miércoles, 24 de junio de 2026

El Molino de las Aceñas de Alcalá de Guadaíra

 


1. Introducción y Contexto Histórico

El Molino de la Aceña, situado en la ribera del río Guadaíra, es un testimonio vivo de la profunda relación Alcalá con la molinería y la panadería, Alcalá de los Panaderos.[1]

Los orígenes de la molinería en la zona se remontan, al menos, al periodo musulmán cuando Alcalá adquirió un gran desarrollo estratégico y económico. Fue la cultura árabe la que consolidó la infraestructura hidráulica que caracteriza el paisaje local.[2] En este contexto, los molinos harineros de la ribera se convirtieron en el motor de una floreciente industria que abastecía a toda la zona, sentando las bases de la prosperidad económica de la villa. 

2. Orígenes y Primeras Referencias Documentales

El origen del Molino de la Aceña es posiblemente islámico, aunque los investigadores señalan que los elementos que se conservan en la actualidad probablemente no son anteriores a los siglos XIV o XV.[3] Esta circunstancia se debe a las sucesivas transformaciones que ha sufrido el edificio a lo largo de los siglos y a la constante acción erosiva del río sobre sus cimientos.

La primera noticia documental sobre el molino se remonta a los repartimientos realizados por Alfonso X el Sabio en 1253, pocos años después de la conquista cristiana de la villa en 1247 por Fernando III.[4] En estos documentos, el molino es mencionado con el nombre que recibía en época musulmana: Reha Luet. Esta denominación es una castellanización del término árabe Reha al-Wadi, que significa "Molino del Río".[5] Esta referencia es fundamental para confirmar la existencia de un molino en este emplazamiento durante la Edad Media, operativo ya antes de la conquista cristiana.

Posteriormente, el molino pasó a formar parte del patrimonio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, institución que mantuvo su propiedad durante largos períodos.[6] Esta vinculación monástica explica la denominación alternativa con la que fue conocido en siglos posteriores: Molino de la Cartuja, nombre que perduró en la memoria histórica de la localidad y que aparece reflejado en fuentes documentales y gráficas del siglo XIX.[7] 

3. Evolución histórica de la propiedad

La historia jurídica del Molino de las Aceñas puede reconstruirse parcialmente a través de la documentación medieval y moderna conservada. Tras la conquista castellana de Alcalá de Guadaíra por Fernando III en 1247, Alfonso X procedió al reparto de propiedades entre nobles y colaboradores de la Corona. Diversos estudios identifican el molino denominado entonces Reha Luet como una de las posesiones entregadas a Garci Martínez, personaje vinculado a la casa real castellana.

Posteriormente, el inmueble pasó a formar parte del patrimonio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, circunstancia que explicaría la consolidación de la denominación «Molino de la Cartuja», todavía vigente en la documentación gráfica del siglo XIX.[8]

La desamortización de los bienes eclesiásticos durante el siglo XIX supuso previsiblemente la pérdida de la propiedad cartujana, aunque la reconstrucción completa de los titulares posteriores requiere una investigación específica en protocolos notariales y registros de la propiedad.

Actualmente el inmueble forma parte del patrimonio histórico protegido de Alcalá de Guadaíra y se encuentra integrado en los programas municipales de conservación y difusión del patrimonio cultural de la ribera del Guadaíra. 

4. Denominación: Aceña vs. Rueda Vertical

El nombre del molino, "La Aceña", ha generado cierta confusión histórica entre los investigadores. Tradicionalmente, el término "aceña" se asocia a un tipo específico de molino hidráulico que utiliza una rueda vertical para aprovechar la fuerza del agua. Ejemplos de este tipo pueden observarse en otras localidades, como en el Guadalquivir a su paso por Córdoba.[9] También se utiliza históricamente para designar a los molinos harineros de agua que se construyen directamente sobre el propio cauce del río.

Sin embargo, la documentación medieval revela que, en la zona del Guadaíra, la palabra "aceña" se utilizaba de forma genérica para referirse a cualquier molino harinero, con independencia de su mecanismo interno.[10] Por lo tanto, aunque se le denomine Molino de la Aceña, no se tiene constancia de que este ingenio funcionara nunca con una rueda de tipo vertical, sino con el sistema de rodezno (rueda horizontal) característico de los molinos de río de la zona andaluza.[11] 

5. Arquitectura y Funcionamiento

El molino se encuentra en la margen derecha del río Guadaíra y se organiza en torno a dos elementos principales:[12]

5.1. Torre defensiva

Su característica más visible es una gran torre de planta cuadrada con azotea y almenado. Esta torre no solo albergaba parte de la maquinaria, sino que cumplía una función defensiva, protegiendo la infraestructura en un entorno estratégico y vulnerable.[13] Su interior alberga una cúpula semiesférica que descansa sobre un cuerpo octogonal, un ejemplo notable de la arquitectura militar y civil de época bajomedieval.[14]

5.2. Naves de trabajo

Adosadas a la torre y en el sentido de la corriente, se sitúan dos naves rectangulares donde se realizaba la molienda propiamente dicha. Estas naves están cubiertas con bóvedas de cañón, solución constructiva habitual en los molinos hidráulicos andaluces.[15]

5.3. Funcionamiento hidráulico

En cuanto a su funcionamiento, el Molino de la Aceña es un molino de rodezno. El agua del río era represada mediante un azud (pequeña presa) y conducida a través de canales subterráneos hacia los "cubos". En el interior de estos cubos se situaban los rodeznos, unas ruedas hidráulicas horizontales que, al girar por la fuerza del agua, movían las piedras de moler que trituraban el grano.[16] Este sistema, de origen romano y perfeccionado durante la época andalusí, resultaba especialmente adecuado para los ríos de caudal variable como el Guadaíra.[17] 

6. El Molino de la Cartuja en la documentación gráfica del siglo XIX

Entre las fuentes históricas más relevantes para el conocimiento del Molino de las Aceñas destaca la litografía titulada Interior de un molino árabe llamado de la Cartuja en Alcalá de Guadaira, realizada a partir de un dibujo de Jenaro Pérez Villaamil y estampada por Doroteo Bachiller dentro de las publicaciones promovidas por el Liceo Artístico y Literario durante el segundo tercio del siglo XIX.[18]

La obra posee un extraordinario valor documental porque constituye una de las representaciones más antiguas conocidas del interior de un molino de la ribera del Guadaíra. En ella aparecen reflejados diversos elementos vinculados a la actividad molinera: los grandes arcos de ladrillo que sostienen las cámaras hidráulicas, las piedras de molienda, los sacos de cereal, útiles agrícolas y la presencia de operarios desarrollando tareas cotidianas. Aunque la composición responde a los criterios estéticos del Romanticismo, su nivel de detalle permite considerarla una fuente de primer orden para el estudio de la arquitectura industrial alcalareña.

Especial importancia reviste el propio título de la estampa. La denominación «Molino de la Cartuja» constituye una prueba de que durante el siglo XIX seguía plenamente vigente la memoria de la vinculación del edificio con la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla. Este dato adquiere gran relevancia para la reconstrucción de la historia de la propiedad del inmueble, pues corrobora otras referencias documentales que asocian el molino con el patrimonio cartujano.[19]

Asimismo, la caracterización del edificio como «molino árabe» refleja la visión historicista propia de los viajeros y artistas románticos, que identificaban el paisaje molinero del Guadaíra con el legado andalusí. Aunque los restos arquitectónicos conservados corresponden principalmente a reformas de época bajomedieval, la documentación derivada de los repartimientos posteriores a la conquista castellana confirma la existencia de un molino en este emplazamiento desde época islámica.

La litografía de Villaamil y Bachiller constituye, por tanto, una fuente histórica excepcional que aporta información sobre la arquitectura, el funcionamiento y la percepción cultural del molino durante el siglo XIX, además de proporcionar una valiosa evidencia de la persistencia de la denominación tradicional de «Molino de la Cartuja».[20] 

7. El Molino en el Contexto de la Ribera del Guadaíra

El Molino de la Aceña es solo uno de los numerosos molinos que jalonaban el curso del río Guadaíra. Junto a los de San Juan, Benarosa o el Algarrobo, formaba parte de un paisaje industrial medieval de gran importancia estratégica y económica.[21] La tradición molinera, que se mantuvo activa hasta mediados del siglo XX, convirtió a Alcalá en un centro de producción harinera de primer orden, abasteciendo a la vecina ciudad de Sevilla y a otras poblaciones de la comarca.[22]

La concentración de molinos en este tramo del río no fue casual. El Guadaíra, con su caudal permanente y su pendiente adecuada, ofrecía las condiciones idóneas para el aprovechamiento hidráulico. Cada molino ocupaba un lugar estratégico en la ribera, aprovechando al máximo la fuerza del agua mediante complejos sistemas de canales, azudes y cubos.[23] La importancia de este conjunto es tal que el entorno de las Riberas del Guadaíra ha sido declarado Monumento Natural, reconociendo así su valor paisajístico, ecológico e histórico.[24] 

7. Estado de Conservación y Actualidad

El Molino de la Aceña ha sido objeto de importantes esfuerzos de conservación y restauración en las últimas décadas. Fue restaurado en el año 2011 y se encuentra en un buen estado de conservación, habiéndose consolidado sus estructuras y recuperado elementos arquitectónicos singulares.[25] Actualmente, se puede visitar (previa solicitud y autorización) y forma parte de las rutas turísticas y culturales de la ciudad, siendo uno de los molinos más antiguos y mejor conservados de toda la comarca.[26]

8. Conclusión

El Molino de las Aceñas de Alcalá de Guadaíra es un monumento histórico de primer orden que trasciende su valor arquitectónico. Es un símbolo de la identidad de la ciudad, representando siglos de tradición industrial, innovación tecnológica y vida en torno al río. Su historia, que se pierde en la época musulmana y se documenta en los repartimientos del siglo XIII, su vinculación posterior a Garci Martínez y a la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla —circunstancia corroborada por la propia documentación gráfica del siglo XIX, donde el edificio aparece identificado expresamente como Molino de la Cartuja— permiten reconstruir una parte significativa de su trayectoria histórica.[27]

La litografía de Villaamil y Bachiller, realizada en el contexto del Romanticismo decimonónico, no solo ofrece un valioso testimonio visual del interior del molino, sino que también confirma la pervivencia de su denominación tradicional y la percepción de su origen andalusí.[28] Esta fuente gráfica, junto con los documentos medievales y las evidencias arqueológicas, conforma un corpus documental que enriquece nuestra comprensión del edificio y de su papel en la historia de Alcalá de Guadaíra.[29]

Su conservación y puesta en valor aseguran que este legado perdure para las generaciones futuras, manteniendo viva la memoria de la Alcalá de los Panaderos y de su estrecha relación con el río que dio vida a sus molinos.[30]

Nota: Queda pendiente la recuperación de la ribera hasta el entorno del Molino Hundido, el Molino de Cajul y la Quinta de Regla. Asimismo, resulta necesario abordar un estudio integral de toda la zona, dada su relevancia histórica, patrimonial y arqueológica.



Francisco José Gavira Albarrán

[1] La tradición panadera de Alcalá de Guadaíra se remonta a la Edad Media y está documentada en numerosas fuentes históricas locales.

[2] Sobre el desarrollo hidráulico andalusí en el valle del Guadaíra, vid. la bibliografía especializada en molinos hidráulicos de al-Ándalus.

[3] Esta datación se apoya en las evidencias arqueológicas y en los estudios de arquitectura hidráulica medieval.

[4] Archivo Histórico Nacional, Sección de Ordenes Militares, repartimientos de Alfonso X, 1253.

[5] La denominación «Reha Luet» remite al árabe raḥā al-wādī («molino del río»), lo que confirma su origen andalusí.

[6] La Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla fue una de las instituciones religiosas más importantes de la ciudad y poseyó numerosos bienes en Alcalá de Guadaíra. 

[7] El molino aparece identificado como «Molino de la Cartuja» en la litografía de Bachiller y Villaamil (siglo XIX) y en otras fuentes documentales.

[8] Bachiller, D. y Villaamil, J. P., Interior de un molino árabe llamado de la Cartuja en Alcalá de Guadaira. Biblioteca de Andalucía.

[9] Los molinos de rueda vertical, conocidos como aceñas en sentido estricto, eran frecuentes en el Guadalquivir a su paso por Córdoba. 

[11] El rodezno es un sistema de aprovechamiento hidráulico de origen romano, perfeccionado durante la época andalusí.

[12] Las descripciones arquitectónicas se basan en las intervenciones arqueológicas realizadas en el molino.

[13] La torre defensiva responde a la necesidad de proteger la infraestructura en un entorno estratégico y fronterizo durante la Edad Media.

[14] La cúpula semiesférica sobre trompas octogonales es característica de la arquitectura militar andalusí y bajomedieval.

[15] Las bóvedas de cañón son una solución constructiva habitual en los molinos hidráulicos andaluces.

[16] El sistema de cubos y rodeznos está documentado en los tratados de ingeniería hidráulica medieval.

[17] El Guadaíra, por su caudal y pendiente, ofrecía condiciones óptimas para la instalación de molinos de rodezno.

[18] Bachiller, Doroteo (lit.) y Villaamil, Jenaro Pérez (dib.), Interior de un molino árabe llamado de la Cartuja en Alcalá de Guadaira, litografía, Liceo Artístico y Literario, ca. 1839-1850. Biblioteca de Andalucía, signatura GRA-ANT-171.

[19] Biblioteca de Andalucía, Registro BVA20060011174. La propia inscripción de la estampa identifica el inmueble como «Molino de la Cartuja».

[20] Biblioteca de Andalucía, signatura GRA-ANT-171.

[21] Los molinos del Guadaíra formaban un paisaje industrial único en la península.

[22] Alcalá de Guadaíra fue conocida como Alcalá de los Panaderos por su producción de pan y harinera.

[23] Cada molino contaba con su propio sistema de canales, azudes y cubos para aprovechar la fuerza del agua.

[24] Decreto 382/2011, de 30 de diciembre, por el que se declaran monumentos naturales de Andalucía las Riberas del Guadaíra.

[25] Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, Plan de Restauración de los Molinos de la Ribera, 2011.

[26] El Molino de la Aceña es uno de los mejor conservados de la comarca.

[27] La vinculación con Garci Martínez y la Cartuja está documentada en los archivos históricos y en la iconografía del siglo XIX.

[28] La litografía de Villaamil y Bachiller confirma el nombre de «Molino de la Cartuja» y su percepción como construcción de origen árabe.

[29] Los documentos medievales y la litografía constituyen un corpus documental fundamental para el estudio del molino.

[30] La conservación del molino asegura la pervivencia de la memoria histórica de Alcalá de Guadaíra.

lunes, 22 de junio de 2026

NOTA DE PRENSA La Plataforma contra la Incineración de Residuos en Los Alcores alerta de la conversión de la comarca en una zona de sacrificio medioambiental







La Plataforma contra la Incineración de Residuos en Los Alcores celebró ayer una asamblea en la sede de la Sociedad Ecologista Alwadiira, con la participación de colectivos sociales, vecinales, ecologistas y representantes políticos de la comarca. Durante el encuentro se expresó la creciente preocupación por la acumulación de proyectos relacionados con la gestión e incineración de residuos, plantas fotovoltaicas y actividades extractivas (canteras de albero), que están transformando el territorio sin tener suficientemente en cuenta el medio ambiente y la salud de la población.

Entre los asuntos abordados destacó la situación del recurso contencioso-administrativo (n.º 463/2024) presentado ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) contra la autorización de la Junta de Andalucía a la cementera Portland para utilizar 197.000 toneladas de residuos año como combustible alternativo. La Plataforma reiteró su confianza en que la justicia anule una autorización que considera perjudicial para el medio ambiente y la salud pública. El recurso denuncia presuntas irregularidades en la tramitación, deficiencias técnicas y posibles riesgos asociados a las emisiones contaminantes.

También se recordó el compromiso del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra para instalar medidores de contaminación atmosférica, una reivindicación histórica de la Plataforma destinada a conocer con precisión la calidad del aire. Sin embargo, estos dispositivos siguen sin ponerse en marcha.

La asamblea analizó igualmente la proliferación de actividades empresariales vinculadas a la gestión de residuos y la situación del recurso presentado contra el crematorio proyectado junto a Decathlon, frente a la barriada de Palmetillo.

Otro de los temas que generó inquietud fue el avance de las explotaciones de albero que amenazan la Dehesa Nueva, un espacio de gran valor ecológico y ambiental.

Asimismo, se informó sobre las actividades de sensibilización que la Plataforma desarrolla en centros educativos para concienciar a la población joven sobre los impactos ambientales y sanitarios de la incineración de residuos.

Los asistentes coincidieron en que Los Alcores se han convertido en un foco de atracción para proyectos que comprometen el futuro de la comarca. Esta dinámica se refleja en la concentración de instalaciones ligadas a la gestión de residuos, la expansión de grandes plantas fotovoltaicas y la degradación del paisaje causada por las explotaciones extractivas.

“Estamos asistiendo a un expolio silencioso y sistemático de nuestro territorio. No podemos permitir que nuestra tierra se convierta en el basurero de otros”, manifestaron los participantes, que reiteraron su compromiso con la defensa del territorio, la transparencia institucional y la participación ciudadana.

La Plataforma continuará informando y hace un llamamiento a la ciudadanía para sumarse a la defensa de un modelo de desarrollo sostenible, respetuoso con el entorno y compatible con la calidad de vida de la comarca.

El próximo encuentro tendrá lugar a finales de septiembre, cuando se definirá un calendario de actividades de información, sensibilización y movilización. Durante el verano se intensificarán los contactos con colectivos y vecinos para ampliar la participación y reforzar el respaldo social a las iniciativas previstas para el otoño.

Contacto y redes sociales

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miércoles, 17 de junio de 2026

La Fuente del Piojo de Alcalá de Guadaíra en 1887: gestión municipal, presupuesto y espacio público a través de las actas capitulares.

 


En el verano de 1887, la corporación municipal de Alcalá de Guadaíra, presidida por el alcalde D. Domingo Díaz y Ramos, abordó el deterioro de una infraestructura hidráulica conocida como «Fuente del Piojo»[1]. La documentación municipal la describe como prácticamente destruida, circunstancia que motivó la propuesta de acometer una reforma destinada a mejorar tanto su utilidad pública como el aspecto del entorno.

La iniciativa partió del alcalde, quien informó al pleno de que la Fuente del Piojo «se encuentra destruida» y propuso reformarla para «darle mejor aspecto a aquel sitio» y permitir que «el público pueda servirse de ella con algún provecho»[2].

La principal objeción fue planteada por el concejal Sr. Gutiérrez Cabello, quien preguntó si existía una partida presupuestaria destinada a la obra. Ante la respuesta negativa del secretario municipal, manifestó su desacuerdo con la ejecución de los trabajos[3].

Más que una oposición a la reparación, la discrepancia respondía a la falta de cobertura presupuestaria previa, lo que pone de manifiesto la importancia del control financiero en la administración local de finales del siglo XIX.

«El Señor Gutiérrez Cabello volvió a insistir en la cuestión del presupuesto, diciendo que debe regirse el Ayuntamiento por el anterior cuando el corriente no se haya aprobado, y que para ello se fundaba en la Ley de Contabilidad del año 1870 que determina lo que este caso se ha de hacer y que para ello encargaba al Señor Domínguez, de la mayoría, para que se informe de ello y lo participe después a la Corporación en la sesión venidera. El Señor Suárez abundó en la misma idea que el Señor Cabelloy estuvo conforme con que con que se hiciera la obra necesaria en la fuente del Piojo pero que el gasto deberá hacerse por el presupuesto anterior mientras no se apruebe el que el que haya de regir el corriente.»

Para resolver la controversia, el Ayuntamiento acordó encomendar el asunto a la Comisión de Ornato, encargándole inspeccionar el estado de la fuente, calcular el coste de las obras y presentar un informe al pleno[4].

La corporación acordó que los gastos se atendieran con cargo al presupuesto anterior mientras no se aprobara el correspondiente al ejercicio vigente[5].

La cuestión volvió a tratarse en la sesión del 26 de septiembre de 1887. La Comisión de Obras Públicas presentó las cuentas de diversas actuaciones ejecutadas, entre ellas las reparaciones de la Fuente del Piojo, cuyo importe ascendía a 90 pesetas[6].

Tras examinar la documentación, el pleno aprobó por unanimidad la partida y acordó su pago con cargo al capítulo de «Imprevistos», concluyendo así el procedimiento administrativo.

Las actas capitulares de agosto y septiembre de 1887 permiten reconstruir un proceso completo de gestión municipal en la Alcalá de Guadaíra de finales del siglo XIX. A través de la reparación de una fuente pública pueden observarse los mecanismos de deliberación política, evaluación técnica, asignación presupuestaria y control del gasto propios de la administración local de la Restauración.

Esta fuente abastecía la atarjea del molino de La Tapada, que, lamentablemente, fue destruida en parte sin justificación alguna. Para quienes deseen profundizar en el conocimiento de la fuente del Piojo, recomiendo consultar el excelente trabajo publicado por A. Ventas en el portal Conoce tus fuentes, disponible en el siguiente enlace:

https://www.conocetusfuentes.com/ficha_detalle.php?id_fuente=13223

Francisco J. Gavira Albarrán.



[1] Acta capitular de la sesión ordinaria de 8 de agosto de 1887: «la Fuente denominada del Piojo, próxima al Puente, se encuentra destruida».

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Acta capitular de la sesión ordinaria de 26 de septiembre de 1887.

jueves, 11 de junio de 2026

El Castillo de Alcalá de Guadaíra en una fotografía del archivo COTÁN. N.º 14


Esta interesante imagen del Castillo de Alcalá de Guadaíra, conservada en la colección digital de Antonio Gavira Albarrán, constituye un valioso testimonio gráfico de la localidad durante el primer tercio del siglo XX. Atribuida al conocido sello «Cliché COTÁN», la fotografía puede fecharse con bastante probabilidad entre las décadas de 1920 y 1930.

En primer plano aparecen dos personas: una sentada sobre un resto de tapial y otra de pie, en actitud de observar o fotografiar el monumento o el paisaje que se divisa desde ese enclave. La imagen transmite el carácter abierto y cotidiano que entonces poseía el recinto.

La inscripción «Cliché COTÁN», frecuente en las postales andaluzas de la época, no remite a una imprenta, sino al negativo fotográfico original propiedad de José Demaría López (1876-1939), fotógrafo y editor que utilizó el seudónimo COTÁN, acrónimo de la Compañía de Tarjetas Postales Nacionales. Su producción, desarrollada principalmente entre 1910 y 1936, destacó por la calidad técnica y documental de sus imágenes.

Las fotografías de COTÁN constituyen hoy una fuente histórica de extraordinario valor, ya que permiten conocer el estado de los monumentos, los paisajes y las costumbres de la Andalucía de principios del siglo XX. En el caso de Alcalá de Guadaíra, su obra ofrece un testimonio excepcional de la evolución del castillo y de la relación cotidiana de la población con uno de sus principales símbolos patrimoniales.

Francisco José Gavira Albarrán

domingo, 10 de mayo de 2026

IX El marqués de Gandul: De enemigo fiscal a «perito regulador» del Ayuntamiento de Alcalá

 

Interior de la iglesia de Gandul, 1938. Foto: José María González Nandín y Paúl 

Lo que parecía un simple litigio por impuestos en 1838 terminó convirtiéndose, apenas cuatro años después, en un nombramiento oficial. El marqués de Gandul, que en febrero de aquel año calificaba la actuación del Ayuntamiento de Alcalá de «arbitraria» e «indecorosa», fue designado en 1842 como «perito regulador» por la misma corporación a la que había puesto en jaque.

Esta aparente contradicción es uno de los hallazgos principales de un estudio los Libros Capitulares del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra correspondientes a los años 1838, 1839, 1841 y 1842; desvelando cómo la nobleza local no desapareció con el liberalismo, sino que supo reconvertirse y mantener su influencia dentro de las nuevas estructuras del Estado.

El enfrentamiento estalló en febrero de 1838. El marqués de Gandul impugnó ante el Intendente de la Provincia el cobro simultáneo de varias contribuciones sobre sus ocho molinos harineros activos. En concreto, rechazaba el reparto de la «paja y utensilios» y la «extraordinaria de guerra», por los que el Ayuntamiento de Alcalá le reclamaba 870 reales.

El noble argumentaba que sus molinos, ya sujetos al «Subsidio Industrial», debían quedar exentos de la otra contribución, e invocaba incluso un precedente favorable que había obtenido su padre en 1822. Calificó la exigencia municipal de carente de «moderación» y la actuación de la corporación de «errónea».

La respuesta del Ayuntamiento fue tajante. El cabildo rechazó los argumentos del marqués, afirmando que sus quejas «faltaban abiertamente a la verdad» y calificaron su tono de «indecoroso» e «insultante». Argumentaron que los ocho molinos estaban activos y «maquilan» (muelen grano), por lo que debían tributar.

Sin embargo, la posición económica del marqués y el respaldo de la Intendencia inclinaron la balanza. En marzo de 1838, el Ayuntamiento acordó la devolución de 270 reales al noble.

Pero la historia no terminó ahí. En 1841, el marqués de Gandul era convocado como «mayor contribuyente» para legitimar los repartimientos fiscales. Y en 1842, el propio Ayuntamiento le nombró «perito regulador», una función administrativa reconocida para tasar la riqueza territorial del término.

Su poder económico se tradujo en una función administrativa reconocida. La nobleza no solo sobrevivió al liberalismo, sino que se integró en sus estructuras técnicas.

Mientras todo esto sucedía, la aldea de Gandul, entre 1841 y 1842, perdió definitivamente su ayuntamiento y fue agregada a Alcalá. El propio Ayuntamiento tuvo que recordar «con repetición» a las autoridades provinciales que «Gandul no tiene Ayuntamiento, pues desde su supresión es Aldea de esta Villa».

Sin embargo, la agregación no implicó su desaparición como entidad diferenciada. Gandul mantuvo su personalidad fiscal (con deudas propias de 2.163 reales por papel sellado en 1841), su personalidad religiosa (con un presupuesto propio de 200 reales para las funciones de Semana Santa de 1842) y su personalidad patrimonial (con un estanco de tabacos y tierras de Propios, que sería motivo de otro litigio entre el marqués y el ayuntamiento de Alcalá).

La principal conclusión de las actas es que el Estado liberal no eliminó las estructuras previas, sino que las reconfiguró jerárquicamente. La aldea perdió su autonomía política, pero se mantuvo como unidad fiscal y religiosa (al menos durante unos años). El marqués perdió su jurisdicción, pero se mantuvo como élite económica y como perito regulador.

El liberalismo, lejos de ser una tabla rasa, fue una reordenación de poderes que preservó muchas de las desigualdades y estructuras del Antiguo Régimen. El caso de Gandul y su marqués es, en este sentido, un magnífico ejemplo de lo que ocurrió en cientos de localidades españolas durante aquellos años de transformación.

Las evidencias gráficas del siglo XX, especialmente la fotografía realizada hacia 1938 por José María González Nandín y Paúl —conservada en el fondo fotográfico de la Universidad de Sevilla—, nos permiten aproximarnos al interior de la Iglesia de San Juan Evangelista de Gandul. González Nandín (1902-1972), uno de los fotógrafos sevillanos más destacados de su tiempo, legó una obra de extraordinario valor documental para la historia de Sevilla y su provincia. Sus imágenes, custodiadas hoy en la Fototeca de la Universidad de Sevilla, constituyen una fuente de referencia indispensable para el estudio del patrimonio andaluz. Hoy la iglesia se encuentra en un estado lamentable que exige un urgente intervención. Los responsables de que no se actúe en el edificio y en la aldea en general: Arzobispado, Ayuntamiento y marquesado. 

Francisco José Gavira Albarrán.

NOTA DE PRENSA: “Los árboles de cemento” el cuento en el que el alumnado del CEIP San Mateo ilustra los efectos de la incineración y la contaminación industrial.

 


La historia desmonta el “lavado de imagen verde” de una cementera y reivindica el derecho a un entorno limpio, sano y de todos/as.

Una cementera en un pueblo de leyendas andalusíes, famoso por su pan. Un polvo grisáceo (clinker) procedente de la fábrica que cubre todo a su paso. Un plan para incinerar residuos con el único objetivo de aumentar sus beneficios económicos sin tener en cuenta los daños a la población. Ese es el punto de partida de “Los árboles de cemento”, un proyecto colaborativo que parte de la sociedad civil, concretamente de la Plataforma No a la Incineración de Residuos en Los Alcores-Sevilla y ha contado con la colaboración de la comunidad educativa del CEIP San Mateo.

La historia ilustrada por el alumnado de 5º y 6º del centro educativo, tiene un marcado compromiso socio-ambiental al exponer las repercusiones de cuestiones como la contaminación o la priorización del interés particular, sobre la salud y la pérdida de patrimonio natural. El abordaje de las estrategias de “green washing” y la instrumentalización de ciertos sectores de la población por parte de empresas con sistemas de producción claramente insostenibles, también quedan expuestas en la obra.

Al mismo tiempo, el cuento invita a la población a organizarse, informarse y contar con todos los medios posibles, como hacen sus protagonistas, para que en la vida real, todos y todas seamos artífices de construir juntas el final feliz que toda comunidad merece.

El libro, de acceso libre y vocación pedagógica, cumple tres funciones:

  1. Facilitar información veraz a la infancia adaptada a su edad sobre lo que ocurre cuando una industria contamina y se disfraza de verde.
  2. Proteger la salud y el futuro de las y los niños, haciendo visible la relación entre contaminación y enfermedad.
  3. Convertir los dibujos infantiles en un acto de justicia, pues cada ilustración es “una mirada limpia, sincera y llena de color”.

La obra termina con una llamada a la responsabilidad colectiva: escuelas, administraciones, empresas y ciudadanía pueden trabajar juntos, siempre que los datos reales salgan a la luz. “Proteger a la infancia es proteger el futuro”, subraya el texto.

“Este cuento no solo se lee: invita a pensar, cuestionar y, sobre todo, a actuar.”

Para más información, solicitud de ejemplares o contacto con la iniciativa educativa:

Plataforma contra la incineración de residuos en Los Alcores-Sevilla.

Facebook: https://www.facebook.com/noincineracionbasuralosalcores/

Blog: http://noincineracionbasuralosalcores.blogspot.com.es/

Correo: noincineracionbasuralosalcores@gmail.com

 

lunes, 27 de abril de 2026

Un viaje al pasado de Alcalá: la estampa del Puente Romano y el Tren de los Panaderos desde las faldas del Castillo. nº 13

 


Una pequeña joya gráfica, conservada en el I.E.S. Conde Diego Porcelos, nos invita a detener el tiempo y asomarnos a la Alcalá de Guadaíra de principios del siglo XX. Se trata de una fotografía montada sobre cartulina decorativa, enmarcada con un elegante motivo ornamental en rojo, característico de la época, que constituye un valioso testimonio de la memoria visual de la ciudad.

La imagen, obra del prestigioso fotógrafo sevillano Ramón Almela (1870–1925), ofrece una panorámica excepcional en la que convergen naturaleza, ingeniería y vida cotidiana. Desde las faldas del castillo, la composición revela un paisaje que, aunque reconocible, ha sufrido profundas transformaciones con el paso del tiempo.

En primer término, destaca el perfil del Arco de San Miguel, testigo silencioso de siglos de historia. Tras él se alza la imponente estructura del puente conocido popularmente como “romano”, hoy denominado oficialmente Puente de Carlos III o de Jesús Nazareno. Aunque la tradición le atribuye un origen antiguo, los estudios históricos sitúan su fábrica actual en época posterior al siglo XV, probablemente sobre un antiguo vado donde pudo existir una estructura previa de origen romano. La fotografía de Almela resulta especialmente valiosa por mostrar el puente antes de las importantes reformas acometidas en el siglo XX.

Sin embargo, el elemento que otorga a la imagen un valor histórico singular es el viaducto ferroviario que discurre paralelo al río Guadaíra. Por él transitaba el célebre “Tren de los Panaderos”, inaugurado en 1873 para conectar Alcalá con Sevilla. Más que un simple medio de transporte, este ferrocarril se convirtió en un motor cultural: facilitó la llegada de pintores, fotógrafos e intelectuales atraídos por la luz y los paisajes de los pinares y riberas alcalareñas, contribuyendo al surgimiento de la conocida Escuela Paisajística Alcalareña.

El río Guadaíra, apacible, atraviesa la escena bajo el puente, mientras que a la derecha se distingue la silueta del Molino de la Tapada, símbolo de la tradición harinera local. En primer plano, pitas y olivos enmarcan la composición, aportando un carácter típicamente mediterráneo. Al fondo, el caserío asciende hacia los Pinares de Oromana, ya entonces un apreciado espacio de recreo para vecinos y visitantes.

El legado de Ramón Almela

La autoría de la imagen corresponde a Ramón Almela, heredero de una destacada saga de fotógrafos. Hijo de Francisco Almela, asumió desde joven la dirección del estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Su labor como fotógrafo itinerante contribuyó decisivamente a difundir la imagen de Sevilla y su provincia a través de tarjetas postales y álbumes. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que confieren a sus obras el característico tono sepia. Su producción constituye hoy un archivo visual imprescindible para comprender la evolución urbana y paisajística del territorio.

Esta fotografía, integrada en el archivo digital de Antonio Gavira Albarrán —investigador y ecologista alcalareño recientemente homenajeado—, trasciende su condición de simple imagen antigua. Es, en esencia, un espejo en el que redescubrir la Alcalá de los panaderos, de los pintores y de un río que, lejos de separar, articulaba la vida económica y cultural de la ciudad.

Francisco José Gavira Albarrán

 

Nota de prensa referente a la 18ª edición de la limpieza en Gandul durante la jornada de hoy domingo. Saludos, Junta Directiva de Alwadi-ira -Ecologistas en Acción-

Aproximadamente cincuenta personas han participado hoy domingo en la 18a edición de la limpieza en Gandul, un paseo guiado por Curro López Pérez por el despoblado de Gandul y una comida de convivencia entre los asistentes. Esta actividad ha tenido como objetivo continuar reivindicando la declaración de Los Alcores como Zona Patrimonial, gestionada a través de un Parque Cultural.

Esta actividad, organizada por el grupo ecologista Alwadi-ira y la Plataforma en Defensa de Los Alcores, ha contado con la colaboración de Aira Gestión Ambiental que ha facilitado una cuba donde depositar los residuos y la cobertura de Polvero El Vivo que ha participado con un camión.

Una vez concluida la limpieza, que se realizó en las inmediaciones del antiguo apeadero de Gandul y un amplio tramo de la vía verde con la cuba repleta de todo tipo de residuos, Curro López fue describiendo el paisaje desde el citado apeadero de Gandul hasta el majestuoso palacio transmitiendo de forma emotiva sus recuerdos de niñez y adolescencia. La jornada concluyó con una comida de convivencia entre todos los participantes.

Con esta nueva edición de la limpieza en Gandul, la intervención de Curro López y poder disfrutar de un espacio privilegiado se ha querido incidir en el valor arqueológico, histórico y natural de la zona, subrayando la importancia de proteger este legado mediante la declaración de Los Alcores como Zona Patrimonial. Esta figura, gestionada por un Parque Cultural, permitiría impulsar el diagnóstico y la catalogación exhaustiva de su patrimonio histórico y natural, al tiempo que lo convertiría en un motor de desarrollo sociocultural y económico para la comarca.

Para lograrlo, serían necesarias inversiones estratégicas en infraestructuras y servicios, tales como: centros de interpretación para difundir su riqueza patrimonial; espacios lúdicos y culturales que fomenten el turismo y la participación ciudadana; servicios de difusión, vigilancia y mantenimiento para garantizar su conservación; reforestaciones que protejan el entorno natural; estudios arqueológicos que profundicen en el conocimiento de sus yacimientos y restauraciones monumentales que preserven su identidad histórica. 

Con esta nueva actividad, Alwadi-ira y la Plataforma en Defensa de Los Alcores quieren dar un nuevo paso para que la declaración de Los Alcores como Parque Cultural sea una realidad efectiva y plena a la mayor brevedad.

 Alcalá de Guadaíra, 26 de abril de 2026.

Sociedad Ecologista Alwadi-ira - Ecologistas en Acción. E-mail: alwadi.ira@gmail.com. Web: www.alwadi-ira.es Apartado de Correos 226


El río Guadaíra, en jaque: una balsa insostenible y una fauna al borde del colapso junto al molino de San Pedro

 


La Junta de Andalucía ha autorizado un megaproyecto de riego sin el informe preceptivo de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, ignorando tanto a decenas de especies protegidas como a los municipios de Mairena del Alcor y Alcalá de Guadaíra.

En febrero de 2023, la Delegación Territorial de Sostenibilidad en Sevilla otorgó la Autorización Ambiental Unificada (AAU) al proyecto denominado “Puesta en riego y balsa en finca Juan Guarín”. Sobre el papel, se trata de una modernización del regadío; en la práctica, se ha dado luz verde a una actuación con graves consecuencias ecológicas para el río Guadaíra y su biodiversidad.

El proyecto amplía el riego de almendros de 74 a más de 127 hectáreas e incluye una balsa de casi 400.000 metros cúbicos con captación directa del río. Sin embargo, no se fija un caudal ecológico mínimo aguas abajo, no se evalúa el impacto sobre la ictiofauna ni se establecen medidas de protección para la vegetación de ribera.

En el Guadaíra habitan peces endémicos y amenazados, como el barbo gitano, el calandino, la pardilla y el cachuelo, especies que dependen de un caudal suficiente y de aguas limpias. La construcción de la balsa pone en serio riesgo su supervivencia.

La zona alberga también una destacada comunidad de anfibios protegidos: sapillo moteado ibérico, gallipato, sapo de espuelas, ranita meridional y sapo corredor. Todos ellos necesitan pequeños humedales y zonas de ribera que desaparecerán con los movimientos de tierra y la reducción del caudal.

La avifauna es igualmente notable: avetoro común, garcilla cangrejera y cigüeña negra —esta última en peligro de extinción—, junto a especies vulnerables como el aguilucho cenizo o el sisón común, sin olvidar garzas, espátulas, moritos o águilas culebreras. Sin agua ni vegetación de ribera, muchas de estas aves perderán su hábitat.

Aún más relevante es la presencia de mamíferos, especialmente carnívoros. Hasta ocho especies —zorro, nutria, garduña, tejón, comadreja, turón, gineta y meloncillo— utilizan este enclave, lo que refleja un valor ecológico extraordinario. El río actúa como corredor y refugio en un entorno de agricultura intensiva; su fragmentación tendría consecuencias irreparables.

El expediente presenta, además, una grave irregularidad: se aprobó sin el informe de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Aunque este informe se solicitó en 2021, nunca se recibió respuesta y, aun así, la Junta resolvió favorablemente. Esta omisión deja sin evaluar la disponibilidad de agua, los caudales ecológicos y la seguridad de la balsa.

Los ayuntamientos de Mairena del Alcor y Alcalá de Guadaíra emitieron informes urbanísticos, pero eso no los exime de responsabilidad. Pueden solicitar la revisión de oficio de la autorización, su suspensión cautelar y exigir el informe preceptivo de la Confederación. También deberían coordinar una estrategia común que garantice un caudal ecológico, evalúe el impacto real sobre las especies protegidas y ordene los regadíos en la cuenca.

El proyecto contempla incluso la posible introducción de peces exóticos para controlar insectos, una medida arriesgada en una balsa conectada al río. A ello se suma la presencia de una villa romana en la zona, que requeriría control arqueológico.

La AAU/SE/0463/2021/N ejemplifica un modelo de agricultura intensiva que se antepone a la conservación de un ecosistema único. Los ayuntamientos tienen ahora la oportunidad de actuar. El río Guadaíra y las especies que dependen de él no pueden esperar.

 Francisco José Gavira Albarrán

lunes, 20 de abril de 2026

18ª LIMPIEZA EN GANDUL 🌿 Domingo, 26 de abril


 

🌿 18ª LIMPIEZA EN GANDUL 🌿
Domingo, 26 de abril

Lugar de encuentro antiguo apeadero de la estación de Gandul.

🕘 09:00 h – Limpieza en Gandul
🕧 12:30 h – Visita a la aldea (con Curro López)
🕜 13:30 h – Convivencia

 

👉 Por la declaración de Los Alcores como ZONA PATRIMONIAL
Gestionada mediante un Parque Cultural

 

¿Por qué es importante?
Para proteger y poner en valor nuestro patrimonio natural e histórico, impulsando el desarrollo cultural, social y económico de la comarca.

 

¿Qué necesitamos?
✔ Centros de interpretación
✔ Espacios culturales y de ocio
✔ Conservación, vigilancia y mantenimiento
✔ Reforestación del entorno
✔ Estudios arqueológicos
✔ Restauración del patrimonio

 

Organizan:
Alwadi-ira
Plataforma en Defensa de Los Alcores

Colaboran:
Aira Gestión Ambiental
Polvero El Vivo

 

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