sábado, 31 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá de Guadaíra en 1932. Fotografía de José Ramón Mélida y Alinari.


La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra tomada en 1932 por José Ramón Mélida y Alinari representa mucho más que una simple imagen arquitectónica. Esta instantánea en blanco y negro, con su composición enmarcada por un arco que dirige la mirada hacia la fortaleza, captura un momento crucial en la historia del patrimonio alcalareño. Las figuras humanas visibles a pie de muralla, al menos diez, testimonian la vida cotidiana que transcurría junto al monumento en los albores de la Segunda República.

Mélida (1856-1933) representaba la culminación de la tradición erudita decimonónica española y su transición hacia la arqueología científica moderna. Como director del Museo Arqueológico Nacional (1916-1930) en los años previos a la República, había impulsado la profesionalización de la disciplina. Su fotografía del castillo formaba parte de un trabajo sistemático de documentación que publicaría ese mismo año en el Boletín de la Real Academia de la Historia. «Arqueólogo, historiador y novelista. Fue el séptimo de once hermanos, algunos de ellos con buenas dotes artísticas como Arturo arquitecto y escultor o Enrique, pintor, lo que le hizo estar en contacto con el arte desde muy pequeño.»[1]

A los 76 años, Mélida encarnaba la continuidad institucional en un momento de profunda transformación política. Su enfoque metodológico combinaba el rigor documental con una sensibilidad histórica que valoraba tanto el monumento como su contexto humano y paisajístico.

El Castillo de Alcalá, declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, llegaba a la República con protección legal, pero con los desafíos propios de un país en transformación. Andalucía, con su riqueza patrimonial, se convertía en laboratorio de las políticas culturales republicanas.

La Ley del Tesoro Artístico Nacional de 1933, promovida por el gobierno republicano, establecía por primera vez un sistema integral de protección del patrimonio. Esta legislación coincidía temporalmente con el trabajo de Mélida, reflejando un nuevo enfoque donde la documentación fotográfica sistemática se convertía en herramienta fundamental de conservación.

El año 1932 se situaba en el período reformista de la República, caracterizado por:

  1. -        Intensos debates sobre la reforma agraria, especialmente relevante en Andalucía
  2. -        Aprobación del Estatuto de Cataluña, que impulsaba debates autonómicos
  3. -        Tensiones entre modernización y tradición que afectaban a la percepción del patrimonio
  4. -        Desarrollo de políticas educativas y culturales que incluían la protección monumental

En este contexto, el castillo representaba no solo un vestigio histórico, sino un símbolo de identidad local en proceso de redefinición. La fotografía de Mélida capturaba el monumento en un momento de relativa estabilidad antes de los convulsos años que seguirían.

El Castillo de Alcalá de Guadaíra se alzaba como testimonio de siglos de historia andaluza:

  1. -        Orígenes islámicos: Construcción principalmente almohade (siglos XI-XII)
  2. -        Adaptación cristiana: Reformas tras la conquista en 1247
  3. -        Función estratégica: Control del camino entre Sevilla y Granada
  4. -        Sistema defensivo integrado: Formaba parte de un conjunto más amplio con murallas urbanas

Su valor patrimonial residía no solo en su arquitectura, sino en su integración con el paisaje del valle del Guadaíra y su relación con el desarrollo urbano de Alcalá.

La fotografía de 1932 representa un punto de equilibrio entre:

  1. Tradición erudita representada por Mélida
  2. Modernización técnica mediante la fotografía documental
  3. Contexto político de reforzamiento de la protección patrimonial
  4. Continuidad vital del monumento en la vida cotidiana

Tristemente, esta etapa de documentación y protección quedaría interrumpida por el golpe de estado y la Guerra Civil (1936-1939), durante la cual muchos monumentos andaluces sufrirían daños o abandono.

La imagen del Castillo de Alcalá nos llega así, como testimonio de un momento en que España intentaba conciliar modernidad y tradición, documentando su patrimonio para las generaciones futuras en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales.

Foto digital archivo Antonio Gavira Albarrán



[1] Biblioteca Nacional de España.


LA PLATAFORMA EN DEFENSA DE LOS ALCORES REFUERZA SU ACCIÓN PARA LOGRAR LA DECLARACIÓN DE ZONA PATRIMONIAL – PARQUE CULTURAL

 


Carmona / El Viso del Alcor / Mairena del Alcor / Alcalá de Guadaíra, enero de 2026

La Plataforma en Defensa de Los Alcores celebró el pasado 19 de enero su asamblea general, en la que realizó un balance positivo de las acciones desarrolladas en los últimos meses y aprobó un nuevo plan de trabajo para seguir avanzando en la defensa y puesta en valor del patrimonio histórico, cultural y natural de la comarca de Los Alcores.

Entre los principales logros destacados se encuentra la solicitud formal a la Junta de Andalucía para la activación del expediente que permitiría declarar Los Alcores como Zona Patrimonial, gestionada mediante la figura de un Parque Cultural, iniciativa que la Plataforma considera clave para garantizar la protección integral de este territorio. Aunque aún no se ha recibido respuesta oficial, la Plataforma continuará insistiendo ante las administraciones competentes.

Asimismo, se valoró muy positivamente la difusión mediática alcanzada en los últimos meses, entre la que destacan la emisión de un programa monográfico en Canal 12 TV sobre el patrimonio de Los Alcores, la organización de rutas interpretativas reivindicativas y la repercusión en prensa de varias notas informativas, como la relativa a la presencia de nutrias en el tramo urbano del río Guadaíra, ejemplo de la riqueza ambiental del entorno.

La asamblea también abordó la preocupación generada por los movimientos de tierras en la dehesa de Piedra Hincada, un espacio de alto valor ambiental y arqueológico donde se localizan yacimientos de época romana, entre ellos una importante cantera histórica. La Plataforma presentó escritos ante distintas administraciones y ha seguido de cerca el desarrollo de las actuaciones, que han contado con autorización administrativa, manteniendo una actitud vigilante y reivindicativa.

De cara al próximo trimestre, la Plataforma aprobó un plan de acción que incluye la organización de conferencias divulgativas, la producción de contenidos audiovisuales monográficos con especialistas en patrimonio y medio ambiente, el refuerzo de su presencia digital, nuevas gestiones institucionales ante la Junta de Andalucía, la Diputación de Sevilla y los ayuntamientos de la comarca, así como la organización de rutas de senderismo reivindicativas en defensa del futuro Parque Cultural de Los Alcores.

Desde la Plataforma se insiste en que Los Alcores constituyen un territorio único, donde confluyen valores arqueológicos, históricos, paisajísticos y ecológicos de primer orden, y se hace un llamamiento a la ciudadanía y a las instituciones para sumar esfuerzos en su protección y puesta en valor.

20 de enero de 2026

Plataforma en Defensa de Los Alcores

Correo: parqueculturallosalcores@gmail.com

Facebook:

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domingo, 18 de enero de 2026

Molino de San Juan

 

Esta fotografía, producida por el sello editorial CLICHÉ COTÁN, representa una vista del Molino de San Juan y constituye un ejemplo significativo de la producción masiva de postales ilustradas de comienzos del siglo XX. La imagen muestra el edificio en un estado previo a las restauraciones acometidas a lo largo del siglo XX, permitiendo apreciar con claridad la solidez de su arquitectura y su integración natural en el paisaje. El molino se alza junto al propio cauce del río, rodeado de vegetación de ribera, bajo un cielo despejado que refuerza la sensación de serenidad y permanencia. Podemos observar el arranque del canal que construyó la familia de La Portilla para encauzar el agua del río hasta la fábrica de harinas.

La postal posee un notable valor documental y patrimonial, ya que:

  1. Documenta un estado pretérito del monumento: fija la apariencia del Molino de San Juan en las primeras décadas del siglo XX, mostrando su silueta erosionada por el paso del tiempo, pero aún imponente, antes de las intervenciones de restauración.
  2. Forma parte de la memoria visual colectiva: gracias a la amplia difusión de las postales de CLICHÉ COTÁN, imágenes como esta se consolidaron como referentes visuales de Alcalá de Guadaíra, contribuyendo de manera decisiva a la construcción de su identidad paisajística y patrimonial.
  3. Constituye un testimonio de una práctica editorial histórica: ejemplifica el papel fundamental de la fotografía como medio de difusión del patrimonio monumental y paisajístico en una época anterior a la fotografía digital, al turismo de masas y a los actuales sistemas de comunicación visual.

El característico tono azulado o sepia de la copia —dependiente de la técnica de reproducción empleada— añade una dimensión evocadora que intensifica la sensación de nostalgia y distancia temporal, subrayando su condición de ventana abierta a un pasado ya desaparecido.

CLICHÉ COTÁN fue uno de los principales editores de postales del ámbito andaluz, especialmente activo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Su producción se caracterizó por una cuidada selección de vistas urbanas, monumentales y paisajísticas, así como por una notable capacidad de distribución, lo que permitió que sus imágenes circularan ampliamente tanto a nivel local como nacional. Gracias a esta labor editorial, hoy se conservan valiosos testimonios gráficos de edificios, entornos y escenas cotidianas que, en muchos casos, han sufrido profundas transformaciones o han desaparecido.

Así, esta imagen no es únicamente una representación del Molino de San Juan, sino un fragmento esencial de la memoria visual e histórica de Alcalá de Guadaíra, y un ejemplo destacado del papel que la fotografía y la postal ilustrada desempeñaron en la conservación simbólica del patrimonio. Archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.

jueves, 8 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: II

 

La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra captada por Ramón Almela a comienzos del siglo XX es un ejemplo elocuente de su manera de entender la fotografía como documento histórico. Lejos de la postal pintoresca o del encuadre efectista, Almela opta por una visión directa, sobria y estructural, en la que la arquitectura se impone al paisaje sin desligarse de él.

La imagen muestra una vista lateral y elevada del Castillo de Alcalá de Guadaíra, recortado con fuerza sobre el cielo. La fortaleza se despliega horizontalmente a lo largo de la cresta del cerro, con sus torres macizas, lienzos de muralla almenados y volúmenes prismáticos claramente definidos. La ausencia de edificaciones modernas refuerza la lectura monumental del conjunto.

En primer plano se extiende la ladera natural del cerro, cubierta de vegetación baja y terreno irregular, sin caminos ni intervenciones visibles, lo que subraya el carácter aislado y defensivo del castillo. La composición es sobria y equilibrada: el paisaje ocupa casi dos tercios de la imagen y conduce la mirada hacia la arquitectura, que se presenta desnuda, sólida y atemporal. Podemos distinguir tres personas.

La fotografía está realizada en blanco y negro, con una gama tonal rica y contrastada, lo que permite apreciar la textura de los muros, las huellas del paso del tiempo y la integración del monumento en el entorno. No hay figuras humanas ni elementos anecdóticos: el protagonismo absoluto es del castillo y su emplazamiento.

Nacido en Sevilla en 1870 y fallecido en 1925, Ramón Almela fue heredero de una saga fotográfica iniciada por su padre, Francisco Almela, y desde 1891 dirigió el estudio familiar bajo la firma «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía urbana y monumental, se convirtió en uno de los grandes cronistas visuales de Sevilla y su provincia en el tránsito del siglo XIX al XX.

En esta imagen del castillo, Almela demuestra su dominio del punto de vista: elige una posición baja y lateral que permite leer el conjunto defensivo como una secuencia de volúmenes, resaltando su función militar y su adaptación a la topografía. La ausencia de elementos contemporáneos convierte la fotografía en un documento casi arqueológico, donde el castillo aparece como símbolo intemporal del poder y la historia de Alcalá.

Trabajando con técnicas como el gelatinobromuro y característicos virados cálidos o neutros, Almela consiguió imágenes de gran nitidez y riqueza tonal. Muchas de ellas fueron difundidas como tarjetas postales, contribuyendo a fijar una memoria colectiva del patrimonio andaluz antes de las grandes transformaciones urbanas del siglo XX.

Hoy, esta fotografía no solo permite apreciar el estado del castillo antes de intervenciones posteriores, sino que confirma el valor del legado de Ramón Almela como archivo visual esencial para comprender la relación entre paisaje, arquitectura y ciudad en la Andalucía histórica. Su obra, silenciosa y precisa, sigue dialogando con el presente desde la solidez de la piedra y la claridad de la mirada.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.