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sábado, 13 de agosto de 2022

El río Guadaíra entre el cordel de Utrera a Carmona y la torre de La Membrilla.

El sábado 18 de junio salimos para conocer un nuevo tramo del río Guadaíra, el comprendido entre el cordel de Utrera a Carmona y la torre de La Membrilla.  Dejamos el coche en el cruce de este cordel con la cañada real de Morón.

En el entorno se encuentran los cortijos de Cabrera y Torre de San Pío -que mi padre lo llamaba Torre Estampío, tal vez porque lo conoció como un cerrado de toros-, en el TM de Alcalá, y los de Alameda, Alamillo y Venamalillo, ya en el TM de Carmona.

Encontramos la vega recién cosechado el trigo, con algunas hazas de girasol y surcada por las tonalidades del bosque de ribera del río Guadaíra, contrapunto que cortaba un paisaje pajizo típico de esta época del año.

Eran las 9,30 de la mañana cuando empezamos a andar por el asfalto de la carretera en dirección al río, distante unos quinientos metros.  Al llegar al puente que lo vadea, contabilizamos unos treinta neumáticos esparcidos por su cauce y la ribera. Un nuevo maltrato que se suma a las extracciones desmedidas para unos regadíos incontrolados, la contaminación por plaguicidas y herbicidas, los vertidos industriales, la ganadería intensiva y un largo etc., que tan graves consecuencias tienen en los ecosistemas acuáticos, la fauna, la flora y salud humana. Podemos afirmar, sin equivocarnos, que, a pesar de los veinte años transcurridos desde la aprobación del Programa Coordinado de Recuperación y Mejora del río Guadaíra, los objetivos están muy lejos de ser cumplidos.

Después de tirar unas fotos que dieran testimonio del atentado, continuamos nuestro recorrido, corriente arriba, por su margen derecha. Algunos cardos con alcachofas violetas, de la variedad cynara cardunculus, embellecieron nuestro transitar.

Encontramos un rebaño de ovejas pastando en las inmediaciones del arroyo del Saladillo. El redil se hallaba entre unos inmensos eucaliptos y una olmeda impenetrable tapizada de zarzamoras, guardeses de una corriente de agua que, por no esperada, nos animó después del sofocón de los neumáticos. Dado que no pudimos sortear el arroyo, por lo impenetrable de su vegetación, regresamos a nuestro punto de partida y comenzamos a subir por la margen izquierda de la ribera.

En los primeros metros, hasta la desembocadura del arroyo, predominó un pastizal salpicado de juncos y tagarninas en flor, Scolymus hispanicus, plagadas de caracolillos. A partir de aquí, unos imponentes tarajes levantaron una muralla en torno al cauce del río que, poco a poco, se fue desdibujando con la aparición de fresnos, olmos, sauces y cañas.

En varias ocasiones nos vimos obligados a salir del cajón del río, dadas las dificultades que presentaba la tupida y belicosa vegetación.

Pasamos por un yacimiento arqueológico, dejamos atrás acebuches centenarios, rastros de una fauna que no se dejaba ver y una plantación de azafrán bastardo, Carthamus tinctorius L., que se prolongaba más de un kilómetro en dirección a la torre de La Membrilla impidiéndonos el paso. En ese lugar, dado que tampoco podíamos continuar por la selvática ribera, decidimos salir a la cañada real de Morón por una vaguada que habíamos dejado unos metros atrás.

A esa hora del día, el ardiente sol nos aconsejó regresar al coche para luego acercarnos a la torre. Lo dejamos frente a un merendero que ha sufrido los embates del tiempo, la dejadez administrativa y el vandalismo, cruzamos el cauce seco del arroyo de la Montera y subimos a La Membrilla.  La panorámica desde este punto geodésico es formidable. Se distingue perfectamente la serranía de Morón y el avance de una marea de plantas fotovoltaicas que, en breve, cubrirá una extensa necrópolis de escaso valor, según la administración y las multinacionales de la energía, a pesar de formar parte de un yacimiento arqueológico catalogado donde se ha constatado la presencia de importantes restos de época calcolítica.

Después de acercarnos un momento al cauce del río Guadaíra, y dialogar sobre lo bueno y lo malo, dimos por terminada la jornada emplazándonos para una nueva ruta.

Francisco José Gavira Albarrán


domingo, 13 de septiembre de 2020

Por el Cañada Real de Morón: la Torre de la Membrilla y el río Guadaíra.

Ruta: Antonio Gavira Albarrán / Fotos: Antonio Gavira, David Cristel, Félix Ventero, Antonio García y Francisco Gavira

La ruta propuesta tiene unos once kilómetros, es de dificultad baja, circular o lineal, dependiendo de la situación de los cultivos; y de una duración de tres o cuatro horas, en función de las paradas y el estado de la ribera del río Guadaíra.

Si salimos en dirección a Morón de la Frontera por la carretera A-360, justo antes de llegar a la finca de Bucaré, tomaremos a la izquierda por la A-8100, que va de Utrera a Carmona. A nuestra izquierda dejaremos el Cortijo de Torre del Abad [i] y el Cortijo de Torre Estampío. A unos 4,8 kilómetros, la carretera es cruzada por la Cañada Real de Morón. Accederemos a la vía pecuaria a la derecha para dejar allí los vehículos.

También podemos coger la autovía Sevilla-Málaga (A-92). A la altura del Km. 27 nos encontramos con un cambio de sentido, donde tendremos que dejarla para tomar a la derecha, en dirección al río Guadaíra, por lo que fue el cordel de Utrera a Carmona, hoy la carretera A-8100. Dejaremos a la derecha el Cortijo de La Alameda y, tras cruzar el río, un amplio camino aparecerá a ambos lados de la carretera. Se trata de la Cañada Real de Morón. Dejaremos el coche en el cruce con la vía pecuaria, a la izquierda.

Cañada Real de Morón, con el Cortijo de Cabrera al fondo.

Tomaremos la Cañada en dirección este-sureste, dirección Morón de la Frontera. A unos quinientos metros, a nuestra derecha, se encuentra el Cortijo de Cabrera. A unos dos kilómetros, tras un pequeño olivar, podemos ver los restos de una pequeña torre sobre un montículo cubierto de hinojos. Este lugar, abrazado por el cauce seco (la mayor parte del año) del arroyo de la Montera, es conocido como la Torre de la Membrilla.

La Torre de la Membrilla en una tarde de agosto.

La Torre de la Membrilla es parte de una fortificación de finales del siglo XIII y principios del XIV, aunque en el lugar se han datado restos de época romana [ii]. Esta fortificación pertenece a la denominada “banda morisca” que defendía los reinos cristianos de las razias musulmanas del Reino de Granada, y está en relación con otras fortificaciones de la zona, como la Torre del Cincho, la Torre del Bado, el castillo de Cote, la Torre del Águila, etcétera. Los Reyes Católicos mandaron destruir la fortaleza a finales del siglo XV, quedando en pie la torre. Ya a principios del siglo XIX, en 1821, se mandó destruir definitivamente, quedando su aspecto tal como la conocemos hoy día [iii].

Cañada Real de Morón.

Desde aquí nos reincorporaremos a la vía pecuaria Cañada Real de Morón, uno de los pocos ejemplos de vías pecuarias bien conservadas de toda la cuenca del río Guadaíra, que en este tramo delimita los términos municipales de Carmona, Arahal y Alcalá de Guadaíra. En este punto parece más un camino que otra cosa, pero, tras atravesar el arroyo de la Montera y entrar en las tierras de Cabeza Sordo, empieza a mostrar toda su riqueza. Al principio recorreremos un enorme palmar. El palmito (chamaerops humilis) es la única palmera europea. Poco más adelante, y a pesar de los continuos incendios y agresivas roturaciones, podemos ver la cañada en todo su esplendor. Penetramos en una zona de monte noble donde aún sobrevive una gran variedad de arbustos de clima mediterráneo: coscojas, lentiscos, acebuches, torviscos, retamas, jaras, majuelos, rosales, encinas, etcétera.

Paisaje de la vega.

Junto a la vía pecuaria se irán sucediendo terrenos de labor a la derecha y olivares a la izquierda. Así llegaremos hasta un vallado que nos indica la existencia de un cerrado de reses bravas, justo al terminar los olivares. El cortijo de Cabeza del Sordo nos queda a pocos metros [iv]. En este punto tomaremos un camino entre olivos, se trata de la vereda de Mejillán [v], que nos conducirá en dirección al río Guadaíra, dejando a la derecha el cerrado de toros.

Cañada Real de Morón, con el cortijo de Cabeza Sordo al fondo.

Miliario en la vereda de Mejillán.

Estado del cartel que señala el río Guadaíra en la pasada de la vereda de Mejillán.

Cerrado de toros bravos desde el miliario romano.

Es de interés, que una vez que dejemos la Cañada Real de Morón, a unos doscientos metros, junto al vallado que delimita el olivar del cerrado de toros, pararse para ver un miliario que aún se yergue centinela de lo que posiblemente fue una de las vías de comunicación más transitadas en época romana.

Continuando entre olivos llegaremos al tramo medio del río Guadaíra, que en este lugar se  encuentra en un excepcional estado de conservación, presentando retazos de bosque en galería, donde destacan, sobre todo, los olmos, álamos, fresnos, sauces, tarajes, que están acompañados de un estrato arbustivo de adelfas, zarzas, espinos majoletos, rosal silvestre (rosa mosqueta y rosa canina), mirto, zarzaparrillas…

Bosque de galería en el tramo medio del río Guadaíra en agosto.

Tomaremos la margen izquierda para ir acompañándolo en su marcha hacia el Guadalquivir. Podemos ver las distintas especies arbóreas que en algunos casos forman olmedas y fresnedas, siendo más escasas otras formaciones.

Cruzaremos primero un olivar y a continuación, tras salvar una gran cárcava, unos terrenos cultivados de trigo o girasol, para, a continuación, internarnos en otro olivar, todo lo cual formaba el denominado olivar de Benamalillo [vi]. En este tramo encontraremos varios caminos que vadean el río en dirección al cortijo del Cerradillo. Es interesante bajar por ellos para comprender el significado de bosque de galería, para comprobar, desde el propio cauce del río, cómo la vegetación se distribuye en bandas paralelas cubriendo, en no pocas ocasiones, con su sombra sus aguas.

Paisaje en agosto, a doscientos metros de la pasada de la vereda de Mejillán.

Abandonamos el olivar y seguimos nuestro recorrido para divisar de nuevo, a lo lejos, los restos de la Torre de la Membrilla. Subimos un momento a ella para disfrutar del entorno. Miremos hacia la Cañada, que se aleja en dirección a Cabeza del Sordo, y, más allá, la vista se pierde en la vega del Guadaíra hasta divisar la sierra de Esparteros. Desde aquí volveremos a la Cañada Real de Morón y a nuestro punto de partida.

Cauce del río Guadaíra en el tramo medio en agosto.

La época del año más adecuada para realizar esta ruta es el inicio de la primavera, finales de marzo y principios de abril, para ello existen varias razones:

– Es la estación en la que los árboles de ribera comienzan a cubrirse nuevamente de hojas de distintas tonalidades, en la vía pecuaria florecen innumerables herbáceas, que acompañan a todo un compendio de arbustos en flor, el verde de los cereales inunda los campos de labor… Todo lo cual nos ofrece un magnífico espectáculo de color.

– Por otro lado, más avanzada la primavera, los trigales y los girasoles nos impedirán el paso o lo harán más incómodo, a lo cual se puede unir las temperaturas que ya en estas épocas del año pueden complicarnos una bonita jornada de senderismo.

Cauce del río Guadaíra en marzo.


Cauce del río Guadaíra. Tramo medio en el mes de agosto.


Mapa de la ruta: Francisco Gavira.

[i] Junto al cortijo destaca el Eucalipto de Torre del Abad, catalogado como uno de los árboles singulares de Andalucía.

[ii] Algunas fuentes nos hablan de enterramientos de época musulmana y hallazgos de cerámica campaniforme, que relacionan con la “motilla”, el lugar donde se levanta la torre y alguna otra elevación próxima.

[iii] El Padre Flores nos dice en sus Memorias, entre otros datos de interés, que “la Membrilla, cuyo donadío cerrado tuvo iglesia, aunque no se descubren rastros de su fábrica, en los años 1477 ú 87 se mandó desmantelar el castillo por mandado de los Reyes católicos y en 1821 se derribó la torre que había quedado por el jefe político de Sevilla á petición de los alcaldes de Arahal”. Y que “su sitio y nombre nos recuerdan a Alonso González de Medina, que fundando mayorazgo en 1445 era Sr. del lugar de la Membrilla con su castillo y otros vasallos; y en 1410 lo era su padre Ruy González de Medina, despensero mayor del Rey D. Enrique…”. También que sufrió los azotes de la peste de 1348 y 1350, despoblándola. También que “en el rural de la Membrilla, dice el citado plan de curatos, hay dos medias prestameras que se unen á la fábrica de S. Sebastián, y á la de Santiago el beneficio del mismo rural”. Lo que ha llevado a pensar que, en algún momento, perteneció al término municipal de Alcalá. No obstante, Manuel Fernando, en su blog “La Casa de la Tercia. Sobre castillos y cuestiones relacionales”, dice que “en el Libro del Repartimiento de Carmona figura como San Andrés de la Membrilla, un lugar que ya estaba despoblado desde la segunda mitad del siglo XIV, cuando era propiedad de los Fernández Marmolejo, señores de la Membrilla y Alcalá Tejada”. Esteban Mira Caballos, en La segregación de La Campana de la jurisdicción de Carmona (1558), dice que en 1371 Carmona pierde la jurisdicción de varios lugares, entre ellos la Torre de la Membrilla, este a favor de Alonso Fernández de Marmolejo, citando como fuente a González Jiménez: De la Edad Media a la Edad Moderna, Op. Cit., pág. 544, y Campillo de los Santos, José Ángel: “Señoríos en el término de Carmona: El Viso del Alcor”, Actas del III Congreso de Historia de Carmona, 2003, págs. 155-159.

[iv] Cortijos, haciendas y lagares de la provincia de Sevilla. Junta de Andalucía. Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio, págs. 738 y 739. Nos dice que el Cortijo de Cabeza del Sordo “se encuentra en el extremo este del término municipal de Alcalá de Guadaíra y muy próximo a los de Carmona y Arahal. Merece la pena ser destacado, además, por la riqueza paisajística de la finca, que está regada por el arroyo de Montera. Su amplio y complejo caserío responde a las pautas de los cortijos ganaderos, siendo en este caso su estructura abierta. Se conserva en perfecto estado, pero acusa diversos añadidos y transformaciones, fundamentalmente para su conversión en residencia, aunque no ha perdido del todo sus funciones originarias. En cuanto a la historia de la explotación, sabemos que sus orígenes se remontan al siglo XVI. En 1741 era propiedad del marqués de Paradas y en el siglo XIX lo fue del conde del Águila. Por último, sabemos que en 1905 su dueño era don Ignacio Oliva y Huerta. El núcleo original del caserío es en la actualidad el gran señorío de la finca, que se articula entorno a un patio y que se encuentra perfectamente ajardinado. Junto a él todavía se conservan los antiguos graneros, el guadarnés y las cuadras, estas últimas aún en servicio. A unos pocos cientos de metros del caserío, ya en término municipal de Arahal, se encuentra uno de los elementos más interesantes del conjunto, la plaza de tientas, que cuenta con tribunas, corrales, cercados y mangas, lo que pone en evidencia el carácter de dehesa de ganadería brava con la que contó esta explotación”.

[v] También nombrada Cordel del Rio Tinto en el Mapa de Vías Pecuarias de Andalucía.

[vi] El Padre Flores dice que “las tierras y cortijos junto a la Membrilla se llaman Benamalillo”