Molino de Cajul
Resumen
El
Molino de Cajul —documentado también como Cajur—, constituye un elemento
significativo del sistema hidráulico preindustrial del río Guadaíra. A partir
del análisis combinado de fuentes documentales (especialmente el Boletín
de Crédito Público de 1822), estudios historiográficos recientes
(Pérez Moreno, 2019), material gráfico (fotografía de González Nandín, c. 1938)
y evidencias arqueológicas (Consejería de Cultura, 2011), este trabajo propone
una reconstrucción integral de su evolución histórica. Se distinguen tres
planos analíticos —toponimia, configuración material y régimen de propiedad—
con el fin de resolver aparentes discontinuidades en la documentación. El
estudio muestra cómo un enclave de probable origen andalusí fue integrado en
redes señoriales y posteriormente monásticas, para acabar siendo desamortizado
y privatizado en el siglo XIX. Asimismo, se examina su inserción en un sistema
hidráulico complejo y los retos actuales de su conservación.
1.
Introducción: continuidad hidráulica y lectura histórica del paisaje.
La
ribera del río Guadaíra, en su tramo correspondiente a Alcalá de Guadaíra,
configura uno de los paisajes hidráulicos más relevantes del sur peninsular. En
este contexto, los molinos de Cajul (o Cajur) y La Aceña constituyen un
conjunto funcional de especial interés para el estudio de la explotación
preindustrial del agua.
La
documentación histórica y la toponimia permiten vincular este sistema con
tradiciones hidráulicas de origen andalusí. En particular, la denominación
«Reha Luet», asociada al molino de La Aceña, remite al árabe raḥā al-wādī
(«molino del río»),
lo que evidencia la continuidad de prácticas técnicas y organizativas en el
aprovechamiento del cauce.
El
presente trabajo aborda el Molino de Cajul desde una perspectiva integradora,
diferenciando entre el origen del enclave, la evolución de su estructura
material y las transformaciones en su régimen de propiedad, con el objetivo de
ofrecer una lectura coherente de su trayectoria histórica.
2.
Toponimia y origen: de «Al Caxur» a Cajul
La
toponimia de Cajul revela una continuidad histórica desde al menos el siglo
XIII. Las primeras menciones, en los repartimientos posteriores a la conquista
castellana, registran «Al Caxur» o «Alcaizur»,
topónimos de raíz árabe que aluden a una instalación hidráulica de época
almohade vinculada a un propietario andalusí, Hamet Aben Paxat.
Con el
tiempo, el nombre evolucionó fonéticamente a «Cajur» y más tarde a «Cajul»,
siendo esta última la forma fijada en fuentes del siglo XIX. El investigador
José Luis Pérez Moreno defiende «Cajur» como la denominación históricamente más
precisa.
Esta
evolución lingüística evidencia la pervivencia del enclave, pese a sus
transformaciones materiales. Así lo confirma la web de turismo de Alcalá de
Guadaíra, que cita los repartos de 1253 de Alfonso X: junto al molino «Reha
Luet» (del árabe Reha al-Wadi, «molino del río»), aparece «Alcaxur,
que muele de una fuente», lo que demuestra la integración de los sistemas
hidráulicos andalusíes en la organización territorial castellana.
3.
Estructura material y evolución constructiva
Aunque
el emplazamiento del molino puede remontarse a época andalusí, el edificio
conservado responde fundamentalmente a fases constructivas de época moderna
(siglos XVI-XVII), como ocurre en la mayoría de los molinos del Guadaíra.
Las
evidencias gráficas del siglo XX, en particular la fotografía tomada por José
María González Nandín y Paúl hacia 1938 (conservada en el fondo de la
Universidad de Sevilla),
permiten reconstruir su fisonomía reciente. González Nandín (1902-1972) fue un
destacado fotógrafo sevillano cuya obra constituye un documento gráfico de
primer orden para la historia de la ciudad y su provincia. Sus imágenes,
custodiadas en la Fototeca de la Universidad de Sevilla, son una fuente
recurrente para el estudio del patrimonio andaluz durante la posguerra, y la
del Molino de Cajul se inscribe dentro de su interés por documentar las
estructuras tradicionales del mundo agrario en vías de desaparición.
En la
imagen se aprecia una edificación de paredes encaladas en blanco,
con una cubierta a dos aguas de teja cerámica, característica de la
arquitectura hidráulica popular andaluza. Destaca en su estructura un área
porticada con arcos de medio punto, que funcionaba como espacio de
transición entre el exterior y las zonas de trabajo o vivienda. Las pequeñas
ventanas con rejas denotan, además, un carácter robusto y semidefensivo,
necesario frente a las periódicas crecidas del río.
Las
sucesivas reformas y adaptaciones dificultan la identificación de fases
constructivas precisas, pero confirman la larga duración funcional del enclave.
3.1. El
molino como espacio de vida y trabajo
Las
fuentes documentales analizadas por Pérez Moreno revelan que el Molino de Cajur
no era solo un centro industrial, sino también una vivienda y
un centro de explotación diversificada. Los
inventarios de finales del siglo XVIII describen un mobiliario modesto que
incluía tres camas de palo de encina, una mesa de cuatro pies y bancos, lo que
indica que el molinero y su familia residían en el propio edificio.
Una
actividad singular vinculada a este molino fue la apicultura. El
«laboratorio» de los monjes cartujos en este enclave incluía la presencia de
colmenas y corchos para la fabricación de velas destinadas a las liturgias del
monasterio. Este
dato revela la multifuncionalidad del espacio y la capacidad de los cartujos
para integrar distintas actividades productivas en un mismo enclave.
Asimismo,
se documenta la existencia de una inscripción en una de las
puertas de la planta superior con el nombre «Juan Prida»,
identificado probablemente como uno de los molineros que trabajaron en el lugar. Este
tipo de graffiti histórico, aunque modesto, aporta una dimensión humana y
cotidiana al estudio arqueológico del edificio.
4.
Régimen de propiedad: de la explotación laica a la concentración monástica
El
análisis de la propiedad del molino revela una secuencia compleja, que resulta
fundamental para comprender las aparentes discontinuidades documentales. La
obra de Pérez Moreno proporciona una documentación exhaustiva de esta evolución.
4.1. La
etapa andalusí y el repartimiento castellano (siglos XIII-XIV)
Tras la
conquista de Alcalá de Guadaíra por Fernando III en 1248, el territorio fue
objeto de un proceso de repartimiento entre los caballeros y colonos
castellanos. En estos repartimientos aparece mencionada una partida
denominada «Al Caxur» o «Alcaizur» ,
vinculada a Hamet Aben Paxat. No es
posible identificar con certeza la estructura mencionada en el siglo XIII con
el edificio actual, dado que las continuas reformas y reconstrucciones han
modificado sustancialmente su fisonomía original. Lo que sí queda claro es la
continuidad del enclave como punto de aprovechamiento del agua a lo largo de
los siglos.
4.2. La
propiedad privada en los siglos XV y XVI
A
comienzos del siglo XVI, el molino era una propiedad compartida entre varios
titulares. En 1506 se documenta esta situación de copropiedad,
que fue resuelta mediante sucesivas operaciones de compra por parte de la Cartuja
de Sevilla (Monasterio de Santa María de las Cuevas). La
consolidación definitiva de la propiedad cartuja se produjo en 1511,
cuando el monasterio realizó una operación de 500.000 maravedís para
adquirir siete séptimas partes del molino.
Este
proceso de concentración patrimonial no fue excepcional, sino que responde a la
política sistemática de la orden cartuja por controlar los recursos hidráulicos
del valle del Guadalquivir, esenciales para su red de abastecimiento y
comercialización de harina.
4.3. Los
arrendamientos y la gestión cartuja (siglos XVI-XVIII)
Una vez
en manos de la Cartuja, el molino fue explotado mediante un sistema de
arrendamiento. Las fuentes documentales permiten conocer algunas de las rentas
pagadas por los molineros:
- En 1562,
el molino se arrendó por 28.200 maravedís y un par de
gallinas.
- En 1652,
la renta había ascendido ligeramente hasta los 28.400 maravedís.
Estas
cifras, aunque modestas en términos absolutos, deben contextualizarse en la
economía de la época y en el hecho de que el molino era una de las múltiples
fuentes de ingreso del monasterio.
4.4. La
capacidad técnica y el rendimiento productivo
El
complejo molinero varió su capacidad operativa según el estado de conservación
de su maquinaria. Aunque originalmente disponía de tres paradas de
piedra, su rendimiento fluctuó a lo largo del tiempo:
- En 1519 funcionaban
solo dos paradas.
- A principios del
siglo XVII alcanzó su pleno rendimiento, con las tres paradas
completas y un «sobajano» muy abundante (el
caudal de agua sobrante que alimentaba los rodeznos).
Las
piedras de moler, elemento esencial para la calidad de la harina, se traían de
lugares relativamente lejanos, como Teba (Málaga) o Portugal
(Cantera Nueva).
Este dato indica la existencia de redes de suministro especializadas y la
importancia que se concedía a la calidad del instrumental de molienda.
Un
documento excepcional es la declaración de molienda de 1738, que
cubre un periodo de 52 semanas. Según este registro, el molino procesó un total
aproximado de 93.748 kg de grano en ese año, distribuidos en
diferentes periodos de intensidad productiva. Esta
cifra permite dimensionar la capacidad real del molino y su importancia en el
abastecimiento harinero de la comarca y de la propia Sevilla.
5. El
sistema hidráulico: manantiales, acequias y riqueza hídrica
El
Molino de Cajul debe entenderse como parte de un sistema hidráulico complejo,
basado en la regulación y distribución del caudal del Guadaíra. Una de las
particularidades de este molino es que, aunque sus aguas vertían al río
Guadaíra, su fuente de energía provenía fundamentalmente de los manantiales
de la ermita de Santa Lucía.
Esta dependencia de manantiales, y no solo del cauce principal, es un rasgo
distintivo que lo diferencia de otros molinos de la ribera.
Un informe
técnico de la Consejería de Cultura de 2011 (Delegación Provincial de
Sevilla, ref. DPPH/JCJB, 3 de agosto de 2011) documenta
la existencia de una atarjea o acequia que conducía el agua
desde el molino de Cajul hacia el Molino de La Aceña.
La
riqueza hídrica de estos manantiales era tal que en 1753 la
ciudad de Sevilla pleiteó con la Cartuja para que el agua sobrante de los
rodeznos no se desperdiciara y pudiera abastecer a la ciudad a través de «Los
Caños». Este
litigio evidencia la importancia estratégica del agua como recurso y las
tensiones entre distintos usos (molinero, agrícola y de abastecimiento urbano).
Este
complejo sistema incluía:
- Aliviaderos:
Canalizaciones diseñadas para derivar el exceso de agua del cauce de
Cajul, con el fin de gestionar el caudal de forma estacional y evitar los
daños por avenidas.
- Pavimentos de carga:
Áreas de empedrados y «derretidos» (morteros de cal y arena) situadas en
la explanada adyacente, destinadas a las maniobras de transporte de grano
y harina, así como al secado de cereales.
- Conexión con otros
molinos: Una de las derivaciones del alivio de
Cajul finalizaba en un malecón adyacente al Molino de La Aceña,
demostrando una planificación integral del uso del agua a lo largo de la
ribera.
Según el
citado informe, la acequia se halla parcialmente labrada en el sustrato rocoso,
con paredes de ladrillo que alivian directamente sobre el terreno. Su presencia
evidencia una organización espacial orientada a la logística productiva, lo que
refuerza la interpretación del conjunto como un sistema integrado más que como
una unidad aislada.
6.
Desamortización y declive de la actividad (siglos XIX-XX)
El Boletín de Crédito Público del
6 de junio de 1822 documenta la subasta del molino, descrito como procedente de
la Cartuja de Sevilla. En ese
momento, el inmueble contaba con tres paradas de piedra y se hallaba
inmediato al molino de «la Seña» (denominación antigua de La Aceña). Su
tasación alcanzaba los 203.720 reales de vellón, con una renta estimada
de 6.111 reales.

Es
preciso señalar, no obstante, que las ventas del Trienio Liberal (1820-1823)
fueron anuladas tras la restauración absolutista de Fernando VII en 1823, por
lo que el molino retornó a manos eclesiásticas. Su salida definitiva del
patrimonio religioso se produciría años más tarde, durante
la Desamortización de Mendizábal (1836-1837), momento en el que pasó a
propietarios privados de forma irreversible.
Tras la
desamortización, la actividad del molino decayó progresivamente. Pérez Moreno
documenta el último registro de actividad en 1919, con una renta anual
de 91 pesetas. Esta
cifra, significativamente más baja que las rentas del siglo XVI (ajustadas por
inflación y cambios monetarios), refleja el declive irreversible de la molienda
hidráulica tradicional frente a las nuevas tecnologías de la Revolución
Industrial.
Es
preciso señalar, no obstante, que las ventas del Trienio Liberal (1820-1823)
fueron anuladas tras la restauración absolutista de Fernando VII en 1823, por
lo que el molino retornó a manos eclesiásticas. Su salida definitiva del
patrimonio religioso se produciría años más tarde, durante la Desamortización
de Mendizábal (1836-1837), momento en el que pasó a propietarios privados
de forma irreversible.
7.
Arqueología y leyenda: la inscripción de San Hermenegildo
Un
aspecto singular de la arqueología del Molino de Cajur es el hallazgo de una
supuesta inscripción romana vinculada a San Hermenegildo. Según las fuentes
documentales, en 1624, durante unas obras de limpieza en las minas
de agua subterráneas del molino, se informó del hallazgo de una lápida de
piedra con una inscripción referente a la prisión y muerte de San Hermenegildo.
Los
historiadores modernos citados por Pérez Moreno no han podido confirmar la
veracidad de este hallazgo, que probablemente forma parte de las tradiciones
legendarias asociadas a la presencia de reliquias y mártires en la región. Con
independencia de su autenticidad, el episodio es relevante porque muestra cómo
el molino y su entorno fueron percibidos, ya en el siglo XVII, como un lugar
cargado de significación histórica y simbólica. La supuesta inscripción, de
haber existido, se habría reutilizado como material de construcción en el
propio edificio, práctica común en la arquitectura tradicional andaluza.
8.
Conservación y criterios de intervención
El
estado actual del molino, caracterizado por un notable deterioro (ruinas,
escombros, acumulación de residuos), plantea importantes desafíos en términos
de conservación patrimonial. La plataforma ciudadana «Salvemos el Guadaíra» ha
denunciado en repetidas ocasiones esta situación de abandono.
La
aparición casual de las estructuras hidráulicas durante las obras de reposición
de daños en las márgenes (proyecto financiado por la Confederación Hidrográfica
del Guadalquivir y el Ayuntamiento de Alcalá) planteó un dilema técnico:
¿restaurar y hacer visibles los restos, o protegerlos sin recrear un «falso
histórico»?
La
recomendación de los arqueólogos Enrique Luis Domínguez Berenjeno y
Lara Cervera Pozo, directores del estudio sistemático del patrimonio de la
ribera desde 2003, fue
clara: documentación y protección puntual, respetando la
estructura, pero sin visibilizarla artificialmente. Dado que es probable que en
origen esta acequia no se hallase visible (sino bajo la solera de la explanada
de carga), su «recuperación» escenográfica conduciría inevitablemente a una reconstrucción
especulativa.
Por el
contrario, las actuaciones previstas en el proyecto —habilitación de un camino
de uso público y adecuación integral del espacio— redundan más en la
recuperación del entorno para el disfrute ciudadano, sin comprometer la
integridad científica de los restos. La integración del molino en proyectos de
recuperación ambiental de la ribera ofrece una oportunidad para compatibilizar
conservación y uso público, siempre que se respeten los principios de
autenticidad y rigor científico.
9.
Conclusiones
El
Molino de Cajul (Cajur) constituye un ejemplo paradigmático de la complejidad
histórica del paisaje hidráulico andaluz. Su análisis pone de relieve la
necesidad de distinguir entre continuidad del enclave, transformación de las
estructuras y cambios en la propiedad.
Lejos de
presentar una evolución lineal, su trayectoria refleja la superposición de
distintos sistemas económicos y sociales: desde la ingeniería andalusí (con su
primer propietario conocido, Hamet Aben Paxat), pasando por la explotación
privada y la concentración patrimonial de la Cartuja de Sevilla (que consolidó
su propiedad en 1511 mediante una inversión de 500.000 maravedís), hasta la
reconfiguración liberal del siglo XIX (con la desamortización y el posterior
declive documentado en 1919).
La obra
de José Luis Pérez Moreno ha sido fundamental para restaurar su nombre
histórico, «Cajur», y para integrar su estudio en una historia global del
territorio.
Sus investigaciones han aportado datos concretos sobre la capacidad productiva
del molino (93.748 kg de grano procesados en 1738), las redes de suministro de
piedras de moler (Teba y Portugal), las rentas de arrendamiento (desde 28.200
maravedís en 1562 hasta 91 pesetas en 1919) y las actividades complementarias
como la apicultura.
El
estado ruinoso del molino contrasta con el rigor técnico de los informes
arqueológicos y con la belleza evocadora de la fotografía de González Nandín,
un testimonio visual que, gracias al legado de este fotógrafo, perdura como
memoria de un paisaje que ya es historia.
En la
actualidad, su conservación plantea el reto de preservar un patrimonio que es,
al mismo tiempo, material, histórico y paisajístico. Protegerlo no implica
necesariamente reconstruirlo; a veces, documentar, consolidar e integrar sus
restos en el paisaje es la forma más honesta de honrar su memoria y su función
originaria. En este sentido, la documentación rigurosa y la integración
territorial se perfilan como las estrategias más adecuadas para garantizar su
transmisión futura.
P.D. Otro
de los aspectos relevantes del molino es su conexión con las galerías
subterráneas, en particular la galería de Cajul y la denominada galería
de Las Pañuelas–Cajul. Estas conducciones forman parte de un sistema más
amplio cuya comprensión requiere un análisis específico.

Galería
Cajul

Galería
Cajul – Las Pañuelas
Fotografía de José María González Nandín
y Paúl, c. 1938. Fondo Fotográfico de la Universidad de Sevilla. Sobre el
autor: González Nandín (1902-1972) fue un prolífico fotógrafo sevillano cuyo
fondo, conservado en la Universidad de Sevilla, abarca desde vistas urbanas y
monumentales hasta escenas rurales y etnográficas.
Domínguez Berenjeno, E. L. y Cervera
Pozo, L. (2003-2011). *Estudio sistemático del Patrimonio Histórico de la
ribera urbana del río Guadaíra* (inédito). Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra.