Una pequeña joya gráfica,
conservada en el I.E.S. Conde Diego Porcelos, nos invita a detener el tiempo y
asomarnos a la Alcalá de Guadaíra de principios del siglo XX. Se trata de una
fotografía montada sobre cartulina decorativa, enmarcada con un elegante motivo
ornamental en rojo, característico de la época, que constituye un valioso
testimonio de la memoria visual de la ciudad.
La imagen, obra del prestigioso
fotógrafo sevillano Ramón Almela (1870–1925), ofrece una panorámica excepcional
en la que convergen naturaleza, ingeniería y vida cotidiana. Desde las faldas
del castillo, la composición revela un paisaje que, aunque reconocible, ha
sufrido profundas transformaciones con el paso del tiempo.
En primer término, destaca el
perfil del Arco de San Miguel, testigo silencioso de siglos de historia. Tras
él se alza la imponente estructura del puente conocido popularmente como
“romano”, hoy denominado oficialmente Puente de Carlos III o de Jesús Nazareno.
Aunque la tradición le atribuye un origen antiguo, los estudios históricos
sitúan su fábrica actual en época posterior al siglo XV, probablemente sobre un
antiguo vado donde pudo existir una estructura previa de origen romano. La
fotografía de Almela resulta especialmente valiosa por mostrar el puente antes
de las importantes reformas acometidas en el siglo XX.
Sin embargo, el elemento que
otorga a la imagen un valor histórico singular es el viaducto ferroviario que
discurre paralelo al río Guadaíra. Por él transitaba el célebre “Tren de los
Panaderos”, inaugurado en 1873 para conectar Alcalá con Sevilla. Más que un
simple medio de transporte, este ferrocarril se convirtió en un motor cultural:
facilitó la llegada de pintores, fotógrafos e intelectuales atraídos por la luz
y los paisajes de los pinares y riberas alcalareñas, contribuyendo al
surgimiento de la conocida Escuela Paisajística Alcalareña.
El río Guadaíra, apacible,
atraviesa la escena bajo el puente, mientras que a la derecha se distingue la
silueta del Molino de la Tapada, símbolo de la tradición harinera local. En
primer plano, pitas y olivos enmarcan la composición, aportando un carácter
típicamente mediterráneo. Al fondo, el caserío asciende hacia los Pinares de
Oromana, ya entonces un apreciado espacio de recreo para vecinos y visitantes.
El legado de Ramón Almela
La autoría de la imagen
corresponde a Ramón Almela, heredero de una destacada saga de fotógrafos. Hijo
de Francisco Almela, asumió desde joven la dirección del estudio familiar
«Almela, Fco. e Hijo». Su labor como fotógrafo itinerante contribuyó decisivamente
a difundir la imagen de Sevilla y su provincia a través de tarjetas postales y
álbumes. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro,
empleando virados cálidos que confieren a sus obras el característico tono
sepia. Su producción constituye hoy un archivo visual imprescindible para
comprender la evolución urbana y paisajística del territorio.
Esta fotografía, integrada en el
archivo digital de Antonio Gavira Albarrán —investigador y ecologista
alcalareño recientemente homenajeado—, trasciende su condición de simple imagen
antigua. Es, en esencia, un espejo en el que redescubrir la Alcalá de los
panaderos, de los pintores y de un río que, lejos de separar, articulaba la
vida económica y cultural de la ciudad.
Francisco José Gavira Albarrán

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