La defensa del río Guadaíra es una historia de perseverancia ciudadana. Una lucha que comenzó a adquirir una dimensión colectiva a finales de los años ochenta y que, casi cuatro décadas después, sigue teniendo plena vigencia. El río ha cambiado mucho desde aquellos años en los que los vertidos industriales y urbanos lo convirtieron en uno de los símbolos del deterioro ambiental de Andalucía, pero la recuperación integral de su cuenca continúa siendo una tarea pendiente.
Un primer gran hito llegó en marzo de 1994, cuando el Parlamento de Andalucía aprobó la Proposición No de Ley 8/94, que instaba a poner en marcha un plan de saneamiento y recuperación integral del Guadaíra. Dos años después, el 16 de marzo de 1996, se aprobaba el Programa Coordinado de Recuperación y Mejora del Río Guadaíra, concebido como una actuación integral sobre el río y su cuenca. El programa se articuló en torno a dos grandes líneas: Guadaíra Blanco, dedicada fundamentalmente al saneamiento, la depuración y el control de los vertidos, y Guadaíra Verde, orientada a la recuperación ambiental, paisajística, patrimonial y cultural de las riberas.
Aquella respuesta institucional no surgió de la nada. Fue, en buena medida, consecuencia de una intensa movilización social. La asociación Alwadi-ira llevaba desde 1988 denunciando el deterioro del río y defendiendo su recuperación. En 1993 se constituyó la Plataforma Cívica Salvemos el Guadaíra, que consiguió reunir a distintos colectivos ciudadanos y convirtió la defensa del río en una reivindicación permanente de la sociedad alcalareña.
De un río degradado a un río que vuelve a vivir.
Sería injusto negar los avances conseguidos desde entonces. Las inversiones realizadas en saneamiento y depuración transformaron la situación del Guadaíra a su paso por Alcalá. La puesta en servicio de distintas estaciones depuradoras (EDAR) y redes de colectores en municipios de la cuenca permitió reducir de manera drástica la carga contaminante procedente de las aguas residuales urbanas. Ya en 2011 la propia Administración reconocía una mejora de la calidad del agua.
Entre las infraestructuras desarrolladas a lo largo de este proceso figuran las EDAR de Arahal, El Copero, La Ranilla, Morón, El Viso-Mairena y Paradas, además de las correspondientes redes de colectores y otras actuaciones de saneamiento. Su construcción debe entenderse dentro de un contexto más amplio: la presión ciudadana para recuperar el Guadaíra coincidió con la progresiva adaptación de España a las exigencias ambientales de la entonces Comunidad Europea y, posteriormente, de la Unión Europea.
La aprobación de la Directiva 91/271/CEE sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas estableció obligaciones concretas para los Estados miembros en materia de recogida y depuración. Por tanto, la construcción de estas infraestructuras no fue únicamente una respuesta al Programa Coordinado del Guadaíra de 1996: formó parte también del proceso general de modernización del saneamiento exigido por la normativa comunitaria.
En 2013 la Junta defendía ante el Parlamento que las actuaciones de depuración habían supuesto un cambio radical en la calidad de las aguas del Guadaíra. Eso sí, para ellos todo eran éxitos y ninguna autocrítica.
También se produjeron avances en el ámbito de Guadaíra Verde. La declaración del tramo urbano de las riberas como Monumento Natural Riberas del Guadaíra, en diciembre de 2011, supuso un reconocimiento institucional de los valores naturales y ecoculturales de este espacio. El monumento comprende aproximadamente diez kilómetros de río a su paso por Alcalá y unas 120 hectáreas de zonas verdes, además de un importante conjunto de molinos históricos.
A ello hay que sumar la creación del Corredor Verde del Río Guadaíra, concebido para conectar mediante itinerarios no motorizados Sevilla con la cuenca del río y los municipios de Alcalá de Guadaíra, Carmona, Arahal y Morón de la Frontera. La primera fase alcanza unos 38 kilómetros y se apoyó fundamentalmente en vías pecuarias, un ejemplo fue las actuaciones en la Cañada Real de Morón, con actuaciones de limpieza, adecuación, señalización y restauración vegetal. Unas actuaciones que fueron parciales y que no tuvieron luego mantenimiento ni continuidad.
En todo caso, la historia del Guadaíra no puede escribirse únicamente como una historia de incumplimientos, aunque importantes y que llegan hasta el día de hoy. Hay logros reales, visibles y muy importantes, que han tenido como protagonista a la Plataforma Salvemos el Guadaíra. El río de hoy no es el río de finales de los ochenta. Pero tampoco es el río que aquel programa prometió recuperar.
Un programa que se cerró administrativamente, pero no ambientalmente.
El problema fundamental es que el Programa Coordinado de 1996 perdió su papel como instrumento integral de actuación mucho antes de que sus objetivos estuvieran alcanzados.
La propia evolución institucional resulta significativa. En 2011, el Defensor del Pueblo Andaluz tuvo que recomendar que se volviera a convocar la Comisión de Seguimiento del Programa, después de constatar que no se reunía desde octubre de 2007. La institución consideró que la participación ciudadana debía mantenerse como un elemento esencial del programa y no ser sustituida por otros mecanismos de información.
En 2013 la Junta defendía ante el Parlamento que el programa podía darse por concluido en lo relativo a sus actuaciones de saneamiento, argumentando que las poblaciones que vertían al cauce disponían ya de las correspondientes infraestructuras de depuración. Al mismo tiempo, señalaba que las competencias sobre el dominio público hidráulico correspondían entonces a la Administración General del Estado a través de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Ahí se encuentra una de las claves de la situación actual: la recuperación del Guadaíra dejó de estar articulada alrededor de un único programa integral y pasó a depender de actuaciones dispersas de distintas administraciones y organismos, ninguno con un interés suficiente para concluir con éxito los compromisos asumidos. Tres décadas después, esa fragmentación, y la ausencia de voluntad política, siguen siendo de los grandes problemas.
Guadaíra Blanco: algo resuelto, pero mucho por resolver.
El saneamiento constituye probablemente el mayor éxito de estas décadas. Sin embargo, disponer de depuradoras no equivale a tener resuelto el problema de la calidad del río.
Los episodios de contaminación continúan produciéndose. En marzo de 2025, el propio Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra denunció ante el SEPRONA la aparición de grandes cantidades de espuma en el cauce que, según la información municipal, podían proceder de vertidos de sosa cáustica. El Ayuntamiento señaló además que este tipo de episodios se repite coincidiendo con las crecidas del río y reclamó un incremento de la vigilancia. Este tipo de denuncias las ha venido planteando la Plataforma año tras año sin que por ahora haya quedado resuelto el problema de los vertidos.
En noviembre de 2025 volvió a denunciarse otro episodio similar detectado, como casi siempre, en el entorno del Parque de Oromana, nuevamente con presencia de espuma y la presunta utilización de sosa cáustica. El propio Ayuntamiento advertía entonces de que se trataba de una práctica que se repetía durante determinados episodios de crecida.
Estos hechos tienen una importancia que va más allá de cada vertido concreto. Demuestran que la existencia de una red de depuración moderna no elimina la necesidad de control, inspección, vigilancia y respuesta rápida ante los vertidos industriales o accidentales.
También es necesario actualizar el diagnóstico sobre las aguas subterráneas. Durante años se ha denunciado con razón la presión contaminante sobre los acuíferos de la cuenca. De hecho, la documentación ambiental utilizada para proyectos anteriores calificaba las masas Sevilla-Carmona y Arahal-Coronil-Morón-Puebla de Cazalla como masas en riesgo de no alcanzar el buen estado químico por nitratos y otros contaminantes.
Sin embargo, la documentación municipal más reciente, basada en el Plan Hidrológico del Guadalquivir 2022-2027, señala que la masa de agua subterránea Sevilla-Carmona presenta actualmente una evaluación de buen estado cuantitativo y químico. Esto no significa que hayan desaparecido todas las presiones ni que la vigilancia pueda relajarse; significa, sencillamente, que no resulta riguroso mantener sin actualizar diagnósticos extremos procedentes de décadas anteriores.
La nueva planificación hidrológica, vigente para el periodo 2022-2027, proporciona además el marco actual para abordar cuestiones que antes aparecían bajo el paraguas del Programa Coordinado: estado de las masas de agua, presiones, objetivos ambientales, caudales ecológicos, sequías, inundaciones y programas de medidas.
Por eso, el reto del Guadaíra Blanco ya no puede reducirse a construir depuradoras. Ahora debe incluir, entre otras prioridades, el mantenimiento y renovación de colectores, la prevención de alivios y vertidos, el control de las actividades industriales, la vigilancia de los tributarios, el seguimiento continuo de la calidad del agua y el cumplimiento efectivo de los objetivos ambientales de la planificación hidrológica.
Guadaíra Verde: la asignatura que sigue abierta.
Si en el ámbito del saneamiento se ha avanzado de forma considerable, el balance del Guadaíra Verde resulta mucho más desigual.
Existen espacios recuperados, molinos restaurados, corredores verdes y zonas de ribera acondicionadas. El tramo urbano de Alcalá constituye hoy un espacio natural y ciudadano de enorme valor. Pero la idea original de recuperar ambiental y paisajísticamente toda la cuenca está lejos de haberse materializado.
La propia evolución reciente del Monumento Natural demuestra que incluso las zonas más emblemáticas necesitan actuaciones constantes. En 2024 el Ayuntamiento impulsó un proyecto de reforestación integral del Pinar de Oromana, justificándolo por el deterioro provocado por el aumento de temperaturas, la ausencia de precipitaciones y episodios meteorológicos extremos. Una actuación que ya se le exigía por Alwadi-ira desde tiempo inmemorial.
Ese mismo año, una DANA provocó daños importantes en las riberas del Guadaíra y obligó al Ayuntamiento a realizar actuaciones de conservación y protección del espacio natural.
El cambio climático introduce así una dimensión que no estaba presente con la misma intensidad cuando se diseñó el Programa Coordinado de 1996. Hoy no basta con restaurar la ribera: hay que hacerla resiliente frente a sequías prolongadas, temperaturas extremas, lluvias torrenciales y episodios de inundación.
La renaturalización de las riberas, la recuperación de la vegetación autóctona, la conectividad ecológica, la protección de los hábitats y la recuperación del patrimonio hidráulico deben formar parte de una estrategia común de cuenca.
Hay también señales positivas. En diciembre de 2025 se produjo un avistamiento de nutria en el Guadaíra, interpretado por Alwadi-ira como un indicio esperanzador de recuperación de la fauna asociada al río. No constituye por sí mismo una prueba científica de recuperación integral del ecosistema, pero sí una imagen poderosa de lo que está en juego: conseguir que el Guadaíra vuelva a ser un río con vida.
El río como espacio público: todavía quedan barreras.
La recuperación del Guadaíra tampoco puede limitarse a la calidad del agua. Un río vivo es también un territorio accesible, conectado y disfrutado responsablemente por la ciudadanía.
La Plataforma ha reclamado durante años la eliminación de barreras y cerramientos que dificultan recorrer determinados tramos de ribera. Por ejemplo, desde el molino de Las Aceñas al molino Hundido. Al mismo tiempo, ha defendido la recuperación de vías pecuarias, caminos y antiguos itinerarios vinculados al río.
En este terreno también se han producido avances, pero la situación sigue siendo desigual. En diciembre de 2025 Alwadi-ira y la Plataforma volvieron a solicitar actuaciones sobre la vía pecuaria de El Zacatín, en el entorno de La Piñera, mientras que en 2026 continuaron las reivindicaciones relacionadas con la conservación y uso público de estos espacios.
La cuestión es importante porque conecta dos objetivos que durante demasiado tiempo se han tratado por separado: la conservación de la naturaleza y el acceso responsable de la ciudadanía a ella.
La Plataforma sigue viva.
Si algo demuestra la historia reciente es que la Plataforma Salvemos el Guadaíra no pertenece únicamente al pasado.
En 2023 se conmemoraron sus treinta años de actividad, recordando una trayectoria que ha combinado movilización ciudadana, denuncia ambiental, actividades educativas, rutas, reivindicaciones patrimoniales y presión ante las administraciones.
Y su actividad no se ha detenido. En 2025 la Plataforma organizó una nueva edición de su tradicional ruta nocturna para reivindicar el conocimiento y la preservación de la ribera. En febrero de ese mismo año participó junto a Alwadi-ira en el debate sobre el Anillo Verde Metropolitano de Sevilla, planteando la necesidad de integrar Alcalá y la cuenca del Guadaíra en una estrategia territorial de conectividad ecológica y movilidad sostenible.
En 2026, además, la Plataforma ha continuado organizando actividades de conocimiento del territorio, como la ruta al Molino Hundido celebrada en abril.
Esta continuidad es significativa. La reivindicación ya no consiste solamente en pedir que se construyan depuradoras. Ahora abarca la biodiversidad, las vías pecuarias, los molinos, los caminos, la renaturalización de las riberas, la calidad del agua, la prevención de vertidos y la adaptación del territorio al cambio climático.
Casi cuarenta años después, ¿qué queda por hacer?
La
pregunta ya no es si el Guadaíra ha mejorado. La respuesta es inequívocamente
sí. La pregunta verdaderamente importante es si ha alcanzado el estado
ecológico, ambiental, paisajístico y patrimonial que la sociedad reclamó cuando
comenzó aquella movilización. La respuesta, a nuestro juicio, sigue siendo no.
La necesidad de un nuevo Programa Coordinado para el siglo XXI.
El diagnóstico realizado a lo largo de estas páginas apunta a una conclusión ineludible: los avances han sido muy significativos, pero se han logrado de forma desordenada y sin una hoja de ruta única que integre todos los objetivos. La fragmentación institucional, el cambio climático y la aparición de nuevos contaminantes exigen un instrumento de planificación renovado y ambicioso.
Por ello, desde la Plataforma Salvemos el Guadaíra se defiende la necesidad de impulsar un nuevo Programa Coordinado de Recuperación Integral de la Cuenca del Guadaíra, actualizado a los retos del siglo XXI. Este nuevo plan debería superar el esquema clásico de "Blanco" y "Verde" para abordar de manera holística la calidad ecológica de las aguas, la renaturalización de todo el cauce y sus riberas, la adaptación al cambio climático, la movilidad sostenible, la puesta en valor del patrimonio histórico y la participación ciudadana efectiva.
Un plan de estas características exige objetivos cuantificables y fechas claras, financiación suficiente y, sobre todo, la implicación coordinada de todas las administraciones con competencias en la cuenca: Junta de Andalucía, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y los ayuntamientos ribereños.
Quedan pendientes, por tanto, una estrategia integral para toda la cuenca, una coordinación efectiva entre administraciones, un sistema transparente y permanente de seguimiento de la calidad del agua, la prevención y persecución de los vertidos, la recuperación de las riberas y de la conectividad ecológica, la protección del patrimonio hidráulico, la mejora de los caminos y vías pecuarias y una adaptación decidida del río a los efectos del cambio climático.
Y hay una cuestión transversal que resulta especialmente importante: la participación ciudadana. Ya en 2011 el Defensor del Pueblo Andaluz consideró que la participación pública en la gestión ambiental no debía entenderse como algo accesorio, sino como un elemento que debía incorporarse de forma efectiva a la gestión del río.
Esa reflexión mantiene toda su vigencia. Porque el Guadaíra no es únicamente un cauce. Es paisaje, patrimonio, biodiversidad, memoria, cultura y espacio público. Es el elemento que vertebra buena parte del territorio de Los Alcores y de la Campiña sevillana. Y su recuperación no puede depender exclusivamente de actuaciones administrativas aisladas: necesita una visión de cuenca, objetivos verificables, financiación estable y una ciudadanía que pueda participar, vigilar y exigir resultados.
Un futuro que exige volver a mirar al río.
Hace casi cuarenta años se comenzó a reclamar que el Guadaíra dejara de ser un río maltratado. Aquella lucha consiguió cambiar la percepción social del problema y obligó a las administraciones a actuar. Las depuradoras, los colectores, los espacios protegidos, los corredores verdes y la recuperación de numerosos espacios de ribera son parte de ese legado. Pero precisamente porque se ha avanzado, ya no basta con conformarse con lo conseguido.
El desafío de las próximas décadas es pasar de la recuperación parcial a la gestión integral de la cuenca; de las actuaciones puntuales a una política continuada; de la reacción ante los vertidos a su prevención; de la simple jardinería de las riberas a su verdadera renaturalización; y de considerar el río como un problema ambiental a reconocerlo como una infraestructura natural esencial para el territorio.
La Plataforma Salvemos el Guadaíra sigue siendo necesaria por esa razón. No para negar los avances, sino para recordar que una recuperación integral no puede darse por terminada mientras existan problemas pendientes y mientras las generaciones futuras no puedan disfrutar de un río limpio, vivo, conectado y accesible.
El Guadaíra ha demostrado que puede recuperarse. La tarea ahora es conseguir que esa recuperación sea duradera, integral y para toda la cuenca.
Y, casi cuarenta años después de aquellas primeras movilizaciones, la mejor manera de honrar a quienes mantuvieron viva esta reivindicación es no darla por concluida antes de tiempo. Es el momento de exigir un nuevo pacto por el Guadaíra, un compromiso renovado que mire al futuro con la misma determinación con la que, en los años noventa, se miró al río y se dijo: "basta".
Francisco
José Gavira Albarrán



