Lo
que parecía un simple litigio por impuestos en 1838 terminó convirtiéndose,
apenas cuatro años después, en un nombramiento oficial. El marqués de Gandul,
que en febrero de aquel año calificaba la actuación del Ayuntamiento de Alcalá
de «arbitraria» e «indecorosa», fue designado en 1842 como «perito regulador»
por la misma corporación a la que había puesto en jaque.
Esta
aparente contradicción es uno de los hallazgos principales de un estudio los Libros
Capitulares del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra correspondientes a
los años 1838, 1839, 1841 y 1842; desvelando cómo la nobleza local no
desapareció con el liberalismo, sino que supo reconvertirse y
mantener su influencia dentro de las nuevas estructuras del Estado.
El
enfrentamiento estalló en febrero de 1838. El marqués de Gandul impugnó ante el
Intendente de la Provincia el cobro simultáneo de varias contribuciones sobre
sus ocho molinos harineros activos. En concreto, rechazaba el
reparto de la «paja y utensilios» y la «extraordinaria de guerra», por los que
el Ayuntamiento de Alcalá le reclamaba 870 reales.
El
noble argumentaba que sus molinos, ya sujetos al «Subsidio Industrial», debían
quedar exentos de la otra contribución, e invocaba incluso un precedente
favorable que había obtenido su padre en 1822. Calificó la exigencia municipal
de carente de «moderación» y la actuación de la corporación de «errónea».
La
respuesta del Ayuntamiento fue tajante. El cabildo rechazó los argumentos del
marqués, afirmando que sus quejas «faltaban abiertamente a la verdad» y
calificaron su tono de «indecoroso» e «insultante». Argumentaron que los ocho
molinos estaban activos y «maquilan» (muelen grano), por lo que debían
tributar.
Sin
embargo, la posición económica del marqués y el respaldo de la Intendencia
inclinaron la balanza. En marzo de 1838, el Ayuntamiento acordó la devolución
de 270 reales al noble.
Pero
la historia no terminó ahí. En 1841, el marqués de Gandul era convocado como
«mayor contribuyente» para legitimar los repartimientos fiscales. Y en 1842, el
propio Ayuntamiento le nombró «perito regulador», una función administrativa
reconocida para tasar la riqueza territorial del término.
Su
poder económico se tradujo en una función administrativa reconocida. La nobleza
no solo sobrevivió al liberalismo, sino que se integró en sus estructuras
técnicas.
Mientras
todo esto sucedía, la aldea de Gandul, entre 1841 y 1842, perdió
definitivamente su ayuntamiento y fue agregada a Alcalá. El propio Ayuntamiento
tuvo que recordar «con repetición» a las autoridades provinciales que «Gandul
no tiene Ayuntamiento, pues desde su supresión es Aldea de esta Villa».
Sin
embargo, la agregación no implicó su desaparición como entidad diferenciada.
Gandul mantuvo su personalidad fiscal (con deudas propias de
2.163 reales por papel sellado en 1841), su personalidad religiosa (con
un presupuesto propio de 200 reales para las funciones de Semana Santa de 1842)
y su personalidad patrimonial (con un estanco de tabacos y
tierras de Propios, que sería motivo de otro litigio entre el marqués y el
ayuntamiento de Alcalá).
La
principal conclusión de las actas es que el Estado liberal no eliminó
las estructuras previas, sino que las reconfiguró jerárquicamente. La aldea
perdió su autonomía política, pero se mantuvo como unidad fiscal y religiosa
(al menos durante unos años). El marqués perdió su jurisdicción, pero se
mantuvo como élite económica y como perito regulador.
El
liberalismo, lejos de ser una tabla rasa, fue una reordenación de poderes que
preservó muchas de las desigualdades y estructuras del Antiguo Régimen. El caso
de Gandul y su marqués es, en este sentido, un magnífico ejemplo de lo que
ocurrió en cientos de localidades españolas durante aquellos años de
transformación.
Las
evidencias gráficas del siglo XX, especialmente la fotografía realizada hacia
1938 por José María González Nandín y Paúl —conservada en el fondo fotográfico
de la Universidad de Sevilla—, nos permiten aproximarnos al interior de la
Iglesia de San Juan Evangelista de Gandul. González Nandín (1902-1972), uno de
los fotógrafos sevillanos más destacados de su tiempo, legó una obra de
extraordinario valor documental para la historia de Sevilla y su provincia. Sus
imágenes, custodiadas hoy en la Fototeca de la Universidad de Sevilla,
constituyen una fuente de referencia indispensable para el estudio del
patrimonio andaluz. Hoy la iglesia se encuentra en un estado lamentable que exige un urgente intervención. Los responsables de que no se actúe en el edificio y en la aldea en general: Arzobispado, Ayuntamiento y marquesado.
Francisco
José Gavira Albarrán.

