sábado, 7 de febrero de 2026

Crítica a la Arqueología Andaluza en la Época de Bonsor (Finales del Siglo XIX - Inicios del XX)

 


La labor de George Bonsor, aunque excepcional en su contexto, se desarrolló dentro de un panorama arqueológico andaluz caracterizado por profundas limitaciones teóricas, metodológicas y éticas. Una crítica estructural a esta etapa revela varias problemáticas fundamentales:

1. Paradigma "Anticuaria" y Busca del Objeto Museable

La arqueología se entendía principalmente como una "caza de tesoros" (treasure hunting). El valor se medía por la belleza, completitud y potencial expositivo de las piezas (cerámica pintada, joyas, esculturas), ignorándose sistemáticamente los materiales "no nobles" (líticos, huesos, fragmentos cerámicos comunes) y los contextos de hábitat. Esto generó una visión sesgada y monumental de las culturas pasadas, centrada en la muerte (necrópolis) y el arte, y ciega a la economía, la vida cotidiana y la organización social.

2. Método Excavador Destructivo y Falta de Sistematicidad

Aunque Bonsor fue una excepción relativa, la norma era la excavación en trinchera o por pozos, sin control estratigráfico real. Se priorizaba llegar rápidamente a los "niveles interesantes" (enterramientos, cimientos), destruyendo sin registro las secuencias superiores. La documentación era anecdótica: escasos diarios, planos imprecisos y una casi nula descripción de los estratos. Esto hizo que innumerables yacimientos fueran irreversiblemente perdidos para la ciencia, aunque sus "tesoros" acabaran en museos.

3. Marco Teórico: Difusionismo y Prejuicios Coloniales

La interpretación dominante era difusionista y jerárquica. Cualquier avance cultural (urbanismo, escritura, cerámica a torno) se atribuía automáticamente a colonizadores fenicios o griegos, considerados "civilizadores". Las poblaciones autóctonas (tartesias, íberas) eran vistas como receptoras pasivas, negándoseles capacidad de innovación. Este enfoque reflejaba los prejuicios coloniales de la época y obstaculizó durante décadas el estudio de los procesos de aculturación, resistencia y desarrollo interno.

4. Ética Patrimonial: Expolio, Coleccionismo y Mercado

No existía una legislación protectora efectiva. El expolio era una práctica generalizada y socialmente aceptada, tanto por aficionados locales como por "viajeros románticos" y coleccionistas extranjeros. Se creó un floreciente mercado negro de antigüedades que alimentó museos europeos y norteamericanos, desvinculando los objetos de su contexto y significado. Incluso arqueólogos serios, como el propio Bonsor, participaban en este mercado para financiar sus trabajos, una contradicción ética inconcebible hoy.

5. Falta de Institucionalización y Cientificidad

La arqueología era una actividad de eruditos aficionados, anticuarios y aventureros, sin formación reglada ni vínculos universitarios sólidos. No había proyectos de investigación planificados a largo plazo, sino campañas puntuales dependientes del mecenazgo o el interés individual. La falta de una escuela arqueológica andaluza hacía que los avances fueran personales y no se transmitieran de forma sistemática.

6. Visión Fragmentada y Descontextualizada del Paisaje

No existía el concepto de "paisaje arqueológico". Los yacimientos se estudiaban como islas aisladas, sin comprender sus interrelaciones territoriales, económicas o culturales. Esto impidió entender a Los Alcores, por ejemplo, como un sistema complejo de poblados, necrópolis, canteras y vías de comunicación.

Conclusión: El Contexto de Bonsor

En este contexto, la figura de George Bonsor destaca como una notable excepción, pero no como una ruptura. Sus críticas deben dirigirse, por tanto, más al paradigma general de su tiempo que a su persona. Su mérito radica en haber aplicado, dentro de ese marco deficiente, un nivel de rigor, documentación gráfica y voluntad de conservación in situ (con el museo de Carmona) que lo sitúan muy por encima de la media de sus contemporáneos.

La crítica a la arqueología de su época subraya que, aunque se salvaron muchos objetos, se perdió irremediablemente una ingente cantidad de información contextual. Este es el gran drama científico del periodo: se coleccionaron piezas, pero se destruyeron yacimientos. La evolución posterior de la disciplina hacia la arqueología estratigráfica, procesual y contextual es, en gran medida, una reacción contra las limitaciones de este modelo "antiguario" que dominaba en la Andalucía de finales del siglo XIX.

 

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