lunes, 13 de julio de 2020

8ª Marchenilla: castillo, fuentes y molinos


Castillo de Marchenilla

El recorrido es de unos ocho kilómetros, y el tiempo estimado es de unas tres horas y media, con dificultad baja.
A un kilómetro de Alcalá de Guadaíra se encuentra Marchenilla. Su gran riqueza en aguas, hicieron posible que, ya en época árabe, floreciera una importante industria molinera que perduró hasta mediados del siglo pasado. Gracias a ello podemos, aún hoy, contemplar los restos de nueve molinos: Tragahierro, Pared Alta, Cañiveralejos, Pasadilla, Granadillo, Hornillo, San José, La Boca y el noveno, el molino Nuevo [1], que se encuentra junto a San Juan de Dios.
Este recorrido comienza en el hotel Oromana, lugar desde el que tendremos unas panorámicas magníficas del río y de algunos molinos. La ruta nos lleva hacia el río, para ello descenderemos hasta la parte baja del parque y nos dirigiremos hacia el molino de Las Aceñas. En esta zona, el río presenta, en general, buena cubierta vegetal, entre la que destacan los álamos blancos y los carrizos, aunque también se pueden observar algunos sauces, tarajes, olmos…, así como adelfas, zarzas, zarzaparrillas, rosales, espinos majoletos, mirtos, etcétera.
El molino de Las Aceñas (Reha Aben Ocba) es uno de los molinos harineros de época árabe que existen en la cuenca del río Guadaíra. Junto a él se encuentra el molino de Cajul (Alcaxur[2], que era movido por las aguas de un arroyo, y el edificio mayor que era una posada [3].
Molino de Las Aceñas y el de Cajul al fondo
Quinta de Nuestra Señora de Regla
Desde aquí nos dirigiremos hacia el camino de Los Cercadillos, que tomaremos a la derecha. En lo alto de un cerro veremos el Centro Polivalente San Francisco de Paula, edificio regionalista construido en los años veinte del siglo pasado. Pasaremos, entre otras, por la huerta de la Joaquinita, una cochinera y un pequeño olivar, dejando la urbanización de cerro Clavijo a nuestra izquierda, para así llegar a una bifurcación en el camino. Nosotros continuaremos hacia el río, dejando a nuestra izquierda el camino de los molinos de Marchenilla y un imponente plátano. Desde el portillo continuaremos en dirección al río, dejando a nuestra izquierda el molino de San José o Pared Blanca. De él podemos destacar su larga atarjea, muy deteriorada, y la parte trasera del molino, relativamente bien conservada gracias a la dedicación de sus propietarios. Junto al molino de San José, y más pegado al río Guadaíra, existe otro molino, el de La Boca o La Fortuna. Este se encuentra en un estado de deterioro muy avanzado. A pesar de ello conserva su impresionante atarjea, que fue construida como defensa contra las frecuentes riadas del Guadaíra. Podemos subir a ella y veremos cómo esta tenía cuatro cubos por donde caía el agua para poder moler. No en vano, este molino era uno de los más rentables de Marchenilla [4].
Molino de San José o Pared Blanca
Molino de la Boca o La Fortuna
A pocos metros del molino de La Boca, y siguiendo el río Guadaíra aguas arriba, entre un eucaliptal, nos encontraremos con un arroyo de aguas limpias que es la unión de varios: El Fontanal, El Junco, El Escurridero y Cañiveralejos. Si continuamos por el eucaliptal, pronto nos encontraremos con otro arroyo, el denominado de Marchenilla, por brotar sus aguas justo detrás del castillo [5].
Ya que estamos aquí nos podemos acercar hasta el molino Hundido, molino de origen árabe (Reha Luet), que podemos ver sobre el río Guadaíra algo más adelante. Este se encuentra en un estado lamentable, conservándose, a duras penas, una pequeña nave del molino que fue [6].
Tramo del río Guadaíra en dirección al molino Hundido
Molino Hundido o del Rincón
Desde aquí sale un camino a la izquierda, que, pasando por detrás de una cochinera, nos llevará hasta la carretera de Morón. Justo al terminar la valla de esta cochinera, sale a la izquierda otro camino bordeado de chumberas que nos llevará a la trasera del castillo, donde podremos ver el nacimiento del arroyo de Marchenilla [7].
Si nos metemos por un portillo que existe entre las chumberas podremos rodear el castillo, al que se accede por una terraza que se encuentra en la parte que da a la carretera de Morón [8]. Al entrar en el recinto damos a un patio con pozo árabe, pues árabe es el origen del castillo, rodeado de edificios: capilla, granero, habitaciones… Todo ello defendido por una gran torre denominada del Homenaje. La torre parece del siglo XIV, con agregaciones posteriores, tiene 27 metros de altura, con dos plantas y azotea, desde donde tendremos unas magníficas vistas de toda Marchenilla y podremos admirar el vuelo de gran número de cernícalos primillas, pues no hay que olvidar que este lugar es uno de los más importantes refugios del cernícalo primilla de toda España.
Castillo de Marchenilla
Desde el castillo nos dirigiremos, caminando junto a la carretera de Morón, hasta la fuente de Cañiveralejos, y desde aquí hasta el molino de Pared Alta. Este molino, al estar habitado, se ha conservado en bastante buen estado, pudiéndose ver tanto la atarjea como la casa del molinero. Aquí nos encontramos con un pequeño arroyo (unión de las aguas de El Fontanal, Escurridero y Junco), cuyas aguas eran utilizadas como fuente de energía para moler [9].
Restos del molino de Tragahierros
Si tomamos a la izquierda, bordeando la valla de una fábrica, pronto llegaremos a un pequeño saucedal (salixfragilis). Podemos ver los restos de una atarjea, que es todo lo que queda del molino de Cañiveralejos [10], que era movido por las aguas de nuestro pequeño arroyo, al cual se le han unido ya las aguas del arroyo de Cañiveralejos, que nace, como hemos visto, al pie de la carretera de Morón.
Molino de Cañiveralejos
Al continuar la ruta y salir de este pequeño saucedal, observamos cómo el arroyo se desvía hacia la izquierda, y aunque no vemos sus escasas aguas, sí apreciamos la abundante vegetación que sobrevive en sus márgenes e interior: lirios amarillos, colocasias, cañas, aneas, juncos, mentas, juncias, zarzas, madreselva, vid silvestre, salicarias… ocupan este tramo del arroyo dando cobijo a multitud de aves.
Algo más adelante está el molino de Pasadilla [11], del cual se pueden ver la antigua atarjea en pie, mientras el resto del molino está dedicado a naves para el ganado. A esta altura el arroyo vuelve a acercarse al camino y al otro lado vemos unas extensas tierras de labor que están delimitadas por el río Guadaíra y la carretera de Morón.
Molino de Pasadilla
A pocos metros nos encontramos, entre árboles, el molino de Granadillo. Este molino, como todos los que hoy día están habitados, ha sido ampliado según las necesidades, quedando poco visible la parte antigua, salvo desde atrás.
Molino de Granadillo
El arroyo toma rumbo hacia el río Guadaíra, justo detrás de este molino. Antiguamente se desviaba su curso para mover el molino de Hornillo [12], que es el que se encuentra algo más adelante. El molino está literalmente hundido en el terreno, provocando que surja un nuevo manantial a sus pies.
Molino de Hornillo
Una vez llegado a este punto volveremos de nuevo hasta el hotel Oromana, donde podremos descansar un poco y, tomándonos unos refrescos, conversar sobre todo lo visto durante la jornada [13].
Mapa de la ruta

Antonio Gavira Albarrán
[1] El molino Nuevo fue destruido por completo el 19 de abril de 2005, en el marco de unas obras de ampliación de la Ciudad de San Juan de Dios. Situado en la cabecera de la cuenca de Marchenilla, y muy próximo al alumbramiento de aguas conocido como El Fontanal, podría datarse en el siglo XVII. Los hechos fueron denunciados por diferentes colectivos, entre ellos Alwadi-ira-Ecologistas en Acción.
[2] El molino de Cajul, cuando se publicó esta ruta por primera vez, se encontraba en muy buenas condiciones para, con un mínimo presupuesto, ser restaurado. Durante estos años se ha ido deteriorando sin que exista ningún plan municipal para rescatarlo.
[3] La aparición de sillares de una atarjea que conectaba el molino de Cajul con el de Las Aceñas, durante una remodelación de la zona, no tuvieron el correspondiente estudio y necesaria puesta en valor de esta última. La Quinta de Nuestra Señora de Regla se encuentra en ruinas, y el conjunto, donde se localiza también el nacimiento de los Caños de Carmona o la ermita de Santa Lucía, continúa sin un plan para su recuperación, a pesar de denuncias, propuestas y proyectos impulsados por la sociedad civil.
[4] El molino de la Boca o de la Fortuna ha continuado deteriorándose durante todos estos años. Las únicas intervenciones llevadas a cabo han corrido a cargo de la Sociedad Ecologista Alwadi-ira, consistentes en la limpieza arbustos, maleza y basuras acumuladas en su entorno y estructura.
[5] Las captaciones de aguas, legales e ilegales, posiblemente de las explotaciones mineras de Los Salgueros y Las Majadillas, son las causas de que los arroyos de la zona no lleven agua prácticamente en ningún momento del año. Las administraciones públicas (Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra) no actúan.
[6] El molino Hundido o del Rincón es otro de los molinos que se ha visto afectado por el paso del tiempo y por la nefasta actuación llevada a cabo a principios de los años ochenta, consistente en la construcción de una presa que, supuestamente, regularía el cauce del río; pero que nunca cumplió con su cometido, ya que la dinámica del río la evitó, consiguiendo deteriorar más aún el molino y su entorno. Alwadi-ira ha solicitado una actuación urgente, adjuntando un proyecto donde se concretan una serie de medidas.
[7] Hoy sin agua prácticamente durante todo el año.
[8] En la actualidad no es posible entrar por el portillo. Una vez lleguemos a la carretera de Morón, continuaremos por su margen. Estamos en la vía pecuaria Vereda de Marchenilla, hasta la entrada que observaremos junto a la terraza que se cita en el texto.
[9]Del molino de Tragahierros, que hemos dejado al otro lado de la carretera de Morón, quedan algunos restos de la atarjea, y de la nave molinera, aunque enterrados en los escombros que se depositaron sobre él tras las obras del colector del Centro Penitenciario de Mujeres.
[10] Del molino de Cañaveralejos solo nos queda parte de la atarjea y cubos soterrados cubiertos de maleza.
[11]Del molino de Pasadilla permanece la atarjea. El resto se ha destruido o se ha convertido en cobertizos para ganado.
[12] El molino de Hornillo, a pesar de un proyecto privado y de la promesa del Ayuntamiento de contribuir a su recuperación, ha continuado deteriorándose durante todos estos años.
[13] Como podemos comprobar, desde que se publica por primera vez la ruta, en 2003, hemos visto el desordenado desmantelamiento de la fábrica de Tableros del Sur, la acumulación de placas de amianto, neumáticos, escombros y basuras en sus instalaciones, construcciones legales o ilegales, más canteras, más pozos, incendios y, sobre todo, la ausencia del gobierno municipal; circunstancias que han contribuido a la pérdida de patrimonio histórico y natural en la cuenca del Marchenilla.


jueves, 2 de julio de 2020

Éxito de la sociedad civil contra la incineración.

Posible pinchazo del acuífero en la cantera de la cementera.


La Plataforma Contra la Incineración de Residuos en Los Alcores presentó, el pasado 26 de junio, en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, más de 9.000 firmas ciudadanas exigiendo la modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para impedir la quema de residuos en la cementera Portland o en cualquier otra instalación de la localidad.

La ciudadanía muestra, de esa forma, una vez más, su rotunda oposición a la incineración de 292.000 toneladas/año de residuos en la cementera Portland de Alcalá de Guadaíra, entre los que, previsiblemente, estarán los del vertedero de Nerva (Huelva), según se desprende de su proyecto de ampliación.

Ante la lógica de la rentabilidad y el beneficio, esgrimida por la empresa desde hace años, con sus planes para quemar residuos en el horno de clinker, a fin de utilizarlos como combustibles alternativos, se reivindica su reducción, reutilización, reciclaje, compostaje…, minimizando, de esta manera, los efectos sobre la salud, la contaminación del entorno y la extracción de materia prima de la naturaleza.

El resultado de esta campaña es fruto del trabajo informativo desarrollado en la calle por la Plataforma, que está logrando desmontar los argumentos de la cementera, a pesar de los recursos que invierte en hacernos ver lo afortunados que somos por tenerla justo al lado de nuestra casa.  

La cementera es la industria que más contribuye al calentamiento global por emisiones de CO2 en la provincia de Sevilla, 598.000.000 kg/año vertidas a la atmósfera en 2018, últimos datos oficiales. Ha batido sus propios récords por emisiones de materia particulada (PM10) 4.780 kg/año, partículas totales en suspensión (PST) 54.100 kg/año, aumentado sus emisiones de metales pesados, como el cadmio, cromo, cobre, níquel, plomo, talio, cobalto, zinc, manganeso o vanadio. También los semimetálicos como el antimonio. Igualmente han aumentado las dioxinas y furanos, los policlorobifenilos, el benceno, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, el cloro, etc., según un informe elaborado por la Plataforma.

También estamos ante la industria que más suelo ha devorado en nuestro término municipal, aproximadamente, 300 hectáreas. El suelo es, además de un recurso natural no renovable, un elemento clave del sistema climático, ya que tiene el potencial de capturar enormes cantidades de carbono. En nuestro caso, también, es un suelo muy rico en patrimonio paleontológico y arqueológico, su eliminación afecta seriamente al acuífero Sevilla-Carmona y deteriora un paisaje genuino, como es el de Los Alcores, en una zona fuertemente humanizada y donde el objetivo de la Agenda 2030 “lograr un mundo con efecto neutro en la degradación del suelo”, se encuentra más que justificado.

Tampoco nos habla la cementera de los puestos de trabajo que se pueden estar perdiendo por estar ubicada en un punto estratégico dentro del área metropolitana de Sevilla y de que forma parte de un sector sobredimensionado, diseñado sobre un hipotético crecimiento ilimitado del monocultivo del ladrillo en Andalucía.

Es alentador presenciar otro éxito de la sociedad civil organizada entorno a una plataforma unitaria de funcionamiento asambleario, que exige con estas firmas, a nuestros responsables políticos, no arrodillarse ante los intereses económicos de unos pocos, tomando medidas que protejan la salud de las personas, el medio ambiente y nuestro futuro.

Francisco Gavira Albarrán




sábado, 27 de junio de 2020

Piedra Hincada y la Cañada del Chochar.


Panorámica del Cerro Gordo / Fotos de la ruta: Antonio García Mora, Félix Ventero, Antonio Gavira y Francisco Gavira.
La ruta de hoy tiene 9,4 kilómetros de longitud, es circular y la podemos realizar en tres horas y media con tranquilidad [1]. El punto de partida lo hemos situado en la calle Polisol ocho. En coche, una vez que hemos pasado el cruce de Montecarmelo, dirección Mairena del Alcor, en la primera rotonda torceremos a la izquierda para aparcar inmediatamente. Andando, desde Alcalá, tendríamos que cruzar por el paso subterráneo de la A-92, para luego callejear hasta el lugar antes señalado.
Estamos en plena dehesa de Piedra Hincada, topónimo con el que se conoce una amplia zona de unas 300 hectáreas. Comenzaremos a andar en paralelo a la A-398. A unos 350 metros, al otro lado de la carretera, veremos una edificación encalada con un portón verde flanqueado por palmeras. Es una antigua casa de postas, conocida con el nombre del El Villón o Parador de Buenavista [2], un lugar de parada para las diligencias que transitaban por la carretera Sevilla-Madrid, conocida hoy como Cortijo de Piedra Hincada. Se dice de él, que, con posterioridad a su función de casa de postas, fue convertido en explotación de carácter fundamentalmente ganadero, y que su geométrico caserío, bien conservado, se articula en torno a un patio cuadrado. En la fachada, además de la portada, se localiza el señorío, de doble altura. El resto de las dependencias son de una sola planta, a excepción de la nave que cierra el fondo del patio, que cuenta con un soberado y un palomar [3].
Cortijo de Piedra Hincada
Continuando nuestra ruta, a unos 300 metros divisaremos, a nuestra izquierda, una antigua cantera. Merece la pena visitarla. Es un auténtico laberinto tallado en la calcarenita. En este lugar, nuestra imaginación echará a volar sobre si lo que contemplamos tiene un origen romano o medieval. En todo caso, conviene recordar que Piedra Hincada, durante siglos, suministró sillares con los que se levantaron muchas construcciones de importancia en nuestra comarca. Se encuentra perfectamente documentado el empleo de sillares de Alcalá en la construcción de la Catedral de Sevilla [4]; una labor ingente, sobre todo teniendo en cuenta que las técnicas y las herramientas de trabajo eran realmente rudimentarias. Aún hoy podemos ver, claramente, los cortes realizados e incluso algunos sillares o trozos de piedra no cortada [5].
Cantera con cortijo de Piedra Hincada al fondo
La zona donde nos encontramos conserva un número importante de encinas (quercus rotundifolia), pertenecientes a una dehesa que antaño estuvo mucho más densamente poblada, pero que, aún hoy, dado su aislamiento, constituye un refugio importante para la vida vegetal y animal.
El siguiente tramo de la ruta discurre en paralelo a las traseras de unas huertas, hasta situarnos a los pies del conocido como Cerro Gordo. En las faldas del cerro podremos ver encinas, algarrobos, acebuches, coscojas, retamas, tomillos, palmitos, etcétera. Merece la pena subir para contemplar unas magníficas vistas de la Dehesa Nueva, que nos darán una ligera idea de cómo fueron los alcores en otras épocas y, como contrapunto, en la cara sureste, la inmensa cantera de la cementera devorando nuestro patrimonio natural.
Donde estuvo el cerro del Relojero
En la base del Cerro Gordo se encuentra lo que en su día fue la Huerta de El Mohíno, que luego pasaría a llamarse Huerta de Camisón y hoy es propiedad de la cementera. En este punto existió uno de los registros de la conducción construida por The Seville Water Works Company Limited (SWW), que traía las aguas captadas en la Hacienda de Clavinque, en Mairena del Alcor, para abastecer a Sevilla.
Granjas desde el carril de Martín Navarro
Desde la Huerta de Camisón entraremos, brevemente, en la Cañada del Chochar, para continuar, a lo largo de 900 metros, por el carril de Martín Navarro. A nuestra derecha se encontraba el Cerro del Relojero, que también ha desaparecido por las extracciones de albero de la cementera. Según cuentan, entre los olivos del cerro, allá por los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, un tal Romerito aún sembraba tomates. El olivar contaba con pozo y casilla nombrada de la misma manera, del Relojero. Con anterioridad había pertenecido a la Dehesa Nueva. A la izquierda del carril, por donde transitamos, huertas y alguna explotación ganadera. En esta zona se encuentra el segundo de los registros de la SWW, dentro de una haza que fue de Joaquín Mora [6].
El siguiente tramo es de subida, hasta situarnos en lo alto de un cerro, donde, quizás, tengamos los mejores atardeceres con Sevilla como telón de fondo; un lugar donde se experimenta una sensación de altura que no se corresponde con la cota en la que nos encontramos. Desde allí, el alcor se hunde en las terrazas del Guadalquivir entre olivares que pertenecen a la Hacienda de la Soledad o Nueva.
Desde este cerro se pueden disfrutar de magníficas vistas de Sevilla
La zona donde nos encontramos estuvo completamente cubierta de olivares hasta donde se perdía la vista. Las propiedades eran divididas por grandes vallados de setos vivos en los que proliferaban el acebuche, la coscoja, el lentisco, la cornicabra, el espino majoleto, rosales silvestres, torviscos, etcétera. Hoy día podemos ver numerosos claros, como consecuencia del arranque de olivos buscando la explotación de otros cultivos más rentables, lo que a su vez ha provocado la desaparición de la mayoría de los vallados.
Descenderemos el cerro entre setos vivos y olivos. Cruzaremos el camino de Pero Mingo, reducido en este punto a la mínima expresión, para aproximarnos a la Hacienda de Los Jiménez, que aparecerá justo enfrente a nosotros, entre olivos. De la hacienda destacamos las crujías con alineamiento de arcos de medio punto, ya sin la cubierta, que aún conservan en su interior los restos de más de veinte tinajas de vino que nos proporcionan una idea del cultivo predominante en esta zona durante el siglo XVIII. La gañanía, la torre de contrapeso, el patio con pozo y las dependencias que sirvieron de vivienda son dignas de un estudio en profundidad. Esta hacienda, hasta mediados del siglo XX, fue una venta y escenario de la leyenda de Bigote [7]. La Hacienda de la Soledad o Nueva nos queda a la derecha, a unos 400 metros, en un estado de conservación excelente [8].
Torre de contrapeso y entrada de la Hacienda de Los Jiménez

Tinajas en la Hacienda de Los Jiménez

Abandonaremos Los Jiménez para dirigirnos al camino de Matatoros, también llamado de la Hacienda Nueva, dejando a nuestra espalda la torre de contrapeso, rematada por almenas y una cruz humilladero que jalona el espacio delante de la fachada [9]. Andamos sobre un gran yacimiento arqueológico catalogado en el PGOU.
Una vez en el camino, lo tomaremos a la izquierda hasta llegar a la Cruz de Otivar. En esta zona se ubica otro de los registros de la SWW. Desde allí hasta la cañada del Chochar, que nos saldrá perpendicular a la izquierda, hay 400 metros flanqueados por huertas y olivares.
Cruz de Otivar
La Cañada del Chochar tiene 3,2 kilómetros hasta la A-398. La margen derecha formaba parte de la dehesa de Piedra Hincada y fue propiedad de Vicente Belloc, entre otros, hoy de la cementera. A la izquierda se suceden las huertas, comenzando con la del Negro, conocida también como el Huerto de Tejeringo, Huerta de la Cañada o la Huerta de Capita. Le seguían la huerta del Huertita, la huerta de Lunares o de Camacho y el olivar de Pérez, un panadero de campo que recaló en aquel lugar.
Cañada del Chochar con la cantera a la derecha
Cuando lleguemos nuevamente a la Huerta de Camisón, las huertas pasarán a estar en la margen derecha de la vía pecuaria y la Dehesa Nueva a nuestra izquierda. Estamos ante el más importante encinar de la comarca de Los Alcores. Allí, junto a la encina podemos encontrar acebuches, coscojas, lentiscos, cornicabras, jaras, retamas, matagallos, majuelos, espinos negros, hediondos, jaguarzo negro, cantuesos, palmitos o tomillos y un largo etcétera de herbáceas.
Cañada del Chochar en la Dehesa Nueva
La fauna presenta, entre otras, las siguientes especies: ratonero, milano, águila culebrera, cernícalo común y primilla, cuervo, lechuza, mochuelo… Zorros, liebres, conejos, meloncillos, ginetas, erizos… Culebra de escalera, lagarto ocelado, etcétera.
De esa forma llegaremos a la A-398, donde pararemos unos instantes para hablar de la Hacienda de Martín Navarro, distante de nosotros 400 metros en línea recta. Al comienzo de la ruta la pudimos ver, a lo lejos, entre naranjos. Esta imponente construcción de principios del siglo XVIII se atribuye a Alonso Jiménez, por encargo de la orden de La Merced. Se quiere ver en ella un híbrido entre hacienda y convento, articulado en torno a un gran patio rectangular porticado con una sobresaliente fachada, de orden dórico. Cuenta con capilla y molino bien conservado, con solera, rulos y viga de la prensa [10]; un edificio que ha sido testigo de numerosas historias y escenario de la serie La peste.
Hacienda de Martín Navarro
La última etapa, de un kilómetro cuatrocientos metros, discurre por la carretera de servicio y arcén hasta llegar al punto de partida.
Mapa de la ruta.
[1] Antonio Gavira Albarrán, para la ruta del 18 de enero de 2003, organizada por Alwadi-ira.
[2] Mapa topográfico elaborado por el Instituto Geográfico en 1873. En el mapa topográfico elaborado por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1918, conserva el nombre de Parador de Buenavista. En el mapa topográfico y parcelario elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral en 1945 aparece ya con el nombre de Hacienda de Piedra Hincada. En la actualidad se le reconoce como cortijo.
[3] Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio: Cortijos, haciendas y lagares de la Provincia de Sevilla. Junta de Andalucía, 2009, pág. 915. Se le nombra cortijo de Piedra Hincada.
[4] Alfonso Jiménez Martín: La catedral gótica de Sevilla: fundación y fábrica de la “obra nueva”. Universidad de Sevilla, 2007, págs. 171-172.
[5] Antonio Gavira Albarrán, para la ruta del 18 de enero de 2003, organizada por Alwadi-ira.
[6] Plano parcelario, Cañada de Otivar, 1942.
[7] Antonio Gavira Albarrán nos cuenta: “Bigote, un cazador furtivo, acudía asiduamente a la venta de Los Jiménez (junto a la Hacienda Nueva) donde, tras tomar algunos vasos de vino, alardeaba de las piezas que cazaba en la dehesa cercana. El guarda de la citada propiedad, igualmente asiduo de la venta, harto de la actitud de Bigote, y después de conminarle en multitud de ocasiones que cejase en su actividad, amenazó con matarlo si volvía a verlo cazando en la propiedad que vigilaba. Un día de fuertes lluvias, Bigote aprovechó para volver a ir de caza pensando que nadie estaría vigilando la finca estando el tiempo tan malo, pero el guarda, conociendo los lugares preferidos por Bigote para la caza ya hacía tiempo que lo acechaba. Al salir Bigote de la finca con las piezas cobradas, éste, que le esperaba escondido, disparó y dio muerte a este personaje. Ese día las lluvias no cesaron e incluso llegaron a ser copiosísimas, de manera que quedó en la memoria colectiva, de ahí el dicho ‘llueve más que cuando enterraron a Bigote’. Y se dice que hasta hace muy pocos años aún se podía ver en un olivo cercano a la dehesa una señal que indicaría el lugar exacto donde se produjo esta muerte”.
[9] Ídem.
[10] Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio: Cortijos, haciendas y lagares de la Provincia de Sevilla. Junta de Andalucía., 2009, págs. 360, 361 y 362.

Francisco Gavira Albarrán

viernes, 19 de junio de 2020

RECUPERAR LA ICTIOFAUNA DEL RÍO GUADAÍRA.

Molino de Las Aceñas


En enero de 2018 la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir elaboró un proyecto con la finalidad de “recuperar” los peces autóctonos del río Guadaíra, su ictiofauna, dándole continuidad longitudinal al cauce con diez actuaciones, en otras tantas “barreras”, que, supuestamente, lo impiden.

Dado que la CHG sigue siendo un organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, un anacronismo que persiste a pesar de que más del 90% de la cuenca se encuentra dentro del territorio andaluz, el proyecto fue remitido a Madrid con el objeto de conseguir el Informe de Impacto Ambiental, siguiendo la tramitación simplificada en aplicación de la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental, elaborada por el primer gobierno de Rajoy.

Resulta chocante que la CHG utilice el procedimiento simplificado cuando la mayoría de las actuaciones tendrán lugar en un área incluida en la lista de Lugares de Importancia Comunitaria de la Red Natura 2000, por albergar especies como la pardilla (Rutilus Lemmingii) o el calandino (Rutilus alburnoides), entre otras, y con una extensión de 227,10 ha., lo que, sin duda, aconsejaría utilizar uno más garantista, como es la Evaluación de Impacto Ambiental ordinaria, marcando así distancia con la Junta de Andalucía, que mediante decreto ley 2/2020, de 9 de marzo, ha eliminado garantías ambientales y menospreciado la participación de la ciudanía escusándose en el “fomento de la actividad productiva”, pero no ha sido así.

En Madrid se procedió a cumplir con el trámite de información pública, notificándose a todos los ayuntamientos afectados, entre ellos al nuestro, Alcalá de Guadaíra, también a la Diputación Provincial, a las delegaciones con competencia de la Junta de Andalucía y los grupos ecologistas. Sorprendentemente, ningún ayuntamiento de la cuenca planteó alegaciones, ni tan siquiera respondieron a la misiva. El informe favorable se ha publicado en el BOE el 27 de abril, de este año, lo que ha motivado la personación de la Sociedad Ecologista Alwadi-ira en el procedimiento.

El impacto derivado de las obras que se proyectan en el cauce del río, consistentes en la sustitución de vados por otros de igual o superior envergadura, la demolición del azud de El Morillo, la eliminación de restos de un azud en Alcalá de Guadaíra, que pudieran ser los del desaparecido molino de La Torrecilla y la construcción de una “escala para peces” en el molino de San Pedro tendrán, necesariamente, unas repercusiones desastrosas en las escasas láminas y sus ecosistemas asociados, lo que de facto nos distancia de las recomendaciones de la Directiva Marco de Agua. La CHG no entiende que no todos los ríos se comportan de la misma forma o están asociados a un rico patrimonio, como es el caso del Guadaíra.  

A estas alturas la CHG debería tener claro que lo más urgente para el río es recuperar un caudal con suficiente calidad química, eliminando los salideros de los colectores, las captaciones de aguas para riego, estableciendo controles eficaces sobre la industria contaminante, evitando la erosión que genera la agricultura, reforestando las riberas con especies autóctonas…, todo ello combinado con medidas que eviten la propagación de especies invasoras y recuperando el riquísimo patrimonio hidráulico de los molinos y zúas. La continuidad longitudinal de paso para la ictiofauna en el río Guadaíra se garantiza manteniendo limpios los cubos de los molinos y durante las crecidas del río, como ha venido sucediendo a lo largo de los últimos 1000 años.

Francisco Gavira Albarrán