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martes, 29 de noviembre de 2022

LAS TERRAZAS DEL GUADALQUIVIR: CAMINO DE TORREQUINTO Y MONTEQUINTO



19 de ABRIL de 2008

Lugar: Alcalá de Guadaíra

Distancia: 9-10 km (circular)

Dificultad: Baja

Duración: 3-4 Horas.

Calificación: Notable.

Descripción:

Partimos desde la Plaza del Perejil, como en tantas otras ocasiones, para visitar una de las zonas más desconocidas y en peligro de transformación de Alcalá de Guadaíra, las terrazas del Guadalquivir y olivares de Torrequintos.


Caminamos por el camino de la Retama hacia Torrondo y la Fuensanta. Tomamos hacia el cordel de Pelay Correa, que atravesaremos, y tras abandonarlo, tomaremos el camino que se dirige a Montequinto, ya entre olivares. Al poco de dejar unas naves ganaderas, entre los olivos, un suave descenso nos llevará hasta el arroyo de Los Sastres, que vadearemos, casi siempre sin problemas. Tras su cruce iniciamos una agradable subida hacia los restos de la casilla de san Román, que la encontraremos a la derecha, en un cruce de caminos. En este punto nosotros tenemos que girar hacia la izquierda, aunque merece la pena subir al cerro de la Torrecilla, se trata de una enorme gravera, al igual que todos los cerros de alrededor, pues no hay que olvidar que estamos paseando por las terrazas más antiguas del Guadalquivir, que con sus cerca de 80 m.s.n.m. nos ofrece unas magníficas panorámicas que abarcan desde Alcalá a Sevilla, la Venta de la Liebre, Hacienda Dolores, la hacienda del Acebuchal, Cerrajas, los polígonos industriales y la misma ciudad de Sevilla, la Giralda, puente del Alamillo y en los días en que la atmósfera está despejados podemos ver el Aljaráfe e incluso Sierra Morena...


Como decíamos, tomamos a la izquierda, entre campos de labor, si tenemos la precaución de mirar hacia Alcalá disfrutaremos de unas vistas distintas a las que habitualmente tenemos de nuestro pueblo. El camino desciende suavemente unos metros y podemos intuir que en épocas de lluvias debe discurrir un pequeño arroyo por este bajo. Pronto iniciamos una nueva subida, vamos dejando un pequeño cerro rodeado de matorral a nuestra izquierda y vemos a nuestra derecha algunas encinas formando parte de algún antiguo vallado y algo más alfondo la urbanización de Torrequinto. Pasamos un pequeño puerto y, en cuanto dejamos a tras el cerro de nuestra izquierda, las panorámicas de Alcalá vuelven a mostrarse en todo su esplendor. Delante de nosotros aparece, allá abajo, una zona húmeda donde destacan unos chopos y numerosas zarzas. Pero sobre todo lo que podemos ver son los olivares de Los Adaines que se extienden hasta unos cerros coronados de eucaliptos, los cerros de las Tarayuelas. Una vez que hemos descendido del puerto llegamos hasta el camino de Torrequinto que viene desde Alcalá, lo tomamos a nuestra izquierda. Al inicio iremos acompañando a un pequeño arroyo que viene desde Torrequinto, algo contaminado, pues trae las aguas residuales, más o menos depuradas. Más abajo vemos como a nuestra derecha aparece otro pequeño manantial que se une al que traemos para formar el arroyo de Los Sastres. Si queremos ver la zona de nacimiento de este manantial tendremos que retroceder unos cincuenta metros y entrar por un olivar, junto a un padrón y él nos llevará hasta una chopera, lugar donde parece nacer este manantial. Es interesante darse una vuelta entre olivos, padrones de setos vivos, con encinas, lentiscos, jaras, zarzaparrillas, etc. Volvemos nuevamente al camino de Torrequinto y tomamos definitivamente dirección a Alcalá de Guadaíra, los olivos nos irán acompañando hasta llegar a la carretera del puente del Dragón, podemos atravesarla por el paso que han dejado para las aguas o seguir por la vía de servicio hasta el siguiente paso, más amplio, y tomar el camino que se dirige hacia la Retama, desde aquí hasta el Perejil, donde daremos por finalizada la ruta de hoy, ya queda poco.

 

Antonio Gavira Albarrán

sábado, 1 de agosto de 2020

9ª Molino de Cerrajas

Ruta: Antonio Gavira Albarrán / Fotos: Antonio y Francisco Gavira Albarrán

Ruta: Antonio Gavira Albarrán / Fotos: Antonio y Francisco Gavira Albarrán


Esta ruta tiene unos 14 kilómetros de longitud
, es de baja dificultad y la duración estimada para recorrerla es de cuatro horas.

Comienza nuestro recorrido en la plaza del Perejil, desde donde partiremos para pasar y cruzar el puente viejo. Una vez cruzado el puente, tomamos el camino de La Retama, que queda a su derecha. Este camino cruza un pequeño manantial denominado El Negro, dando una brusca curva a la derecha, y poco más adelante a la izquierda.

Si subimos el cerro que nos queda a la izquierda tendremos unas magníficas panorámicas de este tramo del río. En esta orilla, el río muestra cierta vegetación: álamos, olmos, cañas, carrizos, etcétera. Al otro lado podemos ver restos de lo que fuera la puerta de La Barqueta, y algo más adelante restos de la antigua muralla y las ruinas del molino del Arrabal, molino harinero de origen árabe, cuya azuda fue destruida en los años setenta. Si miramos más arriba, veremos las torres del castillo, el santuario del Águila y la de San Miguel, y a lo lejos la ermita de San Roque. A nuestra espalda podemos ver un enorme eucaliptal, que parece perderse a lo lejos.

Vistas desde el cerro

Al volver al camino nos internaremos en Torrondo, entre eucaliptos y un pequeño olivar. Al pasar este olivar, merece la pena volver la vista atrás y admirar el castillo de Alcalá sobresaliendo entre los altos eucaliptos, evocándonos épocas pasadas. El camino continúa ascendiendo suavemente [1], hasta llegar a la vía pecuaria denominada Cordel de Pelay Correa. Esta vía pecuaria tiene un total de 18,5 kilómetros de longitud, y debería tener una anchura mínima de 45 varas, lo que equivale a 37,6. Al incorporarnos a dicho cordel tomaremos un camino que sale justo delante de nosotros, entre fincas de olivares, para muy pronto encontrarnos con el arroyo de Los Sastres, pequeño arroyo de unos dos kilómetros de longitud, que, naciendo en una casilla próxima a este lugar, va a morir al río Guadaíra.

Vía pecuaria cordel de Pelay Correa, con el arroyo de Los Sastres a la izquierda


Desde aquí el camino comienza un suave ascenso que nos llevará hasta el cerro de la Torrecilla (83 msnm)[2], para lo cual tendremos que tomar a la derecha, en el primer desvío que veamos, junto a las ruinas de un antiguo cortijo llamado de San Ramón. Desde el cerro de la Torrecilla tendremos unas panorámicas excelentes desde Alcalá a Sevilla: el río, los polígonos industriales, la hacienda del Acebuchal, la ciudad de Sevilla con la Giralda, el puente de La Barqueta, el del Quinto Centenario, el Aljarafe…

Paisaje de la zona

Desde este lugar iniciaremos un descenso que nos llevará hasta el río Guadaíra. Primero nos iremos acercando a la hacienda del Acebuchal, para lo cual cogeremos a la izquierda en el siguiente cruce hasta llegar al arroyo de la Torrecilla [3]. Este arroyo, que nace al pie de la urbanización de Torrequinto, está prácticamente deforestado en todo su recorrido. Lo cruzaremos, y desde aquí lo acompañaremos durante más de un kilómetro hasta el río Guadaíra. La zona que estamos recorriendo es una inmensa gravera que se extiende desde el arroyo de Los Sastres hasta la antigua Universidad Laboral, hoy Pablo de Olavide, e incluso para al otro lado del río.



Bosquete isla en Torrequintos

Hacienda del Acebuchal

Laguna del Acebuchal

Desde la desembocadura del Torrecilla hasta el molino de Cerrajas solo quedan unos metros. Desde aquí podemos ver que la estampa que muestra este molino es aún muy bella. Si queremos acercarnos, tendremos que cruzar, con mucho cuidado, su maltrecha azuda.

Este molino es el último de los que se encuentran en el término de Alcalá en dirección a Sevilla. Como casi todos, es de origen árabe y estuvo en funcionamiento hasta mediados del siglo pasado.

De él destacan, sobre todo, su torre, aún en pie, de unos doce metros de altura; y la nave de las piedras, donde aún permanecen enterradas en el lodo, que, años tras año, depositan las riadas, algunas de las piedras que sirvieron para moler el grano.

Molino de Cerrajas

Desde aquí tomaremos río arriba en dirección a Alcalá por un tramo de río pobre en vegetación, donde únicamente merecen ser resaltados un gran cañaveral en la margen izquierda del río, y en ésta un pequeño arroyo que mantiene algunos olmos en su tramo final.

Así llegamos a los molinos de Pelay-Correa, que se encuentran, sobre todo el más antiguo, en un estado de conservación lamentable, al igual que la azuda.

Molinos de Pelay-Correa

Ahora nos incorporamos a la vía pecuaria denominada colada o vereda de Zacatín, siguiendo la cual podremos ver a nuestra izquierda unos restos de muros de una antigua villa romana y los campos de alrededor numerosos restos. Algo más adelante, a la derecha, nos encontraremos con la hacienda de La Piñera, edificio del siglo XVII.

Hacienda de La Piñera

En la vereda se encuentra enseguida la fuente del Mal Nombre, antiguo abrevadero para el ganado, prácticamente destruido y sin agua tras haber perdido su verdadera función. Algo más abajo vemos una construcción que fue en otro tiempo molino harinero, el del Águila.

Seguimos el camino dejando a la izquierda el edificio del Adufe, antigua estación de bombeo, y a la derecha el molino de Realaje, que, como podemos ver, se encuentra en bastante buen estado, aunque su azuda ha sido agrandada con respecto a la original. En este lugar desemboca el arroyo de El Zacatín en el río Guadaíra, el cual tendremos que cruzar algo más adelante, para así seguir paralelos a la antigua vía del tren de los panaderos hasta acercarnos al antiguo túnel que atraviesa el cerro del castillo.

Estación del Adufe

Vía pecuaria colada del Zacatín

Al llegar a este punto giraremos a la izquierda en dirección a la calle Orellana, la plaza de El Derribo, la plaza de El Duque y vuelta al Perejil, lugar donde pondremos punto y final a nuestro recorrido.

Mapa de la ruta: Antonio Gavira

1. Con la construcción de la A-8033, hay que continuar la ruta pasando por el túnel que la atraviesa.

2. Hoy el camino pasa por debajo de la SE-40.

3. Antonio Gavira nos dice que, opcionalmente desde aquí, subiremos el camino que atraviesa la vereda en dirección a Sevilla y que bordea lo que fue el gran vertedero metropolitano del Acebuchal. Pronto llegaremos a un cruce de caminos, junto a una cantera de gravas. Nosotros tomaremos a la derecha. Algo más adelante nos encontraremos una laguna donde se pueden observar ánades, fochas, polluelas, etcétera; y a la izquierda, el canal del Bajo Guadalquivir, que salva el río mediante un acueducto transitable para vehículos y personas. Desde él podemos ver una bonita panorámica de Sevilla y un interesante meandro con cierta cubierta arbórea, ya en el último tramo del río Guadaíra antes de abandonar nuestro término municipal. Igualmente, podemos ver Alcalá desde esta elevación, teniendo delante de nosotros, a la izquierda, el molino de Cerrajas y a la derecha, sobre una pequeña loma, la hacienda del Acebuchal. Al atravesar el acueducto, seguiremos la margen derecha del río hasta Cerrajas. 

4. Hemos recibido una nota de Francisco Candon informándonos de que el molino de Cerrajas lo tuvieron en explotación sus familiares entre 1915 y 1964 por un contrato de 50 años. Se destinaba a explotación agrícola y ganadera de la finca y no a la molienda del molino. Que dejó de moler en 1914, si bien conservó los aperos hasta última hora. Su abandono se produjo en 1965.

Antonio Gavira Albarrán

lunes, 25 de mayo de 2020

5ª Ruta: Camino de La Retama y Pelay Correa


Esta ruta tiene una longitud de unos ocho kilómetros y es de baja dificultad. El tiempo estimado para hacerla es de tres horas.

Molinos de Pelay Correa

Comienza nuestro recorrido en la Plaza del Perejil, desde donde partiremos para pasar bajo el antiguo paso elevado del tren de los panaderos y cruzar el puente viejo, de posible origen romano, que fue restaurado en época de Carlos III (segunda mitad del siglo XVIII). Una vez cruzado el puente, tomaremos el camino de La Retama, que queda a su derecha.
Plaza del Perejil, con el viaducto del tren al fondo


Puente de Carlos III

Este camino atraviesa por un pequeño olivar, dejando el río a la derecha, al otro lado del río podemos observar el arco de la calle Ancha o de San Fernando, al final de una coracha.
Siguiendo esta ruta llegaremos a la altura de unos naranjos, donde se encuentra una antigua estación de bombeo de agua hacia el depósito del castillo. El camino, que sigue el curso del río, cruza un pequeño manantial, denominado El Negro, dando una brusca curva a la derecha. En esta orilla, el río muestra cierta vegetación: álamos, olmos, cañas, carrizos, etcétera. Al otro lado del río podemos ver restos de lo que fue la puerta de la Barqueta, y algo más adelante restos de la antigua muralla y las ruinas del molino del Arrabal, molino harinero de origen árabe, cuya azuda fue destruida en los años setenta.
Antigua estación de bombeo
Restos del molino del Arrabal
Algo más adelante, el camino gira a la izquierda y nosotros lo tomaremos internándonos en Torrondo, entre eucaliptos y un pequeño olivar (al pasar este olivar, merece la pena volver la vista atrás y admirar el castillo de Alcalá sobresaliendo entre los altos eucaliptos), hasta llegar a la vía pecuaria Cordel de Pelay Correa.
Castillo
Vía pecuaria cordel de Pelay Correa, con el arroyo de Los Sastres a la izquierda
Al incorporarnos a dicho cordel, tomaremos a la derecha e iremos descendiendo aproximadamente un kilómetro, teniendo a nuestra derecha el olivar de la hacienda de Los Ángeles, y a nuestra izquierda unas naves de ganado y tierras de cultivo.Pronto nos encontraremos con un pequeño arroyo casi seco que seguiremos hasta su desembocadura en el río Guadaíra. Se trata del arroyo de Los Sastres, el cual presenta poca vegetación y, solo en su tramo final, podemos ver algunas cañas, adelfas y olmos. Es aquí donde el cordel que seguimos muestra mayor anchura y vegetación: algún acebuche, coscojas, zarzas, rosales, majuelos, palmitos, aulagas, retamas, esparragueras…
Al llegar al río veremos al otro lado la barriada Venta de la Liebre y, a la derecha, a unos doscientos metros río arriba, los dos molinos de Pelay Correa. El más antiguo, de origen árabe, es el que se encuentra en la margen derecha del río; mientras que el que tenemos en nuestra margen es bastante más moderno.
Molinos de Pelay Correa
Al igual que la azuda del molino del Arrabal, esta fue destruida en los años setenta para evitar el estancamiento de las pestilentes e insalubres aguas del río Guadaíra.
Nuestro camino sigue por este margen, donde podemos ver cómo se desarrolla cierta vegetación de ribera: olmos, álamos, algún fresno, adelfas, juncos, etcétera. También podremos observar algunas aves acuáticas: ánades reales, garzas reales, garceta común, garcilla bueyera, polluela, zampullín chico, e incluso con suerte el martín pescador, hasta penetrar de nuevo en el eucaliptal. Al otro lado del río tenemos la finca de La Piñera, el abrevadero y el manantial del Mal Nombre, el molino del Águila… A nuestra derecha se eleva el cerro de Villalba, desde el cual tendremos unas inmejorables vistas del castillo, del río Guadaíra y de Sevilla.
Molino del Realaje con la estación de bombeo del Adufe al fondo.
Pasando estos eucaliptos veremos el molino del Realaje con su exagerada azuda, y a su izquierda el edificio del Adufe, antigua estación de bombeo construida sobre un antiguo molino. El camino continúa bordeando el cerro de Villalba, encontrándonos al pie del camino con una pequeña bóveda. Se trata de la fuente de la Judía, hoy seca, pero cuyas aguas movían antiguamente los molinos de Vadalejos o Guadalejos, pequeño edificio colindante. Desde esta parte del camino tendremos unas espectaculares vistas del castillo de Alcalá y de la Torre Gorda.
Molinos de Vadalejos con la fuente de La Judía a la izquierda
De nuevo llegamos a Torrondo y, más adelante, al puente romano, dando por finalizado este recorrido.
Antonio Gavira Albarrán

Mapa de la ruta, por Antonio Gavira
Fotos: Francisco y Antonio Gavira