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domingo, 8 de marzo de 2026

Un mapa de Las Aceñas: paseo por un tramo de la ribera histórica del Guadaíra

Un antiguo plano, trazado a escala 1:2500, nos asoma a un fragmento del río Guadaíra que ya no existe tal como fue plasmado en el mapa. El documento, titulado Hacienda de Las Aceñas, es mucho más que un testimonio cartográfico: constituye un inventario de la memoria, un catastro y la prueba fehaciente de cómo el agua y el trabajo humano se entrelazaron para esculpir un paisaje único.

Gracias a la reinterpretación de sus anotaciones, hoy podemos reconstruir virtualmente este territorio y sumergirnos en su historia. Lo que el plano desvela no es únicamente un río, sino un auténtico museo al aire libre de arqueología rural.

La escala elegida —1:2500— resulta especialmente reveladora. No nos hallamos ante una visión panorámica de grandes territorios, sino ante un levantamiento minucioso, casi catastral. Probablemente fue elaborado —como sugiere el sello de EMASESA— por la compañía inglesa de aguas con fines eminentemente prácticos: la gestión del caudal, la delimitación de propiedades y el control de los aprovechamientos hidráulicos.

Esta precisión topográfica nos permite conocer no solo la toponimia de los lugares —en ocasiones puede que equivocada—, sino también su función y su vínculo directo con el río.

El Guadaíra vertebra el plano, y a su alrededor se despliega una impresionante constelación de arquitectura del agua. El Molino de Aceña de Cartuja, el Callejón de San Juan —que conducía primero al molino homónimo y después al de Berarosa—, o el Molino de Cahuz (o Cajul) aprovechaban la fuerza motriz de la corriente, este último de un arroyo.

Junto al cauce principal, el plano dibuja una compleja red de irrigación que delata la existencia de una agricultura de huerta intensiva. Se señala expresamente una atarjea —canal o acequia principal, a menudo cubierta— y sus correspondientes tomas de agua. Este trazado evidencia un sistema organizado de reparto, aún reconocible sobre el terreno, donde cada propietario tenía derecho a abrir un caz para desviar el caudal hacia sus tierras.

El documento menciona también una acequia y una noria. Pero la referencia más enigmática es, sin duda, la de un túnel. Podría tratarse del acceso a una galería o mina de agua destinada a conducirla hacia la acequia.

La ribera del Guadaíra aparecía parcelada en distintas huertas, cada una con su personalidad y su historia: huerta de Santa Lucía, que toma su nombre de la desaparecida ermita homónima, cuyas ruinas estaban desaparecidas cuando se levantó el plano, huerta de Ballesteros, topónimo vinculado probablemente a una familia propietaria, que hoy la conocemos como Huerta de la Joaquinita y huerta de Pañuelas y Olivar Bajo, que reflejan la diversidad de cultivos y aprovechamientos característica de la ribera.

El plano también consigna el Olivar de la Portilla, ligado a una familia que llegó a poseer importantes propiedades en el entorno: el convento de San Francisco, los molinos del Algarrobo, San Juan y las Heras, además de los pinares de Oromana.

Por último, la Hospedería de Cartuja actúa como un punto de referencia fundamental en la planimetría. No era un molino ni una huerta, sino un lugar evoca acogida para viajeros y, muy probablemente, para los propios monjes de la cartuja cuando se desplazaban a inspeccionar sus propiedades. En esos momentos, probablemente, residencia de Carlos A. Friend, de la Water Work Company.

Su presencia subraya el papel del río no solo como fuente de riqueza económica, sino también como corredor de comunicación y espacio de tránsito, donde lo sagrado y lo cotidiano convivían.

Este plano, con su escala de 1:2500 y su caligrafía esmerada, constituye en realidad un auténtico palimpsesto. Bajo sus trazas se ocultan siglos de historia: el impulso económico de la orden cartuja, el ingenio de los molineros, el trabajo paciente de los hortelanos, la enigmática ermita Santa Lucía y la vida cotidiana que discurría por el callejón de San Juan.

Reconstruir este paisaje a partir de sus nombres es, en cierto modo, un ejercicio de arqueología. Nos recuerda que el territorio que hoy pisamos es solo la última capa de una larga historia y que, bajo el albero o el abandono, aún resuenan los ecos de un mundo que supo aprovechar cada gota del Guadaíra para convertir su ribera en un vergel de industria y agricultura.

Francisco José Gavira Albarrán


martes, 19 de abril de 2016

Ruinas Ntra. Sra. de Regla (Alcalá de Guadaíra, Sevilla)

"Nos encontramos en Alcalá de Guadaíra, en la zona de los Alcores, llamada así por la presencia del escarpe del mismo nombre, una muralla natural de 30km de longitud, que gracias a su relación con el río y los pequeños arroyos cercanos, además de con el gran espacio de la campiña, se ha convertido en un lugar privilegiado para la localización de numerosos asentamientos a lo largo de la historia.
El edificio que nos ocupa se encuentra próximo y en íntima relación con el siguiente accidente geográfico más importante en esta unidad paisajística de los Alcores, el espacio fluvial formado por el segundo tramo del río Guadaíra, a su paso por la ciudad de Alcalá. Esta localidad muestra una importante relación con el ámbito fluvial, ya que se encuentra elevada sobre el mismo y mirando hacia él. Es por ello que el paso de este río cercano al singular relieve de la cornisa de Los Alcores, y la propia formalización  y topografía de la ciudad dan lugar a singulares ámbitos escénicos..."
Carmen González Márquez. LAE  2012/2013
https://laeasignatura.wordpress.com/2013/06/18/ruinas-ntra-sra-de-regla-alcala-de-guadaira-sevilla/