La fotografía del Castillo de
Alcalá de Guadaíra tomada en 1932 por José Ramón Mélida y Alinari representa
mucho más que una simple imagen arquitectónica. Esta instantánea en blanco y
negro, con su composición enmarcada por un arco que dirige la mirada hacia la
fortaleza, captura un momento crucial en la historia del patrimonio alcalareño.
Las figuras humanas visibles a pie de muralla, al menos diez, testimonian la vida cotidiana que
transcurría junto al monumento en los albores de la Segunda República.
Mélida (1856-1933) representaba la culminación de la tradición erudita decimonónica española y su transición hacia la arqueología científica moderna. Como director del Museo Arqueológico Nacional (1916-1930) en los años previos a la República, había impulsado la profesionalización de la disciplina. Su fotografía del castillo formaba parte de un trabajo sistemático de documentación que publicaría ese mismo año en el Boletín de la Real Academia de la Historia. «Arqueólogo, historiador y novelista. Fue el séptimo de once hermanos, algunos de ellos con buenas dotes artísticas como Arturo arquitecto y escultor o Enrique, pintor, lo que le hizo estar en contacto con el arte desde muy pequeño.»[1]
A los 76 años, Mélida encarnaba
la continuidad institucional en un momento de profunda transformación política.
Su enfoque metodológico combinaba el rigor documental con una sensibilidad
histórica que valoraba tanto el monumento como su contexto humano y
paisajístico.
El Castillo de Alcalá, declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, llegaba a la República con protección legal, pero con los desafíos propios de un país en transformación. Andalucía, con su riqueza patrimonial, se convertía en laboratorio de las políticas culturales republicanas.
La Ley del Tesoro Artístico
Nacional de 1933, promovida por el gobierno republicano, establecía por primera
vez un sistema integral de protección del patrimonio. Esta legislación
coincidía temporalmente con el trabajo de Mélida, reflejando un nuevo enfoque
donde la documentación fotográfica sistemática se convertía en herramienta
fundamental de conservación.
El año 1932 se situaba en el período reformista de la República, caracterizado por:
- -
Intensos debates sobre la reforma agraria,
especialmente relevante en Andalucía
- -
Aprobación del Estatuto de Cataluña, que
impulsaba debates autonómicos
- -
Tensiones entre modernización y tradición que
afectaban a la percepción del patrimonio
- -
Desarrollo de políticas educativas y culturales
que incluían la protección monumental
En este contexto, el castillo
representaba no solo un vestigio histórico, sino un símbolo de identidad local
en proceso de redefinición. La fotografía de Mélida capturaba el monumento en
un momento de relativa estabilidad antes de los convulsos años que seguirían.
El Castillo de Alcalá de Guadaíra se alzaba como testimonio de siglos de historia andaluza:
- - Orígenes islámicos: Construcción principalmente almohade (siglos XI-XII)
- - Adaptación cristiana: Reformas tras la conquista en 1247
- -
Función estratégica:
Control del camino entre Sevilla y Granada
- -
Sistema defensivo integrado:
Formaba parte de un conjunto más amplio con murallas urbanas
Su valor patrimonial residía no
solo en su arquitectura, sino en su integración con el paisaje del valle del
Guadaíra y su relación con el desarrollo urbano de Alcalá.
La fotografía de 1932 representa un punto de equilibrio entre:
- Tradición erudita representada
por Mélida
- Modernización técnica mediante
la fotografía documental
- Contexto político de
reforzamiento de la protección patrimonial
- Continuidad vital del
monumento en la vida cotidiana
Tristemente, esta etapa de
documentación y protección quedaría interrumpida por el golpe de estado y la
Guerra Civil (1936-1939), durante la cual muchos monumentos andaluces sufrirían
daños o abandono.
La imagen del Castillo de Alcalá
nos llega así, como testimonio de un momento en que España intentaba conciliar
modernidad y tradición, documentando su patrimonio para las generaciones
futuras en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales.
Foto digital archivo Antonio
Gavira Albarrán

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