sábado, 1 de enero de 2022
Ruta: Matallana, El cortijo de La Viuda, el cordel de Mairena, el arroyo de Guadairilla, el Cordel de Gallegos, la hacienda de La Palma, el cortijo de La Armada, Guadalperal, un yacimiento arqueológico y los proyectos fotovoltaicos que afectarán a la zona.
jueves, 30 de diciembre de 2021
Ruta: Matallana, El cortijo de La Viuda, el cordel de Mairena, el arroyo de Guadairilla, el Cordel de Gallegos, la hacienda de La Palma, el cortijo de La Armada, Guadalperal, un yacimiento arqueológico y los proyectos fotovoltaicos que afectarán a la zona.
Fecha y hora: domingo, 16 de enero 2022, a las 9:00h.
Salimos: en coche
particulares desde la portada de la feria. Importante optimizar asientos
disponibles, por tema de aparcamientos.
Distancia:
11 km (circular).
Dificultad: Baja-Media.
Calificación: Extraordinaria.
Arroyo
de Guadairilla en la intercepción con la vía pecuaria cordel de Mairena.
La ruta de hoy tiene unos 11 kilómetros y
la podemos realizar en cuatro horas contando con las paradas. Desde Alcalá de
Guadaíra tomaremos la carretera A-360, dirección Morón de la Frontera. A unos 7
km la cruza el cordel de Mairena, punto donde estacionaremos el coche. El
objetivo es conocer la campiña de Alcalá de Guadaíra su patrimonio histórico y
natural amenazado.
Aparcaremos a la izquierda de la carretera, donde estuvo
el rancho de Don Paulino, del que aún dan testimonio dos palmeras
datileras que perdieron la vida devoradas por el picuro rojo y un pozo
abrevadero. A la derecha, distante unos doscientos metros, divisaremos las
ruinas del cortijo de La Viuda o del Árbol.
Cortijo de La Viuda o rancho del Árbol
La distancia desde la carretera al arroyo
de Guadairilla es de un kilómetro. Este tramo de la ruta discurre
por la vía pecuaria cordel de Mairena.
Estos caminos solitarios a veces constituyen refugios
para la diversidad de la naturaleza. Aquí hemos podido constatar la presencia
de majuelos, zarzas, olivillas, palmas, alguna chumbera deteriorada por
la cochinilla y un número importante de herbáceas, entre todas ellas hoy
destacamos el hinojo, utilizado en el aliño de las aceitunas.
Espino
majuelo y palmas en el cordel de Mairena.
La ruta continúa de frente,
por la vía pecuaria. Pronto llegamos a un padrón formado por el arbusto
espinoso llamado conocido como espino negro, que hace de
barrera infranqueable de las tierras que pertenecen al cortijo de
Rosalejos, luego a una desvencijada verja. A partir de aquí la
impenetrable vegetación nos obliga a desplazarnos unos metros hasta conectar
con el cordel de Gallegos. En este último tramo aún podemos
ver algunas encinas dispersas.
Nosotros continuaremos por el cordel de Gallegos otros setecientos metros, hasta llegar a la hacienda de La Palma.
En las inmediaciones de la hacienda podemos constatar la abundancia de material cerámico de diversa técnica, época y funcionalidad.
Hacienda de La Palma.
Continuaremos por el cordel de Gallegos hasta el
cortijo de La Armada. Desde este punto, continuaremos hasta el arroyo de
Guadairilla por el camino de La Bomba. Tomaremos el arroyo por el
margen derecho en el sentido de la corriente. En el primer tramo abundan los
eucaliptos, luego, podemos comprobar la presencia de olmos, tarajes, espinos, etc.
Pararemos unos instantes en los restos de un yacimiento arqueológico
descubierto recientemente. En esta zona abundan y las cardenchas, que
fueron utilizada en la antigüedad para escardar la lana, entre otras muchas
utilidades, mostrándonos unos encuadres únicos y muy desconocidos para el
paseante de Alcalá de Guadaíra, por lo apartado de estas hazas.
Estructura
compuesta de sillares junto al arroyo de Guadairilla.
Panorámica
del arroyo, donde predominan las cardenchas.
La vegetación continúa prosperando en el arroyo
mostrándonos una imponente acacia, merecedor de su inclusión en el
catálogo de árboles singulares.
Mapa
de la ruta.
Francisco José Gavira Albarrán
domingo, 4 de julio de 2021
Entre los arroyos de Rosalejos y Guadairilla.
La ruta de hoy
tiene ocho kilómetros, es circular y no presenta dificultad salvo en época
de lluvias. Su duración es de tres horas contando con las paradas necesarias
para disfrutar plenamente de la naturaleza. Desde Alcalá de Guadaíra, tomaremos
la carretera de Morón para estacionar el coche en el cruce con el cordel de
Mairena, junto a lo que fue el rancho de Don Paulino.
Iniciaremos el
paseo cruzando la carretera en dirección al cortijo de La Viuda o del
Árbol, que dejaremos a nuestra izquierda, hasta llegar al arroyo de
Guadairilla, donde merece la pena pararnos unos instantes. Este primer
tramo, de aproximadamente un kilómetro, cuenta con un pequeño pero interesante
núcleo de palmas y espinos majuelos. A finales de mayo, la tierra calma a
nuestro alrededor la vimos sembrada de trigos, girasoles y garbanzos.
Núcleo de palmas y espinos en el cordel de Mairena.
La “pasá” del
arroyo mantenía un charcón a la izquierda. Los carrizos, eneas o
espadañas, tarajes, zanahorias silvestres, entre otras plantas, le daban un
aspecto frondoso e impenetrable. Un cangrejo rojo se desplazaba en
busca de un lugar más conveniente. Las golondrinas, vencejos y aviones, con sus
frenéticos aleteos y bruscos giros, daban buena cuenta de la abundancia de
mosquitos. También aquí, un biólogo amigo constató la presencia de nutrias por
sus excrementos.
La ruta continúa de frente, por la vía pecuaria. En este segundo tramo vimos cómo la cochinita del carmín, Dactyopius coccus, debilitaba las chumberas, Opuntia ficus-indica. A la derecha, a unos trescientos metros, divisábamos un par de árboles, testigos delatores de la presencia de unos pozos, posiblemente en el lugar donde estuvo el rancho conocido por algunos como Rancapinos. Estamos en una zona que, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, formaba parte de una dehesa y cerrado de toros.
Al fondo, árboles testigos. En esa zona hubo una dehesa a mediados del
siglo pasado.
Pronto llegamos a
un padrón formado por el arbusto espinoso llamado rhannus licioides,
que hace de barrera infranqueable de las tierras que pertenecen al cortijo
de Rosalejos, luego a una desvencijada verja, y a partir de aquí la
impenetrable vegetación nos obliga a desplazarnos unos metros hasta conectar
con el cordel de Gallegos. En este último tramo aún podemos ver
algunas encinas dispersas. Sin embargo, desde la verja, los ciclistas continúan
por el camino que parte perpendicular al cordel y que discurre en dirección
al cortijo de la Armada.
Una vez en el
cordel de Gallegos, lo tomaremos a la izquierda durante un kilómetro, hasta
llegar al arroyo de Rosalejos, que viene desde las tierras
del cortijo de Valdivieso y de la desaparecida hacienda
de Cuca Noche hasta su desembocadura en el Guadairilla, y que veremos
sin agua salvo en la época de lluvias. Desde este punto proseguiremos por su
margen derecha durante cuatrocientos metros. Este tramo cuenta con una olmeda
tupida, salpicada de espinos, zarzas, higueras, eucaliptos, rosas silvestres y
zarzaparrilla, la smilax aspera, refugio seguro y apartado para
numerosas aves.
El Guadairilla, penúltimo tramo de la ruta.
Este nuevo tramo
constituye un oasis de vida, donde se encuentra el mayor tarajal, Tamarix
africana, de todo el término municipal de Alcalá de Guadaíra. También
cuenta con olmos, espinos y algún piruétano. Cuando anduvimos por allí, la
presencia de agua era patente en todo este tramo. El trino de los pájaros nos
acompañó y una pareja de ánades reales o azulones levantó el vuelo a nuestro
paso.
Cuando nuevamente
lleguemos al cordel de Mairena, giraremos a la derecha para alcanzar el punto
de partida.
martes, 4 de mayo de 2021
El cortijo de La Viuda, el cordel de Mairena, el arroyo de Guadairilla y un yacimiento arqueológico.
La ruta de hoy tiene unos ocho kilómetros, es circular y la podemos realizar en tres horas contando con las paradas. Desde Alcalá de Guadaíra tomaremos la carretera A-360, dirección Morón de la Frontera. A unos 7,5 km la cruza el cordel de Mairena, punto donde estacionaremos el coche.
A la izquierda de la calzada estuvo el rancho de Don Paulino, del que aún dan testimonio dos palmeras datileras que perdieron la vida devoradas por el picuro rojo, una especie de coleóptero de la familia de los gorgojos [i]. A la derecha, distante unos doscientos metros, divisaremos las ruinas del cortijo de La Viuda. Según un jornalero octogenario, también se le conoce como rancho del Árbol [ii]. Una vez allí, se distinguen dos partes bien diferenciadas, una relativamente moderna, donde se utilizó el ladrillo y la uralita como materiales de construcción, y otra más antigua, posiblemente de mediados del siglo XIX, levantada con muros de tapial a la sombra de un imponente pero enfermizo eucalipto. Las tierras de labor del entorno se siembran de girasol, trigo y garbanzos, que rotan de un año para otro para evitar el agotamiento del suelo.
Cortijo
de La Viuda o rancho del Árbol.
La distancia desde la
carretera al arroyo de Guadairilla es de un kilómetro. Este tramo
de la ruta discurre por la vía pecuaria cordel de Mairena, y, como
ocurre con la mayoría de los caminos de la trashumancia, el que hoy transitamos
también se encuentra usurpado a lo largo de todo su recorrido. Debería tener
37,5 metros de anchura y, en el mejor de los casos, ha quedado reducido a unos
tres metros.
Estos caminos
solitarios a veces constituyen refugios para la diversidad de la naturaleza.
Aquí hemos podido constatar la presencia de majuelos, zarzas,
olivillas, palmas, alguna chumbera deteriorada por la cochinilla y un número
importante de herbáceas, entre todas ellas hoy destacamos el hinojo Foeniculum
vulgare, utilizado en el aliño de las aceitunas y de cuyos tallos tiernos
dieron buena cuenta algunos de los amigos que me acompañaron el día de la ruta.
Hasta finales de los
años cincuenta del pasado siglo, este tramo de la vía pecuaria formaba parte
indisoluble de una imponente dehesa en los márgenes de lo que se conoce con el
nombre de Matallana, muy nombrada en las memorias de Leandro José
de Flores, el Padre Flores. [iii]
A primeros de abril, a
pesar del déficit hídrico que padecemos, hemos visto el arroyo de Guadairilla
con agua en su intercepción con la vía pecuaria. Un catedrático de zoología que
nos acompañaba constataba la presencia de nutrias, por las heces
depositadas allí, de garzas, por las pisadas en el limo, y
del cangrejo rojo, alimento suculento para estos dos depredadores.
Aguas arriba divisábamos un apretado tarajal, aproximadamente donde desemboca el arroyo de Rosalejos, precedido de las comunes eneas o espadañas y de una importante muestra de plantas acuáticas, entre las que pudimos distinguir, entre otras, berros y mastrantos. Comentábamos que no es de extrañar que en este tramo del arroyo aflore una surgencia de agua, ya que dos kilómetros más abajo el cauce se encuentra completamente seco.
Continuamos nuestra marcha por el margen derecho del arroyo. En esta zona los cañizos se sucedían a las cardenchas, dipsacus fullonus, que fueron utilizada en la antigüedad para escardar la lana, entre otras muchas utilidades, mostrándonos unos encuadres únicos y muy desconocidos para el paseante de Alcalá de Guadaíra, por lo apartado de estas hazas. [iv]
Panorámica
del arroyo, con cañizos en primer plano.
Un par de cuervos nos
sobrevolaron en dirección al cortijo de La Armada. Las terreras y
las cogujadas dieron tema de conversación. Los pequeños insectívoros con sus
chirridos, silbidos y trinos se camuflaban en los carrizos, mientras tres
ánades reales nos sobrevolaron en dirección al cortijo de Juan Abad.
Mientras escuchábamos el canto del alcaraván, continuábamos intentando fotografiar a un escurridizo curita o aceitera común, cuyo nombre científico es Berberomeloe majalis, y que, al parecer, constituyen un bocado poco apetecible para las aves por su toxicidad.
Hay días donde, como se dice, todo sale a pedir de boca. Este fue uno de ellos, pues cual no fue nuestra sorpresa al descubrir una imponente estructura compuesta por sillares de piedra caliza alberiza, con unas dimensiones aproximadas de 110 x 40 cm, formando dos filas paralelas, con relleno interior, que pudieran pertenecer a un puente que vadease el arroyo en ese punto. También se barajaron otras posibilidades, en todo caso, no pudimos datarlo. Eso sí, constatamos la presencia de alguna tégula romana en las inmediaciones. Dado que dicho yacimiento arqueológico no se encuentra catalogado, según hemos podido comprobar en la cartografía del PGOU, consideramos pertinente y necesario su estudio y protección mediante su inclusión en el Texto Refundido NNUU de Alcalá de Guadaíra. [v]
Cuando lleguemos a la
intercepción del camino conocido como del Pozo de la Bomba, con el
arroyo del Guadairilla, regresaremos por un camino, continuado por un padrón,
donde el glifosato [vi] ha
hecho acto de presencia hasta desembocar en el cordel de Mairena. Este último
tramo pertenecía al desaparecido camino de Alcalá a Los Molares.
Hemos disfrutado de un
espacio solitario, con una gran variedad de avifauna y vegetación y la sorpresa
de haber descubierto un yacimiento arqueológico no catalogado.
[i] En
el mapa topográfico de 1872, elaborado por el Instituto Geográfico, se le
nombra Rancho de Ricardo.
[ii] También
conocido como rancho Pavitonto.
[iii] Una
dehesa con un total de 554 hectáreas.
[iv] Porción
de tierras de labrantía.
[v] BOP,
de 26 de abril de 1994, cuya actualización tuvo lugar el 15 de octubre de 2018,
en concreto añadiéndolo a la relación del artículo 447. Yacimientos
catalogados.
[vi] Herbicida.
























