lunes, 13 de diciembre de 2021

CUATRO VÍAS PECUARIAS Y SORBITOS.

 

Arroyo de Guadairilla.

La ruta tiene 9 kilómetros y no presenta ninguna dificultad técnica. Por tanto, es poco exigente para aquellas personas que quieran hacerla a su ritmo.  A finales de noviembre empeñamos casi cuatro horas en recorrerla disfrutando de las vistas, la vegetación, la fauna y el patrimonio histórico de la zona. 

Desde Alcalá de Guadaíra tomaremos la A-360, en dirección Morón de la Frontera. Antes de salir de nuestro término municipal se encuentra el Caserío de San Francisco o de Los Garrotales, punto donde cruza la cañada de Piedra Hincada o vereda de Los Puertos,[1] que tomaremos a la derecha para dejar el coche a los pocos metros.

El paseo comienza dejando el cortijo a nuestra izquierda. Este se dedica a la cría de caballos y dándonos la oportunidad de tirar la primera foto de interés. A nuestra derecha algunas encinas y lentiscos se intercalan entre chumberas muertas por los efectos de la cochinita del carmín. 

Muy pronto cruzaremos la vía del ferrocarril que unía las localidades de Utrera y Morón de la Frontera, donde en época no muy lejana se podían ver pasar los convoyes cargado de cal.[2] Estamos en un punto con abundante arboleda. Hasta aquí han llegado los ailantos invasores. 

Continuaremos por la cañada de Piedra Hincada entre olivos. A la nuestra izquierda, variedades italianas y griegas, con goteo, y a la derecha cultivados de modo superintensivo.

Al llegar al arroyo de Guadairilla, distante doscientos metros, merece la pena parar unos instantes. Cuando estuvimos allí, nos llamó la atención una planta con ramitas plagadas de florecillas y pequeñas hojas, conocida como Hierba de la sangre, centinodia…, nombre científico, Poligonum equisetiforme Sm., perteneciente a la familia de las Poligonáceas, que se encuentra incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía.[3]

Hierba de la sangre, centinodia…, nombre científico, Poligonum equisetiforme Sm.

Entre palmas, algún espino blanco y alguna acacia, cruzamos el arroyo de San Julián, que lo hemos visto completamente seco, dadas las escasas precipitaciones de este año. 

Un suave repecho nos situará entre dos yacimientos arqueológicos: el ARQL. _09 y ARQL_10, que se extienden a ambos lados de la vía pecuaria. 

Entre unos olivos tradicionales y unos superintensivos abunda el pepinillo del diablo, cohombrillo amargo, o elatrio, nombre científico- Ecballium elaterium., perteneciente a la Familia de las Cucurbitáceas.

Pepinillo del diablo, cohombrillo amargo, o elatrio, nombre científico- Ecballium elaterium.

La cañada es una de las mejores conservadas de Alcalá, ya que dispone de una anchura decente en la mayor parte de su recorrido.

Cañada real de Piedra Hincada o vereda de Los Puertos.

Pronto veremos a lo lejos un bosque de eucaliptos que se encuentra situado dentro del término municipal de Utrera. A nuestra izquierda se divisa, majestuosa, la Sierra de Esparteros con el bocado que le ha perpetrado la cantera de áridos. A nuestra derecha, a lo lejos, podemos distinguir el cortijo del Algarabejo.

Tierra calma, con cortijo del Algarabejo al fondo.

Llegaremos a un cruce de vías pecuarias donde sobrevive un importante núcleo de palmas. De frente, continúa la cañada real de Pajarero o de Piedra Hincada,[4] a nuestra derecha el Cordel de Gallegos y a la izquierda la Cañada Real de Morón a Sevilla.

Cañada y eucaliptar al fondo.

Proponemos continuar de frente hasta el eucaliptal que hemos estado divisando. En esta amplia zona, que se extiende entre los términos municipales de Los Molares y Utrera, conocida como los Pagos de Piedrahincá, tiene lugar la romería Los Molares, en honor a Nuestra Señora de Fátima, que se celebra en torno al 13 de mayo. [5]

Eucaliptar donde tiene lugar la romería de Los Molares. 

Escudo en abrevadero situado en el eucaliptar.

Podríamos retroceder hasta el cruce de vías pecuarias, para luego tomar el cordel de Gallegos, pero nosotros cruzamos el eucaliptal hasta llegar a su extremo izquierdo, donde tomamos un padrón que nos conectaría con el cordel de Gallegos, en un tramo con un interesante núcleo de encinas.

Encinas en el cordel de Gallegos.

Estamos en la zona conocida como Sorbitos. Aquí se encuentran los cortijos de Consolación de Sorbitos y Santa María de Sorbitos. Tierras que fueron dehesas dedicadas a la ganadería de reses bravas. Hemos podido comprobar la presencia de dos abrevaderos que debieron cumplir con la finalidad de saciar al ganado de los condes de Villahermosa, regidores de Utrera, que las tuvieron arrendadas durante el siglo XVIII y principios del XIX. [6]

 

Abrevadero del cortijo de Consolación de Sorbitos.

Cortijo de Santa María de Sorbitos.

Abrevadero en el cortijo de Santa María de Sorbitos (Castro)

Desde el cortijo de Santa María de Sorbitos regresaremos por el cordel de Gallegos hasta la cañada real de Piedra Hincada y a nuestro coche.

Naturaleza muerta en el cordel de Gallegos con la Sierra de Esparteros al fondo.

Durante el recorrido hemos visto o escuchado numerosas aves:  cernícalos, avefrías, picapinos, mochuelos, milano real, petirrojo, lavandera, buitre leonado, etcétera. 

Mapa de la ruta.

Francisco José Gavira Albarrán



[1] En el topográfico y parcelario del Instituto Geográfico y Catastral de 1944 aparece nombrada vereda de Los Puertos. Este tramo es nombrado hoy Cañada de Piedra Hincada.

[2]Se cerro al tráfico de viajeros en 1967 y su clausura total en 1999 con el levante de las vías. http://www.trensim.com/lib/msts/index.php?act=view&id=779

[4] Según el topográfico que utilicemos. El topónimo pajarero es utilizado en un camino que parte desde la cañada de Piedra Hincada hasta el cordel de Gallegos, al que también se le nombra camino de Mairena.

[5] Al parecer se trata de una finca de propiedad municipal, pero situada en parte dentro del término de Utrera y a un tiro de piedra del de Alcalá.

[6] López Martínez, Antonio Luis. La ganadería de lidia en España. Historia, Geografía y Empresa. Sevilla, 2018. “Ulloa Halcón de Cala, Benito, II Conde de Vistahermosa. Utrera, 1736-17.9.1800 y regidor de Utrera.  No tiene descendencia y sus bienes pasan a su hermana, Mª. Luisa Ulloa Halcón de Cala. “...hay un poder de la condesa de Vistahermosa para tomar en arrendamiento las fincas que llevaba su hermano Pedro Luis de Ulloa, que eran las siguientes: cortijos Salvador Díaz, Valcargado, Ventosilla y Villar del Puerco y la dehesa Gómez Cardeña, todos en Utrera y el cortijo Sorbitos en Alcalá de Guadaira. Al menos desde finales del XVII a principios del XIX, fueron arrendadas por la familia Ulloa. En total suponían una superficie superior a las 3.000 hectáreas.” p.312.

1ER ENCUENTRO INTERNACIONAL DEL PATRIMONIO LOCAL.

 


sábado, 4 de diciembre de 2021

EL MEDIO FÍSICO EN ALCALÁ DE GUADAÍRA

Vistas de La Mesa desde la vereda de Angorrilla.

        El municipio de Alcalá de Guadaíra cuenta con una extensión de 287 km. cuadrados y una población de derecho de 75.533 habitantes. Se enclava en el área metropolitana de Sevilla y limita, además de con la capital de la provincia, de la que dista 16 km., con los términos municipales de Mairena del Alcor, a 7 km., Carmona, a 24 km., El Arahal, a 33 km., Utrera, a 21 km., Dos Hermanas, a 8 km., Los Molares y Los Palacios y Villafranca. 

        El gran atractivo original del territorio de Alcalá de Guadaíra consistió en la gran diversidad ecológica y de recursos derivados de ella. El término municipal se enmarca en la gran unidad de relieve que representa la depresión del Guadalquivir, antiguo brazo de mar colmatado progresivamente durante el Mioceno, a finales del Terciario. El resultado de este relleno en el curso bajo del actual Guadalquivir es una topografía de pendientes poco pronunciadas y una impresión general de planitud. A partir de Alcalá del Río la margen izquierda del río estaba, en principio, determinada por dos unidades geográficas fundamentales: el valle del Guadalquivir y la campiña. Sin embargo, este sencillo esquema se vería trastocado por una tercera unidad que vendría a surgir extendiéndose desde Dos Hermanas hasta Carmona, Los Alcores. De estas tres unidades participa el territorio de Alcalá y de ahí su diversidad. 

        El Valle del Guadalquivir se divide en el cauce actual del río y las terrazas fluviales, que se diferencian por su distinta altitud topográfica, producto del encajamiento del río en sus propios depósitos. En lo que respecta a nuestro municipio, las terrazas del Guadalquivir que caen dentro de su territorio corresponden, por su altitud topográfica y distancia relativa al cauce actual, a los periodos más antiguos en la configuración de la red fluvial. 

Arroyo de Guadairilla. 

La otra gran unidad geográfica por extensión junto al valle del Guadalquivir es la campiña, que aquí cabe individualizar como Vega del Guadaíra y que, manteniendo la planitud topográfica de las terrazas, presenta una génesis y características no asociadas el Guadalquivir. 

        Se trata de terrenos con una elevada proporción de arcillas, que cometidos a la acción de la arroyada, producen un relieve suave en torno a los 70 m.s.n.m.., con una red de avenamiento muy ramificada lo que apunta a la escasa resistencia de estos terrenos a la acción de la erosión. Hacia el este se produce un cierto acolinamiento aunque de pendientes suaves, donde predominan las margas y margo arcillas y que reciben el nombre de Albarizas. 

           En principio el resultado de la colmatación de la depresión del Guadalquivir en este tramo habría sido una amplia superficie de topografía muy llana desde el cauce del río hasta las estribaciones de las Serranías Subbéticas. Sin embargo la dinámica orogénica postpliocénica, con diversos basculamientos y rupturas, condujo en nuestro ámbito a la aparición de los Alcores, un bloque que, arrancando desde el SW de nuestro término municipal, se proyecta a lo largo de treinta kilómetros hacia el NE, hasta Carmona, donde muestra su cota máxima, 248 m.s.n.m.., constituyendo el verdadero eje del paisaje, no sólo por su evidencia topográfica que resalta sobre el entorno, sino también por la variedad y el contraste que introduce en el medio natural. 

              Los Alcores se componen litológicamente de dos materiales bien diferenciados: en la base se encuentran las margas azules de datación miocénica, muy deleznables. En el techo aparecen las calcarenitas, sedimento calizo, conchífero, formado durante el Plioceno, en un mar poco profundo, con elementos orgánicos muy groseros e inorgánicos, cementados en un todo constituyendo una roca sedimentaria compacta, que alcanza una potencia de 80 metros. 

Dehesa Nueva.

              El conjunto presenta una morfología típica de cuesta, con un frente que mira hacia la vega del Guadaíra, definiendo un escarpe nítido, en el que las margas que afloran son atacadas fácilmente por la erosión frente a las calcarenitas, más resistentes, generando una erosión diferencial del bloque. A partir del límite del escarpe y hacia el Guadalquivir se encuentra el dorso de la cuesta, con un pendiente suave que se extiende hasta las terrazas más alejadas del río, bajo las que finalmente queda fosilizada. El frente de la cuesta muestra la línea de falla resultante tras el levantamiento de todo el bloque ya en el Cuaternario.         

El Alcor marca un claro límite entre las terrazas del Guadalquivir y la campiña o vega del Guadaíra. El bloque es cortado por el río Guadaíra. Según Díaz del Olmo, una vez fijado el nivel de base que constituye el Guadalquivir y establecida la red fluvial de segundo orden, el río Guadaíra, con su trazado básico ya definido, se habría ido encajando en los estratos del Alcor a medida que este emergía durante el Cuaternario. 

La aparición de los Alcores amplia la variedad morfológica y litológica del municipio de Alcalá y, lo que es más importante, la variedad de ámbitos ecológicos que ofrecen recursos para su explotación por el hombre. No resulta ocioso resaltar como los núcleos principales de cuatro municipios: Carmona, El Viso, Mairena y el propio Alcalá, se sitúan sobre el Alcor, en concreto en el límite del dorso con el frente y ello es así desde los primeros pobladores, cuyos abundantes vestigios dan fe de una tendencia continuada. La localización en los Alcores maximiza el acceso a los recursos representados por el mismo y por las otras dos unidades que tienen aquí su límite: terrazas fluviales y campiña. Así mismo ofrece diversos recursos de los que carecen las tierras del entorno: en primer lugar, una ventaja de localización, libre de inundaciones y lugar ideal como oteadero en un principio en el que el hombre dependía de la caza para sobrevivir. Más adelante, con la sedentarización, se añadiría una ventaja defensiva que queda de manifiesto en nuestro municipio no sólo en el castillo de Alcalá, sino también en los restos encontrados en Gandul. Para la construcción de estas obras defensivas que, en todo caso, aprovechaban ya la ventaja que el terreno accidentado ofrecía, se precisaban sillares cuyo material se encontraba en el propio Alcor, esto es, fuente de material constructivo sólido, de lo que dan fe las numerosas canteras, hasta la actualidad. Un material que de no existir esta fuente habría que buscar en las Subbéticas o en Sierra Morena, a una considerable distancia. No se agota aquí la importancia estratégica de esta formación, dado que el aprovechamiento de un enclave defensivo estaba ligado a un acceso relativamente fácil al agua, lo que en este caso estaba más que garantizado, teniendo en cuenta que el paquete de calcarenitas de los Alcores constituyen la mayor parte del acuífero nº 28 Carmona-Cuaternario Antiguo del Guadalquivir. Los múltiples manantiales permiten un aprovechamiento a lo largo de todo el Alcor, más continuo que los cursos de agua alimentados exclusivamente por las precipitaciones, puesto que los acuíferos ejercen un efecto regulatorio en los caudales, atenuando sensiblemente sus oscilaciones. Los molinos instalados al pie o en el carpe de los Alcores son una muestra patente del aprovechamiento de este recurso desde hace siglos. 

           Sobre la superficie del Alcor se desarrollan suelos rojos, resultado de la descalcificación de las calcarenitas y la oxidación de sus elementos férricos. Pobres en materia orgánica, han sido ocupados sobre todo por plantaciones de árboles frutales o puestos en regadío en el marco de pequeñas huertas que aprovechaban los recursos hídricos del acuífero. La puesta en cultivo de los suelos y la eliminación de la vegetación original es una constante en las tres unidades geográficas que hemos individualizado, tanto más en el caso de las terrazas y de la vega, donde la feracidad y el rendimiento de los suelos es muy superior a los Alcores. Hoy en día resulta difícil proponer una vegetación climácica para toda ésta área, aquella que correspondería a estos diversos suelos si no se hubiera interpuesto la acción antrópica. 

        La presión humana, que desde la prehistoria se hizo patente, fue transformando la vegetación, clareándola o eliminándola directamente para dar paso a los cultivos seleccionados por el hombre. De esta manera los restos de vegetación que quedan, bien escasos, distan mucho de representar la vegetación climácica y son resultado de la degradación progresiva de aquella. Como ejemplo de ello baste decir que la dehesa, que en sí representa una simplificación y empobrecimiento del bosque original, no deja de ser hoy una "rara avis", conservada en muy puntuales localizaciones, último refugio de las especies autóctonas, sobre todo de porte arbóreo y bajo creciente amenaza de desaparecer definitivamente en un matorral sin árboles. 

La vegetación climácica de la mayor parte de nuestro municipio corresponde a un encinar termomediterráneo de Quercus rotundifolia. Se trata a de un bosque esclerófilo, de hojas pequeñas, endurecidas y coriáceas, adaptadas a la sequía estival para minimizar la transpiración. El otro rasgo característico de esta formación vegetal, tanto en el estrato arbóreo como en el arbustivo es la perennifolia, posibilitada por unas temperaturas medias suaves. En su estado climácico el encinar muestra una densidad impenetrable por la malla que forman el sotobosque y la abundancia de plantas trepadoras: zarzas, espinos, rosales, hiedras, madreselvas, zarzaparrillas, aristoloquias, etc. La condición termófila del encinar de esta zona permite la presencia en su sotobosque de multitud de especies, que van desapareciendo a medida que las condiciones se hacen más rigurosas. Entre ellas se encuentran el lentisco (pistacia lentiscus), el algarrobo (ceratonia siliqua), el mirto (Myrtus communis), el acebuche (Olea europaea), la zarzaparrilla (Smilax aspera), y allí donde la humedad aumenta aparece el madroño (Arbutus unedo), la cornicabra (Pistacia terebintus) o el labiernago (Phillyrea angustifolia). La primera etapa de degradación significa el paso del bosque al matorral preforestal, en el que la encina puede jugar un papel dominante si bien con porte arbustivo (carrasca), aunque lo normal es que su lugar sea asumido por la coscoja (Quercus coccifera). En un grado mayor de degradación empiezan a dominar los matorrales espinosos con diversas especies del género Rhamnus (Lycioides y Oleoides). La siguiente fase en la regresión vegetal viene marcada por matorrales heliófilos, en este caso sobre sustrato calcáreo, sobre todo por tomillares. Aunque el tomillo (diversas especies del género Thymus) da nombre a la formación, no necesariamente es la especie dominante, combinándose con leguminosas como la retama (Retama sphaerocarpa) y la aulaga (Genista hirsuta) o con el palmito (Chamaerops humilis).En las pocas zonas no dedicadas al cultivo de nuestro municipio, fundamentalmente en el Alcor, no es infrecuente encontrar la piedra que aflora, sin ningún tipo de recubrimiento edáfico y cubierta sólo por pequeñas herbáceas durante el invierno. 

Sobre los pesados suelos de bujeo de la vega algunos autores señalan como formación climácica un bosque de acebuches (Olea europaea), desaparecido en su totalidad por la presión agrícola al tratarse de suelos muy aptos y que dan paso en las fases de degradación a un matorral de palmito (Chamaerops humilis), coscoja y rosales (rosa mosqueta, canina, ...) y en una fase más avanzada incluye aulagas (Genista hirsuta) y matagallos (Phlomis purpurea).             

Por último, no debemos dejar de mencionar una última formación vegetal, de menor desarrollo en extensión, pero de gran importancia por la diversidad específica que introduce: los bosques de ribera. En su conjunto se trata de especies con unos requerimientos hídricos que harían incompatible su presencia en nuestro medio climático, de no ser porque la cercanía a la fuente de humedad que representan los cursos de agua las libera de las exigencias hídricas de cada una y de su resistencia a las crecidas. En contraste con la vegetación climácica se trata de especies caducifolias. La disposición teórica se compone de tres bandas: saucedas, choperas o fresnedas y olmedas. Junto a estas especies aparecen en nuestro ámbito un árbol, generalmente de porte arbustivo, el taraje (género Tamarix) que, entremezclado con las otras especies descritas, se adaptan mejor a las condiciones de acusado estiaje de muchos de nuestros cursos de agua. Al igual que la vegetación climácica también los bosques de ribera han sido progresivamente eliminados, al localizarse sobre suelos fértiles, de fácil acceso y ofrecer una fuente óptima de madera. El río Guadaíra es un claro ejemplo de esta degradación. En todo su discurrir por nuestro municipio son contados los tramos donde pueden contemplarse ejemplares de porte arbóreo. Muestras de bosque de ribera que aún merezcan tal denominación se localizan también en arroyos de cierta entidad o difícil acceso (Maestre, Gandul o Gallegos), donde el abarrancamiento del terreno imposibilita el laboreo de la tierra. La pérdida de esta vegetación, como la de los setos vivos, supone el golpe final al medio natural. Con ella se pierde el último vestigio de la diversidad vegetal que un día pobló esta tierra y acaba con los restos de fauna que a duras penas sobreviven en estas zonas de refugio, cada vez más aisladas y acosadas. 

         Para terminar esta semblanza del medio físico volvemos brevemente al Guadaíra, verdadero eje estructurador del territorio de nuestro pueblo, conectando las tres unidades geográficas descritas en su discurrir longitudinalmente a través del término municipal. El Guadaíra adquiere su condición de río en Alcalá, donde aumenta su caudal con los aportes de los distintos arroyos y manantiales: Gandul, Marchenilla, Cajul, Oromana, Vista Alegre, La Pañuela, San Francisco, El Negro, El Zacatín, etc. Hoy en día simboliza perfectamente, para nuestro pesar, el estado del medio ambiente en nuestro pueblo. Los aportes provenientes de los Alcores han disminuido por la explotación intensiva del acuífero, así como por la desaparición física del mismo, sobre todo en Alcalá, donde las numerosas canteras destruyen el Alcor, en un proceso que de forma natural requeriría millones de años. Por otra parte, sus aguas bajan contaminadas por los vertidos de los diversos municipios de la cuenca y muy especialmente por los alpechines, verdadera bestia negra de la calidad de sus aguas. El proceso es tanto más impactante cuanto que se ha concretado en un periodo relativamente corto de tiempo, de suerte que todavía muchas personas guardan en su memoria una imagen prácticamente idílica del río, que se confirma por la atención prestada por pintores y escritores a lo que un día fue un paisaje espléndido y pintoresco. Observando el paisaje actual cabe maravillarse de ello y preguntarse cómo en tan breve espacio de tiempo se pudo malbaratar ese capital y qué hemos obtenido de su venta. Los últimos vestigios de lo que un día fue un paisaje lleno de vida se encuentran en las páginas siguientes.



Antonio Gavira Albarrán.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

EL ARROYO DEL INFIERNO, ENTRE EL CORTIJO DEL CARMEN Y EL RÍO GUADAÍRA.

 

Río Guadaira junto a la pasá.

Esta ruta, de unos 6 kilómetros, se puede hacer en unas 3 horas, incluidas las paradas para disfrutar del entorno. Es de dificultad moderada, dado que parte de su recorrido discurre por las márgenes del arroyo del Infierno y el río Guadaíra.

Desde Alcalá tomaremos la A-92, en dirección Arahal. Muy pronto pasaremos el arroyo Salado. Desde ése momento hay que estar atentos para dejar la autovía en la segunda salida. Accederemos a una vía de servicio de albero compactado. Tan solo a cien metros encontraremos un camino, que parte a nuestra derecha, perpendicular a la carretera, punto donde estacionaremos el coche.

Este otoño hemos recorrido la zona con la calor del membrillo. Las lluvias aún no habían hecho acto de presencia y todo se mostraba agostado, polvoriento y ramoneado por rebaños de ovejas y cabras hambrientas.  

Desde el coche tenemos unos trescientos metros hasta la pasá del río Guadaíra. Este pequeño tramo pertenece al término municipal de Mairena del Alcor.[1] El río allí apenas mostraba humedad, pero sí evidencias claras de vida animal y vegetal. La arroyuella (Lythrum salicaria), especie invasora, y la hierba pulguera o hierba de gato (Pulicaria dysenterica), abundan con sus flores moradas y amarillas, dándole una nota de color al bosque de eucaliptos de su contorno.

Cortijo en ruina junto a la pasá, testigo de otra época.

El siguiente tramo, de 1,8 kilómetros, discurre por un camino público muy cómodo donde resiste al arado un pequeño núcleo de palmas. Ya estamos dentro del término municipal de Carmona, entre hazas de olivos y tierra calma nominadas en el topográfico de 1953 como El Tobar.[2]

Palmito en el camino que cruza El Tobar.

Cuando lleguemos a la Cañada Real de Morón, continuaremos de frente durante unos trescientos cincuenta metros hasta las ruinas del Cortijo del Carmen o de Manuel de Carmen, como lo llaman algunos de los mayores que anduvieron por allí hace mucho tiempo; completamente abandonado, cuajado de avisperos y de tábanos, tuvo su esplendor a mediados del siglo pasado.[3]

Ruinas del Cortijo del Carmen desde la Cañada Real de Morón.

Regresaremos sobre nuestros pasos para situarnos nuevamente en la cañada y continuaremos por ella, a nuestra derecha, hasta llegar al Arroyo del Infierno, distante unos cuatrocientos metros. La vía pecuaria ha perdido anchura y vegetación a beneficio de las fincas colindantes. A pesar de todo, aún permanecen en sus márgenes algunos elementos arbustivos y abundante vegetación, entre la que destacan los hinojos.

Taraje en el arroyo del Infierno.

Una vez lleguemos al arroyo, subiremos hasta su nacimiento, distante unos trescientos cincuenta metros. Se dice de él que, en época de lluvias, era difícil vadearlo. En este paraje merece nuestra atención un taraje centenario que, por su porte, podría formar parte del catálogo de árboles y arbustos singulares del T.M. de Alcalá de Guadaíra.[4] De su base parten unos brazos que desparraman sus ramas formando una imponente copa. A continuación, se encuentra un bosquete de eucaliptos que precede a un pozo y un abrevadero, posible nacimiento del arroyo. Esta zona permaneció como dehesa hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado. En las inmediaciones se localizan los cortijos de Matallana y Torre del Abad, donde parece que se localizaba la aldea conocida como Chozas de Cáceres, que mandó formar Alfonso X.[5]

Eucaliptos en el arroyo del Infierno.

Abrevadero y pozo en el arroyo del Infierno.

Después de disfrutar unos instantes de uno de los parajes menos conocidos de Alcalá, regresaremos a la cañada para continuar por el arroyo hasta su desembocadura en el río Guadaíra. Este tramo, de unos ochocientos metros, conserva un notable núcleo de lentiscos; también podemos ver, palmas, algún majuelo, acebuches, torviscos, etc. Los últimos cien metros discurren entre eucaliptos.

Cardo borriquero en el arroyo del Infierno. Onopordum macracanthum.

Este tramo del río Guadaíra conserva una lámina de agua durante todo el año. La gambusia affinis, un pececillo de origen norteamericano, introducido para combatir a los mosquitos, ha prosperado aquí, convirtiéndose en una de las presas favoritas del martín pescador.

Arboleda en una de las arroyadas que desembocan en el río Guadaíra.

Durante la marcha, desde nuestra izquierda, un par de arroyadas, cubiertas de abundante vegetación, merecedora de un estudio, desembocan en el río. En algunos tramos se notan los efectos del sesteo de las ovejas. Sin embargo, encontraremos espacios selváticos donde es imposible acercarse al cauce. En estos tramos, los álamos, olmos, fresnos, tarajes, moras, espinos, sauces, etc. se constituyen en refugio ideal para todo tipo de fauna.

Lámina de agua en el río Guadaíra.

Río Guadaíra.

Después de dos kilómetros y un cortijo o rancho abandonado, donde sobrevive un naranjo solitario, a modo de topónimo de lo que pudo ser una huerta, llegaremos nuevamente a la pasá y un poco más allá al inicio de la ruta donde hemos dejado el coche.

  

Mapa de la ruta.

Francisco José Gavira Albarrán

[1]En el mapa topográfico y parcelario elaborado en 1953 por el Instituto Geográfico y Catastral, pertenecería a la vereda de Las Albinas, hoy Cordel.

[2]Aún podemos comprobar en la ortofoto digital panorámica de Andalucía 1977 – 1983 otras construcciones frente a lo que queda del cortijo.

[3] Ibid.

[4] David Cristel Gómez Montblanch. Árboles y arbustos singulares del T.M. de Alcalá de Guadaíra. EDITA: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. 2014.

[5] Marcos Fernández Gómez. Nuevos datos y documentos sobre la repoblación de Alcalá de Guadaíra (1280-1335), Historia. Instituciones. Documentos; No 31 (Año 2004). págs.167-192.

Nota de prensa. El grupo joven de Alwadi-ira –Ecologistas en Accción-, Alverde, pudo disfrutar este pasado sábado de una ruta guiada magníficamente por Félix Ventero Bernal por Gandul y su entorno.


Unos quince jóvenes de Alverde, acompañados de miembros experimentados del grupo ecologista, descubrieron las riquezas patrimoniales y paisajísticas de la zona.

Visitaron el exterior del castillo de Marchenilla, el arroyo del mismo nombre y los arroyos cercanos para pasar posteriormente a la antigua aldea de Gandul y llegar al antiguo apeadero del tren. Desde el cerro de San Juan pudieron observar el palacio, la vega y otros elementos arquitectónicos y paisajísticos de gran interés en este espacio de Los Alcores.

Para finalizar, se explicó la problemática del vallado de Las Canteras, reivindicando una pronta actuación de las autoridades con objeto de que la población alcalareña, y de toda la comarca pueda disfrutar libremente de sus valiosos restos arqueológicos, y para ello nada mejor que conseguir Ya que sea una realidad la declaración de todos Los Alcores como zona patrimonial y la creación de Parque Cultural.

                      Alcalá de Guadaíra, 9 de noviembre de  2021.

Sociedad Ecologista Teléfono: 722398525 E-mail: alwadi.ira@gmail.com.   Web: www.alwadi-ira.es Alwadi-ira - Ecologistas en Acción.    Apartado de Correos, 226. 

 

NOTA DE PRENSA: Alegaciones a planta fotovoltaica Tres Pozos I en Alcalá

 


Alwadi-ira – Ecologistas en Acción- ha presentado diecisiete alegaciones al proyecto de planta fotovoltaica HSF “Tres pozos I” en el término municipal de Alcalá de Guadaíra. Además de estas alegaciones, presentadas ante la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, la asociación plantea a la Fiscalía de Medio Ambiente que podemos estar ante un delito ecológico, ya que afecta plenamente a la Cornisa de Los Alcores y solicita al Ayuntamiento de Alcalá la suspensión del proyecto durante un año, al objeto de gestionar su paralización definitiva.

Alwadi-ira -Ecologistas en Acción- afirma que resulta innegable la contribución de la energía solar fotovoltaica a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a la consolidación de un tejido productivo descarbonizado. Sin embargo, la repercusión negativa de las plantas fotovoltaicas no puede ser ignorada: fragmentación del territorio, ocupación de suelos, impactos paisajísticos, consumo de agua, usos agroganaderos en conflicto, pérdida de biodiversidad, etc.

Es por ello por lo que la Sociedad Ecologista Alwadi-ira, como otras asociaciones preocupadas por una mala o ausente planificación a la hora de implantar esta necesaria tecnología, reclama la urgencia y la necesidad de que contemos con una ordenación racional y razonada que evite tentaciones especulativas y proteja los bienes básicos que pueden estar amenazados, entre ellos el suelo y el paisaje. Una pérdida de diversidad en los usos del suelo y una disminución de la calidad paisajística pueden ser los efectos colaterales de una inadecuada o inexistente planificación.

El grupo ecologista indica en su documento de alegaciones que la superficie ocupada por las plantas fotovoltaicas en el término municipal de Alcalá asciende a 2.937 has. lo que representa que más de un 12% del Suelo No Urbanizable se ve afectado ya por plantas o proyectos de plantas fotovoltaicas. Igualmente se expresan otros argumentos importantes tales como que: el proyecto ignora los impactos sobre el acuífero y el nivel freático; se olvida del plan de restauración de la cantera de albero de Las Majadillas; afecta a Gandul, Castillo de Marchenilla y futura Zona Patrimonial gestionada por un Parque Cultural.

También hace hincapié en que la conservación del patrimonio ambiental e histórico constituye una herencia de interés general. Conservarlo es un signo inequívoco de desarrollo sostenible. Los Alcores son un espacio singular y como se reconoce en el POTAUS representa un recurso paisajístico de primer orden.

Alwadi-ira advierte que la rápida expansión de las plantas fotovoltaicas podría llegar a suponer uno de los principales factores de transformación del paisaje en el territorio andaluz, semejante, en cierta medida, al experimentado en el litoral mediterráneo por la proliferación de invernaderos. Evitar o reducir los impactos sobre el paisaje y el suelo de una actividad admisible por la sociedad se convierte en un reto para la política de protección del paisaje.

Alcalá de Guadaíra, 20 de octubre de 2021.


Sociedad Ecologista Teléfono: 722398525

E-mail: alwadi.ira@gmail.com.

Web: www.alwadiira.es

Alwadi-ira – Ecologistas en Acción. Apartado de Correos, 226.

miércoles, 27 de octubre de 2021

EL PAISAJE EN LA CUENCA ALTA DEL RÍO GUADAÍRA


Se trata de un territorio de más de 16.000 h. que se encuentra ubicada al Sur de la provincia de Sevilla y Norte de Cádiz. Limita al Norte con la Campiña Sevillana, al sur con la cuenca del río Guadalporcún, al Este con la cuenca del Carbones y al Oeste con la cuenca del río Salado de Morón. Aunque la mayor parte del mismo pertenece a los municipios de Morón de la Frontera y Coripe, no hay que olvidar que esta cuenca también penetra en la provincia de Cádiz, donde se encuentra su nacimiento oficial, Pozo Amargo, en el término municipal de Puerto Serrano.

Desde el punto de vista geomorfológico, se trata de un extenso territorio compuesto de una sucesión de serrezuelas y lomas, de las que podríamos destacar la sierra de Barbas, la sierra de la Sanguijuela o la Sierra de Pozo Amargo, que a duras penas consiguen elevarse por encima de los 400 m.s.n.m. con honrosas excepciones, como ocurre en el cerro de la Plata, el cerro del Juncoso, el Tranqueo o el cerro de la Pelusa. En este espacio destaca claramente uno de sus elementos, la sierra de Esparteros, no sólo por ser un conjunto monolítico que se eleva sobre las demás sierras adyacentes, sino que por su ubicación en el límite Norte de la Cuenca Alta del río Guadaíra es uno de los hitos paisajísticos más sobresalientes de la provincia de Sevilla.

Los materiales que forman estas pequeñas sierras pertenecen, en general, al denominado subbético indiferenciado, subbético medio septentrional y formaciones paraautóctonas*(* Mapa Geológico de España 1/50.000. Instituto Geológico y Minero de España. 1981), destacando las arcillas, margas, areniscas y yesos, así como las calizas, dolomías y ofitas, todos ellos materiales del Trias, las dolomías, calizas y calizas oolíticas del jurásico, así como las margas, calizas, margocalizas, calcoarenitas, areniscas y moronitas del triásico. 

Dominan el Sureste del territorio, que comprende la Cuenca Alta del Guadaíra, materiales calizas, dolomías y corniolas, así como arcillas, margas, areniscas y yesos, materiales más plásticos y deleznables pertenecientes al Trias; en la zona central, en una amplia franja con dirección Noreste-Suroeste, además de los materiales mencionados destacan, sobre todo, los afloramientos de calizas, margocalizas, calcoarenitas y moronitas del terciario, así como dolomías y calizas del jurásico y todo se encuentra recorrido por materiales aluviales más modernos limos, arenas y cantos del holoceno.

No es el Guadaíra un río que destaque por sus importantes nacimientos de agua, aunque en su cuenca alta éstos sean numerosos como el ya mencionado de Pozo Amargo, el nacimiento de Gaena, el de arroyo Navarrete o el pozo del Salado en Las Panduras. Estos manantiales son los que, poco a poco, irán  dando cuerpo a la red de arroyos que, tributando sus escasas aguas, dan origen al río Guadaíra.

Es esta red de arroyos, entre los que destacan el Talavera, el Salado, el Navarrete o el Aguaderilla, la que en su singladura hacia el río Guadaíra ha ido modelando el territorio a lo largo del tiempo dando lugar a que el Alto Guadaíra muestre en ocasiones un paisaje de cursos de agua encajados entre lomas abarrancadas y agrestes.




El clima de la Cuenca Alta del Guadaíra, de inviernos suaves, veranos calurosos y escasas lluvias, que en años normales no alcanzan los 600 mm., es el responsable de que durante gran parte de los meses de estiaje, estos arroyos a duras penas mantengan alguna humedad en forma de charcas, pequeños manantiales y abrevaderos.



Estas escasas aguas permiten la presencia de fauna silvestre: peces, reptiles, aves y mamíferos, alguno de los cuales, jabalíes, cabra montesa... son la base de una de la importante actividad cinegética, así como la abundante cabaña vacuna, porcina, ovina y caprina. Igualmente han permitido que desde antiguo el hombre haya entrado en contacto con estas tierras, explotado sus recursos y dejado su impronta en el Alto Guadaíra.



El agua y el hombre han sido los elementos que han modelado y modificado el territorio que actualmente es posible observar. Como resultado de la intervención de ambos factores podemos encontrar una interesante variedad de paisajes que van desde cultivos de cereales y plantaciones de olivares, que dominan las zonas más cercanas al núcleo urbano de Morón de la Frontera, así como algunas elevaciones del centro de la Cuenca Alta y pequeñas vegas y vegetas que acompañan a los arroyos y al propio Guadaíra; plantaciones de pinar como las existentes en La Semilla, Las Beatas o Navacerrada; formaciones de pastizal-matorral donde domina el lentisco, el matagallo y la aulaga dedicados a la ganadería vacuna y caprina como en El Santo; formaciones de monte alto que se desarrollan en las laderas de más difícil acceso de numerosos montes y serrezuelas como cerro Gordo, cerro del Juncoso, cerro de La Plata o cerros de Huerta Gaena; amplias zonas donde se mantienen aun importantes espacios de encinares adehesados donde aún es posible ver ganado bravo o formaciones riparias, muchas veces reducidas a duro espinar, que acompaña a los numerosos arroyos y al propio río Guadaíra.

Antonio Gavira Albarrán

 

NOTA DE PRENSA: VERTIDOS DE SALMUERA EN LA CORNISA DE LOS ALCORES

Alwadi-ira –Ecologistas en Acción- ha puesto en conocimiento del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) el depósito de salmuera que se está realizando en varias balsas existentes en plena Cornisa de Los Alcores.

Las balsas se encuentran en término municipal de Mairena del Alcor a pie de la vía verde que une Alcalá con Carmona. Mediante camiones cisternas se vienen depositando salmuera procedente del aderezo de la aceituna. Alwadi-ira el pasado año, a principios de diciembre, puso en conocimiento del Seprona, el Ayuntamiento de Mairena del Alcor y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir esta situación mediante sendos escritos.  Se considera que estas balsas pudieran estar atentando contra la ordenación del territorio, contaminando el acuífero Sevilla-Carmona y poniendo en riesgo la cuenca del Guadaíra, ante una rotura o desbordamiento.

Los ecologistas indicaban en sus escritos anteriores igualmente que debe tenerse en cuenta el Decreto 267/2009, de 9 de junio, por el que se aprueba el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla (POTAUS), que protege el escarpe de Los Alcores “ya que constituye un recurso paisajístico de primer orden.”, recogiendo y actualizando la protección establecida en el Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Sevilla, donde la cornisa de Los Alcores aparece como suelo no urbanizable especialmente protegido, que debe ser incorporada al planeamiento urbanístico general en base a dos cuestiones: su significación y relevancia paisajística y la existencia de riesgos de erosión y deslizamiento.

Alwadi-ira ha solicitado al Seprona que investigue los hechos, realice los correspondientes informes con el fin de que se tomen las medidas necesarias para que cesen los vertidos, se restaure el daño causado y se depuren responsabilidades.

En Alcalá de Guadaíra a 26 de octubre de 2021. 

Sociedad Ecologista Teléfono: 722398525 E-mail: alwadi.ira@gmail.com. Web: www.alwadi-ira.es Alwadi-ira - Ecologistas en Acción. Apartado de Correos 226.