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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Presentación del libro "Alcalá de Guadaíra: 50 rutas de senderismo alternativas y cuatro relatos." 21 de noviembre de 2025.

 


Buenas tardes a todas y todos. 

Muchas gracias por estar hoy aquí acompañándonos. 

Este libro, Alcalá de Guadaíra: 50 rutas de senderismo alternativas y cuatro relatos, nace con el propósito de dar a conocer nuestro término municipal y la cuenca del río Guadaíra a través de las rutas que Antonio diseñó, así como de otras que tuve el privilegio de recorrer, entre 2019 y 2024, junto a un grupo de amigos.

A través de las páginas de este libro recorreremos vías pecuarias, caminos y riberas del río Guadaíra y sus arroyos, sumergiéndonos en paisajes de singular belleza y en lugares que, aunque cercanos, siguen siendo desconocidos para la mayoría. Son espacios que han sido testigos durante generaciones del paso de agricultores, ganaderos y cazadores, y que hoy son frecuentados también por senderistas y, sobre todo, ciclistas.

El libro se organiza en nueve ámbitos geográficos que van desde el Monumento Natural Riberas del Guadaíra; y las Terrazas del Guadalquivir en nuestro T.M.; hasta el curso del río Guadaíra entre el Molino del Boticario y el Molino de Ojeda, una zona que discurre ya entre los TM de Arahal y Morón de la Frontera.

Cada ruta se complementa con un mapa del itinerario donde se señalan los principales elementos patrimoniales del recorrido, lo que enriquece la experiencia tanto del lector como del caminante.

Además, muchas de estas rutas incluyen notas a pie de página que aportan datos, anécdotas y reflexiones que nos ayudan a comprender y valorar plenamente la situación actual de nuestro patrimonio. Como información práctica, cada itinerario indica de antemano su grado de dificultad —alto, medio o bajo—, el tiempo aproximado para recorrerlo y la distancia total en kilómetros. 

El libro cuenta con un prólogo compartido en el que los autores nos presentan a Antonio y al senderismo a través de sus propias vivencias junto a él en las rutas.

Joaquín Ordóñez señala que quien participaba en una ruta con Antonio sabía perfectamente que todo estaba cuidadosamente organizado; que no se caminaba con prisa para terminar antes que nadie; que se hacían las paradas necesarias tanto para reagruparse como para escuchar explicaciones; y que siempre iban a aprender algo: a conocer un camino vecinal, una vía pecuaria desconocida o a descubrir restos arqueológicos en el lugar más inesperado.

Rafael Robles dice de Antonio que su conexión con la tierra no era solo un acto de contemplación, sino un diálogo constante con el paisaje que amaba, donde cada humilde arbusto y cada sendero parecían reflejar su gratitud y cuidado.

David Cristel nos revela que cada excursión al campo con Antonio se transformaba en una lección continua. Un proceso de aprendizaje que, además, se retroalimentaba en intensos debates científicos donde el intercambio de ideas nos impulsaba a dudar, a reflexionar y, en definitiva, a no cesar en el camino del conocimiento.

Manuel López García recuerda que el senderismo va más allá del simple hecho de caminar: implica mirar con ojos renovados, redescubrir lo que creíamos conocer y atesorar cada paisaje como parte inseparable de nuestra propia historia. Lo expresa en el prólogo con las siguientes palabras: «Cuántas veces habremos recorrido el trecho entre la torre de la Membrilla y la barranca del río… y nunca fue la misma ruta». Y añade, con acierto: «No hace falta alejarse de Alcalá para disfrutar del paisaje. Aunque caminar solo tiene su encanto, una ruta siempre será más rica en compañía».

José Rodríguez destaca en Antonio la figura del auténtico descubridor de rutas. Yo me atrevería a ir más allá: Antonio no solo trazó caminos físicos, sino también simbólicos.

Pero, efectivamente, recorrió una y otra vez las veredas, trazó itinerarios, recopiló datos con meticulosidad y rescató del olvido historias y leyendas —como las de “El Bigotes de Alcalá”, “El niño ahogado en la Cruz de Otívar” o la de la Encina del Cura— que le fueron transmitidas por nuestro padre.

Curro López, a quien Antonio consideraba la persona más idónea para guiar algunas de las rutas que organizaba con tanto esmero, afirma: «Doy fe de que ser invitado a sus salidas al campo llegaba a convertirse en una auténtica experiencia, en la que se intercambiaban conocimientos, se disfrutaba con los cinco sentidos y se convivía a unos niveles poco comunes».

Félix Ventero define —con gran acierto y citando a Reyes Bernal— las rutas de Antonio como «el legado del mago».

Sin duda, poseía una mirada capaz de descubrir belleza y significado donde otros apenas veríamos un simple sendero. Ante un olivar, unos setos vivos, unas hazas de tierra o un arroyo seco la mayor parte del año, él sabía descifrar una historia completa: un paisaje que pedía ser contado y rescatado del olvido.

José Manuel Castro, biólogo, dice de Antonio que, pese a no haber estudiado Biología, contaba con una de las voluntades más firmes y apasionadas, que le permitió adquirir un enorme conocimiento sobre toda nuestra flora; no solo conocía los nombres científicos y comunes, sino que sabía si tenían un uso medicinal, tradicional o una historia asociada para contarte, por lo que siempre era un disfrute estar con él.

Antonio García Mora nos revela en su prólogo el propósito de este libro: por un lado, mostrar las rutas que Antonio diseñó y, por otro, dar a conocer otros parajes de nuestro término municipal mediante itinerarios que no forman parte de aquellas rutas originales. Explica que formamos «un grupo muy variopinto en formación, experiencia vital y conocimiento de la cuenca fluvial, pero todos coincidimos en nuestro amor por la Naturaleza y en la curiosidad por descubrir rincones ignotos del término municipal».

Bueno, pues de todas las personas que he mencionado —y de muchas otras que quedan en el tintero, a las que pido disculpas por que son muchos—, Antonio supo aprender con una humildad auténtica. 

Esta publicación quiere evidenciar también que el patrimonio de Alcalá de Guadaíra trasciende ampliamente sus emblemas más conocidos —el castillo, el Parque de Oromana o los molinos—.

Alcalá, con cerca de 290 km² de término municipal, atesora un patrimonio histórico y natural vasto y diverso: más de 30 molinos harineros, dos castillos, un palacio, iglesias y ermitas; decenas de cortijos y haciendas; innumerables yacimientos arqueológicos de distintas épocas; y un entramado hídrico compuesto por kilómetros de ríos y arroyos como La Torrecilla, Los Sastres, Zacatín, Marchenilla, Guadairilla o Gandul. A ello se suman manantiales —el Mal Nombre, El Perro, Cañiveralejos, Fontanal o Cajul— y extensas galerías subterráneas que recorren el alcor, como las del camino de las Aceñas, Gallegos, Nuestra Señora del Águila, Otívar, Fuensanta o La Retama.

Del mismo modo, más de ciento treinta kilómetros de vías pecuarias —como el Cordel del Gallego, el de Pelay Correa, la Cañada de Benagila o la Cañada Real de Morón— que conforman una amplia red que estructura el paisaje. A ellas se suman antiguos descansaderos y dehesas —Mateos Pablo, la Dehesa Nueva o la de Bucarest—, donde aún hoy es posible contemplar en invierno las bandadas de grullas, un verdadero espectáculo de naturaleza viva.

El paisaje se enriquece, además, con valiosos bosques de galería que acompañan arroyos como el Guadairilla, Rosalejos, La Madre o Gallegos.

En nuestro término prosperan más de mil especies vegetales típicamente mediterráneas, junto a otras propias de zonas serranas —fresas, orquídeas, helechos, entre muchas más—.

Como testigos silenciosos del devenir histórico, pervive un destacado conjunto de cortijos, haciendas y ranchos —La Soledad, Los Ángeles, San José, Zafra, La Piñera, Guadalupe, Majada Alta, Matallana…— que aún resisten la degradación patrimonial de las últimas décadas y relatan, con su sola presencia, el pasado agrícola y económico de estas tierras.

Finalmente, la zona de Gandul constituye uno de los paisajes culturales más valiosos de la provincia: alberga uno de los conjuntos megalíticos más relevantes de Sevilla, restos romanos, un despoblado con elementos medievales, arquitectura señorial, vestigios de infraestructuras rurales y ferroviarias, y un entorno natural singular integrado en el paisaje protegido de Los Alcores: el Toruño, la Mesa, el escarpe y su entorno. 

Hay dos momentos clave que marcaron la relación de Antonio con el senderismo.

El primero fue la primera ruta que organizó para el grupo ecologista Alwadi-ira. Aquella caminata nos llevó al corazón del Parque de Oromana y, entre sus senderos, comenzó todo. Joaquín Ordóñez formaba parte de aquel pequeño grupo —poco más de media docena de personas— que caminamos por primera vez guiados de la mano de Antonio.

El segundo momento llegó muchos años después, en 2018, nuevamente en una ruta organizada por el grupo ecologista: la que sería su última. En esta ocasión caminamos desde el paso de la Nena, junto a la base de Morón, en el término municipal de Arahal, hasta el Puente de Hornillo, sobre el río Guadaíra, ya dentro del término municipal de Morón de la Frontera. 

Para Antonio, como ya hemos visto, cada ruta era mucho más que un simple recorrido. Era, en esencia, una lección de respeto hacia nuestra tierra; una oportunidad para transmitir conocimiento; un espacio de encuentro y, al mismo tiempo, un acto de denuncia frente a su abandono.

Como bien recordaréis, muchas de las personas que estáis aquí, con voz firme y convencida reclamaba en sus rutas una acción decidida por parte de las administraciones para proteger y recuperar nuestra herencia cultural, histórica y ambiental. En cada una de sus palabras latía su filosofía más profunda: «Solo se valora lo que se conoce, y solo se protege lo que se valora».

De ese espíritu de descubrimiento, de valoración, de colaboración, de comunidad y de mirada renovada nace Alcalá de Guadaíra: 50 rutas de senderismo alternativas y cuatro relatos. En estos cuatro relatos se recogen vivencias de Antonio en la cuenca alta del río Guadaíra, un territorio aún más desconocido para quienes somos de Alcalá. 

Para concluir, como estamos viendo, este libro trasciende la mera función de una guía de senderos para convertirse también en un verdadero compendio de notas históricas, catálogo patrimonial, vivencias, reflexiones, denuncias y relatos.

Los invito no solo a leer estas páginas, sino a recorrer sus rutas, a sentirlas y a dejarse llevar por ellas, trazando nuevos itinerarios.

Deseo expresar mi gratitud a Félix Ventero y a mi familia por sus correcciones al texto, y muy especialmente a mi hija Rocío por su colaboración en la elaboración de los mapas que acompañan cada una de las rutas de este libro, así como del vídeo proyectado. Mi agradecimiento se extiende también a los prologuistas aquí presentes y a quienes, por distintas circunstancias, no han podido acompañarnos. Joaquín Ordóñez, por su colaboración en la nota de prensa y José Torres, por dirigir esta presentación.

Muchas gracias.



El Periódico de Mairena, 07.12.2025. Entrevista. Sale a la luz el libro ‘Alcalá de Guadaíra, cincuenta rutas de senderismo alternativas y cuatro relatos’, firmado por Antonio y Francisco Gavira.

 


Con motivo de la edición de la obra ‘Alcalá de Guadaíra, cincuenta rutas de senderismo alternativas y cuatro relatos’, firmada por el fallecido Antonio Gavira Albarrán junto a su hermano Francisco, El Periódico de Mairena habla con Francisco, ya que Antonio falleció hace unos meses, con el propósito de conocer los pormenores de una obra de indudable interés. A ambos les avala el mérito de ser punta de lanza reivindicando y subrayando los valores medioambientales y etnológicos de Alcalá de Guadaíra, conectándolos con el entorno de la comarca natural de Los Alcores, de la que esos parajes son inseparables. Unos lugares que siguen teniendo mucho que dar y mostrar.

 

-       En principio, Paco, nos gustaría conocer la protohistoria de la obra, el contexto, las razones y los objetivos con los que se acometió. Asimismo cuándo se elaboró.

-       En principio, la protohistoria de la obra se remonta a un doble origen. Por un lado, a las rutas que mi hermano Antonio fue diseñando y recopilando a lo largo de los años, fruto de su experiencia, su curiosidad y su manera tan personal de explorar el territorio, he añadido otras que yo mismo he realizado entre 2019 y 2024 acompañado de un grupo de amigos con quienes comparto esta afición por caminar, descubrir y disfrutar del entorno.

-       El proyecto nace, por tanto, de la confluencia de estas dos miradas. La idea de reunirlas en un solo volumen surge de la voluntad de conservarlas, ordenarlas y darles un sentido unitario, con el objetivo de dar a conocer nuestro patrimonio histórico y natural más cercano, pero también de compartir aquello que hemos aprendido, experimentado y disfrutado en el camino.

-       Las razones que impulsaron la obra fueron, principalmente, documentar estas rutas antes de que el paso del tiempo las dispersara o se perdieran en la memoria, y al mismo tiempo ofrecer una guía útil para quienes quieran recorrerlas. El objetivo era crear un libro que fuese práctico, pero también emotivo; que recogiera tanto la información necesaria para caminar como el espíritu con el que fueron concebidas.

-       La elaboración del libro se desarrolló progresivamente a lo largo de esos mismos años, conforme se realizaban las rutas y se sistematizaba el material existente. La compilación final y la estructura definitiva se llevaron a cabo una vez reunidos todos los recorridos, ya con la intención clara de darles forma de obra conjunta.

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-       Usted aparece en la misma firmando sin su nombre específicamente, es decir, aparece como el hermano de Antonio ¿Ello obedece al deseo de dedicársela como homenaje o a que realmente él llevó la iniciativa y la ‘batuta’?¿Cuál fue el papel de cada uno?

 

-       En efecto, el hecho de que en el libro aparezca simplemente como “HNO” no es casual. Responde, ante todo, al deseo explícito de dedicar esta obra como un homenaje a Antonio, que fue —sin discusión— el verdadero impulsor del senderismo en Alcalá de Guadaíra. Él abrió el camino, en todos los sentidos: diseñó las primeras rutas, contagió su entusiasmo y creó alrededor de esta afición un espíritu de convivencia y descubrimiento que muchos hemos heredado.

-       Mi papel ha sido más el de continuar y completar su labor: recopilar, ordenar y dar forma a las rutas que él dejó, así como incorporar las que realicé posteriormente con un grupo de amigos. Pero la iniciativa original, el impulso y la “batuta”, como se dice en la pregunta, fueron siempre de Antonio.

-       Por eso decidí aparecer de ese modo en la portada: porque el libro nace y cobra sentido gracias a él, y porque quería que el lector percibiera desde el principio que esta obra es, en buena medida, un reconocimiento a su legado. Mi contribución ha sido poner orden, añadir experiencias recientes y convertir ese legado en un volumen accesible y coherente, pero la raíz y el espíritu pertenecen a Antonio. No obstante, en los créditos aparece mi nombre completo.

 

-       Según se desprende del título, el libro consta de dos partes en su estructura, una en forma de guía para recorrer itinerarios naturales y culturales, la otra en forma de narrativas breves ¿Cómo se articulan ambas?

 

-       El libro es, ante todo, una recopilación de rutas: itinerarios naturales y culturales pensados para ser recorridos y disfrutados. Unos con más y otros con menos dificultad. Esa es su columna vertebral. Sin embargo, al avanzar en su elaboración vimos que algunas jornadas vividas en la cuenca alta del río Guadaíra poseían un carácter especial, casi narrativo, que merecía recogerse de otro modo.

-       Por eso, al final del volumen se incorporan cuatro relatos cortos que funcionan como un complemento más íntimo y literario a la parte técnica de las rutas. Los tres primeros fueron escritos por Antonio, y recogen su mirada personal sobre experiencias y momentos vividos en ese entorno; el cuarto es mío, y continúa ese mismo espíritu evocador.

-       La articulación entre ambas partes es, por tanto, natural: la guía ofrece el recorrido objetivo, los datos y la orientación práctica; los relatos aportan la emoción, la memoria y la vivencia subjetiva que hay detrás de muchas de esas jornadas. De ese modo, el libro combina información útil con pequeñas piezas narrativas que ayudan a comprender mejor el paisaje humano y emocional que rodea a las rutas.

 

-       Si atendemos al título se alude a unas rutas de interés, se entiende que tanto para el paisanaje como para los visitantes ¿Hacemos un breve recorrido por ellas, o al menos algunas significativas?

 

 

-       Efectivamente, las rutas que conforman el libro pueden resultar de interés para cualquier persona, tanto si tiene la posibilidad de recorrerlas físicamente como si prefiere —o solo puede— conocerlas a través de la lectura. Más allá del componente senderista, el libro permite adentrarse en la cuenca del río Guadaíra y en su valioso patrimonio natural e histórico, que se describe con detalle. Por eso, incluso quienes no puedan caminar estos itinerarios encontrarán en sus páginas una forma de disfrutar y comprender el territorio.

-       Todas las rutas poseen un interés particular, pero quizá las más accesibles para todos los públicos sean aquellas que discurren por el Monumento Natural Riberas del Guadaíra. Son recorridos suaves, muy adecuados para cualquier edad, y en ellos el lector —o el caminante— puede descubrir la hilera de molinos harineros que acompañan al río, verdaderas joyas de nuestra historia local.

-       Además de estas, el libro incluye itinerarios que exploran parajes menos conocidos de la cuenca media del Guadaíra, Los Alcores, vías pecuarias y rincones donde el patrimonio natural y el cultural se entrelazan. Cada ruta aporta una mirada distinta: algunas destacan por su riqueza ecológica; otras, por su interés histórico o por la amplitud de sus paisajes.

-       En conjunto, el recorrido que propone el libro es amplio y variado, pensado para que cualquier ciudadano, caminante o lector, pueda descubrir la diversidad y el valor de este territorio tan cercano y, a veces, tan desconocido.

-       ¿Y los relatos breves, navegan en la misma dirección o son literarios en sentido estricto? En todo caso, ¿tienen un nexo en común? 

-       Los relatos breves se mueven en una dimensión algo distinta, más íntima y, si se quiere, más poética. No buscan describir un itinerario ni ofrecer indicaciones prácticas, sino captar sensaciones, momentos y vivencias que surgieron precisamente en esos mismos escenarios.

-       Aun así, todos comparten un nexo claro: la cuenca alta del río Guadaíra como espacio común. Son textos que nacen del disfrute del paisaje, de la observación de la naturaleza y de la conexión personal que esos lugares nos inspiran. Cada relato ofrece una mirada más subjetiva y emocional, pero todos dialogan con el territorio que recorre el libro, ampliando su sentido y mostrando la dimensión humana que hay detrás de muchas de esas jornadas.

-       ¿Cómo ha sido acogida la obra? ¿Tiene también la misión de divulgar y concienciar sobre los valores de la zona?

-       La acogida de la obra ha sido muy buena. Muchas personas han mostrado interés, no solo quienes practican senderismo, sino también lectores atraídos por el valor cultural, histórico y natural de la cuenca del río Guadaíra. De hecho, varios comentarios recibidos destacan precisamente lo útil que resulta el libro para conocer mejor este territorio, incluso para quienes no pueden recorrer físicamente las rutas.

-       Y sí, la obra tiene también una misión divulgativa y de concienciación. Pretende poner en valor la riqueza ambiental y patrimonial de la zona, mostrar la variedad de paisajes, la singularidad de su ecosistema y la importancia de elementos como los molinos harineros o las riberas del río. Todo ello con la intención de que, conociendo mejor este entorno, crezca también el compromiso colectivo por preservarlo y cuidarlo.

-       En resumen, el libro ha sido bien recibido y, al mismo tiempo, aspira a contribuir a una mayor sensibilidad hacia un patrimonio que merece ser protegido.

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-       Ustedes han sido pioneros en la reivindicación y puesta en valor de la riqueza natural y patrimonial de la comarca ¿cómo ven hoy la situación?

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-       La situación actual en nuestra comarca, la de Los Alcores, y en la cuenca del río Guadaíra es, en muchos aspectos, preocupante. Es cierto que se ha avanzado en la sensibilización y que cada vez hay más personas conscientes del valor natural y patrimonial de este entorno, pero también es evidente que persisten —e incluso se agravan— amenazas que lo deterioran.

-       Entre los problemas más visibles están los impactos derivados de la explotación de las canteras de albero, que han dejado cicatrices profundas en el paisaje; la proliferación desordenada de plantas fotovoltaicas, instaladas sin una planificación territorial que respete los valores ambientales; los vertederos incontrolados que siguen apareciendo en distintos puntos; y la usurpación de caminos públicos y vías pecuarias, que limita el acceso ciudadano y compromete corredores ecológicos esenciales. Y no son las únicas amenazas: el abandono, la presión urbanística y la falta de vigilancia también contribuyen al deterioro.

-       Por eso es fundamental que los ayuntamientos asuman un papel activo y protector. Deben incorporar en sus PGOUS la defensa clara del patrimonio natural, paisajístico y cultural de sus términos municipales, y hacerlo además contando con la ciudadanía, que debe participar en la toma de decisiones. Solo así se garantizará un equilibrio real entre desarrollo y conservación.

-       En definitiva, seguimos creyendo en el enorme potencial de nuestra comarca, pero vemos necesario un compromiso más firme y efectivo para preservar un patrimonio que es de todos y que no podemos permitirnos perder.

 

-       A través del asociacionismo también se sumaron hace años a la idea de articular la comarca de Los Alcores como Parque Cultural. Un proyecto que no acaba de articularse ¿Siguen creyendo en él? ¿Por qué no prospera si ha sido apoyado por los cuatro municipios?

 

 

-       Sí, seguimos creyendo firmemente en la necesidad de que Los Alcores sean declarados Zona Patrimonial, gestionada a través de un Parque Cultural, tal y como contempla la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía. Consideramos que es la fórmula más adecuada para proteger, gestionar y difundir de manera coherente el extraordinario patrimonio natural, histórico y paisajístico de la comarca.

-       La plataforma en defensa de Los Alcores continúa activa y comprometida. De hecho, el próximo viernes participaremos en un programa de Canal 12 TV para seguir divulgando la iniciativa. A finales de noviembre remitimos un escrito a la Delegación Territorial de Cultura de la Junta de Andalucía, instando a que active de una vez el expediente de declaración de Zona Patrimonial. Y ya tenemos previsto un encuentro de la plataforma para enero, precisamente para seguir impulsando el proyecto y coordinando nuevas acciones.

-       ¿Por qué no ha prosperado aún, pese al apoyo de los cuatro municipios y la Diputación Provincial? En gran parte, por falta de iniciativa y decisión de la administración autonómica, que es quien debe tramitar formalmente la declaración. También influyen la pereza de los Ayuntamientos y la complejidad legislativa, los cambios políticos y la ausencia de una planificación territorial que priorice de verdad la protección del patrimonio frente a otros intereses.

-       Aun así, seguimos convencidos de que el Parque Cultural es no solo posible, sino necesario. La comarca reúne todos los valores y requisitos, y la sociedad civil continúa respaldándolo. Nuestro compromiso sigue intacto y trabajaremos para que el proyecto avance definitivamente.

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-       ¿Creen que la riqueza natural de la comarca, tan próxima al área metropolitana a día de hoy, sigue siendo posible preservándola  como la hemos conocido?

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-       Sí, creemos que aún es posible preservar la riqueza natural de la comarca como la hemos conocido, pero únicamente si existe un compromiso real por parte de las administraciones y, al mismo tiempo, una toma de conciencia profunda por parte de la ciudadanía. Ambos elementos son imprescindibles.

-       Las administraciones deben asumir su responsabilidad en la protección del territorio mediante una planificación rigurosa, controles efectivos y políticas que prioricen el patrimonio natural y cultural frente a presiones económicas o urbanísticas. Pero ese esfuerzo institucional solo será duradero si la ciudadanía comprende lo que está en juego: no hablamos solo de conservar un paisaje bonito, sino de garantizar la salud ambiental, la identidad cultural y la calidad de vida del futuro.

-       Estamos obligados —moralmente y legalmente— a dejar a las generaciones futuras un medio ambiente y un patrimonio mejor, o al menos igual, que el que hemos recibido. Esa es la clave. Si logramos ese compromiso compartido, la preservación no solo es posible: es un deber y una oportunidad para construir un territorio más sostenible y más digno para todos.

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-       ¿Qué otra cuestiones le preocupan, inquietan, o cree que se pueden implementar para que el legado natural recibido sea transmitido en buenas condiciones a las generaciones siguientes?

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-       Además de las cuestiones estrictamente ambientales, me preocupan otros aspectos que influyen de forma directa en la manera en que transmitimos nuestro legado a las generaciones futuras. En primer lugar, vivimos un momento especialmente delicado en el que la paz y la libertad en el mundo están seriamente amenazadas, y eso repercute en todo: en la estabilidad social, en las prioridades políticas, en la capacidad de cooperación internacional y, por supuesto, en la protección del medio ambiente. Un planeta en conflicto es un planeta más vulnerable.

-       En el ámbito más cercano, necesitamos seguir avanzando en materia de educación ambiental, en la recuperación de caminos públicos y vías pecuarias, en el control de vertidos y en una ordenación del territorio que limite los impactos de actividades como las canteras o la instalación indiscriminada de plantas fotovoltaicas. También es fundamental potenciar la participación ciudadana en la toma de decisiones, porque solo un territorio con una ciudadanía informada y consciente puede defender eficazmente su patrimonio.

-       De igual modo, debemos insistir en que las administraciones integren la protección del paisaje, la biodiversidad y el patrimonio cultural en sus planes urbanísticos y estrategias de desarrollo. No se trata de frenar el progreso, sino de orientarlo para que sea compatible con la conservación.

-       En definitiva, preservar el legado natural implica acción local, responsabilidad institucional, implicación ciudadana… pero también un marco global de estabilidad y libertad que permita trabajar por un futuro digno para quienes vendrán detrás de nosotros. Sólo así podremos garantizar que reciban un entorno, y un mundo, al menos tan habitable como el que heredamos.

 

-       ¿Cómo puede hacerse con el volumen cualquier lector interesado en la obra?

 

 

-       Cualquier lector interesado en la obra puede conseguir el volumen de dos maneras: adquiriéndolo directamente en la Librería Término (Alcalá de Guadaíra), o bien solicitándolo a través del correo electrónico pacogavira@gmail.com, donde estaré encantado de facilitarlo.

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-       Es el momento de que responda a cualquier pregunta que no le hayamos formulado pero crea necesario incluir.

-       La verdad es que no se me ocurre ninguna cuestión adicional que añadir. Solo agradecerles sinceramente la entrevista y el interés mostrado por la obra y por la defensa de nuestro patrimonio. Ha sido un placer.

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-       Muchas gracias, y mucha suerte con el libro.

lunes, 9 de junio de 2025

RUTA NOCTURNA. SÁBADO 14 DE JUNIO 2025. ORGANIZA PLATAFORMA SALVEMOS EL GUADAÍRA

 


"El próximo 14 de junio nueva ruta nocturna. Saldremos a las 21:00h desde la plaza del Duque de Alcalá de Guadaíra. Tras un recorrido por la Tapada, Algarrobo, hotel Oromana, cortijo Maestre, llegaremos a Cuesta Carretilla donde podremos contemplar las estrellas.
La vuelta se realizará por el camino del Club de Tenis.
No olvidéis llevar ropa y calzado adecuado, agua, linternas... Muy importante, no dejéis basura a vuestro paso.
Y recordad que todas nuestras actividades son de participación libre y gratuita."


sábado, 28 de diciembre de 2024

Ruta de senderismo: Por el cordel de La Camorra a la ermita de Belén

 


La ruta tiene 8 kilómetros, entre ida y vuelta.

Estimamos un tiempo de tres horas y media, incluyendo las paradas. 

Hemos quedado en la portada de la feria de Alcalá a las 9:30 horas. Una vez que se pasa el cruce de Monte Carmelo, en dirección Mairena del Alcor, en la segunda rotonda, torceremos a la izquierda, para entrar en la urbanización “Las Encinas”. Tomaremos la primera calle a la derecha hasta el final, donde torceremos a la izquierda para estacionar el coche. Estamos en la calle Clavo, lugar donde dará comenzará la ruta. 

El cordel del Término o de La Camorra, en esta zona, delimita los términos municipales de Alcalá de Guadaíra con el de Mairena del Alcor. En el primer tramo de la ruta vamos a tener a nuestra izquierda la Dehesa Nueva, cuya riqueza vegetal no se resume en encinas, coscojas y acebuches, es posible encontrar algarrobos, algún alcornoque, higueras, lentiscos, cornicabras, jaras, retamas, matagallos, majuelos, espinos negros, hediondos, jaguarzo negro, cantuesos, palmitos o tomillos, algunos de ellos podríamos considerarlos árboles singulares por su tamaño... y un largo etc. de herbáceas. La fauna presenta, entre otras, las siguientes especies: ratonero, milano, águila culebrera, cernícalo común y primilla, cuervo, lechuzas, mochuelos, ..., zorros, liebres, conejos, meloncillo, gineta, erizo..., culebra de escalera, lagarto ocelado, etc. A la derecha del cordel veremos un interesante eucaliptal. 

Al cruzar la carretera, que discurre entre Mairena y Torreblanca, veremos olivares a la izquierda, a lo lejos almendros, seguidos de tierra calma y la hacienda de San José, y a la derecha, naranjos y la hacienda de San Agustín. Desde esta hacienda parte una gavia paralela al cordel, en ella han prosperado acebuches, moreras, parras silvestres (Vitis vinifera ssp. Sylvestris), lentiscos, zarzaparrillas y se encuentra plagada de acantos (Acanthus mollis).

Pararemos en un cruce de caminos y vías pecuarias, para luego finalizar en las ruinas de la ermita de Belén. Desde allí, regresaremos al punto de partida. 

Durante el camino, diferentes compañeros expertos en temas patrimoniales y medioambientales nos ilustraran con algunos comentarios.


sábado, 27 de abril de 2024

Ruta: Puente “romano” de Gandul y molino de San Pedro.

Plano de situación.

Sábado 27 de abril a las 9:00

Quedamos bajo palacio de Gandul.

https://maps.app.goo.gl/rD1QsL59yebAbG6T7

Distancia: 6.5 km. lineal

Duración: 3 horas.

Dificultad: Baja

Objetivos: Aproximarnos a nuestro patrimonio histórico y natural a través de la actividad física. Conocer los caminos y vías pecuarias de nuestro entorno más próximo. 

Descripción:

Se inicia este recorrido en la venta de “El Puli”,[1] que se encuentra bajo el palacio de los marqueses de Gandul, un edificio del siglo XVII. En la villa aún podemos ver: la torre de vigilancia, la iglesia, dedicada a San Juan Evangelista[2], el ayuntamiento y tres molinos harineros:  el de Arriba, el de En Medio y el de Abajo, que eran movidos por las aguas del arroyo de Gandul o de La Madre, que nace junto al palacio.

Palacio de Gandul

Desde este lugar tan interesante nos dirigiremos por el Cordel de Gandul, que discurre paralelo a la A-92, hacia el puente del mismo nombre, sobre el arroyo Salado. 

Por todo el camino podemos ver restos de materiales cerámicos de distintas épocas, sobre todo romano. La zona elevada que tenemos a la izquierda, por encima de los acebuches, se conoce como La Mesa. Allí se estableció una ciudad romana sobre asentamientos más antiguos. 

El arroyo del Salado es el afluente más importante del río Guadaíra. Recoge aguas de Mairena del Alcor, El Viso del Alcor, Paradas e incluso parte de Carmona y Marchena. El tramo que veremos ha experimentado una cierta recuperación, en lo relativo a vegetación arbórea y arbustiva, destacando un bosquete de álamos. Desde este punto hasta su desembocadura en el río Guadaíra es término entre Mairena y Alcalá.

Puente de Gandul

Cuando lleguemos al puente “romano” de Gandul veremos carrizos, cañas, tarajes, juncos y algunos álamos sueltos. 

El puente se encuentra en término municipal de Mairena del Alcor. Aunque no hay vestigios que confirmen, de una forma taxativa, que la comunicación entre Hispalis y Anticaria cruzase el Arroyo Salado mediante un puente, esto debió ser así dada la importancia de esta vía de comunicación. D. Leandro José de Flores dice en sus memorias lo siguiente:  

«El puente que está en el Salado de Gandul parece haber sido antes de madera, y en 1733 lo hizo á su costa de cal y ladrillos la ciudad de Sevilla, y posteriormente habiendo estado intransitable para bestias y carruajes muchos años, pasando con dificultad la gente de a pie, se renovó y reedificó en 1828 por disposición del Excmo. Sr. Asistente D. José Manuel de Arjona, estrenándose á 22 de Enero. Hay memoria de que en 6 de Agosto de 1779 dieron muerte violenta en este sitio, por robarlo, á D. Andrés Laína y Pernía, vecino de Arahal.»

D. Gregorio García-Baquero López, Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla, retrotrae la existencia de un puente al siglo XVI: 

«el 9 de noviembre de 1594, en una sesión del ayuntamiento de Sevilla se ponía en conocimiento la muerte que habían encontrado muchos arrieros cuando traían trigo y cebada a la ciudad al cruzar el puente del arroyo Salado de Gandul...», «...por estar la dicha pontezuela muy maltratada, y no tener pared, se han ahogado allí muchos arrieros, y muy de ordinario se le caen las cargas y traen el trigo mojado...»

La ruta continuará por el lado opuesto a la A-92. Cruzaremos por debajo de la A-92, y bordeando los campos de cultivo llegaremos a un camino perpendicular a la autovía que nos conducirá directamente al río Guadaíra y al Molino de San Pedro.  Este tramo de río conserva una importante vegetación formada fundamentalmente por taraje, aunque también podemos ver algunos fresnos, olmos y sauces. 

El molino de San Pedro es uno de los muchos molinos que molieron en este río y del cual aún se conservan la impresionante azuda y la nave de las piedras, aunque está muy aterrada. La azuda, al formar presa, mantiene una importante lámina de agua, refugio de numerosas especies de animales: ánades reales, distintas garzas, polluelas, nutrias, etcétera.

Restos del Molino de San Pedro.

Desde este punto nos dirigiremos de vuelta hacia Gandul por el mismo camino que hemos traído.

Francisco José Gavira Albarrán

[1] Edificada al pie de la antigua carretera Sevilla - Málaga, a la sombra de un par de moreras. 

[2] La iglesia de San Juan Evangelista presenta unas pésimas condiciones de conservación. La techumbre de la nave central se encuentra en ruina. Para su protección se ha colocado una lona o plástico.