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lunes, 27 de abril de 2026

Un viaje al pasado de Alcalá: la estampa del Puente Romano y el Tren de los Panaderos desde las faldas del Castillo. VI

 


Una pequeña joya gráfica, conservada en el I.E.S. Conde Diego Porcelos, nos invita a detener el tiempo y asomarnos a la Alcalá de Guadaíra de principios del siglo XX. Se trata de una fotografía montada sobre cartulina decorativa, enmarcada con un elegante motivo ornamental en rojo, característico de la época, que constituye un valioso testimonio de la memoria visual de la ciudad.

La imagen, obra del prestigioso fotógrafo sevillano Ramón Almela (1870–1925), ofrece una panorámica excepcional en la que convergen naturaleza, ingeniería y vida cotidiana. Desde las faldas del castillo, la composición revela un paisaje que, aunque reconocible, ha sufrido profundas transformaciones con el paso del tiempo.

En primer término, destaca el perfil del Arco de San Miguel, testigo silencioso de siglos de historia. Tras él se alza la imponente estructura del puente conocido popularmente como “romano”, hoy denominado oficialmente Puente de Carlos III o de Jesús Nazareno. Aunque la tradición le atribuye un origen antiguo, los estudios históricos sitúan su fábrica actual en época posterior al siglo XV, probablemente sobre un antiguo vado donde pudo existir una estructura previa de origen romano. La fotografía de Almela resulta especialmente valiosa por mostrar el puente antes de las importantes reformas acometidas en el siglo XX.

Sin embargo, el elemento que otorga a la imagen un valor histórico singular es el viaducto ferroviario que discurre paralelo al río Guadaíra. Por él transitaba el célebre “Tren de los Panaderos”, inaugurado en 1873 para conectar Alcalá con Sevilla. Más que un simple medio de transporte, este ferrocarril se convirtió en un motor cultural: facilitó la llegada de pintores, fotógrafos e intelectuales atraídos por la luz y los paisajes de los pinares y riberas alcalareñas, contribuyendo al surgimiento de la conocida Escuela Paisajística Alcalareña.

El río Guadaíra, apacible, atraviesa la escena bajo el puente, mientras que a la derecha se distingue la silueta del Molino de la Tapada, símbolo de la tradición harinera local. En primer plano, pitas y olivos enmarcan la composición, aportando un carácter típicamente mediterráneo. Al fondo, el caserío asciende hacia los Pinares de Oromana, ya entonces un apreciado espacio de recreo para vecinos y visitantes.

El legado de Ramón Almela

La autoría de la imagen corresponde a Ramón Almela, heredero de una destacada saga de fotógrafos. Hijo de Francisco Almela, asumió desde joven la dirección del estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Su labor como fotógrafo itinerante contribuyó decisivamente a difundir la imagen de Sevilla y su provincia a través de tarjetas postales y álbumes. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que confieren a sus obras el característico tono sepia. Su producción constituye hoy un archivo visual imprescindible para comprender la evolución urbana y paisajística del territorio.

Esta fotografía, integrada en el archivo digital de Antonio Gavira Albarrán —investigador y ecologista alcalareño recientemente homenajeado—, trasciende su condición de simple imagen antigua. Es, en esencia, un espejo en el que redescubrir la Alcalá de los panaderos, de los pintores y de un río que, lejos de separar, articulaba la vida económica y cultural de la ciudad.

Francisco José Gavira Albarrán

 

viernes, 3 de abril de 2026

El Castillo de Alcalá en la lente de Roisin (c. 1930) V


El tiempo transforma los paisajes, pero la fotografía tiene el poder de detenerlo. Una imagen tomada hacia 1930 del castillo de Alcalá de Guadaíra nos ofrece una ventana a un momento en que este monumento emblemático lucía un aspecto muy distinto al actual: más cercano a la ruina romántica que al espacio patrimonial restaurado que conocemos hoy.

La fotografía, atribuida al entorno del reconocido editor y fotógrafo Lucien Roisin Besnard, presenta una amplia panorámica del recinto fortificado. En primer plano, las murallas y las torres, en evidente estado ruinoso, se alzan sobre lo que hoy llamamos patio de armas, entonces surcado por caminos de tierra entre la maleza. En el centro, un burro pastando refuerza la idea de un uso cotidiano y rural del espacio, muy alejado de su actual función cultural y turística.

Al fondo, el caserío de Alcalá se extiende sobre suaves alcores, con viviendas bajas y dispersas. Destaca el Santuario de Nuestra Señora del Águila, componiendo una estampa que resume la estructura tradicional de tantas localidades andaluzas: castillo, iglesia y pueblo.

Más allá de su valor estético, esta imagen posee un profundo interés documental. Refleja el estado del castillo antes de las grandes intervenciones de restauración emprendidas en décadas posteriores, cuando aún conservaba ese aire de abandono que, paradójicamente, hoy nos fascina. Imágenes como esta permiten reconstruir la evolución del monumento y comprender mejor su historia reciente.

El nombre de Roisin va ligado a la difusión masiva de imágenes de España durante la primera mitad del siglo XX. Instalado en Barcelona, su empresa —conocida como “La Casa de la Postal”— llegó a distribuir miles de fotografías de ciudades, pueblos y monumentos. Aunque no todas fueran tomadas directamente por él, su archivo constituye una de las fuentes visuales más importantes para conocer el país de aquella época.

En el caso de Alcalá, estas imágenes no solo documentan el patrimonio, sino también la vida cotidiana que lo rodeaba. El castillo, hoy símbolo identitario y punto de encuentro cultural, fue durante años un espacio integrado en la rutina de los vecinos, ajeno aún a la feria y a su futura revalorización turística.

Recuperar y difundir este tipo de fotografías es, en definitiva, un ejercicio de memoria colectiva. Nos invita a reflexionar sobre cómo ha cambiado nuestro entorno y a valorar la importancia de conservar tanto el patrimonio material como el legado visual que lo acompaña.

Porque en cada imagen antigua no solo hay un paisaje, sino también una historia que sigue viva en la mirada de quienes la contemplan hoy.

Francisco J. Gariva Albarrán

lunes, 2 de marzo de 2026

El Molino del Arrabal desde el Castillo del Alcalá. Ramón Almela IV



La fotografía, tomada desde el Castillo de Alcalá de Guadaíra, ofrece una amplia panorámica del río Guadaíra y del Molino del Arrabal, captando con gran detalle el paisaje fluvial y el entorno rural de Alcalá de Guadaíra a comienzos del siglo XX. En primer término, se aprecian restos de muralla y estructuras defensivas del castillo, mientras que en la parte inferior del encuadre se distinguen los tejados y dependencias del molino, rodeados de vegetación de ribera y ballado de pitas.

La imagen fue realizada por Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del también fotógrafo Francisco Almela, quien desde muy joven dirigió el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía itinerante, Almela documentó vistas urbanas, monumentales y escenas costumbristas, difundidas principalmente mediante tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dotaron a muchas de sus obras del característico tono sepia. Su producción constituye hoy una fuente visual fundamental para el estudio de la evolución urbana, social y paisajística de Sevilla y su provincia.

La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán, y representa un valioso testimonio histórico del patrimonio cultural y natural de Alcalá de Guadaíra.

jueves, 19 de febrero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: III

La fotografía muestra una vista del Castillo de Alcalá de Guadaíra a comienzos del siglo XX, captada por Ramón Almela. Se trata de una imagen en blanco y negro que documenta el aspecto del recinto y su avanzado deterioro.

En primer plano se observa un terreno irregular, cubierto de vegetación baja. Sobre él se alzan los macizos muros de tapial y mampostería, con grandes volúmenes cúbicos que corresponden a distintas torres del castillo. Varias de estas estructuras presentan grandes huecos, derrumbes y grietas, que evidencian el abandono y el paso del tiempo. 

En la parte inferior izquierda aparecen dos figuras humanas, probablemente vecinos o visitantes, cuya presencia sirve para dar escala a la monumentalidad de las ruinas. 

La composición transmite una sensación de silencio, abandono y solemnidad, acentuada por la sobriedad del blanco y negro. La imagen no solo tiene valor estético, sino también documental, ya que permite conocer el estado del castillo antes de su recuperación patrimonial, reflejando su importancia histórica y arquitectónica dentro del paisaje de Alcalá de Guadaíra.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.


sábado, 14 de febrero de 2026

Panorámica del Molino de Realaje y el Castillo de Alcalá de Guadaíra

 


La fotografía panorámica constituye un valioso documento histórico que nos permite asomarnos al paisaje y al patrimonio de Alcalá de Guadaíra de hace casi un siglo. La imagen, atribuida al prestigioso fotógrafo francés Pierre Verger, ofrece una extraordinaria vista de la ribera del río Guadaíra, con el Molino de Realaje en primer plano y el Castillo de Alcalá dominando el horizonte.

La amplitud del encuadre y la cuidada composición convierten esta fotografía en una fuente excepcional para conocer una de las zonas de Alcalá más emblemáticas durante el primer tercio del siglo XX.

Pierre Édouard Léopold Verger fue uno de los grandes fotógrafos viajeros del siglo XX. Nacido en París, decidió abandonar su cómoda vida burguesa a comienzos de los años treinta para recorrer el mundo como fotoperiodista independiente.

Durante más de quince años documentó culturas, paisajes y modos de vida en Europa, África, Asia y América, colaborando con algunas de las revistas más prestigiosas de su tiempo, como Paris-Soir, Life, Paris Match o el Daily Mirror, donde firmaba con el seudónimo “Mr. Lensman”.

En 1935, durante uno de sus viajes por España recaló en Sevilla, desde allí, probablemente desplazándose a Alcalá en el “Tren de los Panaderos”, realizó esta. Aquella etapa europea precedió a su transformación definitiva en Brasil, donde se estableció en Salvador de Bahía y se convirtió en uno de los mayores expertos mundiales en cultura afrobrasileña, antropología y religiones de origen africano.

Su legado supera las 63.000 fotografías, además de numerosos libros y estudios etnográficos. Hoy, su obra es conservada y difundida por la Fundación Pierre Verger, con sede en Salvador de Bahía.

La imagen capta un momento clave en la historia reciente de la ciudad, cuando aún pervivía un equilibrio armónico entre arquitectura, actividad agrícola, paisaje fluvial y patrimonio histórico.

Situado sobre un cerro estratégico junto al río, el Castillo de Alcalá constituye uno de los conjuntos fortificados más importantes del valle del Guadalquivir. Su configuración actual corresponde principalmente a la época almohade (siglo XII), con importantes reformas cristianas tras la conquista castellana en el siglo XIII.

El Molino de Realaje es uno de los más monumentales del histórico sistema molinar de Alcalá. Situado en la margen derecha del Guadaíra, destaca por su sólida torre medieval, su arquitectura hidráulica y su cuidada construcción interior.

A comienzos del siglo XX había dejado su función industrial y comenzó a ser utilizado como espacio de reunión por pintores paisajistas, atraídos por la belleza del entorno natural y la singularidad del edificio.

Más allá de su indudable belleza estética, esta fotografía posee un enorme valor histórico. Permite estudiar la evolución del paisaje, los sistemas tradicionales de aprovechamiento del agua, la relación entre ciudad y entorno natural, y el estado original de monumentos clave antes de sus transformaciones contemporáneas.

La mirada de Pierre Verger, caracterizada por su sensibilidad, precisión y respeto por los lugares retratados, convierte esta panorámica en un testimonio privilegiado de la Andalucía rural y monumental de los años treinta.

Esta imagen no solo documenta un momento del pasado: preserva la memoria visual de un territorio y su identidad cultural. Gracias a fotografías como esta, hoy podemos comprender mejor cómo era Alcalá de Guadaíra antes de los profundos cambios urbanísticos del siglo XX.

Una auténtica joya del patrimonio fotográfico e histórico andaluz.

 

sábado, 31 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá de Guadaíra en 1932. Fotografía de José Ramón Mélida y Alinari.


La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra tomada en 1932 por José Ramón Mélida y Alinari representa mucho más que una simple imagen arquitectónica. Esta instantánea en blanco y negro, con su composición enmarcada por un arco que dirige la mirada hacia la fortaleza, captura un momento crucial en la historia del patrimonio alcalareño. Las figuras humanas visibles a pie de muralla, al menos diez, testimonian la vida cotidiana que transcurría junto al monumento en los albores de la Segunda República.

Mélida (1856-1933) representaba la culminación de la tradición erudita decimonónica española y su transición hacia la arqueología científica moderna. Como director del Museo Arqueológico Nacional (1916-1930) en los años previos a la República, había impulsado la profesionalización de la disciplina. Su fotografía del castillo formaba parte de un trabajo sistemático de documentación que publicaría ese mismo año en el Boletín de la Real Academia de la Historia. «Arqueólogo, historiador y novelista. Fue el séptimo de once hermanos, algunos de ellos con buenas dotes artísticas como Arturo arquitecto y escultor o Enrique, pintor, lo que le hizo estar en contacto con el arte desde muy pequeño.»[1]

A los 76 años, Mélida encarnaba la continuidad institucional en un momento de profunda transformación política. Su enfoque metodológico combinaba el rigor documental con una sensibilidad histórica que valoraba tanto el monumento como su contexto humano y paisajístico.

El Castillo de Alcalá, declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, llegaba a la República con protección legal, pero con los desafíos propios de un país en transformación. Andalucía, con su riqueza patrimonial, se convertía en laboratorio de las políticas culturales republicanas.

La Ley del Tesoro Artístico Nacional de 1933, promovida por el gobierno republicano, establecía por primera vez un sistema integral de protección del patrimonio. Esta legislación coincidía temporalmente con el trabajo de Mélida, reflejando un nuevo enfoque donde la documentación fotográfica sistemática se convertía en herramienta fundamental de conservación.

El año 1932 se situaba en el período reformista de la República, caracterizado por:

  1. -        Intensos debates sobre la reforma agraria, especialmente relevante en Andalucía
  2. -        Aprobación del Estatuto de Cataluña, que impulsaba debates autonómicos
  3. -        Tensiones entre modernización y tradición que afectaban a la percepción del patrimonio
  4. -        Desarrollo de políticas educativas y culturales que incluían la protección monumental

En este contexto, el castillo representaba no solo un vestigio histórico, sino un símbolo de identidad local en proceso de redefinición. La fotografía de Mélida capturaba el monumento en un momento de relativa estabilidad antes de los convulsos años que seguirían.

El Castillo de Alcalá de Guadaíra se alzaba como testimonio de siglos de historia andaluza:

  1. -        Orígenes islámicos: Construcción principalmente almohade (siglos XI-XII)
  2. -        Adaptación cristiana: Reformas tras la conquista en 1247
  3. -        Función estratégica: Control del camino entre Sevilla y Granada
  4. -        Sistema defensivo integrado: Formaba parte de un conjunto más amplio con murallas urbanas

Su valor patrimonial residía no solo en su arquitectura, sino en su integración con el paisaje del valle del Guadaíra y su relación con el desarrollo urbano de Alcalá.

La fotografía de 1932 representa un punto de equilibrio entre:

  1. Tradición erudita representada por Mélida
  2. Modernización técnica mediante la fotografía documental
  3. Contexto político de reforzamiento de la protección patrimonial
  4. Continuidad vital del monumento en la vida cotidiana

Tristemente, esta etapa de documentación y protección quedaría interrumpida por el golpe de estado y la Guerra Civil (1936-1939), durante la cual muchos monumentos andaluces sufrirían daños o abandono.

La imagen del Castillo de Alcalá nos llega así, como testimonio de un momento en que España intentaba conciliar modernidad y tradición, documentando su patrimonio para las generaciones futuras en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales.

Foto digital archivo Antonio Gavira Albarrán



[1] Biblioteca Nacional de España.


jueves, 8 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: II

 

La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra captada por Ramón Almela a comienzos del siglo XX es un ejemplo elocuente de su manera de entender la fotografía como documento histórico. Lejos de la postal pintoresca o del encuadre efectista, Almela opta por una visión directa, sobria y estructural, en la que la arquitectura se impone al paisaje sin desligarse de él.

La imagen muestra una vista lateral y elevada del Castillo de Alcalá de Guadaíra, recortado con fuerza sobre el cielo. La fortaleza se despliega horizontalmente a lo largo de la cresta del cerro, con sus torres macizas, lienzos de muralla almenados y volúmenes prismáticos claramente definidos. La ausencia de edificaciones modernas refuerza la lectura monumental del conjunto.

En primer plano se extiende la ladera natural del cerro, cubierta de vegetación baja y terreno irregular, sin caminos ni intervenciones visibles, lo que subraya el carácter aislado y defensivo del castillo. La composición es sobria y equilibrada: el paisaje ocupa casi dos tercios de la imagen y conduce la mirada hacia la arquitectura, que se presenta desnuda, sólida y atemporal. Podemos distinguir tres personas.

La fotografía está realizada en blanco y negro, con una gama tonal rica y contrastada, lo que permite apreciar la textura de los muros, las huellas del paso del tiempo y la integración del monumento en el entorno. No hay figuras humanas ni elementos anecdóticos: el protagonismo absoluto es del castillo y su emplazamiento.

Nacido en Sevilla en 1870 y fallecido en 1925, Ramón Almela fue heredero de una saga fotográfica iniciada por su padre, Francisco Almela, y desde 1891 dirigió el estudio familiar bajo la firma «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía urbana y monumental, se convirtió en uno de los grandes cronistas visuales de Sevilla y su provincia en el tránsito del siglo XIX al XX.

En esta imagen del castillo, Almela demuestra su dominio del punto de vista: elige una posición baja y lateral que permite leer el conjunto defensivo como una secuencia de volúmenes, resaltando su función militar y su adaptación a la topografía. La ausencia de elementos contemporáneos convierte la fotografía en un documento casi arqueológico, donde el castillo aparece como símbolo intemporal del poder y la historia de Alcalá.

Trabajando con técnicas como el gelatinobromuro y característicos virados cálidos o neutros, Almela consiguió imágenes de gran nitidez y riqueza tonal. Muchas de ellas fueron difundidas como tarjetas postales, contribuyendo a fijar una memoria colectiva del patrimonio andaluz antes de las grandes transformaciones urbanas del siglo XX.

Hoy, esta fotografía no solo permite apreciar el estado del castillo antes de intervenciones posteriores, sino que confirma el valor del legado de Ramón Almela como archivo visual esencial para comprender la relación entre paisaje, arquitectura y ciudad en la Andalucía histórica. Su obra, silenciosa y precisa, sigue dialogando con el presente desde la solidez de la piedra y la claridad de la mirada.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.


lunes, 29 de diciembre de 2025

La mirada de Almela: fotografía, patrimonio y memoria histórica en los inicios del siglo XX I

 


A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la fotografía se consolidó como una herramienta fundamental para la documentación del patrimonio histórico y urbano en España. En Andalucía, y especialmente en Sevilla y su entorno, destacaron diversos fotógrafos que supieron captar la transformación de ciudades y monumentos en un momento clave de transición hacia la modernidad. Entre ellos sobresale la saga de los fotógrafos Almela, cuya obra constituye hoy un valioso testimonio visual del paisaje monumental andaluz¹. La existencia de colecciones fotográficas históricas conservadas en ámbitos educativos, como la del IES Conde Diego Porcelos sobre el Castillo de Alcalá de Guadaíra, refuerza la importancia de este legado visual².

La firma fotográfica Almela estuvo vinculada principalmente a Francisco Almela (1842-1896) y a su hijo Ramón Almela (1870-ca. 1925), activos en Sevilla desde las últimas décadas del siglo XIX³. Tras la muerte del padre, Ramón continuó el negocio familiar, primero bajo la denominación Almela, Fco. e Hijo y posteriormente con firma propia, consolidándose como uno de los principales fotógrafos documentales del ámbito sevillano.

Su producción se centró en vistas monumentales, arquitectura histórica, escenas urbanas y acontecimientos populares, empleando procedimientos técnicos habituales en la época como la albúmina y el gelatino-bromuro, formatos muy utilizados en álbumes y series destinadas a la difusión cultural y turística.

La obra de los Almela se inscribe en una tradición de fotografía documental patrimonial, cuya finalidad trascendía el valor estético para convertirse en un medio de registro histórico. Estas imágenes documentan el estado de monumentos y espacios urbanos antes de importantes transformaciones, convirtiéndose en fuentes primarias para la investigación histórica, arquitectónica y urbanística.

La circulación de estas fotografías en álbumes, postales y colecciones institucionales favoreció la creación de una imagen visual compartida del patrimonio andaluz, especialmente de ciudades como Sevilla y su entorno metropolitano.

El Castillo de Alcalá de Guadaíra, uno de los conjuntos fortificados más relevantes del sur peninsular, fue objeto de interés por parte de fotógrafos documentales desde finales del siglo XIX. En este contexto se sitúa la colección fotográfica conservada en el IES Conde Diego Porcelos, integrada por imágenes históricas del castillo y su paisaje inmediato.

Aunque la autoría de estas imágenes no siempre aparece explícitamente documentada, la cronología, el enfoque descriptivo y el lenguaje visual coinciden con la producción de fotógrafos activos en Andalucía en torno a 1900, como Ramón Almela7. Este tipo de fondos educativos desempeñó un papel clave en la difusión del conocimiento histórico y patrimonial durante el primer tercio del siglo XX.

Parte de la producción fotográfica de los Almela se conserva actualmente en fondos públicos, como la Fototeca Municipal de Sevilla, lo que confirma su relevancia dentro de la historia de la fotografía española8. La preservación y catalogación de estas imágenes ha permitido reconocer su valor como documentos históricos y como fuentes para el estudio del patrimonio cultural andaluz.

La relación entre la obra de Almela y colecciones educativas como la del IES Conde Diego Porcelos pone de relieve la necesidad de revisar sistemáticamente los archivos fotográficos escolares, donde se conservan materiales de gran interés histórico aún insuficientemente estudiados.

La figura de Ramón Almela, heredero y continuador del estudio familiar, representa un ejemplo destacado del fotógrafo documental de principios del siglo XX, comprometido con la captación del patrimonio y la memoria visual de su tiempo. Su legado, conservado en archivos públicos y colecciones históricas, constituye hoy una fuente imprescindible para el conocimiento del pasado urbano y monumental de Andalucía.

La colección del Castillo de Alcalá de Guadaíra conservada en el IES Conde Diego Porcelos se inscribe en esta tradición documental y pone de manifiesto el valor de la fotografía histórica como instrumento de conocimiento, educación y conservación del patrimonio. El estudio y contextualización de estas imágenes permiten recuperar no solo una mirada fotográfica, sino una forma de entender y preservar la historia.

Francisco José Gavira Albarrán

Notas

  1. Véase Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Fondos fotográficos históricos, Sevilla, ICAS.
  2. Proyecto Castillo en Red, Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra.
  3. ICAS, Almela. Fotografías de Sevilla, Sevilla, Fototeca Municipal.
  4. ABC de Sevilla, “Los Almela, fotógrafos que popularizaron la imagen de Sevilla”, 2020.
  5. Sougez, Marie-Loup, Historia de la fotografía, Madrid, Cátedra, 2007.
  6. Tagg, John, El peso de la representación, Barcelona, Gustavo Gili, 2005.
  7. Comparación estilística con fondos de la Fototeca Municipal de Sevilla.
  8. ICAS, Catálogo de la Fototeca Municipal de Sevilla.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Las Murallas del Castillo de Alcalá: Un Testimonio Fotográfico de las Décadas de 1920–1930

 


Entre las imágenes documentales más evocadoras del patrimonio arquitectónico de Alcalá de Guadaíra del primer tercio del siglo XX destaca esta fotografía monocroma en tonos azules, perteneciente al archivo de la Compañía de Tarjetas Postales Nacionales, más conocida por su sello comercial “Cliché COTÁN”, con sede en Sevilla. Este sello editorial se especializó en la reproducción masiva de postales y vistas urbanas, convirtiéndose en uno de los principales difusores visuales del paisaje monumental de la época.

Datada entre 1920 y 1930, la imagen muestra la imponente silueta del Castillo de Alcalá, una fortificación medieval entonces sumida en un acusado estado de ruina. El característico virado azulado —propio de ciertas técnicas fotográficas y de copias preparadas para imprenta— envuelve la escena con una atmósfera casi onírica, reforzando la impresión de antigüedad, deterioro y grandeza perdida.

Las murallas, robustas y almenadas, se despliegan de forma irregular sobre un terreno pedregoso. Sus muros, erosionados por siglos de intemperie, conservan las huellas de los sucesivos usos defensivos del enclave. Varias torres cuadrangulares, parcialmente derruidas, mantienen aún arcos y vanos que permiten imaginar cómo fue su estructura original.

En la zona central de la imagen se distinguen varias figuras humanas que caminan por la muralla, proporcionando una valiosa referencia de escala. En primer plano, la tierra labrada sugiere la existencia de pequeños huertos adosados al castillo, entre los que destacan grupos de chumberas que completan el carácter rural del entorno.

Esta fotografía no solo documenta el estado del monumento en las primeras décadas del siglo XX, sino que constituye también un fragmento esencial de la memoria visual de Alcalá de Guadaíra. Gracias al trabajo de “Cliché COTÁN” y a su intensa producción de postales, hoy es posible conocer y reconstruir la apariencia de estas estructuras antes de las restauraciones posteriores. Se trata, en definitiva, de un documento histórico de primer orden que preserva, en un evocador azul, la silueta desgarrada pero majestuosa de un pasado fortificado. Foto digital en la colección de Antonio Gavira Albarrán.

 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Kurt Hielscher en Alcalá de Guadaíra: un testimonio visual de 1922 que todavía nos interpela

 

Foto digital en el archivo de Antonio Gavira Albarrán. En 1922, el fotógrafo alemán Kurt Hielscher inmortalizó una escena que hoy forma parte del imaginario visual de Alcalá de Guadaíra. En la imagen, dos niñas caminan por un sendero de tierra, rodeadas de margaritas, cargando un gran cántaro. Al fondo se recorta la poderosa silueta del castillo de Alcalá, cuyos muros centenarios dominan el paisaje. La fotografía, incluida en su célebre libro Das unbekannte Spanien, no solo retrata un monumento; captura un modo de vida, un ritmo rural y humano que entonces definía la esencia de gran parte del municipio.

Hielscher llegó a España en 1914, y la guerra europea que estalló poco después lo mantuvo en la península durante años. Ese inesperado arraigo se convirtió para él en una oportunidad: recorrer el país a fondo, conocer pueblos y ciudades más allá de los circuitos consagrados y descubrir una España que, como su propio título afirmaba, permanecía “desconocida” para buena parte de Europa. Su mirada se caracterizó por un equilibrio poco común entre la intención documental y una sensibilidad estética casi poética. En Andalucía encontró un territorio fértil para esa combinación, y Alcalá de Guadaíra no pasó desapercibida ante su objetivo.

La fotografía tomada junto al castillo resume el estilo y las inquietudes del autor. Para Hielscher, los monumentos importaban tanto como las personas que vivían en su entorno. Nunca se limitó a registrar fachadas o panorámicas; buscó, ante todo, mostrar cómo los seres humanos habitaban los paisajes que habían heredado. Por eso las protagonistas no son solo las torres de piedra, sino también esas dos niñas que, con sus vestidos sencillos y su cántaro de barro, encarnan la cotidianidad del Alcalá de principios del siglo XX.

La relación entre la población y el castillo aparece en esta foto sin artificios. El sendero que asciende hacia la fortaleza, los márgenes con margaritas, la naturalidad de las niñas avanzando, revelan una convivencia orgánica entre monumento y comunidad. La imagen es a la vez un documento histórico y una composición de gran belleza: las líneas del camino conducen la mirada hasta las murallas, mientras la presencia humana aporta escala, vida y emoción.

Esta fotografía también tiene valor como registro social. En aquellos años, el transporte del agua seguía siendo una tarea habitual en la vida rural, y el cántaro que cargan las niñas remite a un modo de subsistencia que desaparecería con la modernización del siglo XX. La escena, espontánea y tranquila, condensa un mundo que ya no existe, pero que forma parte de la memoria cultural de la ciudad.

La obra de Hielscher ha sido recuperada en las últimas décadas por investigadores y aficionados que buscan revisitar los lugares que él retrató. Proyectos como In the Footsteps of Kurt Hielscher muestran el impacto duradero de sus imágenes y el interés por comparar los paisajes actuales con los que él fotografió hace un siglo. En Alcalá de Guadaíra, ese ejercicio de cotejo revela cuánto ha cambiado el entorno del castillo, pero también cuánto permanece de su identidad.

Más allá de lo puramente visual, la presencia de Hielscher en Alcalá forma parte de una historia mayor: la de un fotógrafo que, atrapado por la guerra lejos de su país, encontró en España un vasto territorio de descubrimiento. Su paso por la localidad quedó fijado en una fotografía que reúne arquitectura, naturaleza y vida cotidiana. Una imagen que, cien años después, nos recuerda que cada monumento es también un cruce de caminos humanos.

martes, 11 de noviembre de 2025

El Castillo de Alcalá de Guadaíra

El Castillo de Alcalá de Guadaíra, capturado por el emblemático cliché COTÁN.

Esta notable fotografía, que se encuentra en la colección de Antonio Gavira Albarrán, nos transporta a la Alcalá de Guadaíra de los años 20. La imagen, posiblemente tomada por el reconocido fotógrafo José Demaría López bajo su sello "Cliché COTÁN", muestra una escena llena de vida: al menos diez niños se agrupan sobre la muralla del castillo, mientras que, en un plano inferior, dos mulos descansan acompañados posiblemente por su cuidador.
La mención "Cliché COTÁN" identifica esta obra como parte del archivo de la Compañía de Tarjetas Postales Nacionales, activa entre 1910 y 1936. Lejos de ser una simple imprenta, COTÁN representó el trabajo de un fotógrafo que supo capturar con excepcional calidad tanto el patrimonio monumental como la esencia de la vida cotidiana andaluza.
Hoy, postales como esta han trascendido su función original para convertirse en documentos históricos de incalculable valor, permitiéndonos estudiar la evolución del patrimonio y la sociedad andaluza de principios del siglo XX.

 

martes, 12 de abril de 2022

SENDERISMO PRO PARQUE CULTURAL DE LOS ALCORES, DOMINGO 8 DE MAYO


Ante la perdida alarmante de elementos patrimoniales de todo tipo, la ruta pro Parque Cultural de Los Alcores, prevista para el próximo domingo 8 de mayo, es una buena oportunidad para decir basta ya.

Un ejemplo reciente de ataque a nuestro patrimonio lo tenemos en la dehesa Nueva, también conocida como dehesa de Martín Navarro, situada a la izquierda de la carretera de Mairena, justo detrás de la Hacienda de la Caridad y la urbanización de Las Encinas, limitando por el noroeste con la vereda de Pero Mingo, al Sureste con el camino denominado Cañada del Chochar y al sureste con la finca de El Cercado (A esta amplia zona tendríamos que unirle los últimos cerros de Piedra Hincada y los bajos que dan a la Cañada del Chochar), con más de 250 has, cuenta sin duda la mayor superficies de encinas y acebuches de Alcalá y numerosos yacimientos arqueológicos, entre los que destacan varias canteras de época romana. El pasado 7 de abril se ha presentado una ampliación de la cantera que explota la cementera con el objeto de devorarlo todo en cuatro fases...
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