sábado, 20 de marzo de 2021

PLANTACIÓN DE ÁRBOLES PARA LA RECUPERACIÓN DE CAMINOS PÚBLICOS

 

Desde el Colectivo Ecopacifista Solano - Ecologistas en Acción emprendemos una nueva campaña de puesta en valor y defensa del patrimonio que constituyen los caminos públicos rurales y las vías pecuarias. Ambas vías de comunicación sirvieron en el pasado para vertebrar el espacio rústico, potenciar el intercambio comercial entre las zonas rústicas y las ciudades y facilitar el acceso a las zonas con mejores pastos para el ganado. Hoy en día, han perdido gran parte de su función comercial, pero constituyen una valiosa herencia, un rico patrimonio de todos que debe servir de soporte para las nuevas demandas de ocio, deportivas, turísticas y culturales de la sociedad actual. Además, forman corredores ecológicos importantísimos para el mantenimiento de la biodiversidad, la calidad de vida y la conservación del medio ambiente.

Este próximo domingo 21 de marzo estáis todos invitados a participar en la plantación para reforestar un tramo del camino de Cantosales y otro tramo del Cordel de Sevilla.


jueves, 18 de marzo de 2021

Arroyo de El Santo-Sierro: un viejo peral y una humilde moneda.

 

Fotos y mapa de la ruta: Antonio Gavira

Una luminosa mañana de un 8 de abril de 2017, primavera avanzada en esta dura tierra que, tras un estío verdaderamente inhóspito, la metamorfosis otoñal transforma en un paisaje bucólico que se prolongará todo el invierno y gran parte de la primavera, decidimos volver, una vez más, a este rincón de Morón de la Frontera para continuar la búsqueda de orquídeas en el Alto Guadaíra.

Nos acercábamos por la vereda de Morcillo, entre olivares y tierra calma. A la altura del cortijo de Pozo del Rosal nos desviamos a la derecha, por un carril ya conocido. El camino, que asciende una pequeña loma, da paso a la cabecera del arroyo de El Santo.

Con El Sierro como referencia, descendimos hacia un vallecillo entre cerros alomados, unos cultivados y otros dedicados a la ganadería caprina y bovina. El cadáver de alguna res se encontraba en el cerro más cercano y un gran número de buitres, unos girando en círculos en el cielo y otros ya agrupados en el suelo, parecían querer dar buena cuenta de los restos.

Dejamos el vehículo en un pequeño puerto, línea divisoria entre la cuenca del Corbones y el Guadaíra y, volviendo sobre nuestros pasos, buscamos entre el vallado un conocido portillo que nos proporcionó acceso a las tierras que deseábamos recorrer. Tras pasear unos metros por un cómodo camino, apareció a nuestra izquierda el blanco brocal de un pozo, cofre que guarda el tesoro más valioso de estas tierras, el agua, y un pequeño abrevadero.

Desde una grieta en la base del brocal, las escasas aguas fluían suavemente formando pequeños meandros y charcas, donde algunos insectos eran observados ávidamente por varias ranitas que a nuestro paso desaparecieron bajo unos níveos ranúnculos acuáticos.

Continuamos la marcha, pues nuestro objetivo era estudiar las orquídeas que pudieran crecer en la zona, aunque pronto nos encontramos con una dificultad, un vallado levantado a base de viejas traviesas de algún antiguo tren que dejó de prestar sus servicios y que fue desmantelado para dar mejor uso a sus maderas.

Más allá, el camino se convirtió en algo menos que una senda que, discurriendo paralela al arroyo, se ceñía a la empinada ladera de un monte descarnado que mostraba sus entrañas yesíferas. Pronto se abrió ante nosotros una pradera, abrazada por su izquierda por El Santo y por su derecha otro arroyo, aún más pequeño e innominado, que va a nacer en una no muy lejana olmeda en las cercanías del cortijo de los Tres Pozos.

En esta pradera, entre la miríada de florecillas, encontramos las primeras orquídeas, flores tan excepcionales por su semejanza a insectos u hombrecillos, como por sus nombres que reflejan fielmente sus formas: flor de la abeja, flor de la avispa, abejera oscura, moscas, abejorros, flor del hombre ahorcado, flor de los hombrecillo y quizás el más sugerente, espejo de Venus, con su metálico espéculo barbado.



Pero lo mismo que encontramos estas plantas, nos volvimos a encontrar con un nuevo vallado y sus respectivas traviesas, aún más alto y difícil de sortear. A ras de suelo vimos un paso de animales y, como ellos, nos arrastramos para poder sortear el nuevo obstáculo. 

Al pie de una alta loma, en cuya cúspide pastaba tranquilamente un rebaño de vacas retintas, iniciamos nuestra marcha en dirección Sur. Hacia ellas nos dirigimos subiendo suavemente la pendiente, fotografiando y anotando la ubicación de las orquídeas que localizábamos, hasta alcanzar su cima, un pequeño cerro culminado por un majano desde el que se divisaban otros vallecillos y barrancos en el entorno, que vertían sus escasas aguas al Salado.

Las vacas siguieron con su incansable rutina de rumiante. El sol siguió recorriendo la bóveda celeste, y nosotros, tras tomar unas fotos para el recuerdo, decidimos iniciar un suave descenso entre la verde hierba de la ladera, donde apreciábamos multitud de orquídeas amarillas y negras, buscando nuevamente el arroyo de El Santo, disfrutando de la luz y los colores del paisaje primaveral.

Cerca ya del arroyo Salado, en el que vierte sus aguas El Santo, decidimos vadear su abarrancado cauce junto a un esquelético taraje y, no sin esfuerzo, cruzar a los cerros de la margen izquierda, pues su orientación al noroeste, hacía de sus laderas lugares más frescos y umbríos, características que las orquídeas no suelen dejar pasar.

En esta vertiente no había caminos. Por aquí y por allá nos incorporábamos a lo que parecían sendas vaqueras que terminaban difuminándose entre la vegetación de espinos, lentiscos, matagallos, rosales, romeros y aulagas, para volver a aparecer en algunas praderas donde nuevamente volvimos a encontrar pequeños rodales de orquídeas, algunas ya conocidas, pero otras, de atractivos colores violáceos y rojo tinto, resultaban nuevas, por lo que las capturamos y las añadimos a nuestra colección digital para su posterior reconocimiento.

Decidimos ascender las empinadas laderas, ya que, por momentos, las sendas y la pendiente se habían tornado algo peligrosas. La vegetación, a la que nos agarrábamos como a un salvavidas, parecía impedirnos el paso. Poco a poco fuimos tomando altura, hasta alcanzar la dorsal de esta cadena de cerros. Tras el esfuerzo, acalorados por la subida y la temperatura que, como nosotros, había ido elevándose, descansamos un momento disfrutando de una panorámica extraordinaria. Muy cerca, casi a nuestros pies, se encontraba el encajado cauce por el que discurre el arroyo Salado. Frente a nosotros los pinares de repoblación de Las Beatas, a su izquierda los pináculos del Tranquero y, algo más lejos, el impresionante farallón de La Serena, vértice geodésico coronado por el vuelo de los buitres.

Mientras observábamos el escenario, nos llamó la atención un árbol solitario. Al acercarnos comprobamos que se trataba de un viejo peral silvestre, a cuyos pies existía otro amontonamiento de piedras, casi imperceptible entre el manto de vegetación, que dejaba intuir los restos de alguna humilde morada, convertida en un túmulo en el que habitasen únicamente los recuerdos de aquellas gentes que, en otro tiempo, ya muy lejano, poblaron este rincón de la serranía.

Al abandonar el lugar con la mirada baja, ensimismados por la belleza del paisaje y  meditando sobre la ardua tarea de vivir, generación tras generación, es este apartado lugar, nos llamó la atención algo redondo y metálico semienterrado en la tierra: una moneda, una humilde moneda de cobre de 5 céntimos, de cuando reinaba en España Isabel II, que alguien, más necesitado que nosotros, había perdido hacía más de 150 años.

Depositando la moneda al pie del viejo peral, marchamos a paso vivo en dirección norte, por la dorsal de estos abarrancados cerros, cuando, con un sol de justicia que parecía expulsarnos de estas tierras y, tras rodear, pues ya estábamos agotados para coronar, una alta colina, nos encontramos a otro grupo de rumiantes bajo unos eucaliptos y, junto a la arboleda, una pequeña fuente y junto a la fuente, su abrevadero, cuyas aguas completaban la triada de pequeños manantiales que alimentan y forman el arroyo de El Santo.

Cruzamos el lugar sin detenernos y, al ascender una suave cuesta, el camino quedó interrumpido por un nuevo vallado, sus correspondientes traviesas y por una gran cancela que daba acceso al camino que nos llevaría de vuelta al coche y que no dudamos en saltar sin contemplaciones.

Contentos por el gran número de orquídeas que habíamos recolectado en nuestras cámaras, rodeamos El Sierro, casi una montaña con sus más de 390 m.s.n.m., en cuya cúspide sobresale el roquedo calizo que, desde las profundidades de la Tierra, a duras penas ha conseguido emerger entre los materiales del Trías y donde el hombre, desde el Paleolítico, ha dejado huella a través de su industria, persistiendo, aún hoy, en el intento de no abandonar estas sierras.

Llegados al coche con el sol del medio día, iniciamos la vuelta hacia la vereda de Morcillo dejando a nuestras espaldas El Sierro, El Santo, buitres, orquídeas, un viejo peral, testigo de vidas y recuerdos, ya casi olvidados, y una pequeña y humilde moneda de 5 céntimos.



Antonio Gavira Albarrán

lunes, 1 de marzo de 2021

Ruta por los caminos de Maestre a la hacienda de Zafra

 

Vista de la hacienda de Zafra / Fotos: Antonio y Francisco Gavira

La ruta propuesta es de nueve kilómetros, y el tiempo estimado para realizarla de tres horas contando con las paradas. No presenta ninguna dificultad, salvo para aquellas personas que no están acostumbradas a andar. Recomendamos hacerla en los días claros para poder disfrutar de las vistas desde el alcor.

El punto de salida lo hemos situado al final de la avenida de Portugal, en el aparcamiento que hay junto a un área recreativa infantil. Allí, un panel informativo, situado al lado de unos eucaliptos, describe el camino de Maestre, la flora y la fauna que es posible encontrar.[i]


Panel explicativo del camino de Maestre, situado junto al aparcamiento.


El camino de Maestre es uno de los más transitados de nuestra localidad, aunque aún por descubrir; allí estuvo emplazado un campamento de prisioneros republicanos.

Hoy, los caminos, sin perder su función histórica, que consistía en comunicar poblaciones, haciendas, cortijos, ranchos, ganados y mercancías, desempeñan un papel imprescindible para mantenernos conectados con el medio natural, cultural e histórico, como seguidamente veremos.

Los primeros seiscientos metros se encuentran asfaltados, aunque en muy mal estado. Muy pronto aparecerá, a nuestra izquierda, la hacienda de Oromana, seguida del cortijo de Olivera y, entre ambos, un camino que, si lo tomásemos, nos conduciría al llamado “Rincón de Alcalá” [ii]. Hemos dejado atrás las instalaciones del club de tenis, las ruinas del camping Oromana, una zona de pastos, semiarbolada, hasta que hemos llegado a unas huertas de naranjos poco cuidados, donde nos sale un camino a la derecha [iii]. Nosotros continuaremos de frente.

Hacienda de Oromana.
Cortijo de Olivera.
Camino de Maestre, llegada al cortijo.

Doscientos cincuenta metros antes de llegar al cortijo de Maestre, el camino aparece flanqueado por almeces, algarrobos, retamas, pitas, olmos y chumberas, otorgándole una de sus mejores estampas.

Cuando lleguemos al cortijo, justo en la entrada, una fuente es la encargada de saciar la sed y refrescar al caminante y a los cada vez más numerosos ciclistas.

Cortijo de Maestre.

La situación del cortijo, sobre el alcor, a unos 80 metros sobre el nivel del mar, le permite dominar la vega del Guadairilla y el Guadaíra hasta la sierra de Esparteros, en Morón de la Frontera, el pico de El Terril e incluso, en los días claros, la Sierra de Las Nieves.

Panorámica desde el alcor en Maestre.

El edificio principal tiene la entrada orientada al suroeste, dando acceso a un patio empedrado con pozo alrededor, del cual se disponen las distintas dependencias. El cortijo parece ser que se erigió sobre, o junto a, los restos de una villa romana, de la cual quedarían pocos vestigios, destacando una galería para el abastecimiento de aguas.

En cuanto a los actuales propietarios, se trata de una familia que remonta su origen en Alcalá “a un noble belga, procedente de Brujas, apellidado Meester, hijo de Taussaints Meester, natural de Flandes, y de doña Magdalenat Aernout, que, al naturalizarse español, castellanizó su apellido pasando a llamarse Diego Maestre Aernout, que compró la finca La Lucenilla en 1694, conocida hoy como cortijo de Maestre. Esta finca fue heredada sucesivamente por sus descendientes hasta el día de hoy” [iv]. También adquiriría El Toruñuelo y Balóbrego.[v]

Una vez dejemos el cortijo, el camino comienza a descender el alcor [vi]. A unos quinientos metros, a nuestra izquierda, veremos un edificio en ruinas que estuvo dedicado a boyeriza; los animales que operaban en la finca antes de su mecanización. Inmediatamente llegaremos al arroyo de Guadairilla, que lo tomaremos a la derecha.

Descenso al arroyo del Guadairilla.
Boyeriza, con el cortijo de Maestre al fondo.

Este arroyo ofrece un magnífico bosque de galería; un túnel vegetal de gran belleza y frescura, cuajado de olmos, espinos majuelos, algunos álamos y eucaliptos. Si te fijas bien, encontrarás la entrada a una pequeña y mágica isla abrazada por el arroyo.

Continuando junto al arroyo de Guadairilla y luego a un arroyuelo, llegaremos al camino conocido como Cuesta Carretilla [vii], que lo atravesaremos para continuar de frente, durante un kilómetro cuatrocientos metros. Al tratarse de un camino particular, debemos contar con el permiso de la propiedad. Desde esta posición, al contemplar el perfil del alcor y la hacienda de San José de Buena Vista o Zafra, nos reafirma, una vez más, la belleza paisajística de la cornisa de Los Alcores y la necesidad de su preservación.[viii]

Arroyo de Guadairilla.
Hacienda de San José de Buena Vista o Zafra, desde el camino particular.

Durante el invierno, junto al camino, podemos ver algún narciso blanco (Narcissus papyraceus), algunas setas y abundante de jaramagos (Sinapis Alba). Por lo demás, tierra que espera ser sembrada o en la que ya despuntan los trigales.

Narciso blanco silvestre.
Setas entre trigales.
Cuando lleguemos al final, cogeremos a la derecha. Estamos en el camino de Benagila. En este tramo, tenemos a nuestra izquierda tierra calma y a la derecha una gavia. En los primeros trescientos metros, seguida de un padrón donde sobrevive algún viejo olivo, algunas palmas cuajadas de esparragueras, chumberas bombardeadas por la   cochinita y algunas pitas, de las que fueron utilizadas hasta los años sesenta como casitas para las tomateras de secano que abundaban en nuestro término municipal. El seto se prolonga con una importante masa de pinos y lentiscos, que se han plantado entorno a la hacienda; un buen ejemplo a seguir en la cornisa de Los Alcores. A la izquierda, un cerrado donde, a veces, es posible encontrarnos con vacas y caballos sueltos o con sus jinetes. 

Ganado vacuno junto a Zafra.

En los años veinte del siglo XIX, la hacienda de Zafra estuvo muy relacionada con la escritora Cecilia Böhl de Faber, más conocida por su seudónimo, Fernán Caballero [ix]. La finca pertenecía a su segundo marido, Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso. Con toda seguridad, fue un lugar inspirador para su trabajo literario y el lugar donde estuvo hospedado, por invitación suya, Washington Irving, antes de su famoso viaje a Granada. La hacienda sería adquirida por los Maestre a mediados del siglo XIX.

Hacienda de Zafra.

“El marqués de Arco Hermoso y su familia”, pintura de Antonio Cabral Bejarano, en la que se distingue la hacienda de Zafra al fondo. Colección Particular.

Así, llegaremos hasta el camino de Los Molinos, según el mapa topográfico y parcelario de 1944, que tomaremos a la derecha, hoy asfaltado hasta el hotel de La Boticaria.

 
Camino de Los Molinos, junto a La Boticaria.

El inmenso hotel de La Boticaria y sus posesiones han ocupado más de ochenta hectáreas del alcor. No ha estado libre de polémica, ya que sus inicios estuvieron asociados a la construcción de un campo de golf, en plena cornisa, que no prosperó.[x]

En este tramo, dejaremos atrás un abrevadero, junto a un eucaliptal venido a menos por la enfermedad que padecen la mayoría de los eucaliptales de la zona y las cortas incontroladas. Así, llegaremos al cruce con el camino de Cuesta Carretilla, que tomaremos a la izquierda.

Camino de Cuesta Carretilla, de regreso a Alcalá.

Enfilamos el último tramo de la ruta, el menos atractivo. En el inicio, un padrón repleto de pitas y retamas le proporcionan un punto natural al entorno. Más adelante, un pequeño pero interesante pinar, muy frecuentado los fines de semana, dará paso a uno de los desaguisados urbanísticos más emblemáticos de nuestro término municipal, donde se mezclan los efectos de la especulación, la extracción de albero, los basureros incontrolados y los tiros de escopeta que interrumpen la tranquilidad de los paseantes, los vecinos y la fauna.

El Club de Tenis Oromana y las instalaciones de Paz y Bien serán las últimas referencias, antes de llegar al aparcamiento donde comenzamos nuestra ruta.

Mapa de la ruta: Francisco Gavira.

[i] El panel debería actualizar la información que facilita. Por ejemplo, el camping Oromana no existe desde hace años, y colocarse en un punto donde se pudiese leer con facilidad.

[ii] Esta es la alternativa al camino de Oromana que pasaba por la puerta de la hacienda y que terminaba en el molino Hundido o del Rincón. Hoy no es posible llegar allí por dicho camino, pero sí al Rincón de Alcalá y a las Aceñas.

[iii] A la derecha sale un camino que no debemos tomar, es el de Los Molinos a Los Palacios III.

[iv] Leopoldo de Trazegnies Granda: La hacienda de Cecilia. En Los Alcores. Crónicas visueñas. Ediciones Grafein. Barcelona, 2009.

[v] Sus descendientes irían agrandando el mayorazgo con nuevas adquisiciones de tierras, entre ellas la hacienda de San José de Buena Vista o Zafra.

[vi] Perpendicular a la entrada al cortijo de Maestre sale un camino que no debemos tomar.

[vii] Una buena parte de la vegetación que podemos ver en este punto es fruto de una plantación promovida por el grupo ecologista Alwadi-ira: álamos, lentiscos, acebuches, tarajes, espinos…

[viii] Calificada como paisaje sobresaliente en el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla (Potaus), aunque permanentemente amenazada.

[ix] Leopoldo de Trazegnies Granda dice que “Cecilia Böhl de Faber, en sus largas estancias en la hacienda de Zafra, en la década de los años de 1820, menciona en varias ocasiones a sus amigos los Maestres, que vivían en un cortijo muy próximo a su hacienda”. La hacienda de Cecilia, en Los Alcores Crónicas Visueñas. Ediciones Grafein. Barcelona, 2009

[x] Campo de golf de 18 hoyos, para el que se pretendía captar el agua de un importante número de pozos de la zona.

 

Nota de prensa: Alwadi-ira denuncia un circuito de motocross en pleno espacio de Gandul.

Circuito de motocross 

El grupo ecologista Alwadi-ira –Ecologistas en Acción- ha denunciado ante el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra y la Delegación Territorial de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía en Sevilla la existencia de un circuito de motocross en pleno espacio de Gandul en término municipal de Alcalá de Guadaíra. 

Alwadi-ira indica en sus escritos que el circuito está situado a escasos metros del antiguo apeadero de la estación de Gandul, a pie de la vía verde y a unos doscientos metros de distancia del centro penitenciario de mujeres. Posee unas dimensiones considerables y el uso del mismo por parte de aficionados a este deporte va aumentando progresivamente. Los fines de semana suelen concentrarse pilotos que se ejercitan en el trazado. El número de familiares y aficionados que presencian estas prácticas es numeroso. El ruido que generan las motos es tremendo, realmente ensordecedor y se oye a centenares de metros de distancia. La contaminación acústica es manifiesta y sufrida por todas las personas que transitan por el entorno y por supuesto por toda la fauna que tiene su hábitat en este lugar singular. A ello debe añadirse la degradación del terreno producida por la rodadura de los neumáticos de las motos. A simple vista, el supuesto circuito no dispone de ningún dispositivo de seguridad. Una consecuencia derivada es el aumento de vehículos a motor que utilizan la vía verde (antigua vía del ferrocarril) como una auténtica carretera. 

El grupo ecologista hace hincapié en su denuncia que este circuito está ubicado en pleno corazón de Gandul y Los Alcores, cuyo espacio posee una riqueza patrimonial y natural extraordinaria. Afirma que se trata de un nuevo atentado en la Zona Arqueológica de Gandul que alberga un riquísimo patrimonio cultural que comprende varias etapas históricas partiendo del Calcolítico. 

Alwadi-ira critica que la zona no deja de degradarse sin que el Ayuntamiento cumpla con acuerdos adoptados por el pleno municipal: DECLARACIÓN DE ZONA PATRIMONIAL Y PARQUE CULTURAL o se aceleren los trámites para la delimitación de la zona BIC. En este sentido debe recordarse que el 21 de marzo de 2014, todos los grupos políticos con representación municipal votaron a favor de trabajar en coordinación para la puesta en marcha del Parque Cultural Los Alcores, instando a la Junta de Andalucía y a la Diputación Provincial a desarrollar todos los trámites necesarios para ello. 

Alwadi-ira concluye solicitando que se tomen las medidas necesarias y de forma urgente para erradicar las prácticas de motocross en este espacio con el fin de evitar la degradación que genera esta práctica deportiva en la zona patrimonial y natural de Gandul; se señalice la vía verde con el fin de regularizar el uso de la misma por parte de los ciudadanos e impedir de esa forma la situación caótica actual y por último que se impulse para que sea una realidad la declaración de Parque Cultural de Gandul y Los Alcores. Ello serviría para preservar y poner en valor la zona patrimonial y eliminaría las continuas agresiones que se vienen cometiendo en este valioso espacio. 

Alcalá de Guadaíra, 22 de febrero de 2021. 

Sociedad Ecologista Teléfono: 722398525 E-mail: alwadi.ira@gmail.com.

Web: www.alwadi-ira.es Alwadi-ira - Ecologistas en Acción.

Apartado de Correos, 226.

domingo, 7 de febrero de 2021

Ruta a la hacienda de La Palma, por Marchamorón y Gallegos

 

Vista de la hacienda de La Palma / Textos y fotos de la ruta: Antonio y Francisco Gavira

La ruta que te proponemos tiene nueve kilómetros, se puede realizar en unas tres horas, incluidas las paradas, y es muy asequible para hacerla en familia o con los amigos. Dada su localización, son muy pocas las personas que se adentran en este rincón de nuestro término municipal, que, sin duda, merece la pena ser visitado. La época aconsejable para realizarla va de octubre a mayo. No obstante, es el inicio de la primavera el que nos permitirá disfrutar de la floración de la mayoría de las especies botánicas, sin que el sol nos castigue demasiado.

Desde Alcalá tomaremos la A-360, dirección Morón de La Frontera. En el cruce con la A-8100, cogeremos dirección Utrera. A un kilómetro doscientos metros pasa la vía pecuaria cordel de Gallegos. Podríamos comenzar la ruta en este mismo punto. Tendríamos que añadir 3,4 km., entre la ida y la vuelta, por un tramo del cordel que ha perdido casi toda la vegetación y anchura a manos del arado. Proponemos continuar por la vía pecuaria durante 1,7 km., hasta empezar a subir una suave loma, donde estacionaremos el coche.

A nuestra derecha veremos unos frutales pertenecientes al cortijo de Marchamorón [i], y a nuestra izquierda un padrón desde donde parte un camino perpendicular al cordel, que tomaremos para ir bordeando una de las pocas dehesas que aún nos quedan en nuestro término municipal. 

Después de 1,3 km., llegaremos al cordel de Marchamorón, que lo cogeremos a la derecha. En este primer tramo la dehesa siempre permanecerá a nuestra derecha, y la tierra calma, tierras que se dedican a cereal, a nuestra izquierda. Desde el sendero, entre encinas y alcornoques, se distingue un pozo abrevadero, testigo de la función ganadera que tuvo la zona en un tiempo pasado.

Dehesa de Marchamorón.

El cordel de Marchamorón, según un panel explicativo que veremos, tiene una longitud de 2,8 km., y una anchura de 37,61 m., que no se respeta en ningún punto de su recorrido. Parte del descansadero del Baldío, en la Cañada Real de Carmona, y termina en el cordel de Gallegos. Este último tramo, de 1,1 km., es el mejor conservado y delimita los términos entre Utrera y Alcalá. La vegetación más habitual está compuesta de palmitos, retamas, arrayanes, chumberas, olmos, ailantos, encinas, alcornoques, esparragueras, sobre todo burlagueras, entre otras especies de plantas.

Cordel de Marchamorón con la dehesa a la derecha.
Arrayanes en el cordel de Marchamorón.

Cartel explicativo del cordel de Marchamorón.

A nuestra izquierda, distinguiremos, algo distante, el cortijo de Consolación, aparentemente bien cuidado. El caserío se encuentra muy próximo a la línea que delimita los dos términos municipales.  Dos postes se han levantado al inicio del camino que da entrada a la finca, donde podemos leer “Cuca Noche” y “prohibido el paso”. Si no hacemos caso a la prohibición y nos adentrásemos, pasaríamos junto a la entrada del cortijo y, a 1,3 km. de la vía pecuaria, daríamos con los restos de lo que fue la hacienda de Cuca Noche, según el mapa topográfico y parcelario de 1944-1948, donde se señala también un pozo abrevadero [ii].

Cortijo de Consolación desde el cordel de Marchamorón.

Nosotros continuaremos por la vía pecuaria hasta conectar, nuevamente, con el cordel de Gallegos, que lo tomaremos a la izquierda [iii]. Al inicio de este nuevo tramo se encuentra, a nuestra derecha, un antiguo pozo. En los años cincuenta del pasado siglo, allí también existían unas chozas. Seguiremos de frente, flanqueados por abundantes palmitos, coscojas, lentiscos, retamas, olivillas, zarzaparrillas, torviscos, beleño macho, esparragueras y un largo etcétera de herbáceas.

Pastoreo en el cordel de Gallegos.
Pozo en el cordel de Gallegos.
Palmas y retamas en el cordel de Gallegos.

Pronto cruzaremos el arroyo de Rosalejos, que desemboca en el Guadairilla. Su cauce, seco, salvo en época de lluvias, cuenta con interesantes núcleos arbóreos y arbustivos que sirven de oteadero y refugio para aves rapaces como el águila perdicera o el milano negro [iv].

A continuación, la finca de Rosalejos, cuyo cortijo no podemos divisar desde el cordel. Aunque no se trataría de la antigua construcción [v], destaca por estar vallada por un enorme seto de un arbusto espinoso llamado Withania frutescens, que se propaga por la vía pecuaria. La vegetación continúa siendo abundante en este tramo, con beleños, rosales, zarzas, coscojas, jaras, lentiscos y, sobre todo, palmas y retamas.

Arbusto espinoso de frutos rojos llamado “Withania frutescens”.

Más adelante cruza el cordel de Mairena, cuyo trazado, en este punto, ha sufrido un importante desvío de facto. A nuestra izquierda, delimita una tierra calma, conocida como haza de Las Encinas y la finca de Rosalejos. Su continuación, a nuestra derecha, comienza seiscientos metros más adelante. Si continuásemos por él, nos llevaría a las proximidades del cortijo de Valdivieso, que también presenta instalaciones justo en el límite de los términos municipales.

En los últimos cien años, el hábitat de la zona se ha visto modificado de forma notable, repercutiendo en la avifauna, especialmente en las rapaces y las aves esteparias, como las grullas. Los palmares y pastizales arbolados suponían en 1918, exclusivamente en esta zona media de Gallegos, más de 500 hectáreas, en 1957 pasaron a unas 200, y hoy han desaparecido casi en su totalidad [vi].

Nosotros continuaremos por el cordel de Gallegos otros setecientos metros, hasta llegar a la hacienda de La Palma. En algunos mapas topográficos se la nombra como cortijo, pero se trata sin duda de una verdadera hacienda de olivar. La descripción que nos facilita Haciendas, cortijos y lagares de la Provincia de Sevilla es la siguiente: “Destaca la torre de contrapeso, rematada con un mirador, del que se conserva poco más que la escalera de acceso y una espadaña. Sabemos que la hacienda La Palma fue adquirida en 1738 por Juan Bautista López de Guzmán, un comerciante gaditano que seguramente la adquirió con lo que había ganado en el comercio americano. Precisamente ese año el maestro albañil Francisco Portillo intervino en su caserío, realizando la capilla. Todo ello pone en evidencia la antigüedad de este caserío” [vii].

En las inmediaciones de la hacienda podemos constatar la abundancia de material cerámico de diversa técnica, época y funcionalidad.

Hacienda de La Palma.
Restos arqueológicos apilados en el cordel de Gallegos, frente a las tierras de Marchamorón.

Después de la visita a la hacienda regresaremos sobre nuestros pasos, sin dejar el cordel de Gallegos, hasta nuestro coche. Dejamos atrás unos alcores menores, estos muy próximos al arroyo de Guadairilla. Con una altitud máxima de 60 metros, sustentados sobre calcarenitas, arenas, margas y calizas, con valores singulares de flora y fauna, y potencialmente muy rico en yacimientos arqueológicos por descubrir [viii].

Mapa de la ruta.

[i] Haciendas, cortijos y lagares de la provincia de Sevilla nos dice que “el núcleo del caserío se articula en torno a un amplio patio cuadrado. Su sencilla e irregular fachada está centrada por un simple vano, sobre el que aparece el nombre de San Francisco Javier, y rematada por un palomar. Además, aparece un azulejo con una cruz de San Juan, que el actual propietario asocia a que el cortijo fue al parecer propiedad de los frailes mínimos. En la mitad izquierda de esta fachada, de doble y desigual altura, y de la que sobresale una espadaña, se encuentra la vivienda del propietario y del casero. Por su parte, la mitad derecha es de una sola altura y está ocupada por una interesante cuadra articulada por una hilera de pilares en los que voltean arcos de medio punto”.

[ii] En esta zona se localiza el yacimiento arqueológico conocido como Cuca Noche.

[iii] En Vías pecuarias de Alcalá de Guadaíra, “Ruta de Gallegos”, 2008,  Antonio Gavira Albarrán nos dice que “sale de la cañada de Matalajeme antes de llegar a la hacienda de La Pintá, camina entre Los Bujadillos y La Pintada con dirección a la línea límite de este término con el de Utrera, al llegar al cual lo sigue en un Kilómetro aproximadamente, desprendiéndose de ella para dirigirse en línea recta a cruzar la carretera de Madrid-Cádiz por la casilla de Peones Camineros llamada de Mendieta. Atraviesa el camino de Alcalá de Guadaíra a Utrera, pasa entre el cortijo de Sanabria y otro cortijo (El Gallego), deja a la izquierda un rancho (La Armada) y a la derecha el cortijo de La Palma, cruza también el cordel de Mairena del Alcor a Utrera, que aparece muy intrusado, pasa por tierras del cortijo de Marchamorón, cruza también el cordel de Carmona a Utrera y ya por la línea divisoria de este término de Alcalá y el de Utrera, sigue hasta su terminación en la Cañada Real de Piedra Hincada, después de atravesar el ferrocarril de Utrera a Morón y a Osuna. La anchura de esta vía es variable a lo largo de su recorrido, pero nunca inferior a 45 varas (37.61 metros). En lo sucesivo se le considerará necesaria con una anchura uniforme de 45 varas. Su recorrido total es de unos 22 kilómetros.”

[iv] En el Mapa topográfico de 1944-48, una vez pasado el arroyo, se encontraba un par de pozos, una choza y unas ruinas.

[v] Ibid. Aparecen dos pozos con abrevadero, cortijo y ruinas.

[vi] A finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado, mi abuelo, junto a mi padre y una burra, acudían a la zona para recolectar cogollos de palma que vendían en la tienda que tenía mi abuela en la esquina de la calle Padre Flores con la calle Nueva.

[vii] Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Sevilla, 2, pág.907.

[viii] Por poner dos ejemplos, los yacimientos de Cuca Noche y La Palma no se encuentran recogidos en el PGOU de Alcalá. Por otra parte, Alwadi-ira denunció los restos arqueológicos apilados en el cordel de Gallegos.