viernes, 3 de abril de 2026

El Castillo de Alcalá en la lente de Roisin (c. 1930) V


El tiempo transforma los paisajes, pero la fotografía tiene el poder de detenerlo. Una imagen tomada hacia 1930 del castillo de Alcalá de Guadaíra nos ofrece una ventana a un momento en que este monumento emblemático lucía un aspecto muy distinto al actual: más cercano a la ruina romántica que al espacio patrimonial restaurado que conocemos hoy.

La fotografía, atribuida al entorno del reconocido editor y fotógrafo Lucien Roisin Besnard, presenta una amplia panorámica del recinto fortificado. En primer plano, las murallas y las torres, en evidente estado ruinoso, se alzan sobre lo que hoy llamamos patio de armas, entonces surcado por caminos de tierra entre la maleza. En el centro, un burro pastando refuerza la idea de un uso cotidiano y rural del espacio, muy alejado de su actual función cultural y turística.

Al fondo, el caserío de Alcalá se extiende sobre suaves alcores, con viviendas bajas y dispersas. Destaca el Santuario de Nuestra Señora del Águila, componiendo una estampa que resume la estructura tradicional de tantas localidades andaluzas: castillo, iglesia y pueblo.

Más allá de su valor estético, esta imagen posee un profundo interés documental. Refleja el estado del castillo antes de las grandes intervenciones de restauración emprendidas en décadas posteriores, cuando aún conservaba ese aire de abandono que, paradójicamente, hoy nos fascina. Imágenes como esta permiten reconstruir la evolución del monumento y comprender mejor su historia reciente.

El nombre de Roisin va ligado a la difusión masiva de imágenes de España durante la primera mitad del siglo XX. Instalado en Barcelona, su empresa —conocida como “La Casa de la Postal”— llegó a distribuir miles de fotografías de ciudades, pueblos y monumentos. Aunque no todas fueran tomadas directamente por él, su archivo constituye una de las fuentes visuales más importantes para conocer el país de aquella época.

En el caso de Alcalá, estas imágenes no solo documentan el patrimonio, sino también la vida cotidiana que lo rodeaba. El castillo, hoy símbolo identitario y punto de encuentro cultural, fue durante años un espacio integrado en la rutina de los vecinos, ajeno aún a la feria y a su futura revalorización turística.

Recuperar y difundir este tipo de fotografías es, en definitiva, un ejercicio de memoria colectiva. Nos invita a reflexionar sobre cómo ha cambiado nuestro entorno y a valorar la importancia de conservar tanto el patrimonio material como el legado visual que lo acompaña.

Porque en cada imagen antigua no solo hay un paisaje, sino también una historia que sigue viva en la mirada de quienes la contemplan hoy.

Francisco J. Gariva Albarrán

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