domingo, 10 de mayo de 2026

IX El marqués de Gandul: De enemigo fiscal a «perito regulador» del Ayuntamiento de Alcalá

 

Interior de la iglesia de Gandul, 1938. Foto: José María González Nandín y Paúl 

Lo que parecía un simple litigio por impuestos en 1838 terminó convirtiéndose, apenas cuatro años después, en un nombramiento oficial. El marqués de Gandul, que en febrero de aquel año calificaba la actuación del Ayuntamiento de Alcalá de «arbitraria» e «indecorosa», fue designado en 1842 como «perito regulador» por la misma corporación a la que había puesto en jaque.

Esta aparente contradicción es uno de los hallazgos principales de un estudio los Libros Capitulares del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra correspondientes a los años 1838, 1839, 1841 y 1842; desvelando cómo la nobleza local no desapareció con el liberalismo, sino que supo reconvertirse y mantener su influencia dentro de las nuevas estructuras del Estado.

El enfrentamiento estalló en febrero de 1838. El marqués de Gandul impugnó ante el Intendente de la Provincia el cobro simultáneo de varias contribuciones sobre sus ocho molinos harineros activos. En concreto, rechazaba el reparto de la «paja y utensilios» y la «extraordinaria de guerra», por los que el Ayuntamiento de Alcalá le reclamaba 870 reales.

El noble argumentaba que sus molinos, ya sujetos al «Subsidio Industrial», debían quedar exentos de la otra contribución, e invocaba incluso un precedente favorable que había obtenido su padre en 1822. Calificó la exigencia municipal de carente de «moderación» y la actuación de la corporación de «errónea».

La respuesta del Ayuntamiento fue tajante. El cabildo rechazó los argumentos del marqués, afirmando que sus quejas «faltaban abiertamente a la verdad» y calificaron su tono de «indecoroso» e «insultante». Argumentaron que los ocho molinos estaban activos y «maquilan» (muelen grano), por lo que debían tributar.

Sin embargo, la posición económica del marqués y el respaldo de la Intendencia inclinaron la balanza. En marzo de 1838, el Ayuntamiento acordó la devolución de 270 reales al noble.

Pero la historia no terminó ahí. En 1841, el marqués de Gandul era convocado como «mayor contribuyente» para legitimar los repartimientos fiscales. Y en 1842, el propio Ayuntamiento le nombró «perito regulador», una función administrativa reconocida para tasar la riqueza territorial del término.

Su poder económico se tradujo en una función administrativa reconocida. La nobleza no solo sobrevivió al liberalismo, sino que se integró en sus estructuras técnicas.

Mientras todo esto sucedía, la aldea de Gandul, entre 1841 y 1842, perdió definitivamente su ayuntamiento y fue agregada a Alcalá. El propio Ayuntamiento tuvo que recordar «con repetición» a las autoridades provinciales que «Gandul no tiene Ayuntamiento, pues desde su supresión es Aldea de esta Villa».

Sin embargo, la agregación no implicó su desaparición como entidad diferenciada. Gandul mantuvo su personalidad fiscal (con deudas propias de 2.163 reales por papel sellado en 1841), su personalidad religiosa (con un presupuesto propio de 200 reales para las funciones de Semana Santa de 1842) y su personalidad patrimonial (con un estanco de tabacos y tierras de Propios, que sería motivo de otro litigio entre el marqués y el ayuntamiento de Alcalá).

La principal conclusión de las actas es que el Estado liberal no eliminó las estructuras previas, sino que las reconfiguró jerárquicamente. La aldea perdió su autonomía política, pero se mantuvo como unidad fiscal y religiosa (al menos durante unos años). El marqués perdió su jurisdicción, pero se mantuvo como élite económica y como perito regulador.

El liberalismo, lejos de ser una tabla rasa, fue una reordenación de poderes que preservó muchas de las desigualdades y estructuras del Antiguo Régimen. El caso de Gandul y su marqués es, en este sentido, un magnífico ejemplo de lo que ocurrió en cientos de localidades españolas durante aquellos años de transformación.

Las evidencias gráficas del siglo XX, especialmente la fotografía realizada hacia 1938 por José María González Nandín y Paúl —conservada en el fondo fotográfico de la Universidad de Sevilla—, nos permiten aproximarnos al interior de la Iglesia de San Juan Evangelista de Gandul. González Nandín (1902-1972), uno de los fotógrafos sevillanos más destacados de su tiempo, legó una obra de extraordinario valor documental para la historia de Sevilla y su provincia. Sus imágenes, custodiadas hoy en la Fototeca de la Universidad de Sevilla, constituyen una fuente de referencia indispensable para el estudio del patrimonio andaluz. Hoy la iglesia se encuentra en un estado lamentable que exige un urgente intervención. Los responsables de que no se actúe en el edificio y en la aldea en general: Arzobispado, Ayuntamiento y marquesado. 

Francisco José Gavira Albarrán.

NOTA DE PRENSA: “Los árboles de cemento” el cuento en el que el alumnado del CEIP San Mateo ilustra los efectos de la incineración y la contaminación industrial.

 


La historia desmonta el “lavado de imagen verde” de una cementera y reivindica el derecho a un entorno limpio, sano y de todos/as.

Una cementera en un pueblo de leyendas andalusíes, famoso por su pan. Un polvo grisáceo (clinker) procedente de la fábrica que cubre todo a su paso. Un plan para incinerar residuos con el único objetivo de aumentar sus beneficios económicos sin tener en cuenta los daños a la población. Ese es el punto de partida de “Los árboles de cemento”, un proyecto colaborativo que parte de la sociedad civil, concretamente de la Plataforma No a la Incineración de Residuos en Los Alcores-Sevilla y ha contado con la colaboración de la comunidad educativa del CEIP San Mateo.

La historia ilustrada por el alumnado de 5º y 6º del centro educativo, tiene un marcado compromiso socio-ambiental al exponer las repercusiones de cuestiones como la contaminación o la priorización del interés particular, sobre la salud y la pérdida de patrimonio natural. El abordaje de las estrategias de “green washing” y la instrumentalización de ciertos sectores de la población por parte de empresas con sistemas de producción claramente insostenibles, también quedan expuestas en la obra.

Al mismo tiempo, el cuento invita a la población a organizarse, informarse y contar con todos los medios posibles, como hacen sus protagonistas, para que en la vida real, todos y todas seamos artífices de construir juntas el final feliz que toda comunidad merece.

El libro, de acceso libre y vocación pedagógica, cumple tres funciones:

  1. Facilitar información veraz a la infancia adaptada a su edad sobre lo que ocurre cuando una industria contamina y se disfraza de verde.
  2. Proteger la salud y el futuro de las y los niños, haciendo visible la relación entre contaminación y enfermedad.
  3. Convertir los dibujos infantiles en un acto de justicia, pues cada ilustración es “una mirada limpia, sincera y llena de color”.

La obra termina con una llamada a la responsabilidad colectiva: escuelas, administraciones, empresas y ciudadanía pueden trabajar juntos, siempre que los datos reales salgan a la luz. “Proteger a la infancia es proteger el futuro”, subraya el texto.

“Este cuento no solo se lee: invita a pensar, cuestionar y, sobre todo, a actuar.”

Para más información, solicitud de ejemplares o contacto con la iniciativa educativa:

Plataforma contra la incineración de residuos en Los Alcores-Sevilla.

Facebook: https://www.facebook.com/noincineracionbasuralosalcores/

Blog: http://noincineracionbasuralosalcores.blogspot.com.es/

Correo: noincineracionbasuralosalcores@gmail.com