La Junta de Andalucía ha
autorizado un megaproyecto de riego sin el informe preceptivo de la
Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, ignorando tanto a decenas de
especies protegidas como a los municipios de Mairena del Alcor y Alcalá de
Guadaíra.
En febrero de 2023, la
Delegación Territorial de Sostenibilidad en Sevilla otorgó la Autorización
Ambiental Unificada (AAU) al proyecto denominado “Puesta en riego y balsa en
finca Juan Guarín”. Sobre el papel, se trata de una modernización del regadío; en
la práctica, se ha dado luz verde a una actuación con graves consecuencias
ecológicas para el río Guadaíra y su biodiversidad.
El proyecto amplía el riego de
almendros de 74 a más de 127 hectáreas e incluye una balsa de casi 400.000
metros cúbicos con captación directa del río. Sin embargo, no se fija un caudal
ecológico mínimo aguas abajo, no se evalúa el impacto sobre la ictiofauna ni se
establecen medidas de protección para la vegetación de ribera.
En el Guadaíra habitan peces
endémicos y amenazados, como el barbo gitano, el calandino, la pardilla y el
cachuelo, especies que dependen de un caudal suficiente y de aguas limpias. La
construcción de la balsa pone en serio riesgo su supervivencia.
La zona alberga también una
destacada comunidad de anfibios protegidos: sapillo moteado ibérico, gallipato,
sapo de espuelas, ranita meridional y sapo corredor. Todos ellos necesitan
pequeños humedales y zonas de ribera que desaparecerán con los movimientos de
tierra y la reducción del caudal.
La avifauna es igualmente
notable: avetoro común, garcilla cangrejera y cigüeña negra —esta última en
peligro de extinción—, junto a especies vulnerables como el aguilucho cenizo o
el sisón común, sin olvidar garzas, espátulas, moritos o águilas culebreras.
Sin agua ni vegetación de ribera, muchas de estas aves perderán su hábitat.
Aún más relevante es la
presencia de mamíferos, especialmente carnívoros. Hasta ocho especies —zorro,
nutria, garduña, tejón, comadreja, turón, gineta y meloncillo— utilizan este
enclave, lo que refleja un valor ecológico extraordinario. El río actúa como
corredor y refugio en un entorno de agricultura intensiva; su fragmentación
tendría consecuencias irreparables.
El expediente presenta, además,
una grave irregularidad: se aprobó sin el informe de la Confederación
Hidrográfica del Guadalquivir. Aunque este informe se solicitó en 2021, nunca
se recibió respuesta y, aun así, la Junta resolvió favorablemente. Esta omisión
deja sin evaluar la disponibilidad de agua, los caudales ecológicos y la
seguridad de la balsa.
Los ayuntamientos de Mairena del
Alcor y Alcalá de Guadaíra emitieron informes urbanísticos, pero eso no los
exime de responsabilidad. Pueden solicitar la revisión de oficio de la
autorización, su suspensión cautelar y exigir el informe preceptivo de la Confederación.
También deberían coordinar una estrategia común que garantice un caudal
ecológico, evalúe el impacto real sobre las especies protegidas y ordene los
regadíos en la cuenca.
El proyecto contempla incluso la
posible introducción de peces exóticos para controlar insectos, una medida
arriesgada en una balsa conectada al río. A ello se suma la presencia de una
villa romana en la zona, que requeriría control arqueológico.
La AAU/SE/0463/2021/N
ejemplifica un modelo de agricultura intensiva que se antepone a la
conservación de un ecosistema único. Los ayuntamientos tienen ahora la
oportunidad de actuar. El río Guadaíra y las especies que dependen de él no
pueden esperar.

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