jueves, 5 de marzo de 2026

Una postal del Pinar de Oromana (1905): paisaje, pintura y memoria de Alcalá

 

Postal en la colección digital de Antonio Gavira Albarrán

Entre los muchos testimonios gráficos que ayudan a reconstruir la historia de Alcalá de Guadaíra, las postales de principios del siglo XX ocupan un lugar especialmente valioso. No solo difundían la imagen del municipio fuera de sus fronteras, sino que también captaban escenas del paisaje y de la vida cotidiana.

Una de estas piezas muestra el “Pinar de Alcalá de Guadaíra”, dentro de la serie titulada Paisajes andaluces. En el pie de la imagen puede leerse claramente la indicación editorial: “COLECCIÓN A BLANCO Y NEGRO – NÚM. 2”. Por sus características tipográficas y técnicas, la imagen puede situarse aproximadamente entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, en torno a 1900.

La escena representa el Pinar de Oromana, uno de los parajes más emblemáticos del entorno de Alcalá. En primer plano se elevan varios pinos, cuyos troncos verticales organizan la composición. El terreno aparece rocoso y con charcos de agua retenida entre las piedras, probablemente de unas recientes lluvias. A un lado del camino avanza una mujer campesina acompañada de un burro, una imagen sencilla que refleja la vida rural del entorno alcalareño en aquella época.

El paisaje reproduce una obra del pintor sevillano Manuel García y Rodríguez (1863-1925), uno de los grandes paisajistas andaluces del cambio de siglo. Formado en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, García y Rodríguez obtuvo reconocimiento en varias Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y destacó por sus escenas de campo y de ribera, caracterizadas por una cuidada atención a la luz y al ambiente natural.

El artista formó parte del grupo de pintores que frecuentaron el entorno del Guadaíra para pintar al aire libre, lo que con el tiempo se conocería como la Escuela de Alcalá de Guadaíra. Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, el paisaje alcalareño —con sus pinares, molinos, barrancos y orillas del río— se convirtió en un auténtico taller natural para numerosos artistas.

Pero esta postal contiene además un detalle especialmente humano: una dedicatoria manuscrita a lápiz fechada el 11 de marzo de 1905. Bajo el texto aparece la firma Mario Gorostay (parece), probablemente la persona que envió o dedicó la postal.

El verso dice:

Por la senda olvidada del mundo

sigue firme y tranquilo… (la última palabra se distingue)

Que es virtud un tesoro profundo,

Que quien anda por ella, disfruta.

Esta pequeña postal de 1905, que contiene una cuarteta moral de autoría probablemente improvisada por el remitente, se ha convertido hoy en un valioso documento de la memoria local de Alcalá. En ella convergen tres dimensiones de la historia: el paisaje natural del emblemático Pinar de Oromana, la mirada artística de los pintores que lo inmortalizaron y la voz cotidiana de quienes lo recorrían hace más de cien años. Así, una simple imagen dedicada nos recuerda que, más de un siglo después, aquellos caminos y rincones ya inspiraban tanto a artistas como a paseantes, consolidándose como un símbolo eterno de la identidad alcalareña.

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