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lunes, 16 de febrero de 2026

Crónica de un Martes Santo: Visita al paraje del Arroyo del Almendrillo, cuenca del río Guadaíra (3 de abril de 2016)

Cuando el día 3 de abril, martes Santo, un grupo de amigos acudimos a las sierras de Morón para conocer el arroyo del Almendrillo, uno de los arroyos que será objeto de estudio dentro del proyecto multidisciplinar sobre la cuenca alta del río Guadaíra, no pudimos quedar más que asombrados ante tanta belleza.

           Accedimos al lugar desde la carretera de Morón de la Frontera a Pruna. Habíamos recorrido unos diez kilómetros cuando nos desviamos por un carril, la vía pecuaria Cordel de Olvera Antigua; unos minutos más tarde, Pablo detuvo el vehículo junto al camino.


Bajamos del todoterreno en medio de una verde llanura cerealista, rodeada de pequeñas elevaciones cubiertas de dehesas de encinas y matorral. El arroyo Delgado, prácticamente deforestado, recorría el lugar buscando una salida entre los cerros circundantes, Los Yesos, La Romanilla, Reina Marín...

Iniciamos el sendero persiguiendo sus escasas y limpias aguas y fuimos penetrando en una hermosa vaguada, solo transitada por animales, donde la vegetación se hizo más densa. El camino discurría junto al arroyo, que ahora lucía majestuoso, donde no faltaba el quejigo, el aladierno, el espino majoleto, la madreselva...

Al poco, un nuevo curso de aguas se sumó al que traíamos, formando el arroyo de Las Mozas, y juntos continuaron su tranquilo discurrir hacia su hermano mayor, el Talavera.


Tras salvar un pequeño vado, donde descubrimos restos de presencia de la esquiva nutria, salimos de este bello rincón dando paso a unos trigales alomados y, reconociendo allá a lo lejos, en el sureste el Cerro de La Plata, nos vino a la memoria la grata jornada de senderismo del 24 de diciembre de 2005, cuando, tras el esfuerzo realizado hasta su cima, pudimos ver a nuestros pies unas praderas verdes moteadas de encinas, numerosos arroyos, pequeños quizás, pero embelleciendo el entorno y, mirando hacia el horizonte nuestras manos parecían alcanzar otras sierras más lejanas, Lijar, Grazalema, El Tablón...

En la tarde soleada de la joven primavera continuamos nuestro recorrido, entre animados comentarios, atravesando el arroyo de La Encarnación, hacia el del Almendrillo, donde una nueva sorpresa, no la última, nos depararía la jornada. Una alta alameda, aún sin cubrir, y a sus pies una exuberante pradera, donde alguna orquídea, poco decidida, despuntaba entre el herbazal y, en cada álamo, un nido de pájaro carpintero.

Tras un breve descanso decidimos retornar, no sin antes visitar otra joya de esta sierra, el arroyo del Lentisquillo. ¡Qué hermosas orquídeas pudimos admirar! ¡Hasta cinco especies distintas, algunas espectaculares!

Así llegamos a un pequeño bosquecillo de quejigos de ribera. Penetramos en él y tuvimos la sensación de haber pasado a otro tiempo, a otro lugar. ¿Serán así los bosques septentrionales? Una capa de hojarascas cubría el suelo, moteado de jacintos.

La tarde ya había envejecido cuando volvimos a cruzar el arroyo de la Encarnación. Lo fuimos acompañando un buen rato, mientras las sombras de tarde se apoderaban de los fresnos y quejigos de la ribera. Tras salvar un pequeño puerto, vimos a lo lejos el todoterreno que debía llevarnos nuevamente a Morón. La jornada estaba llegando a su fin.

La tarde había sido magnífica; en buena compañía habíamos disfrutado, en plena naturaleza, del río Guadaíra, pero comprendíamos que era muy difícil que otras personas llegaran a conocer algún día estos parajes. Nosotros habíamos tenido que salvar cuatro vallados metálicos y aun así, había sido necesario que Pablo consiguiera permiso para transitar por aquellos lugares. No podíamos olvidar las palabras de Pablo a cerca de los propietarios de las fincas serranas. Estos se consideran dueños de toda la sierra, de los caminos, vías pecuarias, riberas e incluso de los animales.

 Antonio Gavira Albarrán


lunes, 6 de marzo de 2023

Un nacimiento del río Guadaíra en Gaena y las salinas de Morón

 


El seis de agosto de 2022 salimos de Alcalá para visitar uno de los nacimientos del río Guadaíra en Gaena. Sin embargo, los planes iniciales se vieron desbordados, como veremos seguidamente.

 

Para empezar, desayunamos en un lugar imprevisto. Habíamos dejado pasar la venta de La Vega, y en La Ramira nos dijeron que aún no estaba abierta al público. En Morón, el kiosco de Las Papas, famoso por sus calentitos, y los bares de alrededor se encontraban cerrados. Anduvimos callejeando con el coche hasta dar con El Moral, un bar de barriada obrera que ha tomado el nombre de la majestuosa morera que lo cobija. Lógicamente, ya tenía su público. Nada más traspasar la entrada, colgado en la pared de la izquierda, un cráneo de carnero, de cornamenta prominente, nos siguió con su mirada mientras íbamos aproximábamos a una barra que parecía estar sostenida por algunos clientes. Frente a nosotros, una pizarra anunciaba bebidas y tapas apetitosas con sus respectivos precios. Después de pedir las tostadas y los cafés a una señora, con la que casi no intercambiamos palabra, nos sentamos a la luz de una ventana donde conversamos sobre recuerdos de rutas pretéritas y de una actualidad que la veíamos cargada de incertidumbres.

 

Salimos de allí repitiendo los mismos requiebros en el callejero de Morón, hasta que logramos enfilar la carretera C-339 dirección Coripe.

 

Como siempre, la Sierra de Esparteros se nos mostraba majestuosa. Al pasar por la venta del mimo nombre nos acordamos de Antonio, con el que todos habíamos estado allí en algún momento. Cruzamos el Guadaíra y proseguimos la ruta por la serpenteante y ascendente carretera, llena de paisajes agrícolas, forestales y ganaderos. Dejamos atrás Pozo Amargo. Al poco, tomamos la salida a Gaena y aparcamos el coche a unos ochocientos metros de la carretera. La mayoría acepta que allí, entre adelfas, higueras, acebuches y juncos, se encuentra uno de los posibles nacimientos Guadaíra.

 

El nacimiento de un río estaría determinado por el manantial situado en la cota más alta y con un caudal constante. Este punto reúne hoy el primero de los requisitos y no el segundo, debido a la pertinaz sequía que nos golpea desde hace varios años. Al parecer, se encuentran tres surgencias en la zona de Gaena y dos en Pozo Amargo, a las que se les considera como nacimientos del río Guadaíra. Las cinco se unen un par de kilómetros más abajo quintuplicando la envergadura del cauce cuando las precipitaciones lo permiten.

 

Después de cumplido el objetivo propuesto, comenzamos el regreso por la misma carretera que nos había traído hasta allí. En el descenso, mientras mi mirada se perdía por la ventanilla contemplando unos paisajes ondulados, pajizos y ardientes, pero llenos de vida, los recuerdos se agolpaban por mi cabeza en semejante número a de curvas que tomábamos. Cárcavas, cerros, peñas, arrolladas y praderas en las que tanto disfrutó mi hermano con sus amigos.  

 

Dejamos atrás el antiguo y abandonado balneario de aguas sulfurosas de Pozo Amargo, del que Pascual Madoz, en 1840, ya señalaba algunas de sus cualidades.



Paramos para conocer las salinas denominadas “del Consejo”, dado que abastecían al consejo de Morón desde época medieval, pero que en 1941 pasaron a pertenecer, junto al balneario, al municipio de Puerto Serrano. El coche lo dejamos al pie de la carretera. Nos adentramos en la finca como pudimos y anduvimos por un camino entre tarajes y acebuches que rezumaban diminutas gotitas salobres.

 

Las surgencias aparecieron antes de llegar a las balsas utilizadas para la producción de sal. Estas se nutren de un escuálido manantial que aflora en la ladera más inmediata. Por gravedad, el preciado líquido se deposita en las diferentes balsas obteniéndose la sal por evaporación. Un herrumbroso motor, junto a unos cobertizos en ruinas y un pozo, con brocal circular, componían el resto de las instalaciones.  

 

Dejamos las salinas en manos de una Araña Tigre Agriope Lobata. Cruzamos nuevamente el río Guadaíra. Atrás quedó la sierra y continuamos nuestro camino de regreso con el enorme hueco que nos dejó mi hermano en el alma y el corazón.   

 

Francisco José Gavira Albarrán

 


viernes, 11 de enero de 2019

Guía de campo de las orquídeas silvestres de la Cuenca Alta del Río Guadaíra.


La Cuenca Alta del río Guadaíra es un territorio que cuenta con una gran riqueza botánica. Este estudio pretende dar a conocer una de las familias más recientes del Reino de las Plantas, las orquídeas (orchidaceae), para ello se ha realizado un trabajo de campo que ha durado algo más de dos años y se han obtenido como resultado evidencias de la presencia en este territorio de, al menos, entre 21 y 25 especies y subespecies de orquídeas agrupadas en 5 géneros, lo que suponen entre el 27,7% y el 38,46% de las orquídeas andaluzas
PAISAJE Y TERRITORIO

La Cuenca alta del río Guadaíra es un territorio de más de 16.000 h. que se encuentra ubicada al Sur de la provincia de Sevilla y Norte de Cádiz. Limita al Norte con la Campiña Sevillana, al sur con la cuenca del río Guadalporcún, al Este con la cuenca del Carbones y al Oeste con la cuenca del río Salado de Morón. Aunque la mayor parte del mismo pertenece a los municipios de Morón de la Frontera y Coripe, también penetra en la provincia de Cádiz, donde se encuentra su nacimiento oficial, Pozo Amargo, en el término municipal de Puerto Serrano.

Desde el punto de vista geomorfológico, se trata de un extenso territorio compuesto de una sucesión de serrezuelas y lomas, de las que podríamos destacar la sierra de Barbas, las lomas del Pinalejo, la sierra de la Sanguijuela, la sierra de Las Trabas o la Sierra de Pozo Amargo, que a duras penas consiguen elevarse por encima de los 400 m.s.n.m. con honrosas excepciones, como ocurre en el cerro de la Plata, el cerro del Juncoso, el Tranqueo o el cerro de la Pelusa. En este espacio destaca claramente uno de sus elementos, la sierra de Esparteros, no sólo por ser un conjunto monolítico que se eleva sobre las demás sierras adyacentes, sino que por su ubicación en el límite Norte de la Cuenca Alta del río Guadaíra es uno de los hitos paisajísticos más sobresalientes de la provincia de Sevilla.

Antonio Gavira Albarrán
José Rodríguez Diaz