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lunes, 27 de abril de 2026

Un viaje al pasado de Alcalá: la estampa del Puente Romano y el Tren de los Panaderos desde las faldas del Castillo. VI

 


Una pequeña joya gráfica, conservada en el I.E.S. Conde Diego Porcelos, nos invita a detener el tiempo y asomarnos a la Alcalá de Guadaíra de principios del siglo XX. Se trata de una fotografía montada sobre cartulina decorativa, enmarcada con un elegante motivo ornamental en rojo, característico de la época, que constituye un valioso testimonio de la memoria visual de la ciudad.

La imagen, obra del prestigioso fotógrafo sevillano Ramón Almela (1870–1925), ofrece una panorámica excepcional en la que convergen naturaleza, ingeniería y vida cotidiana. Desde las faldas del castillo, la composición revela un paisaje que, aunque reconocible, ha sufrido profundas transformaciones con el paso del tiempo.

En primer término, destaca el perfil del Arco de San Miguel, testigo silencioso de siglos de historia. Tras él se alza la imponente estructura del puente conocido popularmente como “romano”, hoy denominado oficialmente Puente de Carlos III o de Jesús Nazareno. Aunque la tradición le atribuye un origen antiguo, los estudios históricos sitúan su fábrica actual en época posterior al siglo XV, probablemente sobre un antiguo vado donde pudo existir una estructura previa de origen romano. La fotografía de Almela resulta especialmente valiosa por mostrar el puente antes de las importantes reformas acometidas en el siglo XX.

Sin embargo, el elemento que otorga a la imagen un valor histórico singular es el viaducto ferroviario que discurre paralelo al río Guadaíra. Por él transitaba el célebre “Tren de los Panaderos”, inaugurado en 1873 para conectar Alcalá con Sevilla. Más que un simple medio de transporte, este ferrocarril se convirtió en un motor cultural: facilitó la llegada de pintores, fotógrafos e intelectuales atraídos por la luz y los paisajes de los pinares y riberas alcalareñas, contribuyendo al surgimiento de la conocida Escuela Paisajística Alcalareña.

El río Guadaíra, apacible, atraviesa la escena bajo el puente, mientras que a la derecha se distingue la silueta del Molino de la Tapada, símbolo de la tradición harinera local. En primer plano, pitas y olivos enmarcan la composición, aportando un carácter típicamente mediterráneo. Al fondo, el caserío asciende hacia los Pinares de Oromana, ya entonces un apreciado espacio de recreo para vecinos y visitantes.

El legado de Ramón Almela

La autoría de la imagen corresponde a Ramón Almela, heredero de una destacada saga de fotógrafos. Hijo de Francisco Almela, asumió desde joven la dirección del estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Su labor como fotógrafo itinerante contribuyó decisivamente a difundir la imagen de Sevilla y su provincia a través de tarjetas postales y álbumes. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que confieren a sus obras el característico tono sepia. Su producción constituye hoy un archivo visual imprescindible para comprender la evolución urbana y paisajística del territorio.

Esta fotografía, integrada en el archivo digital de Antonio Gavira Albarrán —investigador y ecologista alcalareño recientemente homenajeado—, trasciende su condición de simple imagen antigua. Es, en esencia, un espejo en el que redescubrir la Alcalá de los panaderos, de los pintores y de un río que, lejos de separar, articulaba la vida económica y cultural de la ciudad.

Francisco José Gavira Albarrán

 

lunes, 2 de marzo de 2026

El Molino del Arrabal desde el Castillo del Alcalá. Ramón Almela IV



La fotografía, tomada desde el Castillo de Alcalá de Guadaíra, ofrece una amplia panorámica del río Guadaíra y del Molino del Arrabal, captando con gran detalle el paisaje fluvial y el entorno rural de Alcalá de Guadaíra a comienzos del siglo XX. En primer término, se aprecian restos de muralla y estructuras defensivas del castillo, mientras que en la parte inferior del encuadre se distinguen los tejados y dependencias del molino, rodeados de vegetación de ribera y ballado de pitas.

La imagen fue realizada por Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del también fotógrafo Francisco Almela, quien desde muy joven dirigió el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía itinerante, Almela documentó vistas urbanas, monumentales y escenas costumbristas, difundidas principalmente mediante tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dotaron a muchas de sus obras del característico tono sepia. Su producción constituye hoy una fuente visual fundamental para el estudio de la evolución urbana, social y paisajística de Sevilla y su provincia.

La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán, y representa un valioso testimonio histórico del patrimonio cultural y natural de Alcalá de Guadaíra.

jueves, 19 de febrero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: III

La fotografía muestra una vista del Castillo de Alcalá de Guadaíra a comienzos del siglo XX, captada por Ramón Almela. Se trata de una imagen en blanco y negro que documenta el aspecto del recinto y su avanzado deterioro.

En primer plano se observa un terreno irregular, cubierto de vegetación baja. Sobre él se alzan los macizos muros de tapial y mampostería, con grandes volúmenes cúbicos que corresponden a distintas torres del castillo. Varias de estas estructuras presentan grandes huecos, derrumbes y grietas, que evidencian el abandono y el paso del tiempo. 

En la parte inferior izquierda aparecen dos figuras humanas, probablemente vecinos o visitantes, cuya presencia sirve para dar escala a la monumentalidad de las ruinas. 

La composición transmite una sensación de silencio, abandono y solemnidad, acentuada por la sobriedad del blanco y negro. La imagen no solo tiene valor estético, sino también documental, ya que permite conocer el estado del castillo antes de su recuperación patrimonial, reflejando su importancia histórica y arquitectónica dentro del paisaje de Alcalá de Guadaíra.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.


jueves, 8 de enero de 2026

El Castillo de Alcalá según Ramón Almela: II

 

La fotografía del Castillo de Alcalá de Guadaíra captada por Ramón Almela a comienzos del siglo XX es un ejemplo elocuente de su manera de entender la fotografía como documento histórico. Lejos de la postal pintoresca o del encuadre efectista, Almela opta por una visión directa, sobria y estructural, en la que la arquitectura se impone al paisaje sin desligarse de él.

La imagen muestra una vista lateral y elevada del Castillo de Alcalá de Guadaíra, recortado con fuerza sobre el cielo. La fortaleza se despliega horizontalmente a lo largo de la cresta del cerro, con sus torres macizas, lienzos de muralla almenados y volúmenes prismáticos claramente definidos. La ausencia de edificaciones modernas refuerza la lectura monumental del conjunto.

En primer plano se extiende la ladera natural del cerro, cubierta de vegetación baja y terreno irregular, sin caminos ni intervenciones visibles, lo que subraya el carácter aislado y defensivo del castillo. La composición es sobria y equilibrada: el paisaje ocupa casi dos tercios de la imagen y conduce la mirada hacia la arquitectura, que se presenta desnuda, sólida y atemporal. Podemos distinguir tres personas.

La fotografía está realizada en blanco y negro, con una gama tonal rica y contrastada, lo que permite apreciar la textura de los muros, las huellas del paso del tiempo y la integración del monumento en el entorno. No hay figuras humanas ni elementos anecdóticos: el protagonismo absoluto es del castillo y su emplazamiento.

Nacido en Sevilla en 1870 y fallecido en 1925, Ramón Almela fue heredero de una saga fotográfica iniciada por su padre, Francisco Almela, y desde 1891 dirigió el estudio familiar bajo la firma «Almela, Fco. e Hijo». Especializado en fotografía urbana y monumental, se convirtió en uno de los grandes cronistas visuales de Sevilla y su provincia en el tránsito del siglo XIX al XX.

En esta imagen del castillo, Almela demuestra su dominio del punto de vista: elige una posición baja y lateral que permite leer el conjunto defensivo como una secuencia de volúmenes, resaltando su función militar y su adaptación a la topografía. La ausencia de elementos contemporáneos convierte la fotografía en un documento casi arqueológico, donde el castillo aparece como símbolo intemporal del poder y la historia de Alcalá.

Trabajando con técnicas como el gelatinobromuro y característicos virados cálidos o neutros, Almela consiguió imágenes de gran nitidez y riqueza tonal. Muchas de ellas fueron difundidas como tarjetas postales, contribuyendo a fijar una memoria colectiva del patrimonio andaluz antes de las grandes transformaciones urbanas del siglo XX.

Hoy, esta fotografía no solo permite apreciar el estado del castillo antes de intervenciones posteriores, sino que confirma el valor del legado de Ramón Almela como archivo visual esencial para comprender la relación entre paisaje, arquitectura y ciudad en la Andalucía histórica. Su obra, silenciosa y precisa, sigue dialogando con el presente desde la solidez de la piedra y la claridad de la mirada.

Ramón Almela (Sevilla, 1870–1925), hijo del fotógrafo Francisco Almela, dirigió desde joven el estudio familiar «Almela, Fco. e Hijo». Fue un fotógrafo itinerante especializado en vistas urbanas, monumentales y costumbristas, difundidas principalmente a través de tarjetas postales. Trabajó con técnicas como la albúmina tardía y el gelatinobromuro, empleando virados cálidos que dieron tono sepia a muchas de sus obras. Su legado constituye hoy un archivo visual esencial para estudiar la evolución del urbanismo en Sevilla y su provincia. La fotografía pertenece al archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.


sábado, 22 de noviembre de 2025

Panorámica de Alcalá Ramón Almela 1890


La panorámica de Alcalá de Guadaíra captada por Ramón Almela (Sevilla, 1870-1925) alrededor de 1890 es una ventana a un pasado rural. Tomada desde la Cuesta del Águila, la actual calle Santa María, la imagen muestra un caserío blanco y compacto, surcado por calles estrechas donde la campiña se funde de forma natural con el núcleo urbano.

En el corazón de esta estampa sobresale la Iglesia de Santiago, cuya silueta, aún sin las transformaciones que experimentaría su torre años después, domina un paisaje donde todavía no existían edificios emblemáticos como la Casa Ibarra o Villa Esperanza.

El autor de este valioso testimonio visual fue un nombre esencial en la fotografía andaluza de su tiempo. Hijo del también fotógrafo Francisco Almela, Ramón se incorporó joven al negocio familiar. A partir de 1891, la firma "Almela, Fco. e Hijo" quedó bajo su dirección y orientación artística (Yáñez Polo, 1997: 226-227). Como fotógrafo itinerante y editor de postales, dedicó su carrera a documentar ciudades y monumentos de Sevilla y su provincia, empleando técnicas como la albúmina tardía o el gelatinobromuro, que otorgaban a sus imágenes el característico y cálido tono sepia.

Hoy, esta fotografía no solo es un documento histórico de incalculable valor para comprender la fisonomía de Alcalá a comienzos del siglo XX, sino también el legado de uno de los grandes documentalistas gráficos de Andalucía.

Fuente: Archivo digital de Antonio Gavira Albarrán.