domingo, 19 de abril de 2026

El Molino de Cajul (Cajur) en Alcalá de Guadaíra: arqueología hidráulica, propiedad histórica y construcción del paisaje fluvial.

 

Molino de Cajul

Resumen

El Molino de Cajul —documentado también como Cajur—, constituye un elemento significativo del sistema hidráulico preindustrial del río Guadaíra. A partir del análisis combinado de fuentes documentales (especialmente el Boletín de Crédito Público de 1822), estudios historiográficos recientes (Pérez Moreno, 2019), material gráfico (fotografía de González Nandín, c. 1938) y evidencias arqueológicas (Consejería de Cultura, 2011), este trabajo propone una reconstrucción integral de su evolución histórica. Se distinguen tres planos analíticos —toponimia, configuración material y régimen de propiedad— con el fin de resolver aparentes discontinuidades en la documentación. El estudio muestra cómo un enclave de probable origen andalusí fue integrado en redes señoriales y posteriormente monásticas, para acabar siendo desamortizado y privatizado en el siglo XIX. Asimismo, se examina su inserción en un sistema hidráulico complejo y los retos actuales de su conservación.

 

1. Introducción: continuidad hidráulica y lectura histórica del paisaje.

La ribera del río Guadaíra, en su tramo correspondiente a Alcalá de Guadaíra, configura uno de los paisajes hidráulicos más relevantes del sur peninsular. En este contexto, los molinos de Cajul (o Cajur) y La Aceña constituyen un conjunto funcional de especial interés para el estudio de la explotación preindustrial del agua.

La documentación histórica y la toponimia permiten vincular este sistema con tradiciones hidráulicas de origen andalusí. En particular, la denominación «Reha Luet», asociada al molino de La Aceña, remite al árabe raā al-wādī («molino del río»)[1], lo que evidencia la continuidad de prácticas técnicas y organizativas en el aprovechamiento del cauce.

El presente trabajo aborda el Molino de Cajul desde una perspectiva integradora, diferenciando entre el origen del enclave, la evolución de su estructura material y las transformaciones en su régimen de propiedad, con el objetivo de ofrecer una lectura coherente de su trayectoria histórica.

 

2. Toponimia y origen: de «Al Caxur» a Cajul

La toponimia de Cajul revela una continuidad histórica desde al menos el siglo XIII. Las primeras menciones, en los repartimientos posteriores a la conquista castellana, registran «Al Caxur» o «Alcaizur»[2], topónimos de raíz árabe que aluden a una instalación hidráulica de época almohade vinculada a un propietario andalusí, Hamet Aben Paxat[3].

Con el tiempo, el nombre evolucionó fonéticamente a «Cajur» y más tarde a «Cajul», siendo esta última la forma fijada en fuentes del siglo XIX. El investigador José Luis Pérez Moreno defiende «Cajur» como la denominación históricamente más precisa[4].

Esta evolución lingüística evidencia la pervivencia del enclave, pese a sus transformaciones materiales. Así lo confirma la web de turismo de Alcalá de Guadaíra, que cita los repartos de 1253 de Alfonso X: junto al molino «Reha Luet» (del árabe Reha al-Wadi, «molino del río»), aparece «Alcaxur, que muele de una fuente», lo que demuestra la integración de los sistemas hidráulicos andalusíes en la organización territorial castellana[5].

 

3. Estructura material y evolución constructiva

Aunque el emplazamiento del molino puede remontarse a época andalusí, el edificio conservado responde fundamentalmente a fases constructivas de época moderna (siglos XVI-XVII), como ocurre en la mayoría de los molinos del Guadaíra.

Las evidencias gráficas del siglo XX, en particular la fotografía tomada por José María González Nandín y Paúl hacia 1938 (conservada en el fondo de la Universidad de Sevilla)[6], permiten reconstruir su fisonomía reciente. González Nandín (1902-1972) fue un destacado fotógrafo sevillano cuya obra constituye un documento gráfico de primer orden para la historia de la ciudad y su provincia. Sus imágenes, custodiadas en la Fototeca de la Universidad de Sevilla, son una fuente recurrente para el estudio del patrimonio andaluz durante la posguerra, y la del Molino de Cajul se inscribe dentro de su interés por documentar las estructuras tradicionales del mundo agrario en vías de desaparición.

En la imagen se aprecia una edificación de paredes encaladas en blanco, con una cubierta a dos aguas de teja cerámica, característica de la arquitectura hidráulica popular andaluza. Destaca en su estructura un área porticada con arcos de medio punto, que funcionaba como espacio de transición entre el exterior y las zonas de trabajo o vivienda. Las pequeñas ventanas con rejas denotan, además, un carácter robusto y semidefensivo, necesario frente a las periódicas crecidas del río.

Las sucesivas reformas y adaptaciones dificultan la identificación de fases constructivas precisas, pero confirman la larga duración funcional del enclave.

 

3.1. El molino como espacio de vida y trabajo

Las fuentes documentales analizadas por Pérez Moreno revelan que el Molino de Cajur no era solo un centro industrial, sino también una vivienda y un centro de explotación diversificada[7]. Los inventarios de finales del siglo XVIII describen un mobiliario modesto que incluía tres camas de palo de encina, una mesa de cuatro pies y bancos, lo que indica que el molinero y su familia residían en el propio edificio.

Una actividad singular vinculada a este molino fue la apicultura. El «laboratorio» de los monjes cartujos en este enclave incluía la presencia de colmenas y corchos para la fabricación de velas destinadas a las liturgias del monasterio[8]. Este dato revela la multifuncionalidad del espacio y la capacidad de los cartujos para integrar distintas actividades productivas en un mismo enclave.

Asimismo, se documenta la existencia de una inscripción en una de las puertas de la planta superior con el nombre «Juan Prida», identificado probablemente como uno de los molineros que trabajaron en el lugar[9]. Este tipo de graffiti histórico, aunque modesto, aporta una dimensión humana y cotidiana al estudio arqueológico del edificio.

 

4. Régimen de propiedad: de la explotación laica a la concentración monástica

El análisis de la propiedad del molino revela una secuencia compleja, que resulta fundamental para comprender las aparentes discontinuidades documentales. La obra de Pérez Moreno proporciona una documentación exhaustiva de esta evolución[10].

 

4.1. La etapa andalusí y el repartimiento castellano (siglos XIII-XIV)

Tras la conquista de Alcalá de Guadaíra por Fernando III en 1248, el territorio fue objeto de un proceso de repartimiento entre los caballeros y colonos castellanos. En estos repartimientos aparece mencionada una partida denominada «Al Caxur» o «Alcaizur» , vinculada a Hamet Aben Paxat[11]. No es posible identificar con certeza la estructura mencionada en el siglo XIII con el edificio actual, dado que las continuas reformas y reconstrucciones han modificado sustancialmente su fisonomía original. Lo que sí queda claro es la continuidad del enclave como punto de aprovechamiento del agua a lo largo de los siglos.

 

4.2. La propiedad privada en los siglos XV y XVI

A comienzos del siglo XVI, el molino era una propiedad compartida entre varios titulares. En 1506 se documenta esta situación de copropiedad, que fue resuelta mediante sucesivas operaciones de compra por parte de la Cartuja de Sevilla (Monasterio de Santa María de las Cuevas)[12]. La consolidación definitiva de la propiedad cartuja se produjo en 1511, cuando el monasterio realizó una operación de 500.000 maravedís para adquirir siete séptimas partes del molino[13].

Este proceso de concentración patrimonial no fue excepcional, sino que responde a la política sistemática de la orden cartuja por controlar los recursos hidráulicos del valle del Guadalquivir, esenciales para su red de abastecimiento y comercialización de harina.

 

4.3. Los arrendamientos y la gestión cartuja (siglos XVI-XVIII)

Una vez en manos de la Cartuja, el molino fue explotado mediante un sistema de arrendamiento. Las fuentes documentales permiten conocer algunas de las rentas pagadas por los molineros:

  • En 1562, el molino se arrendó por 28.200 maravedís y un par de gallinas[14].
  • En 1652, la renta había ascendido ligeramente hasta los 28.400 maravedís[15].

Estas cifras, aunque modestas en términos absolutos, deben contextualizarse en la economía de la época y en el hecho de que el molino era una de las múltiples fuentes de ingreso del monasterio.

 

4.4. La capacidad técnica y el rendimiento productivo

El complejo molinero varió su capacidad operativa según el estado de conservación de su maquinaria. Aunque originalmente disponía de tres paradas de piedra, su rendimiento fluctuó a lo largo del tiempo:

  • En 1519 funcionaban solo dos paradas[16].
  • A principios del siglo XVII alcanzó su pleno rendimiento, con las tres paradas completas y un «sobajano» muy abundante (el caudal de agua sobrante que alimentaba los rodeznos)[17].

Las piedras de moler, elemento esencial para la calidad de la harina, se traían de lugares relativamente lejanos, como Teba (Málaga) o Portugal (Cantera Nueva)[18]. Este dato indica la existencia de redes de suministro especializadas y la importancia que se concedía a la calidad del instrumental de molienda.

Un documento excepcional es la declaración de molienda de 1738, que cubre un periodo de 52 semanas. Según este registro, el molino procesó un total aproximado de 93.748 kg de grano en ese año, distribuidos en diferentes periodos de intensidad productiva[19]. Esta cifra permite dimensionar la capacidad real del molino y su importancia en el abastecimiento harinero de la comarca y de la propia Sevilla.

 

5. El sistema hidráulico: manantiales, acequias y riqueza hídrica

El Molino de Cajul debe entenderse como parte de un sistema hidráulico complejo, basado en la regulación y distribución del caudal del Guadaíra. Una de las particularidades de este molino es que, aunque sus aguas vertían al río Guadaíra, su fuente de energía provenía fundamentalmente de los manantiales de la ermita de Santa Lucía[20]. Esta dependencia de manantiales, y no solo del cauce principal, es un rasgo distintivo que lo diferencia de otros molinos de la ribera.

Un informe técnico de la Consejería de Cultura de 2011 (Delegación Provincial de Sevilla, ref. DPPH/JCJB, 3 de agosto de 2011)[21] documenta la existencia de una atarjea o acequia que conducía el agua desde el molino de Cajul hacia el Molino de La Aceña.

La riqueza hídrica de estos manantiales era tal que en 1753 la ciudad de Sevilla pleiteó con la Cartuja para que el agua sobrante de los rodeznos no se desperdiciara y pudiera abastecer a la ciudad a través de «Los Caños»[22]. Este litigio evidencia la importancia estratégica del agua como recurso y las tensiones entre distintos usos (molinero, agrícola y de abastecimiento urbano).

Este complejo sistema incluía:

  • Aliviaderos: Canalizaciones diseñadas para derivar el exceso de agua del cauce de Cajul, con el fin de gestionar el caudal de forma estacional y evitar los daños por avenidas.
  • Pavimentos de carga: Áreas de empedrados y «derretidos» (morteros de cal y arena) situadas en la explanada adyacente, destinadas a las maniobras de transporte de grano y harina, así como al secado de cereales.
  • Conexión con otros molinos: Una de las derivaciones del alivio de Cajul finalizaba en un malecón adyacente al Molino de La Aceña, demostrando una planificación integral del uso del agua a lo largo de la ribera.

Según el citado informe, la acequia se halla parcialmente labrada en el sustrato rocoso, con paredes de ladrillo que alivian directamente sobre el terreno. Su presencia evidencia una organización espacial orientada a la logística productiva, lo que refuerza la interpretación del conjunto como un sistema integrado más que como una unidad aislada.

 

6. Desamortización y declive de la actividad (siglos XIX-XX)

El Boletín de Crédito Público del 6 de junio de 1822 documenta la subasta del molino, descrito como procedente de la Cartuja de Sevilla[23]. En ese momento, el inmueble contaba con tres paradas de piedra y se hallaba inmediato al molino de «la Seña» (denominación antigua de La Aceña). Su tasación alcanzaba los 203.720 reales de vellón, con una renta estimada de 6.111 reales.

 

Texto

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Es preciso señalar, no obstante, que las ventas del Trienio Liberal (1820-1823) fueron anuladas tras la restauración absolutista de Fernando VII en 1823, por lo que el molino retornó a manos eclesiásticas. Su salida definitiva del patrimonio religioso se produciría años más tarde, durante la Desamortización de Mendizábal (1836-1837), momento en el que pasó a propietarios privados de forma irreversible[24].

Tras la desamortización, la actividad del molino decayó progresivamente. Pérez Moreno documenta el último registro de actividad en 1919, con una renta anual de 91 pesetas[25]. Esta cifra, significativamente más baja que las rentas del siglo XVI (ajustadas por inflación y cambios monetarios), refleja el declive irreversible de la molienda hidráulica tradicional frente a las nuevas tecnologías de la Revolución Industrial.

Es preciso señalar, no obstante, que las ventas del Trienio Liberal (1820-1823) fueron anuladas tras la restauración absolutista de Fernando VII en 1823, por lo que el molino retornó a manos eclesiásticas. Su salida definitiva del patrimonio religioso se produciría años más tarde, durante la Desamortización de Mendizábal (1836-1837), momento en el que pasó a propietarios privados de forma irreversible[26].

 

7. Arqueología y leyenda: la inscripción de San Hermenegildo

Un aspecto singular de la arqueología del Molino de Cajur es el hallazgo de una supuesta inscripción romana vinculada a San Hermenegildo. Según las fuentes documentales, en 1624, durante unas obras de limpieza en las minas de agua subterráneas del molino, se informó del hallazgo de una lápida de piedra con una inscripción referente a la prisión y muerte de San Hermenegildo[27].

Los historiadores modernos citados por Pérez Moreno no han podido confirmar la veracidad de este hallazgo, que probablemente forma parte de las tradiciones legendarias asociadas a la presencia de reliquias y mártires en la región[28]. Con independencia de su autenticidad, el episodio es relevante porque muestra cómo el molino y su entorno fueron percibidos, ya en el siglo XVII, como un lugar cargado de significación histórica y simbólica. La supuesta inscripción, de haber existido, se habría reutilizado como material de construcción en el propio edificio, práctica común en la arquitectura tradicional andaluza.

 

8. Conservación y criterios de intervención

El estado actual del molino, caracterizado por un notable deterioro (ruinas, escombros, acumulación de residuos), plantea importantes desafíos en términos de conservación patrimonial. La plataforma ciudadana «Salvemos el Guadaíra» ha denunciado en repetidas ocasiones esta situación de abandono.

La aparición casual de las estructuras hidráulicas durante las obras de reposición de daños en las márgenes (proyecto financiado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Ayuntamiento de Alcalá) planteó un dilema técnico: ¿restaurar y hacer visibles los restos, o protegerlos sin recrear un «falso histórico»?

La recomendación de los arqueólogos Enrique Luis Domínguez Berenjeno y Lara Cervera Pozo, directores del estudio sistemático del patrimonio de la ribera desde 2003[29], fue clara: documentación y protección puntual, respetando la estructura, pero sin visibilizarla artificialmente. Dado que es probable que en origen esta acequia no se hallase visible (sino bajo la solera de la explanada de carga), su «recuperación» escenográfica conduciría inevitablemente a una reconstrucción especulativa.

Por el contrario, las actuaciones previstas en el proyecto —habilitación de un camino de uso público y adecuación integral del espacio— redundan más en la recuperación del entorno para el disfrute ciudadano, sin comprometer la integridad científica de los restos. La integración del molino en proyectos de recuperación ambiental de la ribera ofrece una oportunidad para compatibilizar conservación y uso público, siempre que se respeten los principios de autenticidad y rigor científico.

 

9. Conclusiones

El Molino de Cajul (Cajur) constituye un ejemplo paradigmático de la complejidad histórica del paisaje hidráulico andaluz. Su análisis pone de relieve la necesidad de distinguir entre continuidad del enclave, transformación de las estructuras y cambios en la propiedad.

Lejos de presentar una evolución lineal, su trayectoria refleja la superposición de distintos sistemas económicos y sociales: desde la ingeniería andalusí (con su primer propietario conocido, Hamet Aben Paxat), pasando por la explotación privada y la concentración patrimonial de la Cartuja de Sevilla (que consolidó su propiedad en 1511 mediante una inversión de 500.000 maravedís), hasta la reconfiguración liberal del siglo XIX (con la desamortización y el posterior declive documentado en 1919).

La obra de José Luis Pérez Moreno ha sido fundamental para restaurar su nombre histórico, «Cajur», y para integrar su estudio en una historia global del territorio[30]. Sus investigaciones han aportado datos concretos sobre la capacidad productiva del molino (93.748 kg de grano procesados en 1738), las redes de suministro de piedras de moler (Teba y Portugal), las rentas de arrendamiento (desde 28.200 maravedís en 1562 hasta 91 pesetas en 1919) y las actividades complementarias como la apicultura.

El estado ruinoso del molino contrasta con el rigor técnico de los informes arqueológicos y con la belleza evocadora de la fotografía de González Nandín, un testimonio visual que, gracias al legado de este fotógrafo, perdura como memoria de un paisaje que ya es historia[31].

En la actualidad, su conservación plantea el reto de preservar un patrimonio que es, al mismo tiempo, material, histórico y paisajístico. Protegerlo no implica necesariamente reconstruirlo; a veces, documentar, consolidar e integrar sus restos en el paisaje es la forma más honesta de honrar su memoria y su función originaria. En este sentido, la documentación rigurosa y la integración territorial se perfilan como las estrategias más adecuadas para garantizar su transmisión futura.

 

P.D. Otro de los aspectos relevantes del molino es su conexión con las galerías subterráneas, en particular la galería de Cajul y la denominada galería de Las Pañuelas–Cajul. Estas conducciones forman parte de un sistema más amplio cuya comprensión requiere un análisis específico.

Galería Cajul

 

Galería Cajul – Las Pañuelas



[1] Turismo de Alcalá de Guadaíra, “Molino de la Aceña”. Disponible en: https://www.turismoalcaladeguadaira.es/molino-de-la-acena/

[2] Pérez Moreno, J. L. (2019). Los molinos de Alcalá de Guadaíra: Orígenes, expansión y ocaso (siglos XIII al XX). Alcalá de Guadaíra: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. pp. 239-242 y 412.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] Turismo de Alcalá de Guadaíra, “Molino de la Aceña”. Disponible en: https://www.turismoalcaladeguadaira.es/molino-de-la-acena/

[6] Fotografía de José María González Nandín y Paúl, c. 1938. Fondo Fotográfico de la Universidad de Sevilla. Sobre el autor: González Nandín (1902-1972) fue un prolífico fotógrafo sevillano cuyo fondo, conservado en la Universidad de Sevilla, abarca desde vistas urbanas y monumentales hasta escenas rurales y etnográficas. 

[7] Pérez Moreno, J. L. (2019). Los molinos de Alcalá de Guadaíra: Orígenes, expansión y ocaso (siglos XIII al XX). Alcalá de Guadaíra: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. pp. 239-242 y 412.

[8] Ibidem.

[9] Ibidem.

[10] Ibidem.

[11] Ibidem.

[12] Ibidem. 

[13] Ibidem.

[14] Ibidem.

[15] Ibidem.

[16] Ibidem.

[17] Ibidem.

[18] Ibidem.

[19] Ibidem.

[20] Ibidem.

[21] Informe técnico de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Delegación Provincial de Sevilla, 3 de agosto de 2011 (ref. DPPH/JCJB).

[22] Pérez Moreno, J. L. (2019). Los molinos de Alcalá de Guadaíra: Orígenes, expansión y ocaso (siglos XIII al XX). Alcalá de Guadaíra: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. 

[23] Boletín de Crédito Público, 6 de junio de 1822 (Subasta de bienes de la Cartuja de Sevilla). Biblioteca Nacional de España.

[24] Pérez Moreno, J. L. (2019). Los molinos de Alcalá de Guadaíra: Orígenes, expansión y ocaso (siglos XIII al XX). Alcalá de Guadaíra: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. pp. 239-242 y 412.

[25] Ibidem.

[26] Ibidem.

[27] Ibidem.

[28] Ibidem.

[29] Domínguez Berenjeno, E. L. y Cervera Pozo, L. (2003-2011). *Estudio sistemático del Patrimonio Histórico de la ribera urbana del río Guadaíra* (inédito). Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra.

[30] Pérez Moreno, J. L. (2019). Los molinos de Alcalá de Guadaíra: Orígenes, expansión y ocaso (siglos XIII al XX). Alcalá de Guadaíra: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. pp. 239-242 y 412.

[31] Fotografía de José María González Nandín y Paúl, c. 1938. Fondo Fotográfico de la Universidad de Sevilla. Sobre el autor: González Nandín (1902-1972) fue un prolífico fotógrafo sevillano cuyo fondo, conservado en la Universidad de Sevilla, abarca desde vistas urbanas y monumentales hasta escenas rurales y etnográficas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario