domingo, 30 de mayo de 2021

Por la Cañada de Matalageme, el arroyo de San Juan, el cordel de Gallegos y Bujadillos.

 

Almendro en el Cordel de Gallegos.

La ruta de hoy tiene 10 kilómetros y es circular. Desde Alcalá de Guadaira tomaremos la antigua A-376, dirección Utrera. Cuando dejemos atrás la hacienda de Mateo Pablo debemos estar pendientes, ya que la vegetación casi ha taponado la entrada a la cañada de Matalageme. En este punto estacionaremos el coche.

Los primeros cien metros discurren a la sombra de un pasadizo vegetal formado por: higueras, acebuches, lentiscos y ailantos que han prosperado en paralelo a la carretera y a la alambrada que cierra perimetralmente el olivar de la hacienda de Mateo Pablo. ¡Qué hermoso es todo esto!, es la expresión que se nos vino de inmediato cuando estuvimos por allí a finales del mes de marzo. Como nota negativa, el ailanto o pestoso, como lo conocemos popularmente, lo vimos avanzar imparable por este primer tramo del recorrido. Originario de China, el Ailanthus altissima, es conocido como el árbol de los dioses, pero en la comarca de Los Alcores no deja de ser una plaga endemoniada que desplaza a las especies autóctonas debido a su facilitad para adaptarse a cualquier tipo de terreno.

Hacienda de Mateo Pablo.

Padrón de cañada de Matalageme.

Inmediatamente llegamos a una zanja que sorteamos con facilidad. Los siguientes ochocientos metros discurrieron de forma perpendicular a la carretera, entre un olivar, a nuestra izquierda, y un imponente seto vegetal compuesto: de zarzas, lentiscos, acebuches, coscojas, espinos majuelos y algún pino centenario. Aquí destacamos la abundante presencia de una trepadora, la zarzaparrilla, Smilax aspera, que es un arbusto de la familia de las esmilacáceas, muy abundante a lo largo de todo el padrón.

Al llegar a la autovía Sevilla – Utrera la cruzamos por un túnel habilitado para dar continuidad a la cañada. A diferencia de otras vías pecuarias, la cañada de Matalageme conserva una anchura aceptable, aunque sin llegar a las 90 varas castellanas, 72 metros de anchura, encontrándose desplazada de su recorrido original en su primer tramo.

Pino y lentiscos en la cañada de Matalageme.

Cañada de Matalageme.

La ruta continúa en paralelo al arroyo de San Juan, donde escasea la vegetación arbustiva y también el agua, salvo en época de lluvias. Aunque como caminantes, ávidos por conocer nuestro término municipal, aceptamos los cambios y aprendemos de cada uno de los pasos que damos. En este tramo, a la derecha, nos acompañará un olivar hasta que lleguemos a una construcción desvencijada y a un corralón de cabras. A la izquierda, unas amenazadas hazas en barbecho esperan la plantación de placas fotovoltaicas, un cultivo que ha prosperado de forma abusiva por toda la zona y que, previsiblemente, próximamente, destrozará el paisaje de la vega del Guadairilla y el Guadaíra. Cuando estuvimos, por el arroyo discurría algo de agua, un morito común levantó el vuelo al vernos llegar y las plantas acuáticas prosperaban en un entorno de margaritas y otras florecillas dándole un punto bello al arroyo a pesar de su desnudez. En ese momento pensamos que era urgente reforestar este tramo.

Arroyo de San Juan.

Cuando alcanzamos el punto desde donde parte el cordel de Gallego, que forma un ángulo de noventa grados con la cañada de Matalageme, a nuestra derecha vimos majestuosa la hacienda de Benagila o Maestre, distante de nosotros unos quinientos metros. La hacienda de Benagila perteneció al colegio sevillano de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús, entre otros muchos propietarios.[1] Desde allí subimos un suave repecho, de unos cincuenta metros, ya perteneciente al cordel de Gallegos, que discurre, en este tramo, quizás el menos conocido, entre placas fotovoltaicas y trigales.

Hacienda de Benagila o Maestre.

Poco a poco la vía pecuaria irá tomando cuerpo, primero con la presencia de nuestra palmera autóctona, el palmito, Chamaerops humilis y luego dominan los lentiscos hasta el punto de que podemos afirmar que allí se encuentra uno de los núcleos más importantes dentro de nuestro término municipal. Como nota curiosa pudimos distinguir un pequeño pero precioso almendro.

Lentiscos y coscojas en el Cordel de Gallegos.

También tuvimos la oportunidad de comentar lo lamentable de la eliminación de los caminos rurales, que allí nos impidió conectar, directamente, con el cortijo de Bujadillos. Continuamos hasta llegar a la carretera A-8029. En este tramo de la vía pecuaria permanecen los postes de una antigua entrada a la hacienda de la Pintada, resistiendo el paso del tiempo. Una hacienda que hoy se dedica a celebraciones y alojamiento rural.

Hacienda de la Pintada.

Postes de una entrada a la Hacienda de la Pintada.

Entrada actual.

Cortijo de Bujadillos.

El cordel de Gallegos gira a la izquierda, continuando por la carretera durante un kilómetro hasta la estación de Don Rodrigo. En este tramo anduvimos por el arcén, ya que es imposible transitar por los metros que forman parte de la vía pecuaria en los márgenes de la carretera. 

Una vez que dejemos atrás la estación de Don Rodrigo, [2] un camino discurre paralelo a la autovía Sevilla – Utrera. Muy pronto se llega al cortijo de Bujadillos, que cuenta con una importante caballeriza y, a dos kilómetros, al paso de la autovía, que nuevamente debemos cruzar para regresar entre los olivos y el exuberante padrón, que nos separa de la hacienda de Mateo Pablo, hasta llegar donde hemos dejado el coche.

Mapa de la ruta.

 

 



 

Francisco José Gavira Albarrán.



[1]Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Inventario de Arquitectura Popular 1992-1997. Hacienda Benagila, 1992. Junta de Andalucía. Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio.

Álvaro Recio Mir; José Carlos Sánchez Romero, Inventario Cortijos, Haciendas y agares. Provincia de Sevilla. Hacienda Benagila o Maestre, 2009. Se da la circunstancia de que en cada transmisión la finca aparecía con una superficie distinta, desde 11 a 62 ha, siempre dentro de los límites de la pequeña-mediana explotación, que es la más frecuente en el caso del olivar histórico.

[2] Toda la zona, desde el arroyo de San Juan hasta la estación de Don Rodrigo, denominada Bujadillos, formaba parte de una importante dehesa en 1918.

martes, 4 de mayo de 2021

El cortijo de La Viuda, el cordel de Mairena, el arroyo de Guadairilla y un yacimiento arqueológico.

 

Arroyo de Guadairilla en la intercepción con la vía pecuaria cordel de Mairena. 

La ruta de hoy tiene unos ocho kilómetros, es circular y la podemos realizar en tres horas contando con las paradas. Desde Alcalá de Guadaíra tomaremos la carretera A-360, dirección Morón de la Frontera. A unos 7,5 km la cruza el cordel de Mairena, punto donde estacionaremos el coche. 

A la izquierda de la calzada estuvo el rancho de Don Paulino, del que aún dan testimonio dos palmeras datileras que perdieron la vida devoradas por el picuro rojo, una especie de coleóptero de la familia de los gorgojos [i]. A la derecha, distante unos doscientos metros, divisaremos las ruinas del cortijo de La Viuda. Según un jornalero octogenario, también se le conoce como rancho del Árbol [ii]. Una vez allí, se distinguen dos partes bien diferenciadas, una relativamente moderna, donde se utilizó el ladrillo y la uralita como materiales de construcción, y otra más antigua, posiblemente de mediados del siglo XIX, levantada con muros de tapial a la sombra de un imponente pero enfermizo eucalipto. Las tierras de labor del entorno se siembran de girasol, trigo y garbanzos, que rotan de un año para otro para evitar el agotamiento del suelo.

Cortijo de La Viuda o rancho del Árbol.

La distancia desde la carretera al arroyo de Guadairilla es de un kilómetro. Este tramo de la ruta discurre por la vía pecuaria cordel de Mairena, y, como ocurre con la mayoría de los caminos de la trashumancia, el que hoy transitamos también se encuentra usurpado a lo largo de todo su recorrido. Debería tener 37,5 metros de anchura y, en el mejor de los casos, ha quedado reducido a unos tres metros.

Estos caminos solitarios a veces constituyen refugios para la diversidad de la naturaleza. Aquí hemos podido constatar la presencia de majuelos, zarzas, olivillas, palmas, alguna chumbera deteriorada por la cochinilla y un número importante de herbáceas, entre todas ellas hoy destacamos el hinojo Foeniculum vulgare, utilizado en el aliño de las aceitunas y de cuyos tallos tiernos dieron buena cuenta algunos de los amigos que me acompañaron el día de la ruta.

Espino majuelo y palmas en el cordel de Mairena.

Hasta finales de los años cincuenta del pasado siglo, este tramo de la vía pecuaria formaba parte indisoluble de una imponente dehesa en los márgenes de lo que se conoce con el nombre de Matallana, muy nombrada en las memorias de Leandro José de Flores, el Padre Flores. [iii]

A primeros de abril, a pesar del déficit hídrico que padecemos, hemos visto el arroyo de Guadairilla con agua en su intercepción con la vía pecuaria. Un catedrático de zoología que nos acompañaba constataba la presencia de nutrias, por las heces depositadas allí, de garzas, por las pisadas en el limo, y del cangrejo rojo, alimento suculento para estos dos depredadores.

Aguas arriba divisábamos un apretado tarajal, aproximadamente donde desemboca el arroyo de Rosalejos, precedido de las comunes eneas o espadañas y de una importante muestra de plantas acuáticas, entre las que pudimos distinguir, entre otras, berros y mastrantos. Comentábamos que no es de extrañar que en este tramo del arroyo aflore una surgencia de agua, ya que dos kilómetros más abajo el cauce se encuentra completamente seco.

Continuamos nuestra marcha por el margen derecho del arroyo. En esta zona los cañizos se sucedían a las cardenchasdipsacus fullonus, que fueron utilizada en la antigüedad para escardar la lana, entre otras muchas utilidades, mostrándonos unos encuadres únicos y muy desconocidos para el paseante de Alcalá de Guadaíra, por lo apartado de estas hazas. [iv]

Panorámica del arroyo, donde predominan las cardenchas.

Panorámica del arroyo, con cañizos en primer plano.

Un par de cuervos nos sobrevolaron en dirección al cortijo de La Armada. Las terreras y las cogujadas dieron tema de conversación. Los pequeños insectívoros con sus chirridos, silbidos y trinos se camuflaban en los carrizos, mientras tres ánades reales nos sobrevolaron en dirección al cortijo de Juan Abad.

Mientras escuchábamos el canto del alcaraván, continuábamos intentando fotografiar a un escurridizo curita o aceitera común, cuyo nombre científico es Berberomeloe majalis, y que, al parecer, constituyen un bocado poco apetecible para las aves por su toxicidad.

Insecto conocido popularmente con el nombre de curita.

La vegetación continuaba prosperando en el arroyo mostrándonos un imponente fresno, merecedor de su inclusión en el catálogo de árboles singulares. A la derecha, en todo momento, pequeñas plantitas de girasol soltaban perdices de vez en cuando a nuestro paso.

Fresno en el Guadairilla.

Hay días donde, como se dice, todo sale a pedir de boca. Este fue uno de ellos, pues cual no fue nuestra sorpresa al descubrir una imponente estructura compuesta por sillares de piedra caliza alberiza, con unas dimensiones aproximadas de 110 x 40 cm, formando dos filas paralelas, con relleno interior, que pudieran pertenecer a un puente que vadease el arroyo en ese punto. También se barajaron otras posibilidades, en todo caso, no pudimos datarlo. Eso sí, constatamos la presencia de alguna tégula romana en las inmediaciones. Dado que dicho yacimiento arqueológico no se encuentra catalogado, según hemos podido comprobar en la cartografía del PGOU, consideramos pertinente y necesario su estudio y protección mediante su inclusión en el Texto Refundido NNUU de Alcalá de Guadaíra. [v]

Estructura compuesta de sillares junto al arroyo de Guadairilla.

Sillares.
Continuando nuestra marcha, junto al arroyo, comenzaron a prosperar las cañas, los eucaliptos y las higueras, que nos dieron que pensar sobre una desaparecida huerta en la zona. Entramos en lo que se denomina haza Pastor, una zona donde los caminos de servidumbre han ido desapareciendo a manos del arado. En todo caso, el sitio conserva una belleza singular que merece la pena conocer.

Higueras, fresnos y tarajes en el arroyo.
Bosque de galería y sembrado de girasoles.
Olmo.

Cuando lleguemos a la intercepción del camino conocido como del Pozo de la Bomba, con el arroyo del Guadairilla, regresaremos por un camino, continuado por un padrón, donde el glifosato [vi] ha hecho acto de presencia hasta desembocar en el cordel de Mairena. Este último tramo pertenecía al desaparecido camino de Alcalá a Los Molares.

Hemos disfrutado de un espacio solitario, con una gran variedad de avifauna y vegetación y la sorpresa de haber descubierto un yacimiento arqueológico no catalogado.

[i] En el mapa topográfico de 1872, elaborado por el Instituto Geográfico, se le nombra Rancho de Ricardo.

Dehesa en 1957.



[ii] También conocido como rancho Pavitonto.

[iii] Una dehesa con un total de 554 hectáreas.

[iv] Porción de tierras de labrantía.

[v] BOP, de 26 de abril de 1994, cuya actualización tuvo lugar el 15 de octubre de 2018, en concreto añadiéndolo a la relación del artículo 447. Yacimientos catalogados.

[vi] Herbicida.


Mapa de la ruta. 

RUTA DE SENDERISMO CONOCE LOS CAMINOS Y LAS HUERTAS DE EL VISO DEL ALCOR


 

miércoles, 28 de abril de 2021

NOTA DE PRENSA El grupo ecologista Alwadi-ira –Ecologistas en Acción-, se ha dirigido al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra para comunicar un hallazgo arqueológico ubicado en el margen derecho de arroyo Guadairilla, a quinientos metros de distancia de la vía pecuaria “cordel de Mairena” y dentro del término municipal de Alcalá de Guadaíra.

 


Alwadi-ira en su escrito describe que se trata de una estructura de sillares de piedra caliza alberiza, con unas dimensiones aproximadas de 110x40 cm, formando dos filas paralelas, con relleno interior, que pudieran pertenecer a un puente que vadease el arroyo en ese punto. El hallazgo no ha podido ser datado aunque en todo caso se ha constatado restos cerámicos de época romana en las inmediaciones.


Alwadi-ira ha podido comprobar en la cartografía del PGOU que dicho yacimiento arqueológico no se encuentra catalogado, por lo que considera pertinente y necesario su estudio y protección mediante su inclusión en el Texto refundido NNUU de Alcalá de Guadaíra, BOP de 26 de abril de 1994, cuya actualización tuvo lugar el 15 de octubre de 2018. En concreto añadiéndolo a la relación del Artículo 447. Yacimientos Catalogados.

 


Para el grupo ecologista es urgente la comunicación a la Dirección General de Patrimonio Histórico y Documental, procediéndose según lo establecido en el artículo 50.1 de la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, de Patrimonio Histórico de Andalucía. En dicho artículo se recoge “ la aparición de hallazgos casuales de objetos y restos materiales que posean los valores propios del Patrimonio Histórico Andaluz deberá ser notificada inmediatamente a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico o al Ayuntamiento correspondiente, quien dará traslado a dicha Consejería en le plazo de veinticuatro horas”.

También se indica que en el artículo 25.2 a) de la Ley 7/85 Reguladora de las Bases de Régimen Local se expresa que “El Municipio ejercerá en todo caso como competencias propias, en los términos de la Legislación del Estado y de las Comunidades Autónomas en las siguientes materias:

a)Urbanismo: planeamiento, gestión, ejecución y disciplina urbanística. Protección y gestión del Patrimonio histórico.”

Alwadi-ira finaliza su comunicación solicitando al Ayuntamiento que se persone un técnico en el lugar y realice la valoración de los restos aparecidos, que se comunique el hallazgo a la Dirección General de Patrimonio Histórico y Documental, que se realicen los trámites necesarios para la inclusión del yacimiento en el PGOU y se le informe de las acciones llevadas a cabo.


                             Alcalá de Guadaíra, 27 de abril de  2021.

 

Sociedad Ecologista Teléfono: 722398525 E-mail: alwadi.ira@gmail.com.   Web: www.alwadi-ira.es Alwadi-ira - Ecologistas en Acción.    Apartado de Correos, 226. 

martes, 13 de abril de 2021

Por la cañada de Benagila y los caminos de Guadalperal a la dehesa de Gallegos

 

Hacienda de Mateo Pablo 

La ruta tiene nueve kilómetros, es circular y no presenta ninguna dificultad. Se puede realizar en tres horas incluyendo las paradas para sacar fotos y disfrutar de los parajes agrícolas y naturales.

Desde Alcalá tomaremos la antigua A-376, dirección Utrera. A dos kilómetros y medio se encuentra la hacienda de Mateo Pablo [i]. El coche hay que dejarlo en un descansadero situado frente a la hacienda. Desde allí parten, en direcciones opuestas, el cordel del Rayo, la cañada de Matalageme y la cañada de Benagila.

Hacienda de Mateo Pablo

Hay que aprovechar este tiempo de finales de invierno y comienzo de la primavera, con temperaturas más agradables, para recorrer un itinerario con paisajes únicos. 

El primer tramo discurre en dirección noreste por la cañada de Benagila [ii]. A nuestra espalda, dejaremos la hacienda; a la derecha, la gañanía, distante de nosotros unos 150 metros; y a nuestra izquierda, un padrón compuesto por tuyas, acacias, chumberas, lentiscos, acebuches y cipreses, que dejan entrever un añejo naranjal.

Gañanía de la hacienda de Mateo Pablo.

A poco de comenzar veremos un pozo distante unos 40 metros de la vía pecuaria. Luego, un núcleo vegetal compuesto por higueras, acebuches y palmas, coronando un talud, vestigio de una antigua calera, casi imperceptible entre el follaje, que fue utilizada para satisfacer las necesidades de óxido de calcio de la hacienda, la cal. Desde esta atalaya, sembrada de restos cerámicos que pudieran pertenecer a una villa romana, la vega aparece ante nosotros cubierta con un manto verde de trigales. Donde no es así, diferentes tonos de ocres esperan las sementeras del garbanzo y el girasol. Y distinguiremos, en la cornisa de Los Alcores, el color albero de la hacienda de Zafra y el cortijo de Maestre.

Vistas desde el talud de la antigua cantera.

También nos impactará un imponente palomar cilíndrico, de estilo barroco, jalonado con una veleta, del que se dice fue construido para satisfacer a la realeza en sus visitas y estancias a la hacienda de Mateo Pablo, centradas en la cacería. Sea como fuere, lo cierto es que aún tenemos la oportunidad de contemplar algo insólito, que debería ser catalogado y protegido. [iii]

Palomar.

Continuando nuestra marcha, flanqueados por olmos, llegaremos a un humedal plagado de acebuches, lentiscos, eucaliptos y una abundante tipología de herbáceas, donde antaño estuvo la conocida como huerta de Benagila. Este oasis de vida vegetal, refugio de numerosas aves, tiene una extensión aproximada de cuatro hectáreas y, dadas las incursiones del arado en su perímetro, no parece que tenga garantizada su permanencia. [iv]

Anchura en uno de los tramos de la cañada de Benagila.

Estamos transitando por una antigua dehesa que perteneció al Consejo de Alcalá, conocida con el nombre de Guadalperal y que se extendía a ambos lados del arroyo de Guadairilla. En este tramo, la anchura de la cañada de Benagila se ha visto reducida a su mínima expresión, dos o tres metros, cuando deberían ser 90 varas castellanas, 75,22 metros [v]. De paso, también, han fulminado cualquier tipo de vegetación arbórea y arbustiva.

Trigales en Guadalperal.

Cuando alcancemos el camino de Cuesta Carretilla, lo cogeremos a la derecha, abandonando la vía pecuaria. El arroyo de Guadairilla lo vamos a tener a nuestra izquierda durante 1,7 km., hasta un punto donde es posible aproximarnos a su cauce.

En la ribera predominan los eucaliptos, aunque también es significativa la presencia de olmos, álamos, acebuches, lentiscos, zarzas, rosales silvestres, espinos majuelos… Entre los árboles y arbustos es posible ver zarzaparrilla, aristoloquia, rubia peregrina, amor del hortelano, candilitos, arum, acelga silvestre, nueza negra, brionia… y un manto de nidos de gorrión moruno desprendidos por el viento desde lo alto de los eucaliptos.

Bosque de galería en el arroyo de Guadairilla.

Después de adentrarnos unos minutos en la tupida arboleda del arroyo, desandaremos unos 200 metros, hasta situarnos en la entrada de un camino particular, perpendicular al de Carretilla, cuya entrada es custodiada por un longevo piruétano o peral silvestrePyrus bourgaeana.

Inicio del camino particular perpendicular al de Cuesta Carretilla.

Un viejo piruétano en Cuesta Carretilla.

Con el permiso oportuno, tomaremos este camino. Vamos en dirección sureste, con tierra calma a ambos lados y una atarjea a la derecha, vestigio de pretéritos regadíos. Ocasionalmente, contaremos con la presencia de alguna acacia. A estas hazas se las conocen con el sugerente nombre de El Pozancón.

Así, sin darnos cuenta, iremos tomando altura hasta llegar a un naranjal, perimetralmente abrazado por una hilera de cipreses. Aquí merece la pena hacer un alto en el camino para disfrutar, una vez más, de las vistas de Guadalperal, ya con una luz renovada y un ángulo diferente. Un cielo azul surcado por el vuelo de alguna rapaz.

Vista desde el naranjal. Trigales y el Guadairilla, al fondo.

En este punto giraremos a la izquierda para ir bordeando los naranjos hasta adentrarnos en la dehesa de Gallegos[vi]

Dehesa de Gallegos.

La dehesa de Gallegos cuenta con un importante núcleo de encinas bien conservadas y rebosantes de salud. Al pie de cada una de ellas han prosperado lentiscos y acebuches, mostrando una estampa poco común en nuestro término municipal. En un extremo, algunos ejemplares de pino piñonero, dignos de ser incluidos en el catálogo de árboles singulares, constituyen el soporte ideal para el tic-tac del picapinos, el único ruido que altera la paz entre olores a jara y menta poleo, en un espacio verdaderamente hermoso. Cuenta con una antigua vivienda, custodiada por un par de almendros y una higuera, una cochinera aneja y un pozo con una trágica leyenda, únicos vestigios de otra época mucho más rural.

Jara en la dehesa de Gallegos.
Pozo en la dehesa de Gallegos.

Regresaremos junto a los cipreses, para continuar por el camino que traíamos, hasta salir de la finca. Los naranjos permanecerán a nuestra izquierda, luego unos olivos y, a nuestra derecha, tierra calma. Dejaremos la gañanía, la hacienda de Mateo Pablo, una antigua venta, quedarán atrás la cañada de Benagila, los caminos de Guadalperal, el Guadairilla y nos emplazaremos para regresar, sin duda, en otro momento. Saramago dejó dicho que “un viaje no es más que el inicio de otro”.

Mapa de la ruta.

[i] La hacienda debe su nombre a su primer dueño, Mateo Pablo Díaz de Lavadero, marqués de Torre Nueva, título que le fue concedido por Felipe V, del que fue ministro de Hacienda, entre otros muchos cargos. Se casa con Manuela Petronila Urtusáustegui y Fernández Hidalgo, de una familia natural del valle vizcaíno de Gordejuela. “El origen de la hacienda se remonta a comienzos del siglo XVIII, en concreto a 1722, cuando debió iniciarse la construcción de su caserío, que se concluiría hacia 1733. Tiene 500 hectáreas. Estando la Corte en Sevilla, por complacencia, venían SS.MM. a esta hacienda a cazar y solazarse (Lampérez)”. En: Cortijos, haciendas y lagares de la provincia de Sevilla, p.368.

“Tradicionalmente ha sido una explotación mixta, con una importante presencia del olivar, tierra calma, huerta y ganado, e incluso una pequeña extensión de pastizales y monte”.

https://ws147.juntadeandalucia.es/obraspublicasyvivienda/publicaciones/01%20ARQUITECTURA%20Y%20VIVIENDA/cortijos_haciendas_y_lagares_en_andalucia/cortijos_haciendas_sevilla/l_electronico/l1/files/assets/basic-html/page374.html

[ii] La vía pecuaria Cañada de Benagila discurre entre la antigua carretera Madrid – Cádiz (A-376) hasta el Descansadero de Trujillo. https://juntadeandalucia.es/boja/2002/127/71

[iii] Dentro del artículo 445 del PGOU: “Relación y fichas de edificios y elementos con Protección Estructural.”

[iv] También debería protegerse en el PGOU.

[vi] En 1918 contaba con una extensión de 7 kilómetros cuadrados, prolongándose hasta el lugar conocido como Bujadillo.

Monte en 1918.