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jueves, 30 de diciembre de 2021

Ruta: Matallana, El cortijo de La Viuda, el cordel de Mairena, el arroyo de Guadairilla, el Cordel de Gallegos, la hacienda de La Palma, el cortijo de La Armada, Guadalperal, un yacimiento arqueológico y los proyectos fotovoltaicos que afectarán a la zona.

Fecha y hora: domingo, 16 de enero 2022, a las 9:00h.

Salimos: en coche particulares desde la portada de la feria. Importante optimizar asientos disponibles, por tema de aparcamientos.

Distancia: 11 km (circular).

Dificultad: Baja-Media.

Calificación: Extraordinaria.

Arroyo de Guadairilla en la intercepción con la vía pecuaria cordel de Mairena.

La ruta de hoy tiene unos 11 kilómetros y la podemos realizar en cuatro horas contando con las paradas. Desde Alcalá de Guadaíra tomaremos la carretera A-360, dirección Morón de la Frontera. A unos 7 km la cruza el cordel de Mairena, punto donde estacionaremos el coche. El objetivo es conocer la campiña de Alcalá de Guadaíra su patrimonio histórico y natural amenazado.

Aparcaremos a la izquierda de la carretera, donde estuvo el rancho de Don Paulino, del que aún dan testimonio dos palmeras datileras que perdieron la vida devoradas por el picuro rojo y un pozo abrevadero. A la derecha, distante unos doscientos metros, divisaremos las ruinas del cortijo de La Viuda o del Árbol

Cortijo de La Viuda o rancho del Árbol

La distancia desde la carretera al arroyo de Guadairilla es de un kilómetro. Este tramo de la ruta discurre por la vía pecuaria cordel de Mairena.

Estos caminos solitarios a veces constituyen refugios para la diversidad de la naturaleza. Aquí hemos podido constatar la presencia de majuelos, zarzas, olivillas, palmas, alguna chumbera deteriorada por la cochinilla y un número importante de herbáceas, entre todas ellas hoy destacamos el hinojo, utilizado en el aliño de las aceitunas.

Espino majuelo y palmas en el cordel de Mairena.

La ruta continúa de frente, por la vía pecuaria. Pronto llegamos a un padrón formado por el arbusto espinoso llamado conocido como espino negro, que hace de barrera infranqueable de las tierras que pertenecen al cortijo de Rosalejos, luego a una desvencijada verja. A partir de aquí la impenetrable vegetación nos obliga a desplazarnos unos metros hasta conectar con el cordel de Gallegos. En este último tramo aún podemos ver algunas encinas dispersas. 

Padrón en las proximidades del cortijo de Rosalejos.
Último tramo del cordel de Mairena. Al fondo, el cordel de Gallegos

Nosotros continuaremos por el cordel de Gallegos otros setecientos metros, hasta llegar a la hacienda de La Palma.

En las inmediaciones de la hacienda podemos constatar la abundancia de material cerámico de diversa técnica, época y funcionalidad.

Hacienda de La Palma.

Continuaremos por el cordel de Gallegos hasta el cortijo de La Armada. Desde este punto, continuaremos hasta el arroyo de Guadairilla por el camino de La Bomba. Tomaremos el arroyo por el margen derecho en el sentido de la corriente. En el primer tramo abundan los eucaliptos, luego, podemos comprobar la presencia de olmos, tarajes, espinos, etc. Pararemos unos instantes en los restos de un yacimiento arqueológico descubierto recientemente. En esta zona abundan y las cardenchas, que fueron utilizada en la antigüedad para escardar la lana, entre otras muchas utilidades, mostrándonos unos encuadres únicos y muy desconocidos para el paseante de Alcalá de Guadaíra, por lo apartado de estas hazas.  

Estructura compuesta de sillares junto al arroyo de Guadairilla.

Sillares

Panorámica del arroyo, donde predominan las cardenchas.

Panorámica del arroyo, con cañizos en primer plano.

La vegetación continúa prosperando en el arroyo mostrándonos una imponente acacia, merecedor de su inclusión en el catálogo de árboles singulares. 

Fresno en el Guadairilla

Mapa de la ruta.



Francisco José Gavira Albarrán





sábado, 26 de junio de 2021

El arroyo de El Novillero y un pozo artesiano como testigo de la cultura del agua.

 

Arroyo de El Novillero 

La ruta que te proponemos tiene siete kilómetros, es circular y la puedes realizar tres horas, incluyendo las paradas. Desde Alcalá de Guadaíra, tomaremos la carretera de Morón. Una vez que hemos pasado el puente de La Vega, a la altura del rancho de Bulnes, que lo veremos a la izquierda, cruza la Cañada Real de Morón. En este punto giraremos a la derecha para acceder a la parte alta del descansadero de Trujillo, donde se puede dejar estacionado el coche. [1]

Dependiendo de la estación, la ruta presenta más o menos dificultades. En un invierno lluvioso resultará más complicado seguir el curso del arroyo; y en verano, dadas las altas temperaturas, aconsejamos aprovechar las primeas horas del día. Nosotros anduvimos por allí a primeros de mayo, con una temperatura agradable y un cielo completamente despejado.

El primer tramo, de un kilómetro y medio, discurre por el camino de El Pozo de la Bomba, que comienza inmediatamente a la izquierda de donde hemos dejado el coche. A nuestro paso, la tierra calma la vimos cubierta de trigales ya granados que empezaban a amarillear, y de girasoles, con un verde intenso, aún sin las panochas que los caracterizan. Después de dejar atrás una granja y algunas palmas en los bordes del camino llegamos al arroyo de El Novillero, que, en este punto, como casi siempre, no llevaba agua.

Ese día tomamos el margen derecho del arroyo, en dirección a la corriente. En los primeros 200 metros, en la fresca hierba, abundaban los caracolillos que conocemos popularmente como blanquillos y las cabrillas. La inexistente vegetación arbórea y arbustiva, salvo algún taraje solitario, permitía que los cardos, el carrizo y la avena loca fueran los protagonistas y el refugio para jilgueros, verdones y una gama de insectívoros, que, con su canto, amenizaron nuestra marcha. Alguna perdiz levantó el vuelo a nuestro paso.


Los cardos y la avena loca.

El carrizo.

En la orilla opuesta a nuestra marcha, la presencia de un olivar nos motivó a cambiar de margen, cosa que hicimos sin dificultad. El arroyo continuaba sin agua. En el siguiente kilómetro, la vegetación se hizo cada vez más abundante. Después de dejar atrás una “pasá”, que permitía vadearlo, y un imponente eucalipto que divisábamos ya desde lejos, llegamos al cortijo de Las Llamas o del Estanquero, como aparece en el topográfico de 1872 y otros posteriores, aunque algunos lo conocen como el rancho de Manuel Lara. Aquí tuvimos que cambiar de margen debido a un vallado del cortijo que se prolongaba internándose en la cerrada vegetación del arroyo.

En este nuevo tramo, de 1,3 kilómetros, abundan las zarzas, las higueras y los eucaliptos, el espino majuelo, algunos almendros, olmos, rosales, entre otras especies que conforman un entorno selvático impenetrable. El agua se hizo presente en el cauce en aquellos puntos donde la maleza nos permitió aproximarnos. En estos puntos pudimos observar el lodo revuelto y huellas que delataban la presencia de jabalíes en la zona.

Zarzas, eucaliptos y girasoles.

El agua en el arroyo.

Fue una auténtica sorpresa encontrarnos con un interesantísimo pozo artesiano con brocal abrevadero [2]. Este discurría a su alrededor, formando un círculo casi completo. En su interior, las paredes se encuentran revestidas con cantos rodados y piedra arenisca. Pudimos comprobar la presencia de agua a unos dos o tres metros de profundidad.

Un brocal singular.

El revestimiento del pozo artesiano.

En la espesura distinguíamos, con dificultad, unos paredones de tapial, a los que nos fue imposible acercarnos debido a la impenetrable pantalla vegetal donde predominaban las zarzas.  Según parece, pertenecieron a una antigua zahúrda [3], ya en ruinas en los años cuarenta del pasado siglo [4].  Unos metros más adelante, también invisible desde el margen de la espesura, resistiendo el paso del tiempo, aún permanecen en pie unos paredones de lo que pudo ser la casa, conservándose el hueco de una ventana con su marco de madera, abrazada por higueras y olmos.

Dentro de la espesura, la zahúrda.

A poco metros de allí, a la derecha del arroyo, entre olivos, el cortijo de Los Manantiales, un nombre muy apropiado dada la abundancia de agua en la zona [5]. El arroyo cruza la cañada de Benagila, que, a modo de presa, permite allí la presencia de una lámina de agua casi todo el año. Desde la cañada, hasta la desembocadura en el río Guadaíra, el agua discurre exclusivamente en los períodos de lluvias. [6]

Después de abandonar su curso, durante unos metros, continuamos hasta su desembocadura en el Guadaíra. Este tramo conserva algunos olmos y tarajes. El 3 de febrero de 2013, el grupo ecologista Alwadi-ira-Ecologistas en Acción, plantó en la zona 190 ejemplares de almeces, fresnos y acebuches, que no llegaron a prosperar debido a un incendio intencionado que tuvo lugar unos meses más tarde.

En la desembocadura del arroyo estuvimos parados un momento disfrutando del cauce del río Guadaíra, rodeados de una abundante vegetación.

Tramo final del arroyo, con el castillo de Marchenilla al fondo.

Finalmente, continuamos por su margen en dirección al puente de La Vega o Trujillo. Es de destacar la estampa desconocida que, desde aquí, se tiene del castillo de Marchenilla. Constatamos que la vegetación de ribera ha prosperado: sauces, álamos, olmos, tarajes, entre otros, que combinando con una abundante flora se propagaba desde la orilla a los trigales, margaritas, amapolas, carihuelas, cardos, entre otras.

Desde el puente de La Vega o Trujillo, subiremos en dirección a la fuente del El Perro y desde allí al coche.

Desembocadura de El Novillero en el Guadaíra.

De camino al puente de La Vega, con el río a nuestra izquierda.

Río Guadaíra.

[1] Desde aquí parten tres vías pecuarias: el cordel de Marchenilla, la cañada Real de Morón y la cañada de Benagila; también el camino de El Pozo de la Bomba.

[2] Que debería estar catalogado y protegido en el PGOU.

[3] Según el Mapa Nacional Topográfico y Parcelario, elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral en 1945.

[4] Mi padre cuenta que a mediados del pasado siglo ya estaba en ruinas.

[5] Frente al cortijo de Los Manantiales se encontraba el conocido como Rancho Cueto, que contaba con pozo, pilón, pila y horno, según el Mapa Nacional Topográfico y Parcelario, elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral en 1945, y que, al parecer, sería vendido a Pedro Gutiérrez por los Cuetos.

[6] Ídem, se le nombra arroyo de La Estrella. 

Mapa de la ruta.