Mostrando entradas con la etiqueta Molino de San Juan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Molino de San Juan. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de enero de 2026

Molino de San Juan

 

Esta fotografía, producida por el sello editorial CLICHÉ COTÁN, representa una vista del Molino de San Juan y constituye un ejemplo significativo de la producción masiva de postales ilustradas de comienzos del siglo XX. La imagen muestra el edificio en un estado previo a las restauraciones acometidas a lo largo del siglo XX, permitiendo apreciar con claridad la solidez de su arquitectura y su integración natural en el paisaje. El molino se alza junto al propio cauce del río, rodeado de vegetación de ribera, bajo un cielo despejado que refuerza la sensación de serenidad y permanencia. Podemos observar el arranque del canal que construyó la familia de La Portilla para encauzar el agua del río hasta la fábrica de harinas.

La postal posee un notable valor documental y patrimonial, ya que:

  1. Documenta un estado pretérito del monumento: fija la apariencia del Molino de San Juan en las primeras décadas del siglo XX, mostrando su silueta erosionada por el paso del tiempo, pero aún imponente, antes de las intervenciones de restauración.
  2. Forma parte de la memoria visual colectiva: gracias a la amplia difusión de las postales de CLICHÉ COTÁN, imágenes como esta se consolidaron como referentes visuales de Alcalá de Guadaíra, contribuyendo de manera decisiva a la construcción de su identidad paisajística y patrimonial.
  3. Constituye un testimonio de una práctica editorial histórica: ejemplifica el papel fundamental de la fotografía como medio de difusión del patrimonio monumental y paisajístico en una época anterior a la fotografía digital, al turismo de masas y a los actuales sistemas de comunicación visual.

El característico tono azulado o sepia de la copia —dependiente de la técnica de reproducción empleada— añade una dimensión evocadora que intensifica la sensación de nostalgia y distancia temporal, subrayando su condición de ventana abierta a un pasado ya desaparecido.

CLICHÉ COTÁN fue uno de los principales editores de postales del ámbito andaluz, especialmente activo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Su producción se caracterizó por una cuidada selección de vistas urbanas, monumentales y paisajísticas, así como por una notable capacidad de distribución, lo que permitió que sus imágenes circularan ampliamente tanto a nivel local como nacional. Gracias a esta labor editorial, hoy se conservan valiosos testimonios gráficos de edificios, entornos y escenas cotidianas que, en muchos casos, han sufrido profundas transformaciones o han desaparecido.

Así, esta imagen no es únicamente una representación del Molino de San Juan, sino un fragmento esencial de la memoria visual e histórica de Alcalá de Guadaíra, y un ejemplo destacado del papel que la fotografía y la postal ilustrada desempeñaron en la conservación simbólica del patrimonio. Archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Molino de San Juan

 


Entre las antiguas imágenes que rescatan la memoria del río Guadaíra destaca el conocido “Cliché Cotán”, una serie de fotografías tomadas entre los años veinte del siglo XX. La que hoy mostramos fue tomada desde la margen derecha del río, donde se alza uno de los molinos más emblemáticos de la ribera alcalareña: el molino de San Juan, que por entonces pertenecía a la familia de La Portilla.

La instantánea, de tono azulado y marcada por el estilo fotográfico de la época, captura un instante de la vida cotidiana en torno al cauce. En primer plano, el edificio se refleja en la lámina tranquila del río, cuyas aguas fluyen hacia el espectador. Posiblemente estemos en verano, dada la escasez de agua en el río.

En la base del molino, tres hombres descansan sentados a la entrada, junto a unos aparejos de labor que sugieren tareas molineras o quizás labores de mantenimiento. La construcción, de muros encalados y cubierta a cuatro aguas, muestra claramente el paso del tiempo: la fachada presenta desconchados, manchas de humedad y vegetación trepando, posiblemente una higuera, signos inequívocos del abandono progresivo que comenzaban a sufrir muchos de estos ingenios hidráulicos.

Al fondo, sobre los cerros, se distingue una masa de pinares recortada con nitidez contra el cielo. Este detalle no es casual: los pinares del entorno de Alcalá de Guadaíra fueron objeto de repoblaciones a finales del siglo XIX y principios del XX, dentro de proyectos de regeneración forestal destinados a proteger el suelo y embellecer el paisaje.

Más allá de su valor estético, la imagen constituye un testimonio documental de un modo de vida y de trabajo ligado al agua. Los molinos del Guadaíra —harineros, de rodezno o de cubo, como el que aquí aparece— fueron durante siglos el motor económico de la comarca y conformaron un paisaje cultural de enorme riqueza, hoy en gran parte desaparecido o transformado.

Esta fotografía forma parte de la colección digital de Antonio Gavira Albarrán.

El “Cliché Cotán”, por tanto, no es solo una fotografía antigua: es un fragmento de historia. Nos permite leer el territorio desde la mirada de quien, hace un siglo, supo detener el tiempo con su cámara.


miércoles, 22 de octubre de 2025

Molino de San Juan

 


Esta tarjeta postal, enviada desde Alcalá, el 23 de abril de 1920, muestra en su anverso una fotografía del Molino de San Juan entre la vegetación ribereña.

En el reverso se lee un afectuoso mensaje dirigido al señor Narciso Marcet (o Marlet), residente en Paseo Alfonso Sala 79, Rubí (Barcelona). Los remitentes, Domínguez y María, envían “cariñosos saludos para todos sus sobrinos que les quieren”.

La postal, con sello rojo de 10 céntimos y matasellos de Alcalá, no solo testimonia un lazo entre Andalucía y Cataluña, sino que también ofrece una ventana al pasado: el paisaje molinero de Alcalá de Guadaíra y la práctica de enviar postales como vehículo de afecto y memoria. En la colección de Antonio Gavira Albarrán.


domingo, 17 de enero de 2021

Ruta botánica por el Parque de Oromana y el molino de las Aceñas

 

Textos: Antonio Gavira Albarrán / Fotos: Antonio y Francisco Gavira Albarrán

La ruta tiene unos 7 kilómetros, es circular y de una duración de dos a tres horas, dependiendo de las paradas. El objetivo de hoy es aproximarnos a la rica biodiversidad vegetal existente en una zona mágica del Monumento Natural Ribera del Guadaíra.

Se inicia este itinerario en el hotel Oromana. El edificio es de estilo regionalista, construido por el arquitecto sevillano Juan de Talavera a finales de los años veinte del siglo pasado, al calor de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Desde sus bellas terrazas vamos a tener unas magníficas panorámicas del río Guadaíra, los molinos de San Juan y Benarosa, el recinto ferial, la hacienda Oromana y, a lo lejos, también, podremos apreciar el castillo de Marchenilla. Sobre todo, es de destacar la exuberante vegetación que envuelve el cauce del río y su entorno.

Panorámica desde el hotel Oromana.


Desde el hotel bajaremos por el margen izquierdo de la carretera, hasta situarnos junto a un panel informativo, al lado de una de las puertas de entrada al parque. A la izquierda, veremos un pequeño sendero que penetra en la cornisa, que tomaremos para ir descendiendo hasta llegar junto al río.

En este primer tramo vamos a poder observar una gran variedad de vegetación arbustiva y arbórea, donde se entremezclan las especies típicamente mediterráneas: pinos piñoneros y carrascas, almeces, moreras, acebuches, coscojas, lentiscos, cornicabras, espinos, retamas, madreselvas, hiedras, aristoloquias, zarzaparrillas, etcétera; con una gran variedad de plantas que han sido introducidas en este parque: plátanos, paraísos, eucaliptos, acacias de tres espinas, falsas acacias, cipreses, tuyas, casuarinas, pestosos, etcétera; y junto al río, alguna vegetación de ribera: álamos, olmos, fresnos, alguna adelfa, carrizos, zarzas, etcétera.

Descenso desde el cartel informativo hacia el río por el alcor.

Teniendo el río a nuestra izquierda, continuaremos nuestro recorrido en sentido contrario al descenso. Pronto divisaremos un pequeño puentecito encalado que forma parte de la atarjea del molino de Oromana, flanqueado por unos pestosos o ailantos¹. Una vez que lo pasemos, dos eucaliptos (Eucalyptus camaldulensis Dehnh.), catalogados como árboles singulares, ya que poseen una altura de algo más de 30 metros, con una copa ovalada de más de 20 metros de longitud, y una casuarina, unos metros más arriba de una fuente aneja, merecerán nuestra atención. Un poco más adelante, junto al río, se ha catalogado otro ejemplar de eucalipto².

Molino de Oromana.

Eucaliptos y casuarina junto al molino de Oromana.


Continuaremos por la margen del río, hacia el molino de Las Aceñas. Inmediatamente podremos ver, a nuestra izquierda, el molino de San Juan, y algo más adelante, el molino de Benarosa, embelleciendo el Guadaíra con sus imágenes. Un poco antes de llegar a este último molino, entre un estrecho sendero que baja al pie de la azuda y el sentido de nuestra marcha, encontraremos el tocón de un lentisco (Pistacia lentiscus l.) que había sido catalogado como árbol singular y que han cortado, aunque podemos observar que han brotado algunas ramas.

Lentisco cortado, catalogado como árbol singular.

Unos metros más adelante, el camino se bifurca en dos. Nosotros tomaremos el que queda a la izquierda, llegando así a uno de los parajes más bonitos del Parque de Oromana, donde podemos encontrar gran variedad de árboles y arbustos: pinos piñoneros, cipreses, plátanos, paraísos, aligustres, olmos, almeces, eucaliptos, moreras, acacias de tres espinas, falsas acacias, encinas, quejigos, laureles, lentiscos, cornicabras, durillos, acebuches, tamujales, zarzas, rosales, etcétera. Subiendo unas escaleras, situadas a nuestra derecha, daremos con un camino interior donde se encuentra un pino carrasco (Pinus halepensis Mill.), de más de 31 metros de altura; próximo a él, una casuarina (Casuarina equisetifolia l.), de 27 metros de altura, y un ciprés de casi 30 metros (Cupressus sempervirens l.), también calificados como árboles singulares, sin duda, dignos de admiración.

Zona de concentración de árboles singulares.

Casuarina, pino carrasco y almeces.



Descenderemos al camino que traíamos, donde se localiza otro árbol singular, en este caso un almez (Celtis australis L.). Al salir del parque de Oromana, continúa el camino, presentando este tramo una abundante cubierta vegetal compuesta de almeces, álamos, sauces, tarajes, adelfas, mirtos, zarzas, rosa mosqueta, cañas, carrizos, yezgo, moreras, adelfas, pinos de repoblación, etcétera.

Pronto el camino se convierte en sendero que baja hacia el río, encontrándonos con unas vistas que, aunque muestran el deterioro que ha sufrido todo este conjunto, no dejan de ser realmente impresionantes³. El río discurre a nuestra izquierda y, a nuestra derecha, aparece un enorme barranco coronado de pinos y eucaliptos, y en cuya pared podemos encontrar: el madroño, el mirto, el lentisco, la cornicabra, el espino majoleto, el espino negro, el sauce, la madreselva, el matagallo, la zarza, el rosal, la adelfa, la higuera, la carrasca, el olmo, etcétera. Si nos acercamos a esta pared veremos que las margas azules están cubiertas de una especie de helecho, el culantrillo, y que la misma pared deja caer gotitas de agua. En este punto tenemos la única colonia de fresas silvestres conocida en Alcalá.

Rosa silvestre antes de llegar al Molino de Las Aceñas.
Culantrillo de pozo en el cortado, junto al molino de Las Aceñas.

Fresa silvestre junto al molino de Las Aceñas.

A nuestra izquierda se encuentra el molino de Las Aceñas, que, como casi todos los que embellecen este río, es de época árabe, aunque posteriormente, en 1605, sufrió ampliaciones y reformas. En el entorno del molino aparecen unas construcciones medio derruidas, unas de las cuales, la más pequeña es el molino de Cajul o Cajús, para el que reclamamos una pronta recuperación, de cuyas entrañas parece manar un torrente de aguas cristalinas.

Dejamos atrás Las Aceñas y continuamos por lo que fue la antigua huerta de La Alegría, una de las últimas huertas que se han incorporado a los parques, con discutible acierto, pues un terreno eminentemente húmedo ha sido reforestado con pinos, encinas, alcornoques, etcétera. Un lugar donde los numerosos manantiales permiten la proliferación de especies como el berro, el poleo o el mastranto, que inunda el lugar con su agradable aroma, si se dejan prosperar.

Mastranto junto a la huerta de La Alegría.

Continuando nuestro recorrido hacia el parque de San Juan, veremos junto al río los restos de unos fuertes muros que pertenecieron al llamado molino de Rabo de Zorra.

Cruzaremos el cuidado parque de San Juan (junto al polideportivo, un olmo de SiberiaUlmus pumila L.), creado sobre antiguas huertas que han sido reforestadas con numerosas especies autóctonas: madroños, durillos, olivillas, romero, lavandas, quejigos, encinas, alcornoques, pinos, almeces, algarrobos, etc., en un intento de recrear el bosque original termomediterráneo y en algunas zonas más húmedas y adecuadas: álamos, sauces, chopos, olmos, tarajes, etc.

Durillo en el parque de San Juan.

Así, llegaremos al polideportivo, en cuyas puertas nos encontraremos con un ciprés de los pantanos, o taxodium, una cupresácea (Taxudium distichum), que, entre sus características, destaca el ser de hoja caduca, catalogado como árbol singular. Este nos dará paso a la huerta de La Pañuela, antiguo vivero municipal, donde podremos ver un verdadero vergel: cipreses, taxodium (también catalogados), tuyas, acacia de Constantinopla, transparentes, almeces, plátanos, paraísos, eucaliptos, palmeras, moreras, azufaifos, acebuches, álamos, olmos, adelfa, ricinos, granados, zarzas, zarzaparrillas, ipomeas, rosales, cañas, carrizos, etc.; y junto a la alberca y el manantial, culantrillos, juncos, falso te (Bidens aurea) o mastranto, entre otros.

Ciprés de los pantanos, junto al polideportivo.

Al salir de este recinto llegaremos a uno de los rincones más bonitos de Alcalá, el parque de San Francisco, parque creado sobre las huertas y jardines del que fue monasterio del mismo nombre, verdadero jardín botánico donde podemos apreciar especies arbóreas de diversas partes del mundo, especialmente americanas, pino Wisconsin, árbol del amor, algarrobo loco o árbol de Judea, jacarandas, palmeras, parkinsonia o palo verde, falsa pimienta, acacia de tres espinas, grivillea, tuya gigante, buganvillas, etc., y otros como álamos blancos, almeces, tarajes, aligustres, paraísos, olivos, naranjos, rosales, etc. 

Este parque, debido a las especies que posee, su origen y antigüedad, los elementos arquitectónicos, el molino de Las Eras, construcción de 1605, y el lugar en el que se encuentra enclavado, merecería, por sí mismo, ser declarado jardín histórico.

Parque de San Francisco.

Desde aquí, regresando sobre nuestros pasos, hacia el molino de El Algarrobo, conocido también como de Hilario. Para ello, tendremos que pasar su azuda, pero antes podemos observar cómo el agua que cae por la pared, a nuestra izquierda, permite que se desarrolle el culantrillo de pozo.

El molino de El Algarrobo fue sometido a restauración en el año 2003, por lo que muestra un aspecto renovado. Si pasamos por su puerta, podremos seguir nuestra ruta por un camino que se encuentra junto a una charca, lugar de ocio para pescadores y donde es posible ver, además de patos, alguna polluela de agua. Este camino se adentra en un naranjal de naranjas agrias. Se trata de una antigua huerta donde aún se pueden encontrar los restos de una noria y albercas; y, junto a la casa, numerosos árboles frutales, limoneros, granados, nísperos, moreras, laureles, etcétera. Uno de esos laureles (Laurus nobilis L.), un azofaifo (Ziziphus zizyphus L.) y un níspero (Eriobotrya japónica Thunb. Lindl.) también se encuentran catalogados como árboles singulares.

Charca junto al molino del Algarrobo, con nenúfares blancos europeos.

Huerta con naranjos agrios junto al molino de El Algarrobo.


Si seguimos nuestro camino, llegaremos al lugar conocido como El Bosque, donde destacan, sobre todo, los almeces, que aparecen a nuestra izquierda, y unos enormes plátanos en la margen del río. También podemos encontrar, en sus escarpadas paredes, diversas especies de helechos, la doradilla, el culantrillo, la filicínea, pero destacan sobre todo el polipodio (Polypodium cambricum ssp.) y el ruscus aculeatus, por ser especies ya desaparecidas de estos contornos, que ya solo podemos encontrarlas en las sierras. Sobre el escarpe, que se aproxima al cerro de San Roque, tenemos el que quizás sea el mayor pino piñonero del parque de Oromana, con 29 metros de altura y un perímetro en la base de 4,15 m. Junto al río, unos plátanos de sombra. Uno destaca con sus 37,50 metros de altura y un perímetro en la base de 11,73 m.

Camino hacia el molino de La Tapada, con almeces, plátanos o higueras.

Polipodio en los cortados de El Bosque.

Algo más adelante veremos el molino de La Tapada. En este rincón se desarrolla parte de la obra del conocido escritor alcalareño Gutiérrez de Alba, La Tapada. Desde el molino de La Tapada, el camino sigue hacia la izquierda. Ascenderemos por un pequeño sendero, al denominado cerro de El Calvario, que nos conducirá hasta la ermita de San Roque, edificio de 1570, reedificado en 1886, donde se guarda una talla de Nuestra Señora de Belén de 1570.

Carrascas en dirección a la ermita de San Roque.

En una pequeña explanada, que se encuentra a media ladera, se desarrolla todos los años, en el amanecer del Viernes Santo, uno de los episodios más emotivos de la Semana Santa alcalareña. Tras el prendimiento de Jesús, en el puente, la Hermandad sube hasta este cerro de El Calvario, donde San Juan comunica la noticia a la Virgen María. Desde este privilegiado lugar podremos disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad, del castillo, del santuario del Águila, de la iglesia de Santiago, el puente, el parque de San Francisco, la Retama, etcétera.

Si rodeamos la ermita, veremos cómo el camino se adentra en los pinares de Oromana, donde se puede disfrutar durante todo el año, especialmente en otoño y primavera, de gran diversidad de especies de plantas, liliáceas, iridáceas, borragináceas, escrofulariáceas, leguminosas, cruciferáceas, compuestas, gramíneas, umbelíferas, malváceas, plantagináceas, ranunculáceas, papaveráceas… Estos pinos son de la especie pinus pinea (pino piñonero), y nos acompañarán hasta el final de nuestra ruta, de vuelta al hotel Oromana.

Pinos piñoneros de regreso al hotel Oromana.

¹El pestoso o ailanto, es una especie alóctona, invasora, cada vez más extendida por la ribera. Es urgente una actuación municipal que la erradique.

² Árboles y arbustos singulares del T.M. de Alcalá de Guadaíra. Dirección Científica: David Cristel Gómez Montblanch. Edita: Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, enero 2014. He mencionado y situado en la ruta algunos ejemplares. Animamos a conocerlos todos. Algunos de los que aparecen en el libro han sufrido podas irregulares, por llamarlas de alguna manera.

³ El lamentable estado del molino de Cajul o Cajús, la Quinta de Regla o los vertidos de un posible emisario, comprometen una zona de gran valor natural e histórico. En todo caso, la existencia del Monumento Natural Riberas del Guadaíra y la conservación del conjunto tiene mucho que ver con la lucha de la Plataforma Salvemos el Guadaíra y la Asociación Ecologista Alwadi-Ira.

Mapa de la ruta, por Francisco Gavira.

sábado, 21 de marzo de 2020

RUTA 1ª ALCALÁ Y EL PARQUE DE OROMANA: NATURALEZA, PAISAJES Y MOLINOS.


Este es el primer recorrido que hemos propuesto por ser el más visitado, aunque no por ello realmente conocido por los vecinos de Alcalá y su entorno. En él hemos tratado de exponer, paso a paso y brevemente, el itinerario, resaltando los elementos de mayor interés.

Esta ruta tiene una longitud aproximada de 2.500 metros, por tanto, podemos hacerla con tranquilidad en una hora y media.

Hotel Oromana
Se inicia este itinerario en el Hotel Oromana, edificio construido a finales de los años veinte, como consecuencia de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, desde donde tendremos unas magníficas panorámicas del río Guadaíra, los molinos de San Juan y Benarosa, el recinto ferial, la hacienda Oromana, etc. Desde el hotel bajaremos para entrar por la puerta junto a un panel explicativo y bajaremos por el camino en dirección al molino de Benarosa, en este tramo podemos observar una gran variedad de vegetación arbustiva y arbórea, donde se entremezclan la vegetación típicamente mediterránea: pino piñonero y carrasco, almeces, moreras, acebuches, coscojas, lentiscos, cornicabras, espinos, retamas, madreselvas, pestosos, hiedras, zarza parrillas, etc., con una gran variedad de plantas que han sido introducidas en este parque: plátanos, paraísos, eucaliptos, acacias de tres espinas, falsas acacias, cipreses, tuyas, casuarinas, etc…, y junto al río alguna vegetación de ribera: olmos, fresnos, alguna adelfa, carrizos, zarzas, etc…

El molino de Benarosa, como casi todos los molinos de la cuenca del río Guadaíra, es de época árabe, aunque posteriormente han sido restaurado en mayor o menor medida. En éste podemos ver aún en buen estado la azuda, el molino y la casa del molinero, que han sido restaurado. Algo más adelante se encuentra el molino de San Juan que, al igual que el anterior ha sido restaurado. Si continuamos nuestro recorrido pasaremos por debajo de un pequeño puente encalado, sin saberlo estamos pasando por debajo de la antigua atarjea del molino o molinos de Oromana. Podemos subir a él para verla desde arriba y aún hoy podemos imaginar como era aquel molino, del cual también se conserva la casa del molinero.
Molino de Oromana

Este paseo nos llevará hasta la pasarela, que dejaremos a la derecha, y seguiremos el camino, hasta una curva que hace el río conocida como La Comba, desde donde tendremos una panorámica de la huerta de La Pañuela que se encuentra al otro margen del río, lugar de gran riqueza en árboles y aves.

Si bajamos un poco nos encontraremos con el molino de El Algarrobo, igualmente de origen árabe, pero en peor estado que los anteriores. Al otro lado de su azuda se encuentran los restos de una antigua fábrica de harina, llamada La Máquina, construida por los hermanos de La que fue construida sobre un antiguo molino, el de La Caja.

Si pasamos por su puerta podemos seguir nuestra ruta por un camino que se encuentra junto a una charca y que se adentra en el río y un naranjal de naranjas agrias en el lugar conocido como El Bosque, en este lugar destacan sobre todo los viejos almeces que aparecen a nuestra izquierda y los enormes plátanos que aparecen en la margen del río.

Algo más adelante nos encontramos con el molino de La Tapada y al otro lado del río el bonito parque de San Francisco, donde se encuentra otro molino, el de Las Eras construido en 1605.

Molino de La Tapada
Desde el molino de La Tapada el camino sigue hacia la izquierda y ascenderemos por un pequeño sendero que nos conducirá hasta la ermita de San Roque, edificio de 1570 y reedificado en 1886, donde se guarda una talla de Nuestra Señora de Belén de 1570.

Desde este privilegiado lugar podremos disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad, del castillo, de la iglesia de Santiago, el puente, el parque de San Francisco etc.

Si rodeamos la ermita, veremos como el camino se adentra en los pinares de Oromana. Estos pinos son de la especie pinus pinea (pino piñonero), que nos acompañaran hasta el final de nuestra ruta de vuelta en el Hotel de Oromana.


































Antonio Gavira Albarrán