel de rigor, documentación gráfica y voluntad de
conservación in situ (con el museo de Carmona) que lo sitúan
muy por encima de la media de sus contemporáneos.
La crítica a la arqueología de su
época subraya que, aunque se salvaron muchos objetos, se perdió
irremediablemente una ingente cantidad de información contextual. Este es el
gran drama científico del periodo: se coleccionaron piezas, pero se destruyeron
yacimientos. La evolución posterior de la disciplina hacia la arqueología
estratigráfica, procesual y contextual es, en gran medida, una reacción contra
las limitaciones de este modelo "antiguario" que dominaba en la
Andalucía de finales del siglo XIX.






